Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

La destrucción de Santiago de Cuba

ANTONIO DESQUIRÓN OLIVA

Testimonio de Eloy Tabares Manso, ingeniero informático.

El tren salió de Santiago con dos horas de retraso aproximadamente. Yo estaba en la Terminal desde temprano, más que todo para evitar tantos comentarios que había en mi casa y en toda la ciudad. Por la mañana, a eso de las 6 y media, hubo varios temblores. El primero fuerte y los otros menos, aunque seguidos. Al mediodía ya la población estaba en crisis y hablando muchísimo. Como yo tenía pasaje para esa tarde a las 6, me preocupé menos. Tú sabes que todo el que era de Santiago, cuando se sentía un temblorcito, pensaba en lo peor. Yo por lo menos, cuando vi moviéndose en las calles los cables de la electricidad, me sentí muy mal. Es que después que acaba de temblar, los cables siguen moviéndose mucho rato. El asunto es que cerca de las dos casi no se sentía nada y, como el primer temblor me había despertado, me dio sueño y me dormí como hasta las 4, cuando hubo otro sacudón; entonces me levanté, me bañé, agarré mis matules y salí de la casa, no fueran a ponerse peor las cosas y se embromara el viaje.

Cuando llegué a la terminal de trenes, había muchísima gente, no solamente los que tenían reservación; decían que no soportaban sentir que todo temblara casi constantemente. Por supuesto que para entonces la información ya estaba en los medios. Recuerdo que en el noticiero de la una dijeron lo de los temblores de la mañana, y que se estaba vigilando una zona sísmica localizada al sur de la costa de Oriente, al suroeste de la ciudad de Santiago de Cuba. Lo que nadie imaginó que fuera para tanto. Y menos de esa manera.

Por fin arrancamos y como a las ocho mi celular sonó. Me llamaban de mi casa, que acababa de haber un terremoto, que gracias a la Virgen de la Caridad ya me había ido, que en toda la calle se cayeron muchas fachadas, varios postes eléctricos y de teléfono, que en ese momento todo estaba oscuro y se sentía una especie de truenos o rugidos muy lejanos, pero el cielo estaba despejado. Que cómo yo estaba, que cómo estaba todo por donde yo iba. Etcétera.

Esa fue la última vez que hablé con Santiago, con mi casa. Como a las 10 y media el teléfono sonó, pero cuando fui a cogerlo la llamada se había caído. De ahí para acá, silencio.

Nota oficial del Consejo de Estado

En vista de las desgracias ocurridas en Santiago, el Consejo de Estado de la República de Cuba emite la siguiente nota.

Según todas las estaciones conectadas al Sistema Sismológico Nacional, siendo las 21:50 de ayer se percibió un movimiento telúrico 9.7 grados, ubicado  por el Instituto Sismológico Nacional, a 15 kilómetros al oeste-suroeste de Santiago de Cuba, y a 7 kilómetros de profundidad aproximadamente, el cual no sólo se percibió en toda la parte oriental de la Isla, sino que produjo daños materiales y víctimas que van disminuyendo hacia occidente.  En cuanto a la Ciudad Héroe de la República de Cuba, podemos decir que la misma resultó completa y definitivamente afectada.

Casi a medianoche, olas de unos 20 metros de alto penetraron por la boca del Morro santiaguero hasta el borde trasero de la bahía, inundando la ciudad y produciendo la destrucción total o casi total del casco histórico de la misma y de prácticamente todos los barrios residenciales.

Aunque todavía no se ha hecho estimado de víctimas, se considera que hay entre 350 y 400 mil muertos y entre 50 y 100 mil heridos, con unos 250 mil sobrevivientes en diferentes estados clínicos.

El Consejo de Estado se reunió urgentemente y declaró las cinco provincias orientales en estado de catástrofe, y la de Santiago de Cuba en estado de devastación grado 5 (el máximo). Ya se ha recibido ayuda de numerosos países, la cual se hará llegar a Santiago a medida que la naturaleza lo vaya haciendo posible.  El Estado ha propuesto a la Organización de las Naciones Unidas la creación de un Santiago Virtual, para estudiar la destrucción y la inundación ocasionadas por el sismo y por el posterior tsunami.

