Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Fragmento de la novela inédita “Cultura para las vacas”, de Nicolás Lara Hernández

NICOLÁS LARA

 

A Marta Capullito de Rosas

 

Yo soy el espejo de la heladería Copellia.
Pedro Pablo Oña c/p Nené bueno cachimba

 
 

—Y cómo fue que descubristeis que eras lesbiana.
—Yo no soy lesbiana Nicolás, yo soy una mujer que no tiene límites.
—Bueno eso mismo ¿Cómo fue lo de la Escuela?
—Chico yo en la Escuela vivía enamorada de Luis, aunque siempre he sido un poco sata, cuando aquello como ya te dije yo simulaba el orgasmo porque Luis, creo que eres la única persona que lo ha oído hasta ahora, era una persona que me atraía, me gustaba, pero no acababa de convencerme, no sé, había en el tanta bondad, tanta belleza, que yo me sentía como cohibida, además yo tenía miedo contarle estas cosas a él. Resumidas cuentas que yo me orienté a trabajar por la Revolución, yo trabajaba en todo, yo estuve trabajando, Nicolás, montando una obra de teatro hasta casi los siete meses, hubo que sacarme casi a la fuerza para que yo diera a luz a Raquelita, después cuando pasó el tiempo reglamentario volví a la Escuela, me puse al día enseguida, ya estaba terminando y en la Isla de Pinos me decían la pirata porque trabajaba en una brigada de vanguardia de hombres, cortando madera haciendo cosas, era militante de la juventud, responsable ideológica de mi núcleo, yo me creía a pie juntillas todo aquello, tú sabes que yo siempre estaba cantando, cuando nos vimos aquella vez en la Isla yo estaba cantando canciones de la guerra civil española, ¿te acuerdas? la gente me decía la Pasionaria.
—¿Tú la Pasionaria?
—Sí, sí, sí. El sueño mío era llegar a militante del Partido Comunista, no sé, ir a una guerrilla igual que tú.
—¿Tú también querías eso?
—Sí, sí, pero yo lo quería en una onda aventurera, no en una onda ideológica.
—Yo no, yo creía a pie juntillas todo eso de que Cuba iba a ser una gran potencia y que iba a haber una cultura de vacas, en fin, todas esas cosas yo me las creía. Por supuesto yo nunca fui chivata en la Escuela, me opuse en la medida de mis posibilidades a las malas cosas que existieron, cuando botaron a los maricones a las lesbianas, a esto, a lo otro, yo siempre me opuse, eso debe estar allí en acta, pero bueno.
  Resulta que un día yo amanecí con la menstruación, me sentía un poco mal y todo el mundo me dijo que me quedara en el albergue de cuartelera, limpiando, etc., el grupo se fue tanto las muchachas como los muchachos a los distintos trabajos y yo estaba molesta, no me gustaba, nunca me ha gustado estar sin trabajar, si trabajé hasta los siete meses de embarazo ¿quedarme allí por una simple menstruación? pero el trabajo era muy fuerte, entonces buscando en mi mochila encontré unas pastillas que alguien le había regalado a Waldo o se las había mandado la familia de Estados Unidos, —cosa que aunque él no aceptaba siempre le mandaban en las cartas, cuchillitas Guillet, chiclets esas cosas, y la hermana le había mandado aquellas pastillas para mí— yo las había guardado y nunca las había utilizado, me tomé una y al cabo de la media hora empecé a sentirme mejor y me dije me voy p’al campo a trabajar.
  Como no había desayunado voy pa’la cocina a ver si quedaba algo, imagínate, cuando aquello tú sabes cómo eran los almuerzos y los desayunos, por la mañana era un agua de chirre con un pedacito de pan duro eran dos dedos de esa agua de chirre que decían que era café con leche o chocolate, bueno y cuando llego allí Nicolás estaba el director de la Escuela, que creo que había sido expedicionario del Granma.
—Del Granma, de los que vinieron con Fidel.
—Sí, sí, sí. Del Granma. Mario no sé qué cosa se llamaba. Y tú puedes creer que cuando me voy acercando siento un olor dulzón así, y yo decía no puede ser, era el olor típico de la tocineta del huevo, cuando llego allí ¡Tremendo banquete! Un banquete tipo Pantagruel.
—Chuchú déjate de ser tan literaria.
