Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Un método peligroso y otros relatos

 GISELLE ARONSON

Un método peligroso

   El martes 22 de julio, a las 14:35 Gabriel García llegó a su casa, activó el contestador del teléfono fijo y escuchó el siguiente mensaje:

   “Sabemos que tenés lo que buscamos. Ya tenemos tu teléfono y tu dirección. Si no lo entregás hoy mismo, mañana sos boleta”.

   Luego, palabras sueltas, sin coherencia, que no entendió.

  Se quedó parado junto al aparato, inmóvil durante media hora. A las 15:05 se dirigió a su habitación, sacó la pistola del cajón del ropero y se pegó un tiro.

   Ese mismo martes 22 de julio, un rato antes, a las 14:30, a Facundo Rojas se le ocurrió un pasaje para la novela policial que estaba escribiendo, mientras viajaba en colectivo. Como no tenía nada para anotar y su celular no le permitía registrar notas, acudió a un viejo método que acostumbraba a usar: Se llamó a su teléfono fijo y se dejó un mensaje, con la idea ocurrida.

   A las 14:55, cuando llegó a su casa y activó el contestador, no encontró ningún mensaje.

Tiempos 

   El primer silencio entre ellos fue en 1872.  El cartero que les llevaba y traía la correspondencia, desapareció, probablemente en las cercanías de San Petersburgo. Ellos interpretaron la falta de misivas como ausencia de interés y así acabó todo.

   Más tarde, en 1942, mientras disparaba en el frente, el avión que transportaba las respuestas de él a las numerosas cartas de ella, fue derribado, quizás en las inmediaciones de Shikoku. Ellos interpretaron la mutua incertidumbre como indiferencia y así, volvió a acabar todo.

   Luego, durante 2012, un virus acabó con todo el sistema operativo de la notebook de ella, al tiempo en que él padecía de un grave problema de conectividad en el servidor, por la zona aledaña a Cartagena. Ellos interpretaron la falta momentánea de mails como otro definitivo caso de histeria virtual.

   Ayer, 13 de julio de 2082, una falla en el ritmo de descarga y recepción extraneuronal impidió que el cerebro de ella, recibiera los mensajes de felicitación que él, de viaje por Estocolmo, intentaba enviarle por su cumpleaños. Ellos interpretaron el desperfecto como una explícita negativa a la conexión.

   Por un segundo, efímero en el tiempo, ambos se preguntaron a qué eternidades se remontarían sus desencuentros.

   Escenas veraniegas de la vida familiar

El Sr. Xy llega, apoya la heladerita en la arena, clava la sombrilla y se va en dirección al mar. Se moja los pies, junta coraje y venciendo la temperatura fría del agua, va enfrentando una a una las olas hasta zambullirse por completo.
Ahora decide salir y emprende el camino de regreso, ejerciendo una leve resistencia a la presión del mar al replegarse.
Bajo la sombrilla ya está instalada su esposa, la Sra. Xx, terminando de poner el protector a cada zona de piel vulnerable al sol de cada uno de sus tres hijos. Cuando termina esta tarea y los chicos se disponen a jugar, ella se dedica a armar la mesa plegable, sacar de la heladerita los menesteres y preparar los sándwiches que conformarán el almuerzo programado para ese mediodía playero. Extrae del paquete la calculada cantidad de veintiséis rodajas de pan lactal, en función de la suma de lo que cada miembro familiar acostumbra a comer. Las unta con mayonesa e intercepta, entre cada par de rodajas, fetas de jamón y queso, proporcionándolas según las preferencias de los comensales. Luego dispone en la mesa los vasos, las servilletas y las bebidas.
Mientras todo esto ocurre, a escaso metro y medio de la sombrilla, el Sr. Xy sentado en la reposera, lee el diario bajo el sol. Solo interrumpe su lectura cuando la Sra. Xx le avisa que está listo el almuerzo.
Todos comen en armonía. Luego de los sándwiches, la Sra. Xx les reparte una fruta a cada uno y comienza a retirar las cosas de la mesita. El Sr. Xy engulle un durazno y juega con el carozo dentro de la boca.
Dos hombres de una sombrilla vecina invitan al Sr. Xy a un partido de tejo
–Me voy a jugar con los vecinos, estoy allá, fijate –le avisa a la Sra. Xx quien continúa acomodando el desorden del almuerzo.
Veinte minutos después, la Sra. se sienta en su reposera, mirando atenta las corridas de sus hijos, vigilando sus entradas al mar, calculando riesgos de profundidades y olas peligrosas.
El Sr. Xy llega dos horas más tarde y, tras comentar su cansancio, despliega una lona bajo la sombrilla. Instantáneamente, se duerme durante una hora. Al despertar, pregunta solícito:
–¿Hacés mate?
La Sra. Xx busca la canasta y prepara lo necesario, sin dejar de vigilar a los chicos que van y vienen del agua a la sombrilla y viceversa.

