Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Anti héroe

LEGNA RODRÍGUEZ IGLESIAS

 

Recuerdos exactos de mi niñez. Sí. Tengo dos. El casete Camionero de Roberto Carlos, y una fila infinita de libros que yo no podía tocar. Me encantaba la canción con la que empezaba la cara B, Símbolo sexual, en la que Roberto Carlos cantaba entonces llegas, te me acercas, me abrazas, me besas y de nuevo late mi corazón. Es una canción para bailar. Yo tenía de cuatro a seis años y me sabía el casete completo. Los libros que no podía tocar, para no romperlos, eran las Obras Completas de José Martí, que yo miraba como si fueran el mismo libro repetido varias veces, por si se rompía uno, que hubiera otro de repuesto. La Edad de Oro no me gustaba leerla, porque era obligado y no tenía ilustraciones en colores.
 

ANTI HÉROE
 

Un homenaje a José Martí.

 

LAS RUINAS, doce en punto pasado meridiano, un hombre. Perro. Joven. Corbata. Limpio. Llega y se sienta. Cuenta las mesas. Ocho mesas. Cuenta las sillas. Treinta y una sillas. Deberían ser treinta y dos. Plásticas y blancas. Sin brazos. En todas las mesas da el sol. Bajo las mesas, piedras redondas, rajándose poco a poco. En la cabeza del hombre, piedras redondas, rajándose poco a poco.
  Una hora antes, en la mañana, el hombre se asomó a la puerta y vio a su mejor amigo en la puerta, esperándolo para hablar de lo que había pasado. Pero el hombre no quiso hablar de lo que había pasado. En vez de hablar quiso golpear a su amigo, en la nariz, partirle la nariz, rajarle el labio, empujarlo por el balcón, matarlo a golpes. En vez de matarlo a golpes cerró la puerta y se quedó un rato atrás de la puerta, esperando.
  Frente a Las Ruinas hay una plaza. El nombre de la plaza es el de un héroe. La falta de imaginación hace que las mejores cosas tengan nombres de héroes. Nombres de personas que ya no existen. Personas que fueron necesarias para la ciudad, o para el país, o para el continente. Personas que ya no son necesarias para nada.
  Después de una hora en Las Ruinas, el hombre perro joven corbata limpio, se para se sienta se para. Se va. Da las gracias. Arregla su pelo con ambas manos. Abre y cierra los ojos. Toma una calle lateral y avanza. Su trayecto rectilíneo uniforme lo lleva directo a una librería. El nombre de la librería es el mismo nombre de la plaza. Se trata, seguramente, de algo ex profeso. Una reiteración urbana, posiblemente imprescindible.
  Como buen hombre perro joven corbata limpio, elige un libro que por su peso, diríase grande. En las palabras de contraportada lee que en el presente volumen se ha seleccionado y organizado, de manera accesible por sus valores didácticos y epistemológicos, cuatro mil aserciones, frases y pensamientos, de nuestro héroe nacional. Libro en mano se acerca a la recepción donde una mujer, ni fea ni linda, ni triste ni alegre, funge como vendedora y recepcionista, y, sin riesgo a equivocarse, como auxiliar de limpieza. La mujer mira el libro y pregunta ¿tú también?