—En efecto Nicolás, la mesa aquella de madera estaba llena de platos, jamoncito, huevos, frutas, leche de verdad, plátanos que hacía tiempo que no se veían, bueno un banquete, pan, galletas. Entonces cuando ellos me vieron, el Director y sus canchanchanes, sus adulones, sus bufones, imagínate, yo era la ideológica de mi comité de base, entonces qué pretendieron hacer, me empezaron a llamar Eh, Chuchú, ven pa’cá, pa que desayunes con nosotros, a mí me salió esa cosa furiosa que yo tengo, que no sé de dónde diablos me viene si es de mi padre libanés que no conozco, y les dijeeeee, vaya les cité al Che Guevara, a Camilo Cienfuegos, a Frank País, a todos los mártires, a Maceo, les dije que cómo era posible que ellos mientras toda la escuela estaba comiendo tan mal ellos escondieran la comida que mandaban pa nosotros, bueno les dije horrores y al tipo le dije que parecía mentira que él siendo director de la Escuela, expedicionario del Granma, un hombre que había estado al lado de Fidel, que Fidel seguro no sabía eso, bueno les dije hasta del mal que iban a morir y ahí mismo les di la espalda y me fui a trabajar.
  No pasó nada, llegó la hora del almuerzo, almorzamos todo el mundo ahí, ese día dieron un poquito más y agregaron un huevo duro y un pedacito de tocineta, la gente se maravilló, yo me quedé callada y no dije nada. Aparentemente los días pasaban iguales como si nada hubiera ocurrido, como si yo no hubiera dado aquel escándalo, pero toda la Escuela sabía lo que había pasado, no sólo a través de los cocineros sino también porque había algunos alumnos enfermos, en fin, algunos profesores que comentaron, todo se sabía, pero nadie decía nada.
—Chuchú y tú fuiste tan ingenua que no tomaste medidas para protegerte.
—Que iba a hacer, había metío la pata, había formao el escándalo, yo tenía que haber dado una excusa, haberles dicho no me siento mal no tengo hambre, haber dado la vuelta haber hecho un informe —que era lo que se hacía— y haberlo mandado, no sé, pero no actué, fui honesta fui transparente como el agua o como la yema del huevo y eso me costó el golpetazo que después recibí.
  Lo que más me duele no fue el golpe ni la Escuela que perdí aunque esto lo lamento mucho, lo que más me duele es la traición, la traición de algunos amigos, de mi amiga Adria, Adria estaba casada como tú sabes con Paul —tú fuiste a algunas fiestas allá en Montero Sánchez— el hijo de Bárbara Dane, Paul prácticamente vivía en nuestra casa, su mamá estaba en los Estados Unidos en la lucha por la paz, la solidaridad con Cuba y su padre era un portorriqueño que no se llevaba muy bien con ella, o sea que él estaba solo aquí, y nosotros lo atendimos le dimos afecto, Adria se empató con Paul a través de nosotros.
  Bueno ella estaba en mi mismo año en mi mismo comité de base, siempre estábamos jugando éramos como dos hermanitas, a veces hacíamos esqueches en el albergue, hacíamos parodias de Marlene Dietrich, movíamos las camas, pintábamos algunos carteles y hacíamos como si fuera un cabaret de los años veintipico en Berlín, un país expresionista, ¿sí?, Y bueno cogíamos un saco viejo —que nos habíamos encontrado una vez en la escuela al campo— de un espantapájaros que lo lavábamos y lo usábamos, a veces incorporábamos algunos textos de Bertol Brech, o sea eran experimentos teatrales que nos daban flexibilidad y nos entretenían, en aquella época en las escuelas al campo no había televisores ni nada de eso, tal vez algún radio que había que ir a oírlo al comedor y entonces los mosquitos te comían, de esta otra forma estábamos en el albergue y cuando nos cansábamos íbamos a dormir. Yo a veces me disfrazaba de hombre o se disfrazaba Adria, a veces en el baño jugábamos, tú sabes que entre las mujeres hay más confianza, no que si tú tienes las tetas más grandes, no que si las tienes más chiquitas, que el bollo más grande que si el bollo chiquito y a veces dormíamos juntas en una cama, o sea que había… Todo, te lo digo Nicolás te lo estoy jurando como mismo te hago este cuento sin por lo menos de mi parte ninguna malicia.
