Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Línea de vida incesante

ENTREVISTA CON EL ARTISTA CUBANO
CEPP SELGAS

Por Reinaldo García Ramos

 

Cepp Selgas (Foto de  Reinaldo García Ramos) 2015 /  The Whitney Museum of American Art, new building, at the 8th floor Terrace.

Cepp Selgas (Foto de
Reinaldo García Ramos) 2015 /
The Whitney Museum of
American Art, new building,
at the 8th floor Terrace.

Nacido en 1951, Cepp Selgas es hoy por hoy uno de los más connotados creadores cubanos dentro del inmenso campo de las artes visuales en el exilio. Su intensa actividad ha estado enriqueciendo constantemente el acervo cultural de nuestra comunidad desde que era muy joven en la Isla y sobre todo posteriormente, desde que abandonó su país de origen durante el éxodo de Mariel en 1980. Desde esa fecha ha vivido en Nueva York (a excepción de dos años que pasó en Puerto Rico). Realizó estudios en el Fashion Institute of Design, de Nueva York, en la Escuela Nacional de Diseño y la Escuela Nacional de Arte, ambas en La Habana, y en la Escuela Provincial de Arte de Cienfuegos, su ciudad natal. Acerca de su identidad como creador ha dicho: “Soy un artista figurativo; estoy interesado primordialmente en la figura humana, pero cuando me distancio de ella lo hago para explorar la calidad abstracta intrínseca de los objetos y la dinámica entre forma y concepto. En mi arte, la figura es a menudo descontruida o fracturada, para ser recreada. A veces este proceso da lugar a la descripción de entidades parciales que se duplican, alteran o transforman por sí solas, como la vida misma. (…) Creo que la obra de arte alcanza su objetivo medular cuando logra transformar al espectador en un participante activo de la experiencia expresiva.” Los lectores pueden hallar información adicional sobre este artista y su obra en http://www.ceppselgas.com/

 
Entrevisté a Cepp Selgas en la ciudad de Nueva York para la revista Conexos a fines de mayo de 2015:
 

RGR: El 17 de mayo de 2015 se cumplieron 35 años de que saliste de Cuba y viniste a residir en Nueva York. ¿Cómo ha influido en tu trabajo el hecho de haber vivido tanto tiempo en Manhattan? ¿Es importante o decisivo el lugar geográfico en que un artista vive y hace su obra? Y por otro lado, veo que el contorno de la isla de Cuba aparece a menudo en tus figuraciones, ¿sientes que eso surge por un sentimiento de nostalgia o es un mero recurso con que buscas un distanciamiento emocional? ¿Te gusta el contorno de la isla en que naciste?
CS: ¡Treinta y cinco años! El haber pasado 20 años bajo el poder absoluto castrista puede marcarte como una maldición para toda la vida. Hay que ser muy fuerte para poder superarlo. Todavía me maravilla el hecho de haber podido escapar de aquel espanto, junto a mi querido amigo Ernesto Briel, semi-intactos.
  Y digo semi-intactos porque a pesar de la discreta protección que recibimos de Samuel Feijóo, yo había sido expulsado en 1970 de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y Briel había sido separado de su trabajo como actor en 1971, cuando ocurrió la conocida purga política del gobierno cubano en el campo de la cultura, la llamada “parametrización”. Debido a eso, durante esa década Briel y yo vivimos “prestados”.
  El hecho de vivir en “La Gran Manzana” por tanto tiempo me ha puesto en un perenne estado paradisíaco. Creo que ha sido mi vacuna contra males mayores…hasta hoy día. Durante dos años viví en Puerto Rico, otra isla, otra maravilla; isleño que es uno. Este saltar de isla en isla no ha sido premeditado; digamos que ha sido mi destino. Nací en la isla de Cuba por fatalismo político-geográfico; pero las otras dos han sido premios, quizás merecidos, no sé.
  En cuanto al mapa de Cuba, soy un artista visual que recibe las imágenes como el que escucha una letanía. Para no enloquecer con esa letanía, duermo un poquitín más que lo normal… ¡Dios sabrá lo que hace! Lógicamente, gran parte de mi repertorio visual viene de Cuba, donde transcurrieron mi infancia y mi juventud. Pero no me resulta fácil responderte eso de la nostalgia, porque no siento una nostalgia propiamente dicha, no le echo de menos al pasado en mi país de origen. No sé, es como si en un futuro la maldad del género humano le trastocara a la Luna toda su idílica simbología poética. Me da pena mi isla, mi país, todo lo que allí se manifiesta y lo que allí habita.
 