  Ayer, tirado en la calle medio borracho, llamó a su mejor amigo para que fuera a buscarlo, y lo llevara a su casa, y le diera amor. El amor que solo un hombre le puede dar a otro hombre, un tipo de afinidad basada en el autorreconocimiento, en la comprensión. Cansado, muerto, sintió a su mejor amigo buscando ahí donde un hombre crece, lo sintió encontrarlo y besarlo, lo sintió herirlo. Tenía los ojos llenos de sangre y no sabía por qué.
  Complacido con su adquisición, sale a la calle con nombre de héroe, el libro bajo el brazo derecho, la frente un poco en alto, el sol. Le parece extraño, tres personas en la librería, al mismo tiempo que él, compraron el mismo libro. El sol. Las nubes blancas formando objetos, animales, árboles. Tres personas que nunca había visto en su vida. Jóvenes como él. Fuertes. Unos más limpios que otros. El hombre más flaco que las mujeres. La mujer alta más elegante que el resto. La mujer seria medio alterada. Un libro de aforismos siempre es útil.
  El hombre perro joven corbata limpio, se da cuenta de que ha perdido su condición de exclusividad. Ya no es el único en el paso peatonal que va por la acera, o por la calle, aferrado a un libro de aforismos escrito por un héroe nacional. Con el rabo del ojo ve a los otros tres a su alrededor, en su misma dirección, hambrientos y sedientos como él, iguales a él, incluso lastimosos. Es posible que se dirijan al mismo lugar que él, un restaurante barato donde se come arroz frito, cuartos de pollo frito, espaguetis, ensaladas, cremas, y toda clase de panes con alguna cosa dentro, bisté, jamón, queso, chorizo, mortadela. El más barato, pan con tortilla, se ha convertido en un plato juvenil.
  El próximo veinte de julio, a las doce en punto pasado meridiano, un avión de Taca Airlines, cinturón de seguridad, salida de emergencia y chaleco salvavidas, llevará al hombre perro joven corbata limpio, de vuelta a su país de origen, a la casa de sus padres. El vuelo, reservado diez meses antes para ese día pero a las once antes meridiano, se retrasará, aumentando su ansiedad y su desesperación.
  El camarero pide la orden, cuatro panes con tortilla. Es curioso. Los últimos cuatro panes con tortilla que quedaban. El hombre perro joven corbata limpio, cruza la calle y se sienta en un banco frente al restaurante, al lado del banco una palma real tapa el sol. Mira el pan y mira el libro. No sabe qué quiere hacer primero. No es preciso hacer una cosa primero que otra, si las dos pueden hacerse al unísono. A su lado tres desconocidos, se sientan y cruzan los pies como él, relajándose por primera vez en el día, como él, viendo colores. El hombre muerde, y lee.