  Había una muchacha María, un poquito gordita, muy buena en el teatro, sobre María habían comentarios que si en la calle que si esto que si lo otro, había bola sobre ella, había comentarios, pero bueno, era una gente muy chévere, inclusive la pensaban analizar pa la juventud y María padecía de pesadillas, entonces imagínate como habían esas bolas la gente tenía un poco de miedo, yo no sé si María se prestó, nunca lo he podido saber, yo sé que un día le dije si quieres dormir conmigo ven pa’cá, porque ella decía que había un familiar muerto que le halaba los pies, que la jalaba, siempre se despertaba dando gritos y llorando, entonces un día le dije que si quería que se acostara conmigo. Estaba, Nicolás, prohibido por el reglamento nadie podía dormir con nadie, todo el mundo debía dormir solo en su cama y mucho menos gentes del mismo sexo, pero bueno eso se violaba y no pasaba nada, entonces ese día María se acostó conmigo. Fue una cama lo que me hicieron, de madrugada nos despertaron con luces, que sé yo, el director, una serie de testigos y Adria, Adria Santana estaba allí, bueno pa’la oficina, el escándalo, gritos de lesbianas, inmorales, bueno una acusación Nicolás terrible, yo en aquel momento empecé a gritar a decir malas palabras, rompí la oficina del tipo, que sé yo, que el inmoral era él, bueno, ahí ya todo estaba preparado me maniataron como si fuera un agente de la CIA y me hicieron un papelón, Adria lo firmó como testigo, que había visto, pero además después hubo una reunión tipo juicio donde Adria declaró que yo siempre le decía cosas, que una vez había pretendido besarla, que yo abusando de que ella era mi amiga y de que el esposo de ella, o sea Paul, era amigo de Luis, que yo a veces le tocaba las nalgas que le había tocado un seno, que sé yo, que le había escrito una vez un poema —aquel poema era Nicolás como tú le has regalado a mil gentes, de amistad— donde yo decía que era bonita, ella es bonita, bahhh.
  Ligado todo eso Nicolás ¡Expulsada! La juventud se reunió en menos de veinticuatro horas y me expulsaron también deshonestamente. Yo apelé. Nada. Imagínate esa era la lucha mía, mi familia es una familia pobre, mi madre trabaja de linternera en un cine, mi padrastro ya había muerto, o sea, no tenía a quien acudir, Luis fue, imagínate hijo de la Patria, militante de la juventud, tú sabes que él era como tu muy político me pidió que viera a un psiquiatra, allá me llevaron Nicolás, yo no quería aceptar pero todo el mundo me decía ve Bárbara a lo mejor sirve de algo, fui al siquiatra, yo no sé si estaba preparado todo, me hicieron hacer unos dibujitos unas manchitas unos tests unas cosas, la prueba Roche se llama eso, yo nunca supe el resultado, en definitiva, mi apelación fue rechazada y expulsada para la calle.
—Chuchú pero bueno ¿exactamente qué cosa era lo que estaba pasando cuando levantaron el mosquitero de la cama?
vNicolás, no estaba pasando nada, yo estaba dormida, yo dormía sin ajustador por el calor que hacía me tapaba con la sábana con mi blumer puesto. María sí estaba desnuda, y estaba con un brazo arriba de mí, fue lo único.
—Y María qué declaró.
—Ella se echó a llorar, lloraba todo el tiempo, lloraba, y lloraba y lloraba. Lo único que decía era “nos jodieron Chuchú, nos jodieron” hablaba unas cosas incoherentes, totalmente incoherentes.
  Chuchú hace silencio se ve que le ha afectado realmente contar la historia ¿Cuántas veces la habrá contado? Exactamente cuál es la verdad. Ella siempre jura y perjura que no había nada, debe haber algo de verdad y algo de mentira, lo que sí parece cierto es la traición de su amiga Adria, porque independientemente de que Chuchú hubiera sido tortillera o no en aquella época Adria debía saberlo y Adria la trataba, dormía en su casa, o sea, que lo más probable es que se prestó al chantaje, desde ese momento Adria fue el expediente del grupo, Bárbara ya no estaba, ella se benefició de la expulsión y al terminar la carrera la situaron en Teatro Estudio.