En cuanto a las víctimas, hasta el momento sólo ha sido posible acceder al  área  santiaguera en helicópteros, los cuales momentáneamente están dedicados al traslado de heridos de la zona alta de la ciudad, ya que el casco histórico y los barrios del fondo de la bahía están completamente destruidos e inundados, o bien cubiertos de lodo viscoso. Los movimientos sísmicos grado 7, que se producen con intervalos de 3 a 4 minutos, hacen imposible el aterrizaje, por lo cual este Consejo estudia la posibilidad de declarar Cementerio al Municipio Santiago.

También se estudia la posibilidad de trasladar definitivamente a otras regiones a los sobrevivientes que lograron llegar a las lomas que rodean la urbe, en previsión del surgimiento de epidemias.

 El Instituto Sismológico Nacional proyecta un modelo informático, que refleje las causas y las consecuencias del sismo, para dentro de tres días como máximo, a fin de prever las posibilidades de una extensión del fenómeno hacia el resto del país.

Informe de la Estación de Rastreo de Satélites de Cabo Kennedy, en la Florida, Estados Unidos

En la noche de ayer, nuestra estación percibió, aproximadamente en los 19 grados de latitud norte y 76 grados de latitud oeste, un punto rojo de alrededor de 1 kilómetro de ancho, entre Jamaica y la costa suroriental de Cuba, sobre una de las partes más profundas de la depresión abisal de Bartlet. Sometido a constante observación, se comprobó que el fenómeno se alargaba hacia el este, en lo que puede calificarse de alongamiento. Sobre las 5 am, la fisura roja se había ampliado unos 120 kilómetros más hacia el este, hasta cerca de la entrada de la bahía de Santiago de Cuba.

Se conoce que la depresión de Bartlet señala el borde sur de la placa de América del Norte, por lo que el fenómeno puede deberse a la elevación de la misma sobre la del Caribe, con la consiguiente liberación de magma. Ciertamente, sobre Cuba no existían probabilidades de volcanes, ya que las rocas de ese tipo en la Isla no se comunican con conductos o cañones de evacuación de magma, como ocurre en la América Central. Hasta ahora, los sucesos de la costa sur oriental de Cuba carecen de explicación.

Testimonio de Maidelín Ribeaux La O, ama de casa

Yo vivía en la calle San Agustín y Trinidad.

Anoche no quise acostarme. Sentía calor, abrí la puerta de la calle y bajé a la acera. Estaba sola, porque mi hija desde por la mañana se había ido para casa de su abuela, en Jurisdicción.

 Me dirigí lentamente hacia la Avenida de los Libertadores (Carretera Central). Había otras personas en las aceras, sobre todo hombres que bebían, algunos jóvenes, individuos solitarios y varias mujeres.  A eso de las 10 habían comenzado a oírse truenos o rugidos, aunque el cielo estaba despejado. Me pareció extraño, pero no me asusté. Cerca de la medianoche yo había caminado y descansado varias veces, me había detenido, conversado, levantado y seguido mi marcha hacia la parte de la Audiencia. Cuando estaba llegando cerca de ella, sonó una especie de cañonazo que retumbó en todas partes, empezó a temblar primero un poco, pero los movimientos aumentaron en fuerza y sonido. Porque empezó a oírse una especie de ronquido que venía de abajo, y mucho estruendo, como si estuvieran cayendo bombas. Y los fuegos.

Y la gente salía de las casas como si adentro hubiera, qué sé yo, cosas malas, monstruos, porque salían como locos, casi sin ropa, aturdidos, aullando y corrían hacia cualquier lado. De momento había un montón de gente, como una cola o más bien como un tropel  que corría hacia Quintero, y de momento otro en sentido contrario. Viejas, viejos, niños y niñas, mujeres y hombres. Algunos echando sangre y heridos; otros con la ropa y la carne quemada. ¿Y los carros?  A esa hora hay pocos carros en la calle, o menos carros. Pues de momento empezaron a salir carros llenos. De todo tipo. Particulares, camiones, guagüitas, guaguas, patrulleros (carros de policía). Sonando claxon. Todos sonando claxon. No sé para qué. Había muchos que querían salir de la ciudad, bien cogiendo Garzón abajo, como saliendo para El Caney y Siboney, bien Carretera Central arriba, como queriendo subir Quintero por la Central. La verdad que al poco rato había cantidad de gente queriendo salir. Tantos, que no cabían en la carretera y  corrían por la parte de afuera y al que estaba allí lo arrollaban.

Pero lo que más me llamaba la atención era el ruido como de olas, de agua hirviendo. Desde bastante temprano se fue la luz. Yo veía, porque había una especie de fosforescencia roja, como un resplandor. Uno miraba el cielo y para la parte del mar se veía rojo como por la tarde. Eso era lo que había. No mal tiempo ni lluvia. Te le digo que era época de buen tiempo y para nada se le puede echar la culpa a los ciclones ni a los rayos. No.

Recuerdo que yo estaba más o menos por el Palacio de Justicia cuando sentí el burbujeo que venía de la Plaza de Marte: primero flojito y después engordando hasta sonar como una catarata, Garzón abajo. Bueno, eso mismo empezó a subir Martí y cuando llegó a Carretera Central corrió para abajo como hacia el Hospital Provincial y Maternidad. Claro que subió un poquito hacia el Cuartel Moncada, pero de momento no pasó de la antigua Casa de Socorro. Yo logré encaramarme en un camión de gente que iba hacia El Cobre, creo. Había que ser guapo de verdad para que la gente no te tirara de arriba.

Cuando llegamos por Rancho Club, el camión paró y miramos hacia Santiago. Ni sé qué vi. Como un infierno. Aunque había bastante resplandor, no se veía nada de la ciudad, como si nunca hubiera habido ciudad: era como un lago rojo lleno de olas. Seguimos y como al kilómetro la carretera estaba llena de agua o del líquido aquel. Porque no era agua: el agua corre, uno puede pasarla o tirarse en ella. Esto no: era gordo. Parecía como agua y no lo era. No estaba la forma de la bahía, sino como de un lago grande por toda la parte del Cementerio, el Distrito José Martí y por ahí para arriba, estaba inundado. El camión siguió hasta más allá de los filtros de agua y la inundación seguía por toda la parte sur de la carretera. Yo creía que iba a pasar por encima y a dejarnos a nosotros de la parte de acá, pero no, no fue así. Más adelante quedaba esa parte donde estaba el Ministerio de la Agricultura y una Base de Guaguas;  la inundación, que había venido por donde dije, se metió por el barrio nuevo de petrocasas, se lo tragó y llegó hasta la Carretera Central. Más allá quedaba el Embalse de Chalons: pensamos que al llegar hasta ahí toda el agua se uniría y se tragaría a Cuabitas. Pero no fue así. Seguimos caminando y llegamos hasta un sitio donde no había valor para seguir, tan cerca estábamos de la orilla inundada; pensamos que con las sacudidas que se sentían subiría más el agua y arrasaría con todo. Y aunque a veces temblaba, no subió más agua: en realidad, si ahí había tanta agua es porque ya se había tragado a Santiago. El chofer no se atrevía a seguir.

Entonces de súbito  tuve una claridad en la mente y me tiré del camión y seguí por la carretera. El suelo se sacudía, pero yo seguí y caminé un tramo no muy grande, como de 300 metros, hasta que vi que la vía subía de nuevo. Más adelante, bueno, en la carretera había piedras y todo estaba sucio, pero no se veía agua, ni Santiago ni nada de eso. Me alejaba. Cuando estuve lejos vi que pasaban helicópteros y nos pusimos a hacerles señas. Digo nos pusimos, porque ya me había juntado a las otras personas que tuvieron valor para tirarse del camión. Así fue cómo, en una de esas, vino un helicóptero, tiró una soga y nos fue sacando poco a poco de allí.