CALLE POBRE, doce en punto pasado meridiano, otro hombre. Gato. Sucio. Pasión. Verano. Sueña. Se asusta. Se despierta. En este orden desde las doce en punto y hasta las mismas doce en punto. Estira una mano y cambia la velocidad del ventilador. Debería estar en la máxima pero estaba en la mínima. Entre las aspas del ventilador, telarañas y polvo. Contra su pecho, telarañas y polvo.
  Una hora antes, en la mañana, el hombre se entretuvo recortando kirigamis de hojas de periódicos, otra forma japonesa de pasar el tiempo, basada en muchos hombrecitos tomados de la mano. El cuarto donde hoy vive parece feria de arte, los kirigamis no son buena compañía. No hablan, ni oyen.
  A tres cuadras de su casa, un parque. El nombre del parque es el de un héroe. Las estrategias políticas hacen que las mejores cosas tengan nombres de héroes. Nombres de personas que ya no existen. Personas que hicieron de la ciudad un país, y del país un continente, y del continente un mundo. Personas que ya no pueden hacer más nada.
  Después de una hora fumando en su casa, cita en la calle Pobre, el hombre gato sucio pasión verano, se para se sienta se para. Decide salir a dar una vuelta, tal vez en la librería cercana encuentre algún libro bueno, alguna novela nueva, tal vez, hace tiempo no sacan ningún libro que le guste. Hubo un año que sacaron como tres que le gustaron, y todos logró leerlos. El próximo año fue un desastre, solo un libro le gustó.
  Como buen hombre gato sucio pasión verano, elige un libro que por su peso, diríase normal. Abre el libro al azar en la página trescientos cuarenta y cuatro y ve, bajo la sombra de los estantes, palabras que comprende más o menos: “Esta no es solo la revolución de la cólera. Es la revolución de la reflexión.” Libro en mano se acerca a la recepción donde una mujer, ni fea ni linda, ni triste ni alegre, funge como vendedora y recepcionista, y, sin riesgo a equivocarse, como auxiliar de limpieza. La mujer mira el libro y pregunta ¿tú también?
  Ayer, mientras se hacía un tatuaje en el brazo, un revólver calibre 38, fue al baño del estudio y le dolió orinar, pujó para orinar hasta que salió el orine, poco, doloroso, oscuro. Recordó que las últimas noches había tenido que ir al baño muchas veces, porque aunque pujara, el orine no salía. Al revólver calibre 38 solo le faltaba, para ser revólver, el gatillo, y un claroscuro en el caño que le daría la perspectiva.
  Complacido con su adquisición, sale a la calle con nombre de héroe, el libro en el bolsillo de la pierna del pantalón, la frente un poco en alto, las telarañas sobre la puerta. Le parece extraño, tres personas en la librería, al mismo tiempo que él, compraron el mismo libro. Las telarañas. Esos insectos tan diminutos haciendo trampas con sus deshechos. Tres personas que nunca había visto en su vida. Jóvenes como él. Fuertes. Unos más sucios que otros. El hombre medio aburrido. La mujer alta con aires de intelectual. La mujer seria muerta de amor, sin dudas. Definitivamente, este libro no debe ser poca cosa.
  El hombre gato sucio pasión verano, se da cuenta de que ha perdido su condición de exclusividad. Ya no es el único en el paso peatonal que va por la acera, o por la calle, aferrado a un libro de aforismos escrito por un héroe nacional. Con el rabo del ojo ve a los otros tres a su alrededor, en su misma dirección, derrotados y tontos como él, iguales a él, incluso inútiles. Es posible que se dirijan al mismo lugar que él, un restaurante barato donde se come arroz imperial, fricasé de pollo, fricasé de puerco, lonjas de puerco asado, canelones y lasañas, y toda clase de panes con alguna cosa dentro, bisté, jamón, queso, chorizo, mortadela. El más barato, pan con tortilla, se ha convertido en un plato juvenil.
  El próximo veintiséis de julio, a las doce pasado meridiano, un desfile de jóvenes trabajadores y alegres, transitarán por la calle Pobre, justo frente a su casa, celebrando el aniversario de una fecha patriótica. Ese mismo día, pero del año 1953, algún hombre gato sucio pasión verano, murió junto a otros hombres, por la independencia de su patria, convirtiéndose en héroe.
  El camarero pide la orden, cuatro panes con tortilla. Es curioso. Los últimos cuatro panes con tortilla que quedaban. El hombre gato sucio pasión verano, cruza la calle y se sienta en un banco frente al restaurante, al lado del banco otro banco, sin nadie que se siente en él, cruce las piernas, se relaje. Mira el pan y mira el libro. No sabe qué quiere hacer primero. No es preciso hacer una cosa primero que otra, si las dos pueden hacerse al unísono. A su lado tres desconocidos, se sientan y cruzan los pies como él, relajándose por primera vez en el día, como él, viendo agua. El hombre muerde, y lee.