  A partir de ese momento la vida para Chuchú no fue fácil, hizo una prueba para trabajar en el ICAIC la rechazaron, no porque no venciera la prueba sino porque organismos ajenos a la cultura pero que funcionan dentro de la cultura dijeron que esa mujer era una inmoral y no podía ser la imagen del cine cubano.
—Entonces Niko, lo más terrible de eso es que yo me quedé en dudas, yo decía bueno me hicieron una mierda, me traicionaron algunos amigos, otros se portaron muy chévere hasta el día de hoy, pero yo decía ¿coño a pesar de la hijeputá habrá algo de cierto, a mí me gustarán las mujeres, seré yo lesbiana, seré bisexual? Entonces Niko yo con esa duda, por supuesto no se lo decía a nadie, ni siquiera a Luis, eso me desequilibró, eso fue el inicio de que nuestro matrimonio fracasara, eso de que yo empezara a reafirmarme como hembra, a querer templarme a todos los hombres pa demostrar que era una singona, pero al mismo tiempo a veces iba caminando por la calle y miraba las mujeres a través de mis espejuelos oscuros, las miraba, o intentaba mirarlas con otro sentido ¿me gustan o no me gustan? estaba con esa disyuntiva, me habían jodío me habían metío no sé un aire extraño en la mente, yo decía la serpiente del kundaline que yo tengo a través de la columna vertebral ¿qué quiere hombre o mujer, o ambas cosas?
  Me levanto de un salto y desnudito en pelotas voy hasta la cocina preparo un té bien cargado de limón y poquita azúcar a vaso grande lo sirvo, regreso Chuchú se ríe me dice:
—Mira la cosita que chiquitica, parece un ajicito.
—Pero picante Baby.
—Sí, picantico.
Extiende la mano y me toca la punta de la cosita que aún se pone más chiquita.
—Ven, ven, ven acá mi hermanito, acuéstate a mi lado.
—Me pone la cabeza sobre el pecho.
—Alguien me decía una vez Niko que yo tenía muy buena suerte. Yo le decía que sí, pero que era suerte, suerte para cosas buenas y para cosas malas. Te sigo contando. Después de eso era como si yo fuera una fachada que caminaba.
—¿Una fachada?
—Sí, una fachada de un edificio de esos de La Habana Vieja, donde después de tantos años ha habido negocios a la entrada o esa fachada ha sido la puerta de algunos negocios y la han pintao y le han dao manos de masilla y estuco y qué sé yo, y de pronto el tiempo inventa una comisión de restauración y aparecen los andamios, los obreros especializados dirigidos por arquitectos, por pintores mediocres, casi siempre todo pintor que tú ves restaurando es un pintor mediocre.
—Y entonces van quitando capas y capas, y capas, y capas, y capas, y empiezan a aparecer dibujos y dibujos y detrás de cada capa hay unos dibujos y formas, y formas, y formas, hasta llegar tal vez al dibujo original, yo estaba como eso me daba la impresión que de pronto una mano metafísica iba quitando las metáforas de mi identidad y aparecían otras metáforas, y se caía una metáfora y aparecía otra como los dibujos hasta llegar a este animal pretecnológico, antediluviano que soy yo.
—Tú eres un animal antediluviano, Chuchú.
—Sí, negro mío, yo soy un animal de antes que se plantara el árbol del bien y el mal.
—O sea que tú eres anterior al Génesis.
—Sí negro mío, yo soy anterior al Génesis. No ves lo vieja y flaca que estoy. Soy casi un templo babilónico.
Empieza a actuar, empieza a simular de que está medio brava, que está irónica. Chuchú no puede dejar de actuar, es una actriz todo el tiempo. Uno nunca sabe con ella si está brava realmente, si está alegre, si cuando la tiene dentro esos gritos son realmente de verdad o son de mentira, si de verdad tiene un orgasmo, o si está simulando como ella misma reconoció, nunca se sabe, con ella nunca se sabe, todo en ella es una actuación desde freír un huevo, brindar un vaso de agua, abrir la puerta, sonreír, saludar, tirarse un peo, todo en ella es actuación, todo en ella tiene un punto exacto, ella es su primera actriz, su directora, su jefa de luces, su escenógrafa, su dramaturga y sobre todo el público que paga las entradas y la aplaude.
  Miramos al techo donde está el espejo en que se reflejan nuestras imágenes, estamos cogidos de la mano, hemos tomado casi la mitad del té que yo preparé, oímos nuestras respiraciones, nuestras tripas sonar, tenemos hambre, llevamos cerca de cuatro horas entre templando y hablando, entre silencio y gritos, entre reflexiones y juegos de palabras.