RGR: Sí, por eso me parece que la aparición del contorno de la isla de Cuba en tus obras está asociada inevitablemente con otro tema que exploras a menudo: el del mar como medio para huir, el océano como recurso que utilizan los refugiados y balseros para escapar de ese país y cambiar el rumbo en sus vidas. Entonces, ¿te consideras endeudado emocionalmente con ese mar, un fugitivo permanente, en constante búsqueda de libertad?
CS: Yo veo el mar como una inmensa puerta cerrada por agua; que puede ser traspasada, como hacen los fantasmas de los cuentos, pero en eso hay un riesgo, indiscutiblemente; es una cuestión de salvar la vida o morir. El mar no me divierte mucho, como a otros. Durante mi vida son muy pocas las visitas que he hecho a la playa. No llego al extremo de sentir fobia, pero para mí nuestro mar cubano representa un gran obstáculo, es una frontera… desgraciadamente. Si fuésemos anfibios o pudiéramos volar, ¡otro gallo cantaría! De manera que la isla como elemento ornamental no es mi plato fuerte. Caprichosamente, es uno de los platos fuertes que “ellos” sirven a la mesa del turismo internacional. Admito que mis experimentos con la reinterpretación del contorno geográfico de la isla, para estilizarlo, me pone en deuda con el espectador; pero no podemos olvidar que esa isla que nos ocupa es desocupada incesantemente por miles de sus habitantes, en estampidas incontrolables.
  Aclarando un poco mejor mis intenciones: me gusta sintetizar la complejidad de esa “bola de humo” que somos. Por eso, fue una gran satisfacción presentar esa pequeña isla dual, en una especie de Yin y Yang, expandiéndose infinitamente en su propio “tessellation”, repitiéndose en una trama, como piezas de un rompecabezas… ¡Pura simbología desapasionada!
 

RGR: Siempre he admirado tu capacidad de recrear tu lenguaje y sorprender a quienes siguen tu desarrollo expresivo. Uno nunca sabe con qué te vas a aparecer, con qué nuevo material, reto, dimensión o propuesta; pero esa renovación constante de tus modalidades de trabajo nunca rompe con tus etapas anteriores, nunca constituye una confrontación con tus trabajos previos, sino que se incorpora al universo y al estilo de tus obras anteriores, enriqueciéndolos de manera insólita. Sabemos que todo artista repudia la posibilidad de repetirse, pero en ti, ¿esto se debe a un sentimiento intuitivo o a una voluntad consciente? O sea, ¿son descubrimientos fortuitos o desafíos premeditados?
CS: Creo que he sido un artista aferrado a las posibilidades que ofrece la “forma” en su función de simple contorno visual para expresar un concepto intelectual. Lo que llamamos Gestalt; santo y milagro a la vez. Esa constante me ha permitido someter mis propuestas visuales al “tamiz” de los movimientos estéticos del pasado y del presente sin perder mi centro personal. No sé si eso es obvio, pero al menos eso intento. Acompasar mi objetivo principal a las tendencias contemporáneas me da pautas nuevas como artista. Nuevos retos, que en un final enriquecen mi propósito como creador. Y respondiendo a tu pregunta con tus propias palabras: es un sentimiento intuitivo a la par que una voluntad consciente. O sea, son descubrimientos fortuitos y a la vez desafíos premeditados. Como meterse bajo la lluvia y quedar empapado con un paraguas cerrado en la mano… ¡clarísimo!
 