Manuscrito encontrado, al cabo de varios meses de la destrucción de Santiago, en la exploración realizada sobre la región que contenía el barrio de Fomento

Esto se parece al Infierno. Probablemente mi último texto. Ya son casi las 9 de la noche y desde la mañana empezaron los temblores. Para no terminar. Todo lo contrario, cada hora que pasa son peores. Creo que exagero al decir “hora”. Cada temblor es peor que el anterior. En todo el día no ha habido energía eléctrica, y cuando conseguí un radio de baterías para oír alguna noticia, encontré mudo el dial entero: evidentemente ninguna emisora trasmitía. Hacia el mediodía se oyeron voces sobre un volcán. ¿Qué estará pasando? Radiobemba es la mejor técnica, cuando existe gente para regar la noticia o el rumor, pero desde temprano la población se aterró y comenzó a dejar la ciudad. Las calles primero se atestaron  y luego quedaron vacías, cuando lo que iba a caerse se cayó, lo que iba a aplastar aplastó, el que quedó se fue.  Los cables de la electricidad se balanceaban furiosamente con cada sacudida. Recuerdo que miré largo por la ventana y vi el Hotel Santiago como picado de abajo a arriba, una lluvia de cristales y muchos cuerpos colgando de barras de acero o cayendo. No sé bien qué ha sucedido. Sonaron rugidos o algo parecido a rugidos, pero de una bestia mucho mayor. Imagino que lo que quedaba al centro se ha destruido.

Ya es de noche. Me alumbro con una vela, y para cuando se acabe la vela tengo una linterna. Por la tarde, primero oí como si estuvieran regando agua en la calle de la esquina; más fuerte, pero era eso, regando agua. Luego bajé y vi que no era “regando”, sino que corría un agua oscura por la calle de la esquina y por la bocacalle se botaba hacia la mía, aunque no demasiado: el torrente era por la otra, que bajaba en pendiente. Siguió temblando y seguían los rugidos. Mirando por la ventana, comprobé que muchas cosas, edificios, que antes quedaban debajo, ahora estaban más arriba: la avenida Garzón bajaba hacia Ferreiro, pero ya no, ahora parece como que subía desde la Plaza de Marte: entonces, ¿cómo podía correr ese río desde allí? Cuando se hizo más tarde, se acalló el agua, ahora corría suavemente. Y las calles laterales empezaban a inundarse. Cuando se llenó la calle, una casa se derrumbó, al parecer empapada. Durante toda la tarde se agruparon nubarrones de los que salían rayos y relámpagos, pero sin llover.  Luego, las nubes se fueron disipando y hacia el oeste apareció un color amarillo rojizo, que no era del ocaso, pues en definitiva el sol se fue y siguió la luz. En el barrio apenas quedaba gente, nada más los aprovechados de siempre, que se habían encerrado en las viviendas de los que habían huido, con la esperanza de quedarse en ellas cuando todo acabara. Tontos. Luego quedó todo desierto y soplaba un aire suave. En una casa cerca de la esquina, se había echado y enroscado un perro, y dormía. Me pregunté cómo podía. ¿O es que ya estaba muerto?

Como no tenía hambre y el temor se me había ido, salí a caminar, pero había tantos escombros que desistí. Ya era noche, oscura. Yo caminaba porque conocía el sitio, pero conocer se volvió una palabra demasiado ligera. Llegué al portal de mi casa, saqué el papel y me puse a escribir. Hace rato estoy en eso. Empezó a rugir…

Conferencia “TÚNELES Y TERREMOTOS, EL DESASTRE  DE SANTIAGO DE CUBA”, del Doctor Oscar Arellano Mena, Academia de Ciencias de Cuba, tres meses después del sismo

Cuando bebemos un vaso de agua, o comemos un maíz, o miramos un atardecer, sin necesidad de conocer las propiedades o la composición química del agua o el maíz, o las leyes de rotación y traslación de los astros, somos capaces de decir que hemos bebido agua, comido maíz o contemplado un ocaso. Y esas afirmaciones provienen de lo que hemos sentido: beber agua, saborear maíz o contemplar el crepúsculo  Quizás parezca superficial; sin embargo, lo anterior no puede negarse. Es decir, que las declaraciones no concuerdan, al menos,  completamente. Por ello presumo que un análisis de las percepciones y sensaciones de las víctimas en buena medida pueden ayudarnos a obtener una idea correcta de otros detalles mucho más importantes: estructura, causas, identidad del o los fenómenos. A partir de los poquísimos  testimonios, voy a atreverme a varias consideraciones:

1 – Hay consideraciones y sentimientos: elementos, en un sentido u otro.

2 – Hay elementos que aparecen en los testimonios, hay otros que no, que salen de afuera.

3 – Aparte de ello, los mismos elementos aparecen diferentemente evaluados.

¿Por qué se producen esas diferencias? ¿Señala algo ello?