CAFÉ CIUDAD, doce en punto pasado meridiano, una mujer. Caballo. Joven. Políglota. Mar. Ve fotos en su teléfono, anatómicas, del organismo humano, femenino y masculino, feo y hermoso. La camarera le trae la cuenta. Tres dólares con setenta y cinco centavos. Deberían ser dos dólares con setenta y cinco centavos. En este Café la cuenta siempre viene equivocada. Hace dos días, sus manos, tocaron la persona equivocada.
  Una hora antes, por la mañana, la mujer habló por teléfono con su madre. Su madre le contó que su padre había muerto, hacía tres meses ya, y que no se preocupara. Que acababa de depositarle el dinero en la tarjeta. Que le mandaba un abrazo. Un beso. Todo el amor del mundo. Que pensara bien antes de hacer las cosas. Que fuera feliz.
  Junto al Café Ciudad un parque, el parque principal. El nombre del parque es el de un héroe. Dioses y héroes son lo mismo. Cómo sabes que quien está frente a ti no es una simple persona sino un héroe. Una persona que será capaz de cambiar el pensamiento de un país. Una persona que habla, grita, lucha, sangra, sobrevive.
  Después de una hora en el Café Ciudad, la mujer caballo joven políglota mar, se aburre del Café y de las fotos de anatomía. Se para se sienta se para. Algo le molesta entre la blusa y descubre que sus senos, habitualmente medianos, son ahora duros, enormes. Para las mujeres este es solo el comienzo. Pronto menstruará y sus emociones formarán una larga ecuación matemática, llena de números negativos, positivos. Así que lo mejor es ir preparando el sofá. Una almohada y un libro. Casi siempre cerrado. La puerta de la librería le recuerda la puerta de un hospital.
  Como buena mujer caballo joven políglota mar, elige un libro que por su peso, diríase pequeño. Está acostumbrada a libros de texto realmente voluminosos. Enciclopedias de anatomía. Diccionarios de medicina. Compendios quirúrgicos, pediátricos, dermatológicos, oncológicos, citológicos. Este, escrito por el héroe nacional, le parece un libro bélico, un arca de Noé. Libro en mano se acerca a la recepción donde una mujer, ni fea ni linda, ni triste ni alegre, funge como vendedora y recepcionista, y, sin riesgo a equivocarse, como auxiliar de limpieza. La mujer mira el libro y pregunta ¿tú también?
  Ayer, al terminar la tarea de suturar una apéndice, le entró sueño y hambre. Salió y compró una pizza. La metió en un nylon dentro de otro nylon dentro de otro nylon, así el queso derretido no ensuciaría sus cosas. Bajó las escaleras en dirección a la morgue. En la morgue solo había alrededor de cuatro cadáveres, uno de los cadáveres era un niño de seis años. En todo el hospital, este es el mejor sitio para comer y dormir. Los cadáveres no importan. Ellos están, pero no están. La pizza le supo a gloria.
  Complacida con su adquisición, sale a la calle con nombre de héroe, el libro en la mano, abierto, índice, del medio, anular y meñique debajo, y el gordo en la división de las páginas. Le parece extraño, tres personas en la librería, al mismo tiempo que ella, compraron el mismo libro. Las manos. No las manos de cualquiera sino las suyas propias. Cómplices. Tocando. Sosteniendo. Tres personas que nunca había visto en su vida. Jóvenes como ella. Fuertes. Unos más pensativos que otros. La mujer parece una niña. Al hombre serio se le va a desatar un cordón. El hombre delgado da lástima. No cabe dudas de que este libro debe ser algo especial.
  La mujer caballo joven políglota mar, se da cuenta de que ha perdido su condición de exclusividad. Ya no es la única en el paso peatonal que va por la acera, o por la calle, aferrada a un libro de aforismos escrito por un héroe nacional. Con el rabo del ojo ve a los otros tres a su alrededor, en su misma dirección, seductores y seguros como ella, iguales a ella, incluso exitosos. Es posible que se dirijan al mismo lugar que ella, un restaurante barato donde se come arroz congrí, arroz amarillo, chicharritas y chicharrones, y toda clase de panes con alguna cosa dentro, bisté, jamón, queso, chorizo, mortadela. El más barato, pan con tortilla, se ha convertido en un plato juvenil.
  El próximo cinco de julio, a las doce en punto pasado meridiano, un avión de Copa Airlines, con escala en Panamá, llevará de vuelta a la mujer caballo joven políglota mar, por encima de América, del océano y las nubes, a su casa, después de diez meses. Como cada año en un período de cinco años, estará desesperada por volver.
  El camarero pide la orden, cuatro panes con tortilla. Es curioso. Los últimos cuatro panes con tortilla que quedaban. La mujer caballo joven políglota mar, cruza la calle y se sienta en un banco frente al restaurante, al lado del banco una perra china le sostiene la vista más de un minuto, orina en la acera. Mira el pan y mira el libro. No sabe qué quiere hacer primero. No es preciso hacer una cosa primero que otra, si las dos pueden hacerse al unísono. A su lado tres desconocidos, se sientan y cruzan los pies como ella, relajándose por primera vez en el día, como ella, viendo luces. La mujer muerde, y lee.