RGR: Me encantan tus recientes esculturas y ensamblajes construidos con perchas, alambres, ataduras de plástico y paneles metálicos. ¿Podrías contarnos cómo surgieron esas obras, cómo fuiste encontrando ese lenguaje? Y en relación con eso, ¿qué repercusión han tenido hasta ahora en el público y en los críticos, dónde las has exhibido, cómo prevés su desarrollo inmediato?
CS: A través de los años tú has entendido por dónde voy; lo considero un halago y una suerte a la vez… algo muy conveniente. Por suerte para mí, los primeros ensamblajes artísticos que vi fueron los de Antonia Eiríz, en el Museo de Bellas Artes de La Habana, en 1968; el mismo año en que entro en la ENA, y en que ella, para más suerte aún, es una de mis profesoras. Antonia fue una diosa para mí: genio y corazón. Tampoco olvido que en el lejano 1987 a Giulio V. Blanc le gustó mucho mi ensamblaje de madera Virgen de La Caridad con tres marielitos; tanto, que lo donó al Museo de Arte Cubano… no al actual, sino al que existía entonces, donde estalló la bomba. En esa década hice muchos ensamblajes con palos de bastidor forrados en lienzo o aplicando el óleo directamente sobre la madera, sobre el “palo-pelao”. Muy pocos de esos ensamblajes fueron exhibidos, y en la mudada de 1997 desde Puerto Rico a Manhattan (cuando tuve que enviar por vía marítima muchas de mis obras) perdí la gran mayoría de ellos. Solo sobrevivieron algunos y unas cuantas fotos de mala calidad.
  La categoría de objet trouvé (“objeto encontrado”) es una tentación muy fuerte para el ojo artístico; sentirse atraído hacia algo que esté en la basura es una emoción, digamos, “diabólica”. Sacar de la basura ese hallazgo y elevarlo a la condición de “objeto artístico” es por lo tanto un acto divino (quiero decir, pensando como artista). La incertidumbre que entonces uno siente sobre la aceptación o rechazo que los demás le den a ese objeto, es un reto que se convierte en deleite… Luego te pones a explorar el sinfín de posibilidades que te ofrece el ‘trastocar’ el destino funcional de objetos que eran reconocidos como “vulgares” utensilios… ¡Y entonces ya estamos hablando de fiebre! La gran diferencia entre pintar y hacer ensamblajes, creo, radica en el tipo de concentración en que el artista se embarca. Cuando pinto estoy aplicando, digamos, un “método reconocido”, en un puro embeleso… Inventar minuto a minuto el modo de unir satisfactoriamente un ensamblaje te dispara mentalmente tan lejos de las preocupaciones cotidianas, ¡que se convierte en pura droga legalizada!
  En cuando a mostrar esos ensamblajes, en noviembre de 2014 exhibí una veintena de ellos en Jadite Galleries de Nueva York, una exhibición dual con otro magnífico artista de ese género: Julio Mendoza. Esa muestra tuvo una rotunda aceptación y en ella se celebró oficialmente una Tertulia Latina muy concurrida, actividad en la que se dio merecido reconocimiento y apoyo a nuestra múltiple comunidad latina.
 

RGR: Tu blog Selgasart (http://selgasart.blogspot.com/) es hoy por hoy, en su género, uno de los más refrescantes y hermosos que he encontrado en la red. En él las artes visuales tienen, desde luego, una presencia notable; me parece que el blog te sirve para mostrar las obras o los proyectos en que estás enfrascado en cada momento. Pero también reflejas en él las actividades de otros pintores y escritores que te interesan o que admiras. Y me llama también la atención el interés que muestras en ese blog por difundir determinados videos de música popular. ¿Puedes hablarnos un poco de todo eso?
CS: Mi blog surgió a raíz de dos actos de cariño. En 2008, para mi cumpleaños, mi querido Bill me regaló una laptop, una computadora PC, y me dijo que modernizándome me sentiría más joven. En 2009, mi querida Zoé me convenció de lo importante que era tener una presencia digital en el mundo contemporáneo. Pero solo cuando pude concebir el blog como una especie de portafolio digital de mi arte y de mi trayectoria expresiva fue que, lleno de inseguridades, me embarqué en esa aventura, con la ayuda y colaboración de otros amigos.
  Al principio, no tenía ni idea de qué decir en español ni en inglés. No me gusta dar consejos, no tengo madera de educador y ni la más puta idea de cómo salvar al mundo. Entonces, convencido de que mantener un monólogo no es todavía un crimen…, me lancé a hacer el blog, ¡y ahí estoy! Pero padezco de un miedo escénico incurable. No me gusta estar en escenarios y mucho menos hablar públicamente, aunque adoro el teatro. Con el tiempo, me he dado cuenta de que esa “máscara digital” me sienta a las mil maravillas. El payasito que frecuentemente soy se siente a gusto.
  En general, he tenido momentos muy satisfactorios que me dan impulso. Te puedo citar un ejemplo en particular: el proyecto de la profesora Kim White, de Culver Academy, en Indiana, quien enseña español pasando revista a la Historia del Arte Hispánico en Estados Unidos, en su curso “Spanish 4 Hispanic Art”; ella puso a sus alumnos en contacto con mi blog, y durante cinco años consecutivos he tenido el placer de haber sido uno de los artistas favoritos de esos estudiantes: ellos me envían sus cartas en español, yo las respondo y las publico en mi blog, y eso ha sido realmente muy estimulante para mí.
  Los videos musicales en mi blog los cuelgo debido a la importancia que doy a la música popular y al cine, dos elementos que bajo el sistema comunista cubano hicieron un poco más pasable mi mala-vida. Prefiero la música alternativa (los indies), más que la reconocida oficialmente como popular. Sin descartar, claro está, algunas de las más exitosas, las bien “pegadas”, pues las hay buenísimas. Digamos que con la música hago un homenaje privado a nuestro Nocturno, aquel programa musical “mata-tristezas” de la radio cubana de mi juventud.
 