Hora de comienzo. Algunos coinciden en señalar alrededor de las 6.30 a.m. del día anterior a la destrucciones; un manuscrito sin autor dice: “desde la mañana empezaron los temblores” −sin señalar hora− y el testimonio del ingeniero informático expresa literalmente: “Por la mañana, a eso de las 6 y media, hubo varios temblores.”

Forma del comienzo: Temblores.

Desarrollo: Aumento en frecuencia e intensidad.

Sobre esto último, precisa el ingeniero informático:”…VARIOS TEMBLORES. EL PRIMERO FUERTE Y LOS OTROS MENOS, AUNQUE SEGUIDOS. AL MEDIODÍA YA LA POBLACIÓN ESTABA EN CRISIS Y HABLANDO MUCHÍSIMO.” El texto sin autor afirma: “DESDE LA MAÑANA EMPEZARON LOS TEMBLORES.”

Aumento. Irregular

Otros hechos.

     Según Maidelín Ribeaux La O, DESDE BASTANTE TEMPRANO SE HABÍA IDO LA LUZ… HABÍA UNA ESPECIE DE FOSFORESCENCIA ROJA, COMO UN RESPLANDOR. UNO MIRABA EL CIELO Y PARA LA PARTE DEL MAR SE VEÌA ROJO COMO AL ATARDECER, aunque no da más detalles. Pero cuando ella habla ya no es de día. Examinando el testimonio de Eloy Tabares Manso, el mismo refiere cómo, HACIA LAS 4[P.M.], HUBO OTRO SACUDÓN; a las 6 p.m. toma el tren hacia La Habana; a las 8 pm, suena su celular, le dan un breve mensaje desde su casa, y la llamada “se cae”. En el manuscrito anónimo, al narrar la tarde, refiere LUEGO LAS NUBES SE FUERON DISIPANDO Y HACIA EL OESTE APARECÍA UN COLOR AMARILLO ROJIZO, QUE NO ERA DEL OCASO, PUES EN DEFINITIVA EL SOL SE FUE Y SIGUIÓ LA LUZ.  Luz, en el sentido de claridad, no de electricidad. Se escuchan aguas corriendo por las calles, aunque, CUANDO SE HIZO MÁS TARDE, SE ACALLÓ EL AGUA, AHORA CORRÍA SUAVEMENTE. Y LAS CALLES LATERALES EMPEZABAN A INUNDARSE. CUANDO SE LLENÓ LA CALLE, UNA CASA SE DERRUMBÓ, AL PARECER EMPAPADA. DURANTE TODA LA TARDE SE AGRUPARON  NUBARRONES DE LOS QUE SALÍAN RAYOS Y RELÁMPAGOS, PERO SIN LLOVER y POR LA TARDE, PRIMERO OÍ COMO SI ESTUVIERAN REGANDO AGUA EN LA CALLE DE LA ESQUINA; MÁS FUERTE, PERO ERA ESO, REGANDO AGUA. LUEGO BAJÉ HASTA LA CALLE Y VI QUE NO ERA “REGANDO” SINO QUE CORRÍA UN AGUA OSCURA POR LA CALLE DE LA ESQUINA Y POR LA BOCACALLE SE BOTABA HACIA LA MÍA, AUNQUE NO DEMASIADO. Continúa el manuscrito anónimo.

Es decir, que hay discordancia en cuanto a la inundación de la ciudad, que no parece seguir un patrón geográfico: si para el ama de casa, ello ocurre en horas de la noche, para el manuscrito anónimo, se evidencia desde la tarde, y el ingeniero informático ni lo refiere.

Es evidente que hubo inundación, también hubo truenos o rugidos y luces o resplandores rojos en el cielo, sólo que cada testimoniante tiene una versión: lo más sencillo es decir que algunos se equivocan más que otros, aunque quizás, en realidad, las diferentes variantes ocurrieron.

