Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Tres poemas de Carmen Karin Aldrey

CARMEN KARIN ALDREY


En otro tiempo
yo tuve otro nombre:
Betsabé
y era adúltera o Amapola
nombre de flor
frágil en las tempestades
prisionera en un terruño
insignificante
donde las hormigas
dormían la siesta
y las abejas descansaban
después de un largo viaje
Me llamaba Francisco
y en las tardes
tocaba la guitarra con Garay
en los portales santiagueros
mientras Ramona
la mujer de mi vida
hacía limonada
y tarareaba nuestras
canciones
con mirada de ensoñación
Era arena
sobre la que se acostaban
los amantes
a contar las estrellas
en las noches tibias
de Joshua Park
o hierba de la estepa
en las que niños mongoles
jugaban a perseguir
el trote de potros salvajes
y después rodaban
entrelazados
hasta descubrir
el primer beso de amor
Era tú
ella
o el otro
en ese intercambio
pujante de energías
dentro de un universo
que inmortaliza
el extraño prodigio
y nos sienta alrededor
de la hoguera sobreviviente
y nos devuelve al vacío
para que alguna vez
en otro tiempo
otras dimensiones
seamos capaces
de aceptarnos como somos como seremos siempre…



“Hay nubes como velos de cristal
y nubes pesadas como castillos…”

Del film A los que aman



En cada madrugada
se revela un nuevo sueño
comienza por el sudor
luego la fiebre
de imágenes
poco placenteras
que a veces se mezclan
con mujeres desnudas
muy pálidas y esqueléticas
o manos musculosas
apretadas a columnas
con furia de cíclope
Una señora muy parecida
a mi madre
se apareció hoy
hablaba en ruso
–¿sería Anna Ajmátova?–
y me decía
“las fuerzas antagónicas
se agudizan
hay tres poderes
que se enfrentan
se acerca la guerra
la paz es solo un sueño”
si no hablo en ruso
–le decía asombrada–
cómo puedo entenderte
pero la imagen se esfumaba
y regresaba
en una especie
de ir y venir galvánico
y ya no sentía su voz
sino ecos de explosiones
muy distantes
y veía el cielo
encendido en llamas
nubes muy negras
que entonces se transformaban
en rostros distorsionados
en auras que chillaban
con espanto
luego me despertó el sol
sentía sus rayos
en el rostro
pero ya no quería
abrir los ojos
deseaba dormir
hasta la eternidad
soñar con el mar
de otras galaxias
los ríos de Marte
las flores de Andrómeda
los labios sensuales
de Halle Berry…
La ciudad se estremecía
a pocos metros de distancia
con su devenir cotidiano Había perdido la mañana
hilvanando pesadillas
hablando con los espíritus.



“Mediante la poesía llegar a lo desconocido.”

Arthur Rimbaud



Ya no puedo
hacerle competencia a las horas
como en aquellas noches
de La Habana con Rimbaud
en las que pensábamos
que mediante la poesía
llegábamos a lo desconocido
y nada nos importaba
ni siquiera el asedio policial
las recogidas en La Rampa
la complicidad con el horizonte
acostados en el muro
observando el faro del Morro
donde se encontraban recluidos
Rogelio y mártires de la cristiandad
Ya no puedo disertar
sobre los textos rebuscados de Carpentier
como tampoco conversar
por calles oscuras
sobre la arquitectura colonial
o la armonía del medio punto
y verjas que aislaban a las doncellas
de miradas indiscretas
en esos mediodías hirvientes
de siestas y pregoneros dormidos
Ya no puedo hablar
Es como si el tiempo
se hubiera tragado mi lengua
como si los muros manchados
de antigüedad y sangre
arrastraran la elocuencia
a continentes inhabitables
y escarpados
como si el lenguaje no existiera
y cada libro estuviera en blanco
flotando en el vacío
condenado al mutismo
y a las miradas dilatadas…
es como si la irrealidad
apoderándose de todo
marginara con saña la palabra
y cayera en estanques
sin agua
sin flores
sin peces
y las memorias sepultaran
la espontaneidad
en tumbas ajenas
o en paisajes infecundos
Ya se fueron para siempre
aquellas noches
y con ellas los versos
de poetas atormentados
declamados con furia
y encantamiento
que nos hacían hurgar
en el profundo eco de las horas
despiertos hasta el amanecer
mirando al mar con melancolía
y a las primeras luces del cielo
ahora tan silenciosas y distantes…


Estos poemas pertenecen al cuaderno inédito Me llamaba Betsabé

Carmen Karen Aldrey Foto: Ernesto G.

Carmen Karen Aldrey
Foto: Ernesto G.



Carmen Karin Aldrey: Preston, Provincia de Holguín, 1950. Ha publicado el poemario “Aceite” (Linden Lane Press, 2011) con 19 ilustraciones a color de su obra plástica y “Noctibus” (Linden Lane Press, 2012). Reside en la ciudad de Miami.

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5 comentarios el “Tres poemas de Carmen Karin Aldrey

  1. Carmen K. Aldrey
    15/06/2013

    Muchísimas gracias a Conexos y Juan Carlos Valls por haber seleccionado y publicado mis poesías en esta magnífica entrega. Un abrazo para todos.
    Caemen Karin Aldrey

  2. Maria Cristina Fernández
    16/06/2013

    Tus poemas son un canto a la multiplicidad del ser, a la restauración de un equilibrio que intuimos en la naturaleza y en el sueño.

    • Carmen K. Aldrey
      16/06/2013

      Imposible contestar a un argumento tan sólido, excepto que eso es precisamente mi poesía. Muchas gracias, María Cristina, por llevarme a descubrirlo con tu comentario y ponerle palabras a lo que solamente era una intuición dentro de mi.

  3. juan guerrero
    26/06/2013

    Hay una cadencia y un ritmo que acompasan la lectura. Una cuadratura vocálica imposible de eludir. Y una temática que refiere a ese sitio, ese lugar donde todos deseamos estar, ser en lo Uno y Múltiple. Apreciaría conocerte, Carmen.

  4. Karin Aldrey
    21/09/2013

    Muchísimas gracias, Juan, aprecio altamente tu interés por mi poesía. Te invito a entrar en mi Blog: http://karin-aldrey-soligregario.blogspot.com/

    Un fuerte abrazo, Karin

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 15/06/2013 por en Poesía.
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