Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Miedo tercermundista y otros minirelatos

LLENY DÍAZ

MIEDO TERCERMUNDISTA

En la cabeza del mundo se detiene, sopla mi nariz, sigue detenida. Me observa, nivela su corazón hasta mi cuello y las manos, oh Dios! las manos me dan miedo. Es el momento,me susurra con voz que no consigo descifrar. Comienza a hurgar, y el ruido y los golpes, y su nariz alimentando mi cordura y el eco, la furia de sus manos húmedas, expertas, subiendo, bajando, adormeciendo esta leve voluntad de mi costado. Quiero correr, decirle que se ha equivocado, que se vaya con sus manos, que no escarbe más.. Quiero cantar, sobornar el hueco de sus ojos pero alguien conserva mi cadena, atada desde la bruma del techo, atada sin resortes, sin puertas, con silicios ocultos bajo el hambre de mi lengua.

Pronuncia nombres, cifras innombrables, separa su pecho, sonríe y la caricia de su risa me apaga, cierro los ojos, quiero ser buena, que diluya su fuerza en mí, que me tenga sin ruidos, casi con nostalgia. Pero este pedazo de mí que se define, que se evoca tierno, angustioso, este pedazo es lo que me salva del anonimato, del número, de la fé nacarada, del olvido.

En la cabeza del mundo coloca su respiración y aún me sueña cuando rompe el último cimiento.

Al fin le miro sin respeto, casi convencida de su falta, casi niña, casi débil cuando retira sus guantes la dentista brasileña, guiña un  argumento entre sus dientes perfectos y dicta su charla después de acomodar mi muela sola, enferma, mi muela tercermundista que ahora se tiende cara, patética, abultada como conejo de playboy.

ITALIAN RED WINE

Mi madre no entendería nunca cómo es  de espesa la nostalgia,como se tumba en la boca derechita, alcohólica, tan unida a una como su sangre. Mi madre no entendería porque es casi tan niña como el vino, tan leve en su odio que podría ser Dios.

Mi madre celebra mis años con un rápido beso entre los ojos, con la misma palabra que tiendo en mi cabeza para no olvidarme, con el mismo gesto de bálsamo y semilla con que me trajo al mundo. Recuerdo que venir al mundo es un acto de infinita clemencia, y le pido a mi madre que rompa nuevamente su bolsa, que me cante entre líquidos su imperfecta cancioncilla de limones y manzanas. Pero mi madre no escucha, tampoco entiende, pobre, como es de espesa la nostalgia  desde este lado del mundo, donde nada  brilla, como ella, pobrecita piensa.

¡Luna di Luna! sonrío, mi copa se enciende desde su hueco animal, desde la mesa donde creo servirme, donde soy más ciega cada día. Mi madre nunca celebraría estos colores, botella con alma de puta, hoyo profundo para decirse que es buena, que lo tiene todo, todo, hasta el instinto, envoltura de peces y milagros…mi madre no bebería de este vino ni brindaría ensaladas a  mi amiga, que tose y habla de su amiga, tan difícil, tan suya que debe regresar a curar su espalda. No. Mi madre no entendería por qué no puedo ser normal y cumplir mis años en paz como cualquiera.Tener novio o marido, que estar sola es una locura, que el país, que los locos andan sueltos y cualquier cosa podría tocarte, hija mía, que no entiendo cómo, ¡por qué!

Y yo recuerdo a mi amigo el escritor, el de los cuentos perfectos y alma grande y no sé por qué carajos lo recuerdo si mi amiga habla y mueve los dedos queriendo alcanzarse, imitando la vida en su papel de loca. Iguales somos, solo nos diferencia mi madre y mi pánico a los dientes sucios. No entendería, balbuceo.

Luna di Luna parece ahora una cascada de fuego en mis costillas. Le llamo, me excuso con mi amiga, entro, cierro las puertas, las ventanas, cierro la mano para que no se escape nada. Le digo que tengo ganas, que es el vino o puede ser la noche pasada en su-mi incompleta fiesta orgásmica, porque grita y los gritos me asustan. No a mi amiga, que golpea la puerta, insistiendo en usar el baño, ¡que no aguanto más coño!

