Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Encuentro

RODOLFO MARTÍNEZ SOTOMAYOR

 

Al ver acercarse tu rostro cansado y ojeroso después de ocho horas de “factoría”, ya nadie quizás puede recordar que fuiste maestra, ya nadie recuerda que te uniste al sueño de ser la arquitecta espiritual de la infancia, que una vez tu cuerpo, lacerado hoy por los años y el agotamiento continuo, fue blanco de miles de miradas que te desnudaban, cuando llevabas aquel verde y provocativo uniforme de estudiante de pedagogía con el que se distinguía a los llamados “macarencos”, haciendo alusión al nombre de la escuela, y por ende al pedagogo ruso, claro está.
  Hoy pude distinguirte en la parada al descubierto, sólo con árboles, y sin asiento donde reposar tu viejo cansancio. El tiempo tiene veredas indescifrables, caminos que sólo el infinito puede descubrir o conocer; y a veces partiendo de diferentes rumbos se llega a un mismo destino. En tus manos ya no llevas el complejo libro de marxismo o el Código de la niñez y la juventud, que una vez te acompañó, sino el negro libro de gramática inglesa, también lleno de complejidades para ti, que nunca amaste esa materia, yo también lo tuve y créeme que es altamente complicado.
  Somos una generación en la que el tiempo hizo galas de su ironía. Tu pullover azul hoy dice USA ARMY ¿Quién podría imaginarlo varios años atrás?, cuando tu pecho era cubierto por otros rótulos en los que creías.
  Tuve deseos de acercarme a ti, de parquear mi nuevo auto junto a tu cuerpo y brindarte un ride, que quizás no aceptarías, porque supongo que tu orgullo no ha cambiado, a pesar de tus viejos jeans con origen de Flea Market, y tus tenis de K. Mart.
  Hoy tengo ideas cursis al mirarte, no sólo te sentaría a mi lado, sino que cruzaríamos juntos el parque del Bayside, y te confesaría entonces que fuiste mi primer amor, mi primer inmenso deseo aún cuando nunca te lo dije.
  Llevo varios minutos junto a este viejo letrero: No parking any time; y como siempre, o casi siempre, la indecisión es mi gran enemiga, Podría dejarlo estacionado para acercarme a ti, pero temo que al convencerte y regresar a mi auto, ya haya sido remolcado y ¿cómo decirte que este es un gran país? y hablar con suficiencia al echarte en cara que estabas equivocada. ¡NO! eso no, debo hacer algo más prudente para que notes mi presencia. ¡Ya sé!, pondré en alto volumen la canción de Silvio que tanto te gustaba; y pasaré lentamente junto a ti, para que puedas oírla; entonces al escuchar Unicornio, en el centro de Miami, me observarás asombrada y se cruzarán nuestras miradas, como en un novelón nocturno de Telemundo; me reconocerás en el interior de este moderno Ford, que llegará a salvarte del calor y la espera; se dibujará en tus ojos una alegría propia del encuentro inesperado, de quienes han deseado un lugar como este, donde todos nacemos otra vez. Te arrinconarás junto a mi pecho y ¿quién sabe? si no derramarás una lágrima como un telón emotivo a tus sollozos.
  Miras el reloj continuamente. En otro tiempo romperías mi equilibrio espiritual, la armonía que te extrañaría en mí, desde que dejaste de verme, y es que ha crecido desde que he dejado de tenerte; aunque en verdad nunca te tuve, no hice por lograrlo el intento que creía vano porque aún cuando comenzamos a ser amigos, éramos de dos mundos muy distintos. La casa de tus padres en Miramar era todo un límite a mis intentos. El enorme cuadro del Ché, cubría toda una pared de la lujosa sala que habitabas; pero aun así, no tuve reproches para el mal gusto de tu familia; tú sí lo tuviste al entrar en el deteriorado apartamento de mi abuela; una tarde en que pretendíamos estudiar las lecciones de Economía Política; te molestaba la legendaria imagen del Corazón de Jesús que parecía mirarte de forma inquisitoria, cada vez que brotaban de tu boca las alusiones de prioridad a la materia.
  Nuestros padres eran de ideas tan opuestas, que nunca hubo siquiera un leve intento de acercarlos, a pesar de que ambos eran víctimas de una gran decadencia.
  Todo comenzó a ser diferente cuando me llamaste burgués; tan sólo porque tuve el extraño capricho de hacerte tomar en copa un jugo de naranja. No sabías realmente que eras algo especial; uno de esos reposos del agotamiento, del absurdo, un balance que se busca entre el agitado mundo que nos tocó vivir, un deseo de partir hacia lo ignoto; que se simplifica en la fantasía que creamos y sólo logramos dentro de nosotros.
  En esta ciudad el transporte público suele ser ineficaz, y he decidido valerme de ello para buscarte; pero como siempre ocurre, mis decisiones llegan demasiado tarde.
  Ya montas a toda prisa el verde autobús, como quien huye del tiempo que pretende alejarte, y te marchas distante sin divisar mis pasos rápidos que se tornan en carrera precipitada hacia tus ojos que no miran. ¡No te vayas! ¡No te vayas! o ¡sí!, es mejor que lo hagas, después de todo yo seguiré siendo un burgués, y tú no dejarás de ser un sueño.

 

Rodolfo Martínez Sotomayor (Foto de Eva M. Vergara)

Rodolfo Martínez Sotomayor
(Foto de Eva M. Vergara)

RODOLFO MARTÍNEZ SOTOMAYOR (La Habana, 1966). Ha publicado los libros Contrastes (La Torre de Papel, Miami, 1996), Claustrofobia y otros encierros (Ediciones Universal, Miami, 2005I), la compilación de textos Palabras por un joven suicida: homenaje al escritor Juan Francisco Pulido (Editorial Silueta, Miami, 2006) y Tres dramaturgos, tres generaciones (Editorial Silueta, Miami, 2012). Cuentos suyos han sido incluidos en recopilaciones y antologías como Nuevos narradores cubanos (Siruela, Madrid, 2001), traducido al francés por Edition Metalie, al alemán por Verlag, y al finés por la editorial Like, Cuentos desde Miami (Editorial Poliedro, Barcelona, 2004), La isla errante (Editorial Orizons, París, 2011), Cuentistas del PEN (Alejandría, Miami, 2011), Reinaldo Arenas, aunque anochezca (Ediciones Universal, Miami, 2001). Su cuento Encuentro fue traducido al húngaro por la revista Magyar. Algunos de sus poemas aparecen en las recopilaciones Poetas del PEN, (Ediciones Universal, Miami, 2007), La tertulia (Iduna, Miami, 2008), y La ciudad de la unidad posible (Editorial Ultramar, Miami, 2009), traducida al inglés por la misma editorial. Ha publicado críticas de cine, de literatura, de teatro, artículos de opinión en revistas y periódicos como: Carteles, Diario Las Américas, Encuentro, El Nuevo Herald, El Universal. Fundador y Presidente de la Editorial Silueta; codirector de la Revista Conexos.

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Esta entrada fue publicada el 08/02/2015 por en Narrativa.
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