  Yo también soy una fachada como diría Chuchú, un frontispicio, la parte superior de la fachada, de esa extraña arquitectura que hay en La Habana, ecléctica, mezcla de muchos estilos de muchas culturas con un eje central que viene del África, que viene de un África pasada tal vez a través de la tradición musulmana para llegar pasando a su vez a través de la tradición hebrea, a la tradición católica en España, una mezcla rara, ese soy yo, pero eso solamente es hoy mañana seré otra cosa, otra mezcla, o no seré ninguna mezcla, mañana seré todo lo opuesto, la otra orilla del río de ese río donde nos podemos bañar muchas veces.
—Chuchú ¿tú eres un río?
—No yo soy una laguna, llena de patos y tú eres el pato principal.
Se ríe, yo la miro estoy a punto de darle un piñazo, pero me da risa su ocurrencia.
—Así que tú eres una laguna.
—Claro m’hijo yo soy una laguna, la laguna del tesoro.
Se me acerca y me da un beso en la oreja.
—Cuéntame negro, cuéntame más cosas, así que en tu árbol genealógico había un pájaro que cantaba.
—Había un pájaro que cantaba y ese pájaro era mi hermano. Eso fue una tragedia en la familia tú no te puedes imaginar, tener en una familia pobre algo que no se ha esperado, como no se ha esperado no se sabe qué hacer, eso fue una tragedia pequeña, eso fue algo, la mano de Dios, la mano del Diablo, de la naturaleza, de Carlos Marx ¡vaya usted a saber! Nació así, creció así, eso por supuesto es lo que te cuento yo, por eso tus miedos y tus temores imagínate, cuando uno es y uno acepta que es, bueno, pero cuando uno está en la duda imagínate tú, yo me crie en una atmósfera de un barrio, de un guetto, marginal todo el tiempo, teniendo ese problema en mi familia, un problema del cual todavía a esta altura, ya mayores no se habla, todos lo sabemos, mi madre, mi padre —que ya murió— pero de eso nunca se habla, eso es una cosa que no sé, es como tener una verruga en una nalga, que se la enseña uno nada más que al médico o a su mujer o al espejo, esa era la verruga de la familia o el lunar, era una cosa que no se hablaba, una cosa que, en fin, eso… imagínate.
—Por eso es tú resistencia, por eso es que tú no quieres que yo te dé las clases de…
—Vuelve de nuevo, no quiero ninguna clase de esgrima japonesa Chuchú, ya te lo he dicho. Independientemente de la duda eso a mí no me interesa. Vuelves tú con el tema.
—Yo te voy a convencer.
—Bueno. Ese es tu problema, cada vez que intentes te voy a dar la misma respuesta y lo único que estás haciendo es conspirar contra nuestra amistad. ¿Cuéntame de ti, háblame de ti? Vamos a seguir jugando al biógrafo y al objeto.
—Bueno Nikoleto, te voy a hacer caso, discúlpame. ¿Qué quieres saber?
—Y entonces qué, tú dudas, cómo llegaste.
—Bueno ya te decía que me miraba, no sabía, imagínate, mi vida se había convertido en un desastre fuera de la Escuela, qué hacer, tenía una niña pequeña que mi mamá me cuidaba, durante muchos meses estuve batallando, o sea, hice cartas a Carlos Rafael Rodríguez, a Fidel, a todo el mundo, quería demostrar a todo el mundo que se había cometido una injusticia al expulsarme de la Escuela por algo que yo no había hecho, por el otro lado seguía en la duda y empecé a tener amantes uno tras otro, gente de la Escuela amigos de Luis, gente marginal, gente no marginal y entonces hasta que un día me empaté con un negro yo nunca había estado con un negro, él trabajaba en el ICAIC y estaba casado con una búlgara.
—Ya sé quien es.
—Me empaté con ese, el negro Tin Marín, estaba casado con una negra, con una negra no, con una búlgara y bueno era un negro siniestro ya te puedes imaginar, entonces me gustaba, me preñó, me hice un legrado yo no quise tener más hijos el legrado quedó mal, me dio fiebre, él me botó de la casa y Luis, te acuerdas me recogió, me cuidó, tú también me cuidaste, a mí no se me olvidan las cosas, tú y Luis me cuidaron mucho, pero bueno antes de eso, antes de yo salir en estado, iba a su casa, la mujer trabajaba en una empresa textil.
