Revista Conexos

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Tres cuentos breves

GERMÁN GUERRA

Los espejos, los sueños y la muerte

para Carlos Victoria

Aquel hombre había envejecido limando su existencia en una vocación casi monástica, consumía los días de su vida dedicado al estudio de tres materias inasibles: los espejos, los sueños y la muerte. Su erudición sobre estos temas era bien reconocida en todos los confines del imperio.

Una noche, encerrado a cal y canto en su laboratorio, definió que los tres elementos que alimentaban sus vigilias convergían en un mismo punto, y que ese punto final estaba al otro lado, en la otra orilla de ese río que es la vida. Pasado el primer momento de euforia que trae consigo un descubrimiento feliz, se sentó a transcribir su tesis sobre la pulcritud de un pergamino y se quedó dormido.

Soñó que estaba perdido en el bosque imaginario de su infancia y andaba sin rumbo fijo por caminos muy largos. Cargaba con siglos y siglos de cansancio hasta que lo detuvo la enorme luna de un espejo que en medio de la vía lo invitaba a entrar. El hombre traspasó sus umbrales y aventuró los primeros pasos por el camino del espejo, vislumbró —ya sin cansancio— la promesa de una luz colgada en el horizonte y nunca regresó.

El sueño del Emperador

Hoy se cumplen treinta años del día que le cortaron la lengua. Los altos magistrados hicieron cumplir en toda su extensión y rigor la escritura sagrada de la ley, y esa fue —y será— la última exigencia para que él pudiera ser ayuda de cámara, el sirviente más cercano al Emperador.

Esta noche, como todas las noches desde el principio del tiempo, le desteje la trenza y lo peina, asiente con un leve movimiento de cabeza a un par de confidencias palaciegas mientras lo viste para el sueño, apaga una tras otra las lámparas de papel perlado —todas menos la tenue luz que está junto a la única puerta del cuarto— y se retira sin dar la espalda ni levantar la mirada. Esta noche no ejecutó el último fragmento del ritual, se despidió del hombre macilento que alentaba en el espejo pero no corrió la cortinilla de seda que debía cubrirlo para que no escapen ni regresen los sueños.

Al despuntar el alba la mañana siguiente, como todas las mañanas desde el principio del mundo, regresa con la misma bandeja de cobre cargando incienso fresco y té caliente para romper las horas de ayuno. Los guardias retiran sus armas y entra en la habitación. Sobre la estera destinada a los rezos duerme un tigre blanco y rojo, justo a los pies de la cama ensangrentada del Emperador.

El sueño del Mulá

Mohamed Omar, el gran Mulá de Kabul, era perseguido por un sueño recurrente. Todas las noches se soñaba siendo todavía un niño, en su aldea natal, abriendo una tras otra las jaulas y dejando escapar los pájaros cantores que criaba su padre; y soñaba la sombra de su padre rompiéndole sus cometas y golpeándolo hasta sacarle un ojo. Como todas las noches, escapaba del sueño con un intenso dolor de cabeza y del cuenco vacío brotaba una gota de sangre que le surcaba la barba hasta la comisura de los labios.

El mismo día que entró con su ejército a la ciudad y tomó las riendas del imperio, les prohibió a los niños empinar sus cometas y a los hombres la crianza de pájaros cantores. El que violara el decreto sería castigado con la pena de muerte. Detener el presente era el único camino que tenía el Mulá para anular el porvenir y borrar el pasado.

Mohamed Omar, quien fue por muchos años el gran Mulá de Kabul, hoy es otro prófugo entre las piedras del desierto y ya no sueña. Ninguna pesadilla lo despierta en la alta noche. En la tienda de campaña, junto a su cabecera, también duermen un viejo ejemplar del Corán y su fusil Kalashnikov, listo para disparar contra las sombras que vendrán en la mañana.

Germán Guerra nació en Guantánamo, Cuba, en 1966. Reside en Estados Unidos desde 1992. Poeta, ensayista, fotógrafo y editor. Su último poemario publicado es Libro de silencio (Ediciones EntreRíos, 2007). Los cuentos aquí reunidos pertenecen a Los espejos, los sueños y la muerte, un libro inédito de relatos breves.

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2 comentarios el “Tres cuentos breves

  1. Alberto Lauro
    26/08/2012

    Gracias por recordar a nuestro amigo y gran escritor Carlos Victoria.

  2. Z & M
    26/08/2012

    De los tres sueños breves, si tuviera que escoger uno, me quedaría con el tercero. De tan triste y real no parece sueño…

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 25/08/2012 por en Narrativa.
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