Revista Conexos

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Poemas

JUAN CARLOS RECIO

El pasado

Dentro de una boca siempre hay quien espera
hecho fuego,
luego está con luz hasta que nos abandona.
Se guarda el pasado,
se oculta como un cofre con alhajas,
pero alguien o algo se encargan del descubrimiento.
Nunca guardes ni el rencor ni el pasado,
esos cofres no se pudren
y cuando salen flotando, aunque parezcan luz,
solo son rostros que se perderán como las ceremonias.


Fragmento de las tentaciones
             
            Todos los hombres tienen un laúd y unos sueños.
          Pero, yo, con la historia de mi País a cuestas, tropiezo.
          Sigo lleno de polvo, desgreñado por todos los caminos.
                                                Abú Salma
En mi país siempre se tiene un hijo preso
que no sabe vivir donde lo instalaron.
Alquilamos a la familia como una guerra
y a todos los sueños por vender
las casas que jamás crecieron.
Los sueños son una pedrada y pueden dividirnos
los deseos locos de viajar a la semilla.
Imaginamos que somos un país,
un lucero en el polvo de una sola cabeza.
Y el cristianismo es para la intimidad,
el ver pasar la bandada temerosa de los animales
que al atardecer dialogan con los veteranos
de la ciénaga;
así de quietos pasan los días
y las tentaciones divididas según colores.
Se juega al tren que parte,
sacamos la lengua de la baraja
y en cada coche se puede viajar con un espíritu.
¡Maten los pájaros que se incendian!
¿Por qué vuelan al crepúsculo, si él no los mira?
Los pájaros vuelan por la música que ostentan,
solo el cazador los bendice.
Los pájaros que pasan por mi país y por el crepúsculo
son las vitrolas de un bar
y la exquisita cerveza de los dolientes.
En mi país soy la penumbra,
y al próximo hechicero le pido su boleto.
Varado estoy,
Entre alfonsinas de cuarzo,
Y en fiestas que se beben sus sombras públicas.
Varado, indispuesto por las limitaciones y otras
penas,
soñando en buscar la fórmula de no ser el próximo;
nadie sabe a dónde navegaría con su correo.
Sacamos la lengua de la baraja
y cada apostador hace de su canoa una mudanza.
En mi país siempre se tiene un hijo preso;
escuchamos el número en la radio,
A lo lejos canta un reo.
Los troncos flotan en los techos del atardecer.
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Esta entrada fue publicada el 07/10/2012 por en Poesía.
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