  Nosotros nos pasábamos el día templando, fumando mariguana, y el muy cabrón siempre me hablaba de su mujer, que era una mujer bellísima, que en Bulgaria era distinto que los eslavos son distintos, la mujer es una rubia, tú la conoces, grandota con los dientes separados, él me hablaba maravillas y me decía que le hablaba a ella de mí en el momento de los orgasmos, un día nos conocimos, él nos presentó y ya la curiosidad de saber, realmente la mujer era como una potranca, era de una zona de Bulgaria no de la capital, sino de la zona donde abundan los osos y los lobos, era como una loba grande, una mutación entre mujer, loba y oso.
—¡Ya tú sabes! ¡Mucho con demasiado! ¡Ya tú sabes con ya tú sabes!
—Sí Nicolás ya tú sabes con ya tú sabes. Bueno, yo había saca’o una bronca con Luis y me fui de la casa y me quedé a dormir, dormí primero en el cuarto que había vacío de la hija pequeña de ella que estaba pa’la beca o no sé pa donde, él se iba pa’l trabajo temprano tenía filmación, recuerdo que un día me estaba bañando y cuando salí ella estaba mirándome me dijo Chuchú que cabellera más linda tú tienes, déjame que te peine y en el momento en que ella me estaba peinando apareció él, terminamos los tres en la cama, yo pensé que era una iniciación que había sido una cosa de culto Griego, una cosa secreta, algo como una secta, imagínate, tú sabes que yo soy muy dada a la literatura y todo eso, que habíamos vivido una aventura, realmente aquello me fascinó y yo pensé que yo era la alumna preferida que conmigo se había iniciado aquella escuela, después descubrí que no, que ese matrimonio se dedicaba a hacer todo tipo de cosas inclusive el negro Tin Marín la había convencido a ella de que se sacara unos dientes, unas muelas, para que se le recogieran las mejillas y se pareciera a Greta Garbo, imagínate tú a mí jamás me ha dado por eso.
—¿Y tú sentías orgasmo con el negro Tin Marín?
—Te confieso que no, ahí fue donde comencé a tener conscientemente una relación lésbica, fue en ese momento con esa búlgara y el negro Tin Marín. Todo lo demás anterior de mí había sido falso, había sido mentira. Vamos a hacer café y te sigo contando.
Hizo su café lo tomamos, nos vestimos, en eso llegó Viky, la conversación se diluyó llegó la noche yo me fui y regresé a los tres días, justamente a los tres días. Mi primera pregunta fue después de los besos, los saludos y los protocolos.
—¿Cómo te curaste de la frigidez? ¿Quién te curó?
—Ah, ese fue el chino, Leopoldo el chino.
—Leopoldo el chino, ese delincuente.
—Sííí, todo hombre, por siniestro que sea puede tener una misión de Dios. A través de Leopoldo el chino ese delincuente Dios resolvió la misión de curarme. Ese chino era como un gato, increíblemente con él por primera vez tuve un orgasmo, lograba desinhibirme, a partir de mi experiencia con Leopoldo -que también me preñó y que también aborté- yo pude empezar a tener orgasmos con la gente cosa que no había logrado antes, pero eso creó en mí una dependencia hacia ese individuo, hacia esa medicina, imagínate que yo podía estar en una fiesta ya cuando estaba casada con el alemán rodeada de gente bellísima, en conversaciones interesantes, tomando buenos tragos buenos manjares y de pronto me veía caminando, a pesar de que no quería caminar, iba rumbo hacia 23 y 16 en los altos de la cervecera popular Partagás, ahí tú sabes que vivía Leopoldo el chino, subía, él vivía en el último piso, tocaba y me decía, chinita, has demorado menos tiempo, la otra vez demoraste seis meses.
El chino nunca metía a nadie en su casa, o sea, ninguna mujer, cuando conseguía alguna mujer la llevaba a una posada, él siempre lo tenía todo preparado para que yo volviera, aunque él decía que no, en realidad estaba enamorao de mí, pero él no se podía dar el lujo de decírmelo con palabras, siempre me esperaba, cualquier día que yo llegaba, si estaba, estaba solo esperándome, y si no estaba es que estaba con otra gente en otro lugar.

