Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Goodbye Blue Sky: Welcome John P.

DENIS FORTÚN BOUZO

In the desert you can’t remember your name…
América

 

A veces un hombre no tiene derecho de morir y menos por su propia mano y maroma. A veces, “estos a veces” presuponen la honra, se vuelven un buen libro, y también un poco lo insólito de que existen para dejar en claro que la regla de vivir es definitivamente mejor que la regla de morirse.
  Palabras por un joven suicida: Homenaje al escritor Juan Francisco Pulido de Rodolfo Martínez Sotomayor, Editorial Silueta, 2006, es sin dudas una magnífica selección en una muy buena “envoltura” (entiéndase el libro objeto). En su inicio lo conforman seis relatos de narradores hechos y oficiosos, luego tres del propio Pulido que vienen a darle una completa coherencia al libro y además el placer de releer sus buenos cuentos para los que ya tenían la suerte de conocerlos, o descubrirlos los que todavía no lo han hecho, y artículos y poemas, lo que es asimismo el resultado de la acertada elección que Martínez Sotomayor con buen olfato lo convierte en un digno libro, impensado mucho antes de febrero de 2001 cuando compartían, aún todos juntos o por separados (pero Pulido al centro), sus proyectos, cuentos, poemas, intentos de invasiones, y vino, mucho vino tinto, y que hoy se agradece; y valen citarse, sin menosprecio a otros trabajos, Confesa culpa de Eva M. Vergara, historia que se hilvana a partir de nostalgias y una cuerda, complicidades del amigo y el reproche de un libro irrecuperable, la infidelidad que marca en un teléfono que le duele una tripartita historia de amor y sobre todo el cuento de cómo te ves muerto y lo que soy al tocar tu nombre, por primera vez dimensionado, tangible; letras que cierran fecha sobre un mármol frío y que reafirman en la ausencia la lobreguez del concepto. Narración fresca, de otra letra suelta y viva, irreverente. Le sigue Aún nuestra juventud era una cosa ajena de José Abreu Felippe, y el que confieso es uno de los que me provoca ese regodeo al leerlo y de ahí la culpa, y no pude resistirme a poner el disco The Wall y escuchar a Pink Floyd del John Pulido.
  Bien disfrutable (y asumo el disfrute sin reserva alguna como una categoría estética) es Mario Marcel a las puertas del cielo, de Armando de Armas, que podría definirse como la historia de la reiterada muerte incompleta que de tanto anunciarse -porque Pulido llevaba mil años matándose- no se creyese en ella y a la que por desgracia se tuvo confirmación.
  Tres citas en el sur de Carlos Victoria; La noche en el abismo de Luis de la Paz; y Eterno Viajero, del propio Rodolfo Martínez, cierran (y digo cierran por definirlo de alguna manera porque no es ese precisamente el orden que tienen los cuentos) la narración, para luego de tres artículos de José Abreu Felippe, Belkis Cuza Malé y José Antonio Pino, se encuentren poemas que sólo por citar uno y de nuevo repito, sin desmerecer a otros -y me refiero al de Joaquín Gálvez- nos da una comunión de muertes, el consuicidio, y Silvia Plath toma por una mano al Momo para darle su testimonio de la luz, a la que sin dudas él tiene derecho y espacio.
  Un libro más que bien pensado es Palabras por un joven suicida, y nace no sólo por la buena seña que deja el talento, sino por el apego de la amistad, en pago de su disfrute, y su parto no respeta códigos editoriales o normas al salirse de formatos, y que por último trae un testimonio que a bien llega para que los ciegos útiles y cómplices de arbitrios sepan de puño y letra de Pulido cuándo y cómo, al ver que este joven estaba más a fin al servicio de Dios, de libertades, que a señalar a su prójimo cuando no reunía las características del hombre nuevo, trataron de borrarlo; lo que para fracaso de los rojos ahora pálidos, no encontraron la goma suficientemente grande para conseguirlo y ellos mismos sin proponérselo le dieron vuelo y fuerza a un joven que dejó bien claro su apego a libertades, al punto de hacer con su vida lo que entendiese; y créanme, no hago una apología al suicidio.
  Palabras por un joven suicida está para cobrarle precisamente a los verdugos de Pulido, toda la invalidez mental que transpiran desde sus ojos estrávicos y lenguas anti-verbos, por la que tantos han sufrido; y el mismo Pulido con sus historias magistralmente contadas y testimonio; las de los amigos, ya sea narrativa, poesía, o artículos en los que se siente el sabor de dejarle un abrazo a un amigo gracias al consejo de un ángel (artículo de Belkis Cuza Malé) o la enseñanza para otro… que la vida era algo más que mis problemas, que mi tedio, mi aburrimiento, que mi desesperanza (ironía del Momo, que no practicó la prédica que le daba a José Antonio Pino) han de mostrarle a muchos que el hombre no muere al dejar de existir, cuando sabe dejar su impronta por su ingenio y apego a libertades.

 

Diario Las Américas
Sábado, 13 de enero de 2007

 

Palabras por un joven suicida (Editorial Silueta, 2006)

Palabras por un joven suicida (Editorial Silueta, 2006)


 
Denis Fortún (Foto de Delio Regueral)

Denis Fortún
(Foto de Delio Regueral)

Denis Fortún Bouzo (La Habana, 1963), poeta y narrador. Ha publicado: el poemario Zona Desconocida (Miami, 2009) y en narrativa: El libro de los Cocozapatos (Editorial Silueta, 2011), y Diles que no me devuelvan: Crónicas del aeropuerto (Miami, 2013). Editor de noticias para varios sitios de Internet. Sus artículos, crónicas y reseñas aparecen con regularidad en bitácoras personales de otros autores y diversos portales de la Internet. Textos suyos han sido incluidos en varias antologías de narrativa y poesía en Cuba, México y Estados Unidos. Editor del blog Fernandina de Jagua. En estos momentos trabaja en su primera novela Cueros contemporáneos. Actualmente reside en Miami.

Anuncios

Información

Esta entrada fue publicada el 07/03/2015 por en Crítica.
A %d blogueros les gusta esto: