Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Poemas de Joaquín Gálvez

JOAQUÍN GÁLVEZ

 
DE OTRA SEMBLANZA DEL MAR

Yo quise ser el escribano de la ruta azul de tu mirada.

Poner mi voz al servicio de la leyenda

que en tu silencio yace.

Convertirme así en pescador de la música

que incuba tus entrañas.

Yo quise obsequiarle tu memoria a mis coetáneos,

erigiendo, con mi canto, tu merecida estatua.

Recrear la huella que resplandece en el Egeo,

el rumbo que le negaste a esas tres carabelas

para que naciera, muriendo, el reino del otro mundo.

Y quise evocar el cofre de aventuras que sólo tú le arrebataste

a Francis Drake,

y, por supuesto, a esos ciudadanos míticos de tus jornadas:

el pez de oro, las sirenas,

Poseidón, Yemayá, y la fe de un hombre caminando firmemente

por tus aguas…

Y quise describir la danza de los arrecifes

bajo los pies de mi infancia,

todo lo que poseí de ti en aquella habitación que, entre sus piernas,

me ofreció una muchacha.

Y quise, en fin, escribir el poema que nos atara perpetuamente

al peso de esa Isla.
 

Mas me tocó vivir el tiempo de la barbarie,

de las deserciones

y de la oscura brújula del éxodo,

conjurando la complicidad de tus hombros.

El tiempo de los que partieron

para amanecer, cada día, con la Patria a cuestas.
 

¡Tu ruta es ahora la tumba de los que a su sueño
nunca llegaron!
 

Yo quise ser el escribano de la ruta azul de tu mirada

(desde la primera célula,

hasta ese instante en que nos intercambiamos las manos).

Pero el encanto tuvo la duración del castillo de arena.

Y hoy sólo puedo legarte esta escritura de paria:

condenado estoy a la otra orilla donde te falte.
 

El horizonte ha sido mi verdadera casa.

 
 

EL CÍRCULO DE LA MEMORIA

Aquel era el círculo de la abundancia, preñado por un cielo

de total escasez.

El guisaso brillaba en la camisa: la única estrella

que prefirió llevar mi nombre.

Descalzos, bajo la lluvia, el vidrio del paraíso nos cortaba

para sangrar la alegría de esta única fiesta.

Qué hubiera sido de mí sin el tirapiedras que un día Alejandro Magno

añoró, cuando sólo conquistaba el vacío de innumerables hazañas.

Ah, y qué hubiera sido de mí sin aquella húmeda revelación,

por el naciente pubis de Venus, regresando al cetro

de mi última desnudez.

Entonces una ciruela me otorgaba su sabor de exquisita sinfonía

para que encontrara la gloria del barrio en el chucho escondido.

Había una vez un alma que fue el cundiamor de sinsontes,

que volaron más libres en la trampa.

Yo fui el pistolero invisible, el vikingo tropical, uno de los mosqueteros,

con mi edad repleta de oro.

En aquel cinecito mi corazón fue mi primer, y definitivo, premio Oscar.

Y pensar que a mi lado se rodaba otro episodio del infierno;

mas mis ojos eran una muralla de soberana inocencia

y no los nublaban las manidas imágenes del espanto.

 
 

UN HIJO BASTARDO DE NORTEAMÉRICA
 

Foto: Michael Sixto


 
Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica,

un exiliado cubano que fue obligado a partir

hacia esta tierra.

Yo nunca asimilaré, como es debido, esta cultura extranjera;

mas he vivido en Nueva York, y mi puerta se ha abierto

al arcoiris de otras etnias.
 

Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica,

uno de tantos que fue echado a patadas, por un dictador,

de su tierra.

Y ahora soy Sísifo llevando a cuestas la turbia roca de mi pasado.

Yo siempre hablaré el idioma inglés

con este desamparado acento habanero. No olviden:

no fue mi libre albedrío el que eligió vivir en esta tierra.
 

Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica,

la oveja negra que profana el sueño americano,

un pésimo heredero de los puritanos del Mayflower,

por eso este país nunca será mi casa.

Pero, como poeta, pertenezco al mismo linaje de Whitman;

he aprendido a cantarme a mí mismo,

y, por lo tanto, soy un discípulo de Emerson,

que se ha ganado la confianza en sí mismo.
 

Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica.

Mi paladar jamás perderá su preferencia

por el arroz blanco con frijoles negros;

sin embargo, hay en mi mesa un sushi japonés,

un pan judío, una pasta italiana, una hamburguesa de Norteamérica…
 

Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica;

mejor dicho, un hijo legítimo de este mundo.
 
 

DISCURSO DE ADÁN

He de hacer de tu existencia mi más preciado rapto.

Yo soy el que en tus ojos rescata la eternidad

de un relámpago.

Déjame darte como ofrenda esa humedad,

que ha de fundar un reino entre tus piernas.

Yo sólo quiero encender el fuego de unas palabras

para que el cielo ascienda a tus oídos.

Déjame embadurnar tus senos con mi saliva mágica,

y así por todas partes se anunciará que han recobrado

su santidad lúdica.

Somos, irremediablemente, discípulos de la serpiente:

nuestro destino siempre será comernos la manzana.

He de demostrarte que no naciste de mi costilla,

sino de la música que esta noche ejecuta el eterno cuerpo

del deseo.
 

Foto: Ernesto G.

JOAQUÍN GÁLVEZ (La Habana, Cuba, 1965). Reside en Estados Unidos desde 1989. Ha publicado los poemarios: Alguien canta en la resaca (Cincinnati, 2000), El viaje de los elegidos (Madrid, 2005), y Trilogía del paria (Editorial Silueta, 2007). Ha sido antologado en Reunión de ausentes: antología de poetas cubanos (Cincinnati, 1998) y en Arcanos de la espera: veinte poetas cubanos en Miami (revista digital de poesía Decir del agua, Miami, 2005). Uno de sus poemas fue incluido en Reinaldo Arenas, aunque anochezca: recopilación de textos y documentos (Miami, 2001).

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Un comentario el “Poemas de Joaquín Gálvez

  1. REINA IVIS
    27/08/2012

    PRIVILEGIO, SOLO ESO, PRIVILEGIO EN EL GOZO. TU PALABRA

Los comentarios están cerrados.

Información

Esta entrada fue publicada el 11/08/2012 por en Poesía.
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