No hay mucha más variante en los quince días que la familia ha tomado de vacaciones. Las jornadas se suceden en estos términos.Los chicos son quienes más disfrutan, hacen lo que quieren, cuando quieren y como quieren, piden y se les da.

El Sr. Xy mira culos en la playa, lee el diario, juega al tejo con los vecinos, toma mate, come churros. De vez en cuando se acuerda de alguna mujer que alguna vez le alborotó la respiración, pero rápidamente abandona ese pensamiento que obstaculiza toda la filosofía de superación y felicidad momentánea con la que se autoconvenció hace ya muchos años.
La Sra. Xx arma y desarma almuerzos y cenas, barre la arena que se desparrama en el dúplex de alquiler, tiende las camas, lava los platos y toma sol de rebote mientras relojea a los chicos. No se acuerda de nadie en especial porque se autoconvenció hace ya muchos años que el Sr. Xy fue el único que en una época le alborotó la respiración.
Cada uno cumple, más o menos, el rol que le fue asignado, tanto en la salud como en la enfermedad, en la urbanidad como en la ruralidad, en la riqueza como en la pobreza, en el mar como en la montaña.
Ya no hasta que la muerte los separe, sino hasta que tanta unión termine por matarlos.

Tan tarde

   Durante todas las noches de su niñez, su padre le contaba un cuento antes del sueño. Las protagonistas eran siempre princesas, reinas y otras especies nobles. Historias encantadas que tenían como escenarios castillos lujosos, frondosos jardines y ciudades incandescentes. Las damas eran conquistadas por señores distinguidos que, para ello, realizaban proezas arriesgadas y recompensaban a las que luego serían sus esposas con regalos, entrega y una vida colmada de satisfacciones.

   La niña escuchaba arrobada cada frase y en sus sueños se repetían los relatos y ella era feliz, por duplicado.

   Creció, atravesó los años, despidió a sus padres, cumplió con los mandatos que creyó heredados.

   Y un día, luego de terminar con el trajín cotidiano -cuando el cansancio hacía su visita- apoyó la espalda en la silla de la cocina, se miró los pies marchitos; las manos agobiadas sobre la mesa simple y se preguntó. Si sería apropiado, ahora, tan tarde, condenar a su padre por no haberle contado una vida más auténtica, por haberla encandilado con reflejos que no predijeron nunca esos, sus días llenos de remiendos, hartazgo y soledades.

Giselle Aronson

Giselle Aronson nació en Gálvez, provincia de Santa Fe; luego vivió en Rosario, ciudad de reconocido patrimonio artístico. Actualmente reside en Haedo, provincia de Buenos Aires, Argentina. Es Licenciada en Fonoaudiología, Terapeuta del Lenguaje y Escritora. Formó parte del grupo literario Heliconia hasta el año 2011.  Ha publicado Cuentos para no matar y otros más inofensivos (Macedonia Ediciones, 2011), su primer libro de relatos. En el 2012 fue invitada a participar de las 4tas. Jornadas de Microficción en el marco de la 38ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, organizadas por el escritor Raúl Brasca. En el año 2012 se estrenó la obra teatral “Cuentos que te hago…para no matarte” sobre textos de su autoría (Dirección: Miguel Dao, Dramaturgia: TIT ’96). Textos suyos han aparecido en blogs y revistas literarias. Algunos de sus cuentos forman parte de varias antologías. Otros han sido traducidos al inglés, italiano y hebreo.

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Un comentario el “Un método peligroso y otros relatos

  1. marco martinez
    05/01/2013

    Me parecen estos tres relatos de una sencilla y sutil tragedia, que los auna en un lenguaje facil o comun como la vida misma. Son tremendos!

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Esta entrada fue publicada el 05/01/2013 por en Narrativa.
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