Bravo cuando te dicen negro bembón
si tienes la boca santa negro bembón
te quejas todavía negro bembón
sin pega con harina negro bembón
majagua de dril blanco negro bembón
zapato de dos tonos negro bembón.

No tengo donde vivir ni mujer a quien querer
todos los perros me ladran y nadie me dice usted
y nadie me dice usted.

val y lenta rosa
no hay descanso, salud Guevara
o mejor todavía desde el hondón Americano te esperamos
partiremos contigo,
queremos morir para vivir como tú has muerto
para vivir como tú vives
Che, comandante, amigo

Chuchú, mi ángel de luz se ríe a mandíbula batiente ante este intermedio que yo he introducido para aliviar las confesiones casi psiquiátricas que ella me ha hecho, que yo también he hecho, está maravillada de cómo yo he citado un poco libremente ciertos fragmentos de poemas de Nicolás Guillén
Ella se ríe cuando le digo:

Yo soy Nicolás Bakongo
Nicolááá el comandante amigo.

Nicolááá el comandante amigo.

Bárbara se levanta de la cama desnuda y empieza a bailar y a gesticular, le he dado pie para que cambie su papel en la actuación perpetua, en su teatro perpetuo, empieza a bailar y a menear la cintura como una hawaiana y dice:

Mi amante es el comandante amigo
Nikoleto, comandante amigo.

Se ríe, mueve la cabellera como una bailarina…
  Nicolás Guillén es el tío del negro Tin Marín, el único negro director de cine del ICAIC, el que la inició según ella cuenta en el viejo culto de Zafo, el que vio según ella su verdadero dibujo, detrás de la fachada llena de metáforas.
  Yo había conocido al sobrino del Poeta Nacional a través de mi amigo Ezequiel Méndez Yánez un hombre para el cual la lucha contra el capitalismo no había terminado, todavía Eze vivía en plena clandestinidad desde los talleres de Ciénaga, los famosos talleres Casamayor, trabajaba como obrero en pailería, dando martillo, reparando vagones y locomotoras, era ayudante aunque no cobraba como ayudante, se había caído desde la escalera del poder donde la Revolución o más bien sus amigos lo habían situado, era hijo único de una mujer que tenía una voz muy ronca y era funcionaria del Comité Provincial del Partido en las famosas comisiones de construcción de ese partido, su padre era un obrero simple también militante.
  Eze, había integrado desde el inicio de la Revolución la Seguridad del Estado pero era un hombre demasiado honesto, demasiado liberal, demasiado instruido, con demasiadas lecturas y duró en ese lugar lo que dura un plato de merengue ante la puerta de un colegio. En un círculo de estudio dio sus opiniones acerca de lo que era la cultura para las vacas, dudó, pero no sólo dudó, argumentó con cifras y de ahí fue castigado a una granja y al poco tiempo le dieron la baja en el Ministerio del Interior. Trabajó en las escuelas del partido, también dio sus opiniones y tuvo que salir de ahí a trabajar como profesor de historia en una secundaria básica en la calle Belascoin, un día, se dice, no recuerdo bien si firmó un manifiesto o un análisis crítico junto con antiguos compañeros de la juventud socialista que era donde él había participado, había crecido y bueno lo castigaron casi de por vida a trabajar como obrero. Después de haber pasado cerca de noventa días incomunicado en Villa Marista y dos meses en la fortaleza militar del Morro, trabajaba como obrero aunque por una dispensa —él no era el único castigado— le habían dejado su sueldo de profesor.
  Eze, vivía cerca de Waldo, cerca de la Cinemateca, y a través de él un día creo que en su casa, no, en una pizzería, habíamos coincidido todos en una mesa y allí estaba Tin Marín el negro director de cine. Él nos invitó a una salita en el ICAIC —cuando aquello esas cosas eran permisibles— y vimos varios documentales entre ellos uno que me impresionó mucho, El osier del Toa era de una fotografía increíble sobre el río Toa en Baracoa, la parte más extrema de la Isla, más allá de Guantánamo, un lugar maravilloso, de una belleza increíble, era una historia cinematográfica que no llegaba creo a la media hora, pero recreaba los prejuicios, la soledad, la magia que hay en ese lugar; después vi Café Arabia, un documental sobre la historia de cómo llegó el café a Cuba, maravilloso, allí aparecía Loana, la mujer búlgara, era un alarde de buen montaje, buen gusto, realmente ese negro tenía, tiene, talento.
  Siempre nos habíamos tratado Tin Marín y yo como el aceite y el vinagre, tal vez por llamarnos igual, él se llama igual que yo, pero yo le decía Tin Marín cosa que a él no le agradaba mucho, me caía tan bien que yo le había dispensado una agresión que tuvo contra Waldo. Waldo a pesar de saber que Tin Marín vivía con Bárbara lo siguió tratando, iba a su casa, le regaló cuadros, y un día en que Loana estaba tejiendo, —Loana tiene gran habilidad para hacer tapices, hamacas, vestidos, son unas manos prodigiosas, casi pudiera decirse que es una especie de zapatera prodigiosa de García Loca, pero por el tapiz— él le dijo: estás como Penélope haciendo un gran tejido y al momento de irse le dio un beso en la mejilla, Tin Marín —que se estaba templando la exmujer de Waldo y que Waldo no se molestaba por eso— montó en cólera, le dijo horrores, lo retó, le dijo que él —Waldo— no era como él, que era un tipo flojo, que él si era un negro valiente, que él sí se fajaba, que a su mujer nadie la podía tocar, en fin le formó una escena bastante desagradable.
  A lo mejor Tin Marín estaba bajo la influencia de la cantidad de yerba que había fumado, era famosa en toda La Habana la adicción de Tin Marín a los cigarrillos, eso a la larga le costó unido a otras cuestiones y sus opiniones políticas tener que salir del ICAIC e ir a parar a instituciones psiquiátricas, inclusive una vez creo que en G y 23 medio borracho, drogado, dijo que la solución de Cuba era que alguien se lanzara contra el carro del Primer Ministro, el Comandante en Jefe, el creador de la Cultura para las vacas y lo mandara sin pasaporte al otro mundo, siempre alguien oyó esos alaridos de borracho —en otro país no hubiera pasado nada, pero en un país como el nuestro, amenazado por el Imperialismo, la CIA, el M-15, los servicios secretos israelitas, los servicios secretos franceses, y varios de los revisionistas yugoslavos y vaya usted a saber cuántos enemigos más, había que tomar medidas— lo acusaron de atentar contra la vida del Primer Ministro en su fase de proyecto teórico, estuvo dos meses en Villa Marista y…
—Niko.
Me dice Bárbara que ya se ha vestido al igual que yo y estamos sentados a la mesa comiendo un poco de ensalada, papa hervida sal y limón no hay más nada y como complemento un vaso cada uno de agua con azúcar.
—Tú no crees que debiéramos un día dar aquí —no podemos estar todo el tiempo en la templeta, ni en la fumadera— un recital.
—¿Cómo un recital?
—Sí, coño los poemas tuyos, podemos invitar a Rogelio que lee y tiene muy buenos poemas, tú me has hablado de Fabio.
—Ahhh, Rogelio Fabio Hurtado.
—Sí, podemos hacer aquí, organizar… yo tengo también cositas que leer. ¿Por qué tú no organizas eso?
—Ummmm, bueno voy a avisarle a la gente, te aviso el día Baby, pero bueno nuestra conversación.
—Nuestra conversación es eterna, nuestras revelaciones son eternas, todavía me faltan muchas cosas que quiero contarte y todavía tú tienes que contarme muchas cosas, además, vuelvo y te repito está pendiente la clase de esgrima japonesa.
Se ríe, yo también me río en vez de darle otra bofetada, sé que ella va a insistir hasta el momento justo de irse del país, inclusive sospecho que si algún día veinte o treinta años después ya muy viejitos nos encontramos ella va a seguir con la misma, ella es persistente, pero yo también soy persistente y firme. Nos despedimos como a las once de la noche.
 
