Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Poemas de Rolando Santini

ROLANDO SANTINI

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CASINO ROYALE

El tiempo es el dealer,
da las cartas.
Con su fina mano las baraja.
Sonríe mientras tanto.
Todos juegan,
desde el Señor Presidente hasta el último mendigo.
Cuando apuestas,
mientras menos tienes más puedes perder.
Nos circunda un mar de adrenalina.
Ten cautela, un descuido y te pierdes.
Dios es un tramposo,
juega con el naipe marcado.

LA CIUDAD QUE DEJÉ

La ciudad que dejé
no volverá si vuelvo
aunque huelan igual las mismas calles
y el olor de la lluvia sobre el cemento ardiente
baile al son de idénticos cantares.
La ciudad que dejé
está hecha de recuerdos
que aniquilan a la noche al filo de la espada.
El tiempo es como un gladiador
que sólo recuerda los aplausos.
La ciudad que dejé,
labios de piedra sobre el salitre inquieto,
golpea sus tambores en mi pecho
en un ritual que me reclama siempre
a su piel de asfalto repartido
y su fiesta de tacones y adoquines.
La ciudad que dejé
es laberinto donde me pierdo
en un abrazo estéril,
un espejismo que se vuelve nada
y me hace extranjero para siempre.

LA MUERTE DE AQUILES

Todos hablan de tu cólera, Aquiles,
terrible como la de Poseidón,
capaz de estremecer las bases mismas del Olimpo.
Es como un caballo en llamas desbocado
que te arrastra por la llanura del hexámetro
sediento de sangre para teñir tu capa.
Auriga de la muerte en busca de la gloria;
di? cuantos gemidos de agonía bastaran
para pagarte aquellos que llenaban de música tu tálamo?
Cuantos cuerpos de jóvenes hermosos
harás pedazos para suplir aquel?
Cuantos llantos de padres y mujeres
para intentar desvanecer el tuyo?
No bastara hacer un cáliz del corazón de Héctor;
ya nada te traerá la luz de vuelta,
el rojo es el color de tu mirada y tú la oscuridad callada.
De nada te servirán tus pies ligeros,
las parcas van por ti, tu madre llora;
un príncipe de Troya te divisa;
la paz viene a caballo en una flecha.
descansa Aquiles, que ya es hora.

LA VOZ DEL TIEMPO

La voz rajada del tiempo
cabalga sobre las piedras
en un caballo de viento
donde el olvido
se sienta a mirar
como nos deshacemos
mas lento o mas rápido,
como una neblina,
como el aliento de Dios
sobre el cristal de un sueño.

LA BOCA

oh tarde húmeda y gimiente,
hermosa muchacha de cabellos sueltos,
sabe que yo,aunque seguí de largo,
en realidad me he ido
tras la bandera roja
de sus labios.
aquí,
solo queda mi sombra.
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Esta entrada fue publicada el 25/08/2012 por en Poesía.
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