Caerse hacia la vértebra, fingir que la serenidad de los espejos es cierta, fingir que mi madre entenderá que me aturden los domingos, que los novios nunca llegarán porque me importa un bledo la moral, el pene en su función esclavista sobre mis nalgas, que no, que para eso vivo en el imperio donde todo es posible, hasta un pene sin hombre, bien bonito, a color, con olores, con sabores….porque solo  importan sus manos y el calor  que producen en medio de mi cuerpo.

Abro la puerta, mi amiga sonríe, mi madre no sonreirá hasta escucharme, hasta arrullar en su memoria mis vestidos.

Vuelvo a recordar los cuentos del amigo escritor, su manera sabrosa de decir, de atravesar la isla con la palma de su mano.Y mis manos desean tocar, estrechar, sentirse plenas a lo largo de una espalda, mecerse en la marea de los ojos, gemir, gritar despacito, con Luna di Luna rodando por los pechos.

¡Luna di Luna! Muy buen vino para ser del 2012, para abstenerse del pardo filamento del añejo, ¡muy bueno! Sostengo mi copa entregada al aire, al gesto de mi amiga que escapa hacia la noche sin miedos, segura de la espera, tierna en su profesión de pez, mujer-pez que vive en la paz de otras caderas. Mi madre no entendería como quiero correr, adelantar el grito en mis ovarios, quedarme quietecita mientras sus manos me envuelven, mientras le pido más y más. Otra vez la estampida, la vida en medio de las líneas.

Mi madre celebra besando mi sombra en los balcones, los regalos se pierden, huyen de mí hacia ellos mismos. Soplo mil velas y sigo cantando en re menor este nuevo idioma acuoso, mortal en su cadencia, en su boca de vino por mis piernas. Sigo, quietecita, una mano al vino, la otra en el silencio. Vuelvo a recordar los cuentos del amigo, aún no sé por qué y me levanto sin prisa hacia su boca, que espera amablemente en el teléfono.

DESORDEN MINÚSCULO

Pudo ser el párrafo intenso o la costura del labio inferior tan decidida, tan llena de otras cosas. Pudo ser incluso la referencia al todo desde su cuello ovíparo, referencia a  nada, a mi todo, al casi todo conceptual, omnisciente.

Pudo ser la hora, ese desgano apresurado del silencio,cuando la luz se esparce como nueva desde adentro,arrasando líquidos, rotando la memoria gustativa, la memoria cíclica que avanza desde y para el hambre.

Pudo ser, a veces como ahora en que los ritmos cantan en mi lengua palabrotas, aleluyas, sudores de agosto, vestigios de conga y carnaval de provincia, pudo ser el rastro odorífico con que empuñaba los muslos, las rodillas, el gesto perentorio de sus manos.

Pudo ser este desorden minúsculo en medio de la espalda, estas ganas de correr hacia su noche cuando habla desde lejos, cuando pide silencio y es su grito una palmada ciega por mi boca.

Pudo ser el libro, que ganado su espacio ardía entre sus manos …

Pudo ser Dios en su inocencia, preservándome del odio a las palabras, construyendo con su sangre espinas nuevas, pudo ser mi  química humillada, hambrienta como nunca de elementos sólidos.

O tal vez, ¿quién sabe? Su rastro de ave pretérita esa noche y otra y otra coagulando mi asombro, alejando con hierro mi deseo.Argentada garganta que pasa y cose en mi sonrisa su misterio.

O tal vez, ¿quién sabe? Su cúmulo cierto de tristezas nombrando mi cabeza, mi todo, mi nada.

Lleny Díaz (Foto: Ernesto G.)

Lleny Díaz
(Foto: Ernesto G.)

Lleny Díaz es una escritora cubana que reside en Miami.

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Esta entrada fue publicada el 13/07/2013 por en Narrativa.
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