Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Poemas de Lizette Espinosa

LIZETTE ESPINOSA

A DESTIEMPO

Foto: Michael Sixto

De la piedad renace este

día de infinito sobresalto.

La compuerta se abre y

no atino a moverme,

mis pies han olvidado andar

sin el peso de los miedos.

La levedad asusta,

y el júbilo humedece de

temores a unos labios

resecos de silencio.

Es preciso que el sauce

llore sobre mis hombros

los secretos del mundo,

y el duende me confíe

la llave de los tiempos.

Para encontrar a aquella

que yo era, antes que

anocheciera.

 

LA HABANA

Foto: Michael Sixto

La Habana es hembra

de ventanas abiertas

que seducen al viento.

Es girasol cargado de

plegarias a una Oshún

que danza entre lamentos.

La Habana es negra

del ocaso impuesto.

Es balcón insinuante.

Es sol en el mechero.

Es la sal en los labios

aliñando el recuerdo.

Es el álbum de fotos.

Es adiós y amuleto.

Es pila de bautismo.

Es donde duermen,

padre, tus huesos.

APARIENCIAS

Foto: Michael Sixto

Hay en lo que se calla

voces que gritan.

Rostros tiesos, atadas

criaturas clamando su

existencia agujereada.

Intimidado el gesto

de lo auténtico, de la

espontánea elocuencia

de las sombras.

Hay en lo que se jura

un coro de violines pululando.

Descoloridas máscaras, risueñas.

Dedos cruzados.


METAMORFOSIS

Foto: Michael Sixto

 

Todo está como ayer, sin embargo

parece que han partido muchos trenes,

que han caído diluvios,

que ha habido un cataclismo,

o han bajado del cielo luciferes

mordiendo el tiempo

cubriéndolo de hondas

cicatrices azules, marcas crueles.

Quiero correr el velo de esta hora

y ver las viejas películas silentes,

en el sillón de mi antigua adolescencia

donde las horas yacen, no se mueven.

Quiero creer que estas alas tan rotas

no son el triste anuncio de una muerte

sino la voraz metamorfosis

de lo que pudo ser, a lo que fuere.

Todo está como ayer, sin embargo…

PRINCIPIO Y FIN

Foto: Michael Sixto

 

He atado al tiempo a mi montura

y cabalgo por la orilla de los días.

Una voz me seduce, es la mía,

y el eco se me pierde en la espesura.

 

El ángel guía sin fusta ni ataduras,

la brújula se ha dado por perdida,

el instante se torna en maravilla

y soy principio y fin del día que madura.

 

Que la rienda sea corta y me detenga,

que no me brinde el ave la luz de su plumaje

para cegarme luego en las alturas.

 

Quiero que este segundo me contenga,

que el milagro se reduzca a este paraje

donde solo me alcanzará lo que perdura.

 

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Información

Esta entrada fue publicada el 11/08/2012 por en Poesía.
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