TERMINAL DE ÓMNIBUS, doce en punto pasado meridiano, otra mujer. Conejo. Sombrilla. Falopio. Ron. Pone un pie en el primer escalón de la Yutong Bus. Pone otro pie en el segundo escalón de la Yutong Bus. Mete el cuello y siente el aire. Acondicionado. Frío. Su asiento, catorce, no se reclina, detrás está el baño. Parada en puntillas empuja su bolso con fuerza y lo logra. Este asiento debería reclinarse. El baño no debería estar cerca. Arrepentida, baja del ómnibus. El botón del bolso se desprende. Su alma se le desprende.
  Una hora antes, por la mañana, la mujer se anotó en la lista de espera de la Terminal de Ómnibus, sin saber a dónde ir, ni qué hacer cuando llegara a su destino. Fue a sacar del monedero su carné de identidad pero el carné de identidad no estaba. La mujer tiene identidad, y al final logró anotarse, pero eso no es suficiente para ir a ninguna parte, aunque no sepas qué lugar es.
  La Terminal de Ómnibus no se llama Terminal y punto. Tiene un nombre y ese nombre es el de un héroe. La falta de imaginación hace que las mejores cosas tengan nombres de héroes. A veces hay cosas que se salvan de llamarse así. Como los sentimientos, el pensamiento, y la energía. Cosas que van más allá de los nombres y las formas. Cosas más importantes que el orden.
  Se para se sienta se para, arrastra su maleta de rueditas hacia el centro, porque la Terminal no está muy lejos del centro, la mujer conejo sombrilla falopio ron, se acerca a librería, único local abierto con teléfono en la entrada, y pide por favor hacer una llamada. La recepcionista, ni fea ni linda, ni alegre ni triste, le niega el favor. Hay un código para hacer llamadas, a corta y a larga distancia. Cada vez hay más códigos para todo. Tal vez si la mujer comprara un libro, ella, ni fea ni linda, recordaría el código.
  Como buena mujer conejo sombrilla falopio ron, elige un libro que por su peso, diríase pesado. Prefiere las películas de acción, los dramas y las comedias, prefiere cualquier película a un libro, más aún si está escrito por un héroe. El tema, seguramente, será patriótico, algo que abunda sobre el amor, el odio, la vida. Pero tal vez no, podría ser pura sabiduría. Libro en mano se acerca a la recepción donde la mujer funge como vendedora y recepcionista, y, sin riesgo a equivocarse, como auxiliar de limpieza. La mujer mira el libro y pregunta ¿tú también?
  Ayer, junto a los suyos, comió tranquilamente, como siempre, levantándose a la mitad para no seguir oyendo el ruido que las personas hacen al masticar. Separó del muslo el pellejo y lo colocó al borde del plato. Cortó los extremos del plátano y los colocó al borde, también. Sacó unos cuantos frijoles, duros, que cuarenta y cinco minutos de presión no lograron ablandar. Oyó a los gatos maullar y a los perros pedir comida. Encendió la televisión. Un centro de altas presiones afectaría al país en las próximas veinticuatro horas.
  Complacida con su adquisición, sale a la calle con nombre de héroe, el libro en el bolsillo de afuera del bolso, donde ya no está el botón, la frente un poco en alto, los botones del teléfono. Le parece extraño, tres personas en la librería, al mismo tiempo que ella, compraron el mismo libro. Si uno se fija bien, hasta los libros tienen botones. Invisibles, claro, pero por donde se abren debería haber un botón. Tres personas que nunca había visto en su vida. Jóvenes como ella. Atractivos. Unos más atractivos que otros. La mujer tan elegante. El hombre serio tan sobrio. El otro hombre tan descuidado. Ya no le importa hablar por teléfono. El libro es más importante.
  La mujer conejo sombrilla falopio ron, se da cuenta de que ha perdido su condición de exclusividad. Ya no es la única en el paso peatonal que va por la acera, o por la calle, aferrada a un libro de aforismos escrito por un héroe nacional. Con el rabo del ojo ve a los otros tres a su alrededor, en su misma dirección, extraños y repulsivos, como ella, iguales a ella, incluso interesantes. Es posible que se dirijan al mismo lugar que ella, un restaurante barato donde se come arroz blanco, arroz pre cocido, sopas, ajiacos, tamales, y toda clase de panes con alguna cosa dentro, bisté, jamón, queso, chorizo, mortadela. El más barato, pan con tortilla, se ha convertido en un plato juvenil.
  El próximo once de julio, a las doce en punto pasado meridiano, un avión de Cubana de aviación, sin escala en ningún lado, aterrizará en el Aeropuerto Internacional José Martí, trayendo entre sus pasajeros a un hombre de cincuenta años de edad, padre de la mujer conejo sombrilla falopio ron. La mujer irá a recogerlo. Como cada año desde hace diez años, unos minutos antes de que su padre salga por la puerta de salida, ella se sentará un momento, mareada.
  El camarero pide la orden, cuatro panes con tortilla. Es curioso. Los últimos cuatro panes con tortilla que quedaban. La mujer conejo sombrilla falopio ron, cruza la calle y se sienta en un banco frente al restaurante, al lado del banco una pareja de turistas se detienen y hacen gesto de pregunta, pero no preguntan nada. Ella tampoco respondería nada, solo habla español. Mira el pan y mira el libro. No sabe qué quiere hacer primero. No es preciso hacer una cosa primero que otra, si las dos pueden hacerse al unísono. A su lado tres desconocidos, se sientan y cruzan los pies como ella, relajándose por primera vez en el día, como ella, viendo oscuridad. La mujer muerde, y lee.