 

Nicolás Lara
(foto tomada de Facebook)


 

Nicolás Lara, pintor y poeta, nació en La Habana, Cuba. Vive y trabaja en New York. Nicolás ha participado en numerosas lecturas de poesía y ha publicado: Los versos vienen del sur. Ortografía de la soledad y beso con lengua (Novela). Como artista plástico, ha recibido diversos premios nacionales e internacionales. Su obra ha sido expuesta en muestras individuales y colectivas en Cuba, Argentina, Brazil, Canada, Costa Rica, Cuba, Inglaterra, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Kuwait, México, Rusia, Eslovenia, Suecia, EE.UU y Venezuela. Su trabajo se puede encontrar en colecciones públicas y privadas. Tiene inédita la novela “Cultura para las vacas” y otra en preparación.

3 comentarios el “Fragmento de la novela inédita “Cultura para las vacas”, de Nicolás Lara Hernández

  1. Aleval Valdes Lopez
    07/02/2021

    Excelente.

  2. Pingback: Nicolás Lara: ·Cultura para las vacas· | inCUBAdora

  3. Eduardo Lamora
    11/02/2021

    Estamos vivos todavia, Nicolas, y ello da fuerzas e inspiraciones.
    Te recuerdo siempre.
    Eduardo Lamora

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Esta entrada fue publicada el 07/02/2021 por en Narrativa.
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