Revista Conexos

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Fornés, La Habana y otras ciudades próximas

MARÍA CRISTINA FERNÁNDEZ

 

Cuando se escucha hablar a Rafael Fornés, La Habana no está sola en sus ruinas ni Miami resulta una ciudad con tan pocas raíces. Para este arquitecto cubano radicado en South Beach, se trata de ciudades yin-yang: se complementan. Así parece ocurrir con su condición de maestro y sus facultades de creador, presentes ambas en la muestra Studies of La Habana, que del 16 al 27 de febrero pudo verse en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Miami. Desplegada en un amplio salón donde una tríada de medio puntos cubanos iluminaban los altos muros, la exhibición no resultó una presentación para académicos o conocedores. Muchos de estos estudios nacieron de trabajos de campo realizados por Rafael con sus alumnos luego de visitar ciudades que guardan una memoria donde se puede rastrear conexiones seculares con nuestro pasado. Si bien la técnica con que se imprimen los mapas en el lienzo parte de un programa digital, luego son intervenidos con dibujo y color dándoles la apariencia de verdaderas piezas artísticas. Junto a esta riqueza plástica, y en gran parte gracias a ella, apreciamos mejor los elementos históricos y anecdóticos que también revelan. De este modo el mundo impersonal de la cartografía deja de ser una representación para unos pocos.
  Otras piezas son parte de su obra personal, como el par de lienzos que representan los planos de las ciudades de La Habana y de Santiago de Cuba, realizadas en la década de los noventa. En estas obras la frontera entre el plano que documenta y la abstracción que embellece, es mínima. Se permite también jugar con una misma composición, experimentada con medios diferentes., como es el caso de el mosaico The Golden Boy, del artista Doncel, que reproduce la simetría casi perfecta de un plano del Castillo de la Real Fuerza hecho por Fornés años atrás. Los mapas de ciudades como Ybor City y San Agustín llevan la impronta de esas cromolitografías que estamparon las cajas de tabaco cubano en su era de esplendor. Importa, claro, el trazado de calles y avenidas, pero también la historia que se cifra en ellos. Para Rafael es revelador el diseño de un antiguo castillo español, tanto como lo que ocurrió dentro de sus muros. A través del propio Fornés supe que el Castillo de San Marcos, en San Agustín, lo construyó un ingeniero habanero de apellido Daza, y que es casi idéntico al de San Severino, en Matanzas, Cuba. En ese castillo en la Florida, el abuelo de Félix Varela se desempeñó como capitán. Allí enviaban a pasar algunas temporadas al niño que luego sería el hombre que nos enseñó a pensar. Estando junto al abuelo estudió inglés con los irlandeses. De mucho le valieron estas lecciones cuando, ya en el destierro, atendiera a la comunidad irlandesa como párroco de la iglesia newyorkina de Saint Patrick. A San Agustín volvería luego; allí murió en la pobreza y fue enterrado en el cementerio de Tolomaco.
  Hombre de saber y sencillez, nos deleita allí mismo, al lado del mapa de Ybor City, con argumentos de por qué Martínez Ybor decide cambiar su fábrica de tabaco de Key West a Tampa, dando lugar al primer enclave fundacional de cubanos en la Florida. Según Fornés quería alejar a esa mano de obra del constante trasiego de fin de semana entre isla y cayo, lo cual no redundaba en beneficio del negocio. De Ybor City están los recordatorios gráficos del Círculo Cubano y de la negra Paulina Pedroso, en cuya casa se hospedó Martí. . El estudio de Key West es una majestuosa pieza donde un gran óvalo encierra la ciudad y al mar como un conjunto, y en la periferia de él medallones con figuras recuerdan las raíces que lo conectan con la Isla situada a solo noventa millas. Unidos por ancestrales movimientos de inmigrantes y sucesos varios, resulta curioso recordar que luego del traspaso de la Florida al gobierno norteamericano, fue en un café habanero que se hizo la venta de Key West a John W. Simonton por la cifra de $2000.00. Perpetuando esos lazos comunicantes reconocemos en el mapa al propio Martí, a Hemingway, al tren de Flagler que cruzaba de tierra firme a los cayos. Un proyecto, como llama Fornés, “faraónico”, donde no faltaron manos de cubanos también empleados en lo que se dio en llamar entonces, la octava maravilla del mundo. Por cierto, uno de los incentivos en su construcción era de naturaleza contraria a la del español Martínez Ybor: en este caso la idea era acercarse a la isla de tierra fértil y paisajes paradisíacos que era Cuba, donde no tardaron Flagler y el alemán Van Horne en desarrollar la infraestructura del ferrocarril.
  Presenciar la exhibición de Fornés y escucharle, es saber que hay un patrimonio cultural cubano preservado fuera de la isla por manos delicadas y mentes abiertas. Que este patrimonio no está cerrado a cal y canto, esperando en el dilatado conteo regresivo, sino que es parte de un proceso retador que abarca a los dos mundos por igual. Junto a Fornés se siente que hay dos orillas no enfrentadas, no excluyentes, sino que coexisten en esa dinámica de yin-yang, la misma que con su intuición y estudios, al hablar de las ciudades de Miami y La Habana, ha definido tan bien.

 
Obras de Rafael Fornés

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María Cristina Fernández (Foto cortesía de la autora)

María Cristina Fernández
(Foto cortesía de la autora)

María Cristina Fernández. Narradora. Tiene publicados los libros de cuentos “Procesión lejos de Bretaña” y “El maestro en el cuerpo”, además de otros dos libros para niños. Cuentos y textos suyos han aparecido en revistas y antologías de Cuba, EEUU, México y España. Desde el año 2006 vive en Miami.

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Esta entrada fue publicada el 07/03/2015 por en Plástica.
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