Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

La mesa está servida

JAVIER IGLESIAS

Continúo descubriendo sin la prisa de los náufragos, este espacio que se escapa de cualquier calificativo, y que sigue siendo idealizado como puerto seguro por los sobrevivientes que habitan aquel otro pedazo de tierra que desafía mucho más que ciclones y altas temperaturas por el capricho de una generación que en el ocaso de sus días se niega a aceptar que el mañana tiene infinitos colores.

Aquí he hecho un viaje, principalmente culinario, que trato de controlar a diario, algo que no está siendo fácil –para un pecador como yo– al pasado de una nación que se refugia en todos sus sabores y olores para no perderse en la inmensidad de este país que nos cobija.

Redescubrir platos que se apagaron en el silencio de la lejanía de este tiempo que parece no tener fin, ha despertado esas memorias culinarias que creíamos olvidadas, pero que estaban allí en ese espacio dueño de la nada donde guardamos los recuerdos.

Esta desmemoria es lógica o al menos entendible por el tiempo transcurrido lejos de la mesa nacional. Sin embargo no significa pérdida de identidad y sí asimilación de un universo mucho más amplio de tenedores y cuchillos.

Es importante que no olviden que quien escribe esto, vivió por quince años en una de las cocinas más ricas del universo. Brasil dominó mi paladar, haciendo menos amargo el duro exilio impuesto por situaciones que todavía persisten en esas cuatro letras que dividen a más  de once millones de compatriotas en cualquier geografía, que al contrario de la historia no perdona a nadie –y mucho menos a él–.

Brasil –nación antropofágica como fue explicado en la semana de arte moderno del 1930– devora y digiere todo lo que caiga en su territorio/cazuela, hasta incorporarlo a su mesa culinaria/cultural, adornada de condimentos especiales, nacidos de un mejunje multiétnico que construyó ese gigante de la música –alimento para los oídos– con una inmensa variedad de platos que ya forman parte de mi historia escrita –más bien degustada–. Es imposible, y no quiero olvidar la feijoada, el churrasco, y la deliciosa e imprescindible caipirinha, entre muchos otros sabores que inevitablemente te llevan a entender los amplios caminos de la idiosincrasia y la pluralidad brasileña.

Pero ese es otro artículo –no nos desviemos de este que es sobre nuestra cocina– inspirada en los aromas y delicias de la infancia, extraviada no en los años y sí en la eterna lejanía de los parias, que ahora intento rescatar bien lejos de ella –de la niñez y de su espacio físico–.

Miami es cubana no por estar habitada en su mayoría por personas que nacieron allá, del otro lado de la pantalla o por sus hijos y nietos que tuvieron la suerte de nacer en esta dimensión menos delimitadora de sueños. Es cubana principalmente porque la comida que se degusta es la misma que comían nuestros ancestrales cuando la isla era un lugar de prosperidad, y también por ese ritual tan típicamente cubano de sentarnos todos a la mesa y hacer de ese momento una diversión.

Para quien pasó –Yo– más de un década sin comer o tomar un batido de mamey por poner sólo un ejemplo, algo increíble para una camarera que al conocer la ausencia de esa fruta por tanto tiempo, hizo aquellos histriónicos gestos tan nuestros y exclamó: Niño no me digas eso, en qué mundo tú vivías. Su exclamación podrá parecerles exagerada pero con la sencillez que le ha dado la vida resumió en pocas palabras el significado de ausencia que produce el exilio, ya que para los cubanos sólo existe un mundo –el nuestro– y ese mundo empieza en la cocina.

Foto: Ernesto G.

JAVIER IGLESIAS. Ciudad de la Habana, Cuba, 1963. Poeta, Traductor, Guionista, y Productor Artístico. Ha publicado los poemarios “Mapa de Soledad”, Antología Poética “Inventario de Sueño”, Antología Poética “Ellos los Poetas” –todos en Habana, Cuba–. Poemas suyos han aparecido en periódicos y revistas de Cuba, Argentina, México, Brasil, Estados Unidos, Francia, Alemania, Holanda, Etc.

En Brasil obtuvo el 1º Premio “Filma Brasilia” con el guión cinematográfico “O Comendador” – Brasilia – Brasil, filmado en 2001

3º Premio en el Concurso de Poemas del CES – São Paulo – Brasil.

Guionista de los Cortometrajes: “A Rebelião dos Estudantes”, “Mala do Livro” e “O Comendador”.

Asistente de Dirección del cortometraje “O Futuro e EU”.

Traductor de los Cortometrajes:

 “Janela par os Pirineus”, “Depois do Escuro”,  “A Divina Comédia”, y de los libros “Registro de uma Vivência” de Lúcio Costa, “Astrícia” y O Deuses Subterrâneos” de Cristovam Buarque, escritor, Senador, ex -gobernador de Brasilia y ex-ministro de educación. Coordina el blog ESCOMBROS HABLANEROS, seleccionado entre los 100 mejores do Brasil por La agencia TOPBLOG. Miembro de la Comisión Organizadora de la Bienal Internacional de Poesía de Brasilia Miembro del Sindicato de Escritores de Brasilia (SEDF). Actualmente vive en Miami.

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5 comentarios el “La mesa está servida

  1. Irene López Kuchilán
    15/07/2012

    Me unen a tí muchas razones, y así nos pasa a todos los marcados por la saudade brasileira, que es toda una ciencia. Pienso en Manny Lopez, Denis Fortún y muchos otros. Javier, qué dicha que más que por olores y perfumes de otros lares, estés bien acompañado por Proust .

  2. laperezaediciones
    16/07/2012

    Para mí siempre es un gran placer constatar el talento ajeno, Javier. Y tú lo posees en grado sumo. Cada vez que te leo, te respeto y te admiro más.

  3. Z
    17/07/2012

    Muy emotiva esta analogia gástrica. La he disfrutado mucho. Yo tambien creo que la mayoria de las pasiones -y de los recuerdos- cuajan en el paladar. Un abrazo Javier.

  4. Javier Iglesias
    22/07/2012

    Gracias a todos por sus comentarios.

  5. sindo Pacheco
    22/07/2012

    Es verdad, Javier, el amor no entrará por la cocina, pero es por ahí por donde suele irse, jaja
    un abrazo

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 15/07/2012 por en Crónica.
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