RGR: El tiempo en el arte: ¿tiene una obra determinada lecturas diferentes a lo largo del tiempo? ¿Pueden “envejecer” las obras de arte, o eso depende de factores fortuitos, de las convenciones y las modas de cada época?
CS: Creo que el arte está tan afectado por el tiempo como todo lo demás. Lo que pasa es que esa obviedad se nota más en el arte, porque este lo asume como argumento y batuta. Hablo de las artes visuales, sostenidas por ese esqueleto que conocemos como “diseño”. Porque ese diseño está en la ropa que usamos, en el hábitat que nos rodea y en todo lo que creamos en un momento dado, como resultado de lo que concebimos como bueno o bello en ese preciso instante. Y esas preferencias se quedan ahí, en las fotografías, en las películas, etc. Pero es un tema con mucha punta para sacar.
  Hay fenómenos nacidos en una determinada época pasada, pero que regresan, necesariamente renovados. Por ejemplo, el movimiento artístico conocido como “DaDa”, que ha tenido su vuelta y su re-vuelta. Curiosamente, tomando como referencia mi propia cronología personal, siempre digo que a mediados de los años 60 es que empieza mi inquietud teórica sobre el “arte moderno” y me pongo a buscar información, inmerso en una genuina fascinación por el surrealismo y por la pintura “metafísica” de Giorgio De Chirico. Inevitablemente, enseguida me enteré de la existencia del movimiento “DaDa”, con su teoría y su propósito de hacer un “anti-arte-burgués”, que es como decir anti-arte a secas… Por ejemplo, el Urinario de Marcel Duchamp como el non-plus-ultra, la cúspide de todo ese propósito… más o menos. (Por suerte, Magritte fue tan hábil que utilizó esa actitud para salvar el arte y proyectarlo en otro sentido, por ejemplo con su famoso cuadro Ceci n’est pas une pipe, “esto no es una pipa”, en que burlándose del tema rescata el sentido de la creación pictórica.) Y yo decía “curiosamente” al principio, por la simple razón de que mi “iniciación teórica” de entonces coincidía en el tiempo real con el momento más significativo del Pop Art, que tan de moda estuvo en los años 60 y que tan endeudado está también con el “DaDa”. Ahí tienes una situación en que el tiempo del arte se relativiza, se transforma. Y hoy, el auge del “arte conceptual” (otro gran deudor del “DaDa”), que ha durado desde los años 90 hasta el presente, es otro ejemplo de ese ir y venir de los estilos… O sea, ¡tiempo al tiempo y arte hasta que harte!
 

RGR: ¿Podrías hablar de Cepp? ¿Por qué aparece el Cepp en tu firma? O en otras palabras, ¿por qué renunciaste a tu nombre de pila original, Jesús? ¿Y por qué te firmas solamente “Selgas”?
CS: Desde siempre me he sentido “crucificado” por mi nombre de pila. No me gusta. Mi familia inmediata no era tan religiosa. Mi hermana Aracelia, 16 años mayor que yo, acostumbraba a seleccionar los nombres de todos nosotros, sus hermanos menores, pero no estaba viviendo con mis padres cuando yo nací, en una fecha navideña. Me bautizaron al día siguiente de nacer, como era costumbre en esa épca, debido a la presencia de un cura y varias monjas en el hospital donde vine al mundo. Y ese mismo día, curiosamente, había muerto un primo mío (al que nunca conocí), que era tan mayor como mi hermana y se llamaba Jesús. Fue inevitable: el nombre me cayó del cielo.
  Muchos años después, viviendo ya en Estados Unidos, había decidido cambiarme ese nombre al hacerme ciudadano norteamericano. Pero, inexplicablemente, cuando llegó el momento ningún sustituto me cuadraba. Y era la época en que la cantante Madonna se estaba poniendo de moda, triunfando con semejante apelativo. ¡Y me quedé con el Jesús! Inconsecuente que uno es a veces…
  Ya en el siglo XXI, han regresado las guerras religiosas y yo, al compás del grupo REM, y de su canción Losing my religion, decidí usar para mi nombre artístico un apócope juguetón de mi apellido materno, Cepero: Cepp, con su picaresco deletreo en inglés… No es mi nombre oficial en los papeles y he seguido firmando mis obras como “Selgas”… ¡Hasta mi querida madre me llamaba Selgas!
 

