Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Hombres de bolsillo y otros poemas

HÉCTOR CARRETO

Hombres de bolsillo

 

Los hombres de bolsillo son pequeños,

visten de oscuro

y corren peligro de ser confundidos con ratones.

No obstante, son inofensivos

y es débil su chillido.

Se limitan a cumplir,

no más, no más.

Como buenos relojitos caminan por la calle.

¡Qué lindos muñequitos de cuerda,

qué monos!

No sienten la cadena que va desde su cuello

hasta el chaleco de los dioses

ni la mano que tranquila

los guarda en el bolsillo.

La cierva

 

                                      Soñé que el ciervo ileso pedía perdón

al cazador frustrado.

 

                                                                  Nemen Ibn el Barud

 

De pronto tú,

recostada en un claro del bosque

manjar sereno

¿Intacto?

 

Tensé el arco

y disparé

sobre ti

rápidas palabras

red para cazar lo inasible.

Pero ninguna letra

fue salpicada por tu sangre:

entre un adjetivo y otro

saltaste

más veloz que la luz de la flecha.

 

Una vez más

mi palabra no alcanzó a la Poesía.

 

Ilesa,

sobre la rama de un árbol

pero con lágrimas en los ojos,

me suplicas:

“inténtalo de nuevo,

inténtalo de nuevo.”

 

 

Las Majas

Por favor no me pidas más

que describa a las damas que retozan en los lienzos.

No sé nada de arte,

sólo soy un turista y me aburre el torso inmóvil,

desnudo pero frío, al que me prohíben tocar.

¿Por qué insistes en los pliegues insinuantes de las Majas

si puedo recrearte el contoneo de unas caderas de yegua,

cuyas colas alcanzaron a rozarme nariz y boca?

 

Entiéndelo: no me interesa la piel de mármol;

mi museo está en la calle.

Cleopatra y el esclavo

 

Oh sublime Cleopatra,

dueña de la Alejandría que todos llevamos dentro

–esa tierra propicia para el placer–;

tú, que no encuentras par

en el combate de las ideas

ni en el combate de los besos;

tú, que jamás te has rebajado

            a mirar a este esclavo,

te obsequio estas pocas palabras:

 

Soy incapaz de descifrar jeroglíficos

y estoy ciego ante el latín de los conquistadores

que entran y salen sin pasaporte

por el suntuoso palacio de tu cuerpo.

 

Desconozco la grafía griega

pero entiendo el lenguaje de las manos.

 

Tampoco soy gladiador latino,

pero, si en la Arena ambos soltáramos las túnicas,

mi rígida lanza podría transformarte en mi esclava.

 

Palabra de corrector

 

Señor:

            Bendice a los redactores improvisados,

bendice también los dedos de las tipógrafas

            que bailan sobre las teclas;

bendice, especialmente, a los escritores sin ortografía,

porque gracias a ellos existimos los correctores.

 

Señor, hiciste un mundo apresurado.

Ninguna obra maestra, debes saberlo,

se escribe en siete días.

 

Por si decides corregir tu creación

                        te dejo mi tarjeta.

 

La conquista del espacio

 

Aun distantes, las estrellas se parecen a tus ojos.

 

“Otra expedición al cielo,”

anuncian sin emoción los medios.

 

No son aventureros los tripulantes.

Los remos son teclas

que oprimen los astronautas, los ingenieros electrónicos,

los políticos del Espacio.

(No buscan tesoros sagrados

sino una verdad menos candente.)

Para ellos Júpiter, Saturno, Venus y Mercurio

            no son deidades

–no influyen en nuestras emociones–;

tan sólo son puntos donde puedan clavar un estandarte.

 

¿Cuándo volará un poeta

en una nave de la NASA,

que cante la guerra desatada por dos opuestos

y a la belleza inédita de tan distantes paisajes?

 

No importa:

            Homero fundó el mito de Occidente

sin haber visto jamás las murallas de Troya.

(Con ojos sellados presenció el descenso de los dioses.)

 

Yo canto a las constelaciones

sin saber leer los mapas

y sin haberme envuelto

                        en el manto

                                   de ninguna galaxia.

 

He viajado más lejos, más allá de las ciencias exactas:

ayer me acerqué al enigma de tus ojos abiertos.

 

 

 héctor 2 (1)

Héctor Carreto nació en la Ciudad de México en 1953. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM y cine en el Centro de capacitación Cinematográfica. Ha publicado los siguientes volúmenes de poesía: ¿Volver a Ítaca?(1979), Naturaleza muerta (1980), La espada de san Jorge (1982), Habitante de los parques públicos (1992), Incubus (1993), Antología desordenada (1997), Coliseo (2002), El poeta regañado por la musa, antología personal (2006), Poesía portátil 1979-2006 (2009) y Clase turista (2012). Ha obtenido los  premios nacionales “Efraín Huerta” (1979), “Raúl Garduño” (1981), “Carlos Pellicer para obra publicada”(1983) y el “Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2002”. También mereció el “X Premio de Poesía Luis Cernuda 1990”, en Sevilla, España. Sus poemas se han traducido al inglés, italiano, francés, portugués y húngaro. Además es autor de diversas antologías de escritores mexicanos y extranjero. Recientemente publicó una antología sobre el epigrama contemporáneo en español: Vigencia del epigrama. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (periodos 2001-2007 y 2013-2015) y es profesor-investigador de la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

 

 

 

 

 

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Información

Esta entrada fue publicada el 10/02/2013 por en Poesía.
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