Debemos definir si estamos ante un evento tectónico o volcánico. De acuerdo con nuestro saber tradicional, no puede ser un evento volcánico, ya que las raíces de ese tipo en el territorio de la isla quedaron en el sitio donde estuvieron antes de migrar hasta el sitio actual de Cuba, pero no puede ser tampoco un evento tectónico o sólo tectónico. Existen fotos satelitales donde se precian colores de magma y humo en el Mar Caribe, al sur de la Sierra Maestra, entre Cuba y Jamaica, ubicadas en un punto de la Fosa de Bartlet. O sea, que independientemente los datos antecedentes, la erupción volcánica se produjo en el sitio señalado,  a las mismas horas aproximadamente que señalan los testimonios.

No creo que este sea el momento ni estamos en condiciones de determinar por qué se produce un evento volcánico en un sitio donde no debía producirse de acuerdo a nuestros conocimientos previos. El hecho de que no estemos en condiciones de determinar algo en un momento dado no quiere decir que ello  sea imposible.

Si acordamos que estamos ante un evento volcánico, es fácil comprobar que la emisión de magma a las alturas produce luminosidad, y en la distancia, y por personas no habituadas a ello, puede percibirse como una luz rojiza de origen desconocido y el sonido de las emisiones interpretado como truenos.

Una erupción volcánica con emisión de grandes cantidades de magma, crea una plasticidad en las capas superiores, provocando, eventualmente, que secciones de la misma puedan alzarse o comprimirse. Ello nos lleva a admitir que el territorio de la antigua Santiago de Cuba puede haber sido alzado y comprimido repetidamente y, al encontrarse la ciudad junto al mar, inundaciones y desecamientos sucesivos tuvieron lugar a lo largo del día, dando como resultado las afirmaciones aparentemente improbables.

Es muy posible que los terrenos más cercanos al antiguo borde de la bahía se hayan hundido antes que los demás y el agua ocupara su superficie. Luego sucediera lo mismo con el “casco histórico” y los barrios del este que quedaron a nivel del mar, en horas de la tarde; no por fuerza, de manera irreversible: o sea, que regiones más altas bajasen y las bajas ascendiesen (la Plaza de Marte antes que San Agustín, el fenómeno de la Avenida Garzón, que cambia el signo de su pendiente). Ello explicaría también por qué los testigos siempre se refieren al agua de las inundaciones como a un elemento sucio, más bien grueso. En una palabra, pudieron ocurrir inestabilidades.

Hace no mucho leí que no es necesario diseñar rutas aéreas o marítimas hasta ciudades o sitios poco accesibles, sino que basta fabricar túneles desde un sitio hasta el otro, por largos que sean, ya que la atracción de la tierra como fuerza de caída y como frenado, sustituye cualquier combustible para el transporte; eso era con respecto al transporte; pero la tecnología del túnel, en sí, abre numerosas expectativas. Por otra parte, ya están ahí el túnel de Francia a Inglaterra, los túneles bajo los Alpes, los de los trenes urbanos llamados “metro” y muchos otros. ¿No se podía pensar en un túnel? ¿Sería eso demasiado trastornado, demasiado delirante? En las fotos del satélite, primero se observa un punto rojo más al oeste, sobre uno de los puntos más hondos de la Fosa, y horas más tarde el punto rojo se corre unos 120 km al este.

Se trata de una erupción volcánica, de eso no hay duda, pero como no existen chimeneas entre la capa de magma ni cráter alguno en el territorio de Cuba, puede tratarse de un túnel desde el magma hasta una ladera de la Fosa de Bartlet, que horas más tade se extienda 120 km al este. De este modo el sismo, las luces, las inundaciones y la destrucción de Santiago estarían justificadas, ya que no era un sismo del mismo tipo que los acostumbrados sobre esta zona, ni siquiera imagino que el hecho se haya debido a un interés especial en destruir la ciudad, sino más bien a un “mal necesario” en el desarrollo de los túneles como transportadores naturales o como armas bélicas.

En realidad, si analizamos un mapa, la única ciudad, el único conglomerado humano en el mundo que podía sufrir esa reacción sería Santiago de Cuba, que estaba situado pocos kilómetros al nordeste de una de las mayores depresiones naturales.

Es todo.

Muchas gracias.

***** 

Antonio Desquirón Oliva nació en 1946 en Santiago de Cuba, donde reside. Poeta y crítico de arte. Entre sus poemarios recientes se destacan El lado humeante (Madrid, 2000) y Cómo criar un perro (La Habana, 2003).

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Esta entrada fue publicada el 01/12/2012 por en Narrativa.
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