RGR: Recientemente has estado trabajando y dando a conocer imágenes fotográficas (a veces retratos de ti mismo) utilizando diversos procedimientos digitales que dan un significado inusitado a la foto original, ¿qué persigues con esa nueva modalidad y qué me puedes decir sobre el reciente premio recibido por el equipo 3Q, al cual perteneces?
CS: Todo es un poco más complicado de lo que podemos asumir en un primer vistazo. Recuerda que en 2012 dí a a conocer una obra mía titulada Life Line, que podríamos traducir como “Línea de vida”, dentro del género “multimedia”. Es una pieza de acrílico sobre tela, de 72 x 48 pulgadas, que cuelga en la pared como un tapiz, no tiene un bastidor de madera a la manera tradicional, no está firmada por mí, y solamente se identifica como “selgasart.blogspot.com“. Con esa obra yo buscaba que su imagen fotográfica funcionara como una especie de “application”, un ícono de entrada a la obra principal, que era “intangible”.
  Durante el 2011 había estado publicando en mi blog una serie de fotos personales (tipo carnet), un conjunto casi completo que abarca desde 1963 hasta 1980, con sus correspondientes notas sobre mis padeceres bajo la dictadura castrista. Con la idea de mantener esa serie de fotos como una pieza en continuo progreso, incorporé textos literarios, colaboraciones de amigos de mi generación, que espero me sigan llegando.
  Ahora, directo a tu pregunta, esas fotos sometidas a distintos procedimientos gráficos, que yo llamo Graph-Photos y que para suerte mía han tenido muy buena aceptación del público, son las mismas de mi proyecto Life Line (“Línea de vida”). Pronto van a sustituir las originales, porque Life Line es una obra en incesante progreso… Tanto es así, que actualmente espero recibir un texto de Felix Rizo, un escritor que admiro, como colaboración a ese proyecto.
  En estas Graph-Photos no uso un sistema reconocido de diseño gráfico. Tomo las fotos desde mi propia Mac (haciendo lo que en inglés llaman screenshots) y voy ilustrando una historia visual sobre las imágenes, usando los puntos azules producidos desde una función que genera el “ratón”. Y he seguido experimentando con otros temas, no sólo con mis fotos personales.
  El premio de que hablas fue el NYC’ LMNOP 2015 Annual Benefit / “Art in Balance Challenge”, otorgado al equipo 3Q, del cual formé parte con los talentosos Blanca Arregoitia y Armando Guiller. Participé en esa muestra con el móvil titulado Hanging Out With Calder. Estoy encantado con el premio, pues suena tan lindo como New York, New York, aquella canción que decía algo así como: If you can make it here, you can make it anywhere…!
 
Obras de Cepp Selgas

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Reinaldo García Ramos (Foto de Sergio de los Reyes)

Reinaldo García Ramos
(Foto de Sergio de los Reyes)

Reinaldo García Ramos (Cienfuegos, 1944) publicó su primer poemario, Acta, con las Ediciones El Puente en 1962. Salió de Cuba en 1980. Entre sus libros de poesía se destacan El buen peligro (1987), Caverna fiel (1993), En la llanura (2001), Obra del fugitivo (Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza, 2006) y El ánimo animal (2008). Es autor de una novela testimonial, Cuerpos al borde de una isla; mi salida de Cuba por Mariel (2010). Rondas y presagios, una compilación de sus poemarios, apareció en 2012 por la Editorial Silueta, de Miami.

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Esta entrada fue publicada el 27/06/2015 por en Entrevistas.