Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Cuatro poemas de Marina Tsvetaeva, versión al español de Ernesto G.

MARINA TSVETAEVA

 
Nunca pienso, gimoteo, o discuto con nadie.
No duermo.
No busco el mar, la luna, el sol ni la nave.
 
No percibo el calor del hogar ni el verdor de la hierba.
No espero anhelante el don que tanto deseaba.
Ni la mañana ni el llamado del tranvía me deleitan ya.
Vivo ajena al tiempo y no recuerdo
fechas o siglos.
 
Una pequeña bailarina en una cuerda floja que ha sido cortada,
he de caerme muy pronto.
Soy la sombra de una sombra.
Dormida, camino hacia dos lunas oscuras.
 
 
13 de julio de 1914
 
 
 
Mis poemas de juventud, cuando dudaba
que alguna vez pudiera ser poeta,
irrumpen como el agua de una fuente
o chispas de un petardo,
 
y corren tal pequeños demonios, sin sentido,
hacia el santuario donde se expande el incienso,
mis poemas sobre la muerte y la adolescencia,
que nadie ha leído aún
han estado acumulando polvo todo este tiempo en librerías
donde nadie viene a llevárselos.
 
Mis poemas, como vinos exquisitos y preciados,
tendrán su día de suerte.
 
 
Mayo, 1913
 
 
 
La niebla de la tarde se elevaba sobre la ciudad
mientras los trenes atravesaban la tiniebla tímidamente.
Transparente como los pétalos de una anémona, un rostro, joven
                            [y redondo,
apareció fugazmente en una ventanilla.
 
Una sombra en sus párpados. Como una corona,
esos rizos dorados…hice silencio, sorprendida:
comprendí que con nuestros gemidos desenterramos
a los difuntos inmemoriales.
 
En el valle de mis sueños, he saludado a menudo
a una joven sentada junto a la ventanilla
como un fantasma en la concurrida estación.
¿Pero por qué estaba tan triste esta vez?
¿Qué buscaba su silueta y por qué?
¿Acaso no era feliz, aun en el cielo?
 
 
1910
 
 
 
Tras una noche de insomnio, el cuerpo se debilita,
se hace querido pero ajeno, no es ni siquiera tuyo
como un serafín caminas, sonriéndole a la gente
y clavadas en las morosas venas, gimen aún las flechas.
 
Tras el insomnio, los brazos se debilitan, desfallecen,
te olvidas lo mismo de amigos que de enemigos.
Todo un arcoíris aparece en cada sonido inesperado
y huele a Florencia en medio del helado invierno.
 
Nuestros labios brillan y las sombras se vuelven luz
cerca de los ojos huecos.
El cielo nocturno iluminó esta imagen
y en la noche oscura
nada se cierne más oscuro sobre nosotros que nuestros propios ojos.
 
 
19 de julio de 1916
 
 
Traducción del ruso: Andrey Kneller
Traducción del inglés: Ernesto G.
 
 

Marina Tsvetaeva
(foto: de dominio público)

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (26 de septiembre de 1892 – 31 de agosto de 1941), fue una escritora rusa, que destacó como poeta y prosista.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Ernesto G.
(foto: Chienfa Wong)


 

Ernesto G. (La Habana, Cuba, 1967), poeta, narrador, videasta y blogger. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesas por la Universidad de La Habana. Primera mención de Poesía en el Concurso “13 de Marzo” (1987). Ha publicado Los relatos de Maurice Sparks (Editorial Silueta, 2011) y El transeúnte considerable y otros relatos. Director de iSawFinger Productions y editor del blog Los relatos de Maurice Sparks.

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Esta entrada fue publicada el 24/11/2018 por en Poesía, Traducciones.
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