De la piedad renace este
día de infinito sobresalto.
La compuerta se abre y
no atino a moverme,
mis pies han olvidado andar
sin el peso de los miedos.
La levedad asusta,
y el júbilo humedece de
temores a unos labios
resecos de silencio.
Es preciso que el sauce
llore sobre mis hombros
los secretos del mundo,
y el duende me confíe
la llave de los tiempos.
Para encontrar a aquella
que yo era, antes que
anocheciera.
La Habana es hembra
de ventanas abiertas
que seducen al viento.
Es girasol cargado de
plegarias a una Oshún
que danza entre lamentos.
La Habana es negra
del ocaso impuesto.
Es balcón insinuante.
Es sol en el mechero.
Es la sal en los labios
aliñando el recuerdo.
Es el álbum de fotos.
Es adiós y amuleto.
Es pila de bautismo.
Es donde duermen,
padre, tus huesos.
Hay en lo que se calla
voces que gritan.
Rostros tiesos, atadas
criaturas clamando su
existencia agujereada.
Intimidado el gesto
de lo auténtico, de la
espontánea elocuencia
de las sombras.
Hay en lo que se jura
un coro de violines pululando.
Descoloridas máscaras, risueñas.
Dedos cruzados.
Todo está como ayer, sin embargo
parece que han partido muchos trenes,
que han caído diluvios,
que ha habido un cataclismo,
o han bajado del cielo luciferes
mordiendo el tiempo
cubriéndolo de hondas
cicatrices azules, marcas crueles.
Quiero correr el velo de esta hora
y ver las viejas películas silentes,
en el sillón de mi antigua adolescencia
donde las horas yacen, no se mueven.
Quiero creer que estas alas tan rotas
no son el triste anuncio de una muerte
sino la voraz metamorfosis
de lo que pudo ser, a lo que fuere.
Todo está como ayer, sin embargo…
He atado al tiempo a mi montura
y cabalgo por la orilla de los días.
Una voz me seduce, es la mía,
y el eco se me pierde en la espesura.
El ángel guía sin fusta ni ataduras,
la brújula se ha dado por perdida,
el instante se torna en maravilla
y soy principio y fin del día que madura.
Que la rienda sea corta y me detenga,
que no me brinde el ave la luz de su plumaje
para cegarme luego en las alturas.
Quiero que este segundo me contenga,
que el milagro se reduzca a este paraje
donde solo me alcanzará lo que perdura.