CIRCUNVALACIÓN, doce en punto pasado meridiano, 1895, un hombre. Mono. Palabra. Bigote. Sol. Más de cien años antes de nuestros días. Habla consigo mismo sobre la libertad y la humanidad, es decir piensa, de manera estática, parado sobre sus pies en una inmensa llanura. Otros hombres lo acompañan. Se adelantan a él. Deberían esperarlo pero ya le llevan media cuadra. Pronto le llevarán siete cuadras. Luego un kilómetro. A distancia, ellos forman un grupo que le abre el apetito.
 
 
Este texto pertenece al libro No sabe/ no contesta (Editorial Caja China, 2015)

Legna Rodríguez Iglesias con su gato Foto (Foto cortesía de la autora)

Legna Rodríguez Iglesias con su gato Foto
(Foto cortesía de la autora)

Legna Rodríguez Iglesias: dobleamino@yahoo.es (Camagüey, 1984). Obtuvo el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2011. Sus últimos libros publicados en Cuba hasta la fecha son El arroz de la locura, novela, Gente Nueva 2015; La mandarina mecánica, literatura infantil, Reina del Mar editores, 2015; y No sabe/ no contesta, cuento, Colección G, Editorial Caja China, 2015. Mereció el Premio Wolsan- CubaPoesía 2013 con La Gran Arquitecta, poesía, Colección Sur, 2014. Ha publicado los libros: Chicle, poesía, Colección Limón Partido, Proyecto Literal, México, 2013; Chupar la piedra, poesía, Casa Editora Abril, 2013; Tregua Fecunda, poesía, Ediciones Unión, 2012; Mayonesa bien brillante, novela y El momento perfecto, poesía, ambos Editorial Matanzas 2012; Dos uno cero, selección personal de poesía y cuento, Thesaurus Editora, Brasilia, 2012; ¿Qué te sucede, belleza?, cuento, Editorial Sed de Belleza, 2011; Ne me quitte pas, cuento, Casa Editora Abril, 2011; y Los Mágicos, literatura infantil, Editorial Cauce, 2008; entre otros. La Editorial Bokeh, Leiden, acaba de sacar Hilo+Hilo, poesía, 2015; y su segunda novela Las Analfabetas, 2015. Acaba de obtener el Premio latinoamericano Casa de Las Américas, en la categoría de Teatro.

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Un comentario el “Anti héroe

  1. Maria Cristina Fernandez
    07/08/2016

    Propongo le den a Legna la llave de la ciudad de Miami, con ella puede ir probando cerraduras hasta que encuentre la casa ideal, ni cara ni lujosa ni pobre ni oscura, y allí junto a Foto, seguir escribiendo sus ensoñaciones. Por favor, testigos de Jehová, no golpeen en vano!

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Esta entrada fue publicada el 06/08/2016 por en Narrativa.
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