Revista Conexos

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“Escribir es simplemente un acto de protesta”

ENTREVISTA A ODETTE CASAMAYOR CISNEROS

Por: Rodolfo Martínez Sotomayor

Quien ha leído el libro de relatos Una casa en los Catskills, de la joven escritora cubana Odette Casamayor Cisneros, puede percibir el pulso de una narradora convulsiva. Casamayor crea una rápida intimidad con el lector y lo conduce sin sobresaltos por el paisaje interior de su imaginación. Sus personajes se desnudan y atrapan por su honestidad.

Odette Casamayor Cisneros

Odette Casamayor Cisneros (Foto: Ena Columbié)

Odette Casamayor Cisneros, nació en La Habana (Cuba) en el año 1972, estudió periodismo en esta ciudad y en el año 1995 se instaló en París. Obtuvo un doctorado en Arte y Literatura y después se marchó a New York. En la actualidad es profesora de literatura latinoamericana en la Universidad de Connecticut. Sus cuentos y ensayos han obtenido premios en París (Juan Rulfo, de ensayo literario), Madrid (Mención, narrativa femenina “torremozas”, 2002) y La Habana (premio de ensayo “José Juan Arrom”, 2009).

 
RMS: ¿Cómo surge la escritora Odette Casamayor?

OCC: No tengo una respuesta precisa. Considero que escribir es simplemente un acto de protesta. Todos de alguna manera y en algún momento sentimos desconcierto frente a la realidad. La escritura surge cuando, respondiendo a ese desconcierto, nos lanzamos a crear otras realidades. Y eso es lo que he hecho siempre, desde la infancia.
El verano pasado, en La Habana, decidí una mañana complacer al fin a mi madre que insistía en hacerme organizar mi desorden durante años acumulado en cajas y gavetas. Por ahí descubrí aproximadamente una veintena de libretas y otros papelitos llenos de mi escritura tímida de adolescente, tal vez aún niña.

Debajo de la polvareda que cubría aquellas páginas reencontré a la chiquilla que sabía soñar porque no tenía miedo de hacerlo. Entonces soñaba naturalmente, sin pensarlo, y por eso escribía también así, sin pensarlo.

Debajo del pupitre, disimulaba en la escuela primaria aquellos papelitos y así pasaba mis mañanas inventando historias, otros mundos que me permitían evadir la realidad, las aburridas clases de Biología y Vida Política de mi Patria.

 

RMS: Trabajas como profesora de literatura latinoamericana en la Universidad de Connecticut, ¿cómo es la relación entre Odette la escritora y la académica?

OCC: Coexisten, dependen una de la otra. La escritora existe para que la académica pueda usar sus alas, seguir sus pasiones y solamente así, trabajar; mientras la académica trabaja para que la escritora consiga, materialmente, vivir.

También en La Habana, el pasado verano, esa suave madrecita que es la poeta Reina María Rodríguez me alertó sobre las trampas de la estructura en mi escritura. Por supuesto, Reina llevaba razón. Porque la académica no sólo le sirve los desayunos a la escritora, también la vigila, severa, obligándola a mantener cierta estructura. En la narrativa la estructura es a veces necesaria. Hay que volar pero mantener un cable tendido a tierra y conservar ese equilibrio puede resultar difícil.

Ahora mismo van la escritora y la académica de riña en riña porque en mis más recientes experimentos no hay nada claro. No sabemos qué resultará al final más poderosa, si la inundación o la línea del horizonte conteniendo desbordes.

 

RMS: Decir que la literatura es un misterio, es casi un lugar común, pero existe una motivación a veces irracional, en esa necesidad de compartir lo que se agita en nuestra imaginación a través de la palabra escrita. En tu caso particular, ¿cómo defines esa necesidad?

OCC: Pero es que no creo que la literatura sea un misterio. Es sólo una expresión –una más– de lo que no conseguimos normalmente articular con nuestras razones de andar por casa. Pero no es un misterio. En mi caso, la necesidad de escribir viene de y por el cuerpo. Ahí está mi escritura. La mente es sólo su instrumento. La palabra es el material, bastante pobre, por demás, a través del cual trato de darle expresión a mi cuerpo. Se baila y se canta, pueden frotarse los cuerpos, se penetran, gozan, se olvidan de sí mismos. Yo escribo (y hago todo lo demás, aunque no al unísono).

 

RMS: ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Eres una narradora convulsiva que escribe deprisa y rehace una y otra vez o eres de las que escriben lentamente, sólo cuando ya tienes concebido cada párrafo?

OCC: Definitivamente convulsiva. Si la escritura es la expresión de mi cuerpo –en algunas circunstancias deviene incluso la única posibilidad que tiene de agitarse a su gusto– entonces esa energía debe circular libremente.

Cuando, por estar conduciendo, paralizada en una reunión, en un teatro, alguna cena, no puedo escribir lo que el cuerpo me pide, corro el riesgo de que esa historia que venía subiendo muera sin llegar a respirar el aire corriente.

Si siento que tengo que escribir procuro encontrar cualquier trozo de papel para hacerlo, como sea, porque si no se pierde. Si lo dejo para otra ocasión, como ya me ha ocurrido a veces, luego ya no escribo aquello que me venía a la mente con tanta urgencia.

Hubo un tiempo en que anduve obsesionada con esta idea de la pérdida del texto. Ya no. Si no puedo escribir algo que el cuerpo me pedía escribir, es porque no era necesario. Entonces me sonrío a mí misma, respiro hondo y, si puedo, me quito los zapatos. Porque no hay nada como andar descalza y sentir la tierra que pisas. Ni la literatura supera eso.

 

RMS: ¿Cómo surge tu libro de relatos Una casa en los Catskills?

OCC: Me enamoré después de casi veinte años sin hacerlo y entonces regresé a la persona que yo había sido antes de convertirme por propia voluntad en una mujer triste. Lloré mucho al reencontrarme conmigo misma.

Todos los días lagrimeando. Así no se puede vivir. Por eso surgieron estos cuentos. Si no los hubiera escrito, no habría podido ocuparme racionalmente de mi hijo y de mí misma. Gracias a las historias de Una casa en los Catskills miré de frente mi propio caos y aprendí a mimarlo. Ahora lo gozo a plenitud, ese caos, porque es mi vida. La única que hay.

Nota de prensa

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3 comentarios el ““Escribir es simplemente un acto de protesta”

  1. Maria Cristina Fernández
    12/05/2013

    Gracias por la entrevista y espero leer ese libro sin falta.

  2. La Pereza Ediciones
    14/05/2013

    Los felicito por la entrevista, la cual me ha permitido conocer un poco más acerca de Odette Casamayor, una intelectual de quien sólo he tenido atisbos. A ella le deseo muchos éxitos; y a Conexos, los mismos, y aún más.

  3. Caronte
    14/05/2013

    Un complicado acto de exorcismo y de catarsis tambien.

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 11/05/2013 por en Entrevistas.
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