Revista Conexos

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Buscando Dioses y otros poemas

En el transcurso de mi vida literaria he ido cultivando una pasión que ha dado experiencias amargas y otras más cercanas al deber cumplido. La diversión en el universo de un poeta siempre estará ligado a desentrañar lo infeliz, lo profano, lo alentadoramente circunstancial. Quiero proponerles una lectura. Hace algunos años conocí a un muchacho y la virtud que me lo hizo especial fue su obsesión por albergar lecturas de poesía en el pequeño espacio en el que manejaba una galería de arte. Este proyecto lo involucró de tal modo en “lo poético” que se animó a asistir a un taller que impartiera la poeta cubana Elena Tamargo quien vio en su incipiente escritura un destello que luego se volvió prisa cotidiana y tachadura en papeles que fue acumulando. El resultado final fue “Yo, el arquero aquel”, publicado por la Editorial Velámenes, poemario imperfecto donde al poeta le importó más desbordar el tumulto de vida, agazapado hasta ese entonces en el disturbio diario. Ahora les propongo lo que la sed fue convirtiendo en racimo, en confesionario, en libro que, después de la estampida se convirtió en el reposo donde un hombre, poéticamente hablando, deposita sus vísceras. Estos poemas pertenecen al libro publicado por la Editorial Betania “Los poetas nunca pecan demasiado” y los ofrezco como sabiendo que un día no tan lejano, me lo van a agradecer. Lean pues a Manuel Adrián López con la suspicacia de quien imagina el futuro.

Juan Carlos Valls

 

MANUEL ADRIÁN LÓPEZ

 
Buscando Dioses
Busco consuelo en las páginas de un libro de Anne Sexton
Quizás Dios es una voz profunda que sólo los sordos oyen.
Sin embargo yo me he aferrado a dioses
los he involucrado en cada brote de respiro
han tenido su espacio en rincones y altares
llevo collares con caracoles recogidos en océanos lejanos
no he tenido el valor de leer los rezos de un sidur
que encontré olvidado en un parque
porque mis plegarias no serían respetuosas.
Cuántos pactos debo haber hecho y roto en tantos años
buscando un Dios un Guía un Maestro
para terminar exhausto del otro lado del río
sin esperanzas y hambriento de manjar alguno.
Si la respuesta fuera escuchada en la sordera
pondría cada oreja en la guillotina
y a gritos exigiría al verdugo de turno
que me librara de ellas.
 
 
 
DESDE LA SILLA
 
Me siento en la misma silla todos los días
al lado del escritorio que perteneció a una poeta
que nunca conocí.
Desde ese ángulo la silla vigila cada movimiento:
Los brincos ágiles de la gata
la sombra que hace de las suyas
el vaivén de los ventiladores en cada habitación
mis ronquidos que son más intensos.
Los pensamientos que nos delatan
pero que callamos por miedo
temiendo el derrumbe y el después.
Casi nunca me miro al espejo
pretendo que los pocos que quedan
simplemente no existen.
Luzco un perenne disfraz
una sonrisa que se convierte en mueca
ojos que viven poblados de nubes
dedos que pronto serán mutilados.
Pero he perdido la valentía
y el desafío que habitaban en mí.
Ahora solo me queda confesarme
escribir estos versos
rogar que apacigüen
la tormenta
disturbios que cada cierto tiempo
vienen a azotarme.
Sería mucho más fácil para todos
incluso para la gata
si me levantara de la silla
recogiera la pañoleta
que heredé de otra poeta
y emprendiera un camino
sin recuerdo
ni foto
ni memoria.
 
 
 
En estos días por esta casa
En esta casa de paredes tiznadas de un verde raro
y ruidos que se oyen solo de madrugada
vivimos dos hombres y una gata
rodeados de libros espíritus pinturas
y el equipaje que ambos trajimos del pasado.
Todo se ha cubierto de un mismo esmalte
que impide distinguir quién es quién.
La gata sabe manejarnos:
cada mañana nos despierta exigiendo agua y comida
gira en círculos por mi lado de la cama
esperando que aparte la cortina para así posarse
y entablar conversación con pájaros y lagartijas.
Hemos vivido juntos todas las fechas del calendario
hasta un árbol de navidad tuvimos un diciembre
y antes de tiempo lo arrastramos hasta la acera
donde quedó olvidado.
Yo vivo flotando por los aires
soñando con marcharnos hacia el Norte
pero mi cómplice echa el ancla y me devuelve a la tierra.
Este día catorce que todos dicen debe ser colorido
lleno de signos de exclamación y frases tan usadas
no es más que un invento de pícaros que buscan oro.
En esta casa donde vivimos dos hombres y una gata
celebramos a diario que todavía queremos compartirla.
 
 

Estos poemas pertenecen al libro Los poetas nunca pecan demasiado (Editorial Betania, 2014) que se presentará el próximo sábado, febrero 8 a las 6:00 p.m. en el Centro Cultural Español (1490 Biscayne Boulevard, Miami, Florida 33132). Presentación a cargo de Maricel Mayor Marsán.

 

Manuel A. López (Foto de Ulises Regueiro)

Manuel A. López
(Foto de Ulises Regueiro)


 

MANUEL ADRIÁN LÓPEZ. Nació en Morón, Cuba (1969). Poeta, narrador y promotor cultural. En 1980, llegó a los Estados Unidos con su familia. Creció entre California y La Florida. Fundó en 2006 la Galería Zu, espacio alternativo de tertulia artística y literaria, que mantuvo hasta el 2010 en Miami. Es director de Project Zu, un programa de fomento y difusión de actividades culturales. Su poesía ha sido publicada por revistas como Arique, Baquiana, Contratiempo, La Peregrina Magazine, LaFanzine, Linden Lane y Ventana Abierta. Su primer libro de poesía, Yo, el arquero aquel, fue publicado por Editorial Velámenes (West Palm Beach, Florida, 2011). En julio del 2012, se publicó digitalmente por TheWriteDeal un libro de cuentos cortos en inglés, titulado Room at the Top, y una versión revisada será publicada en junio de este año por Eriginal Books.

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4 comentarios el “Buscando Dioses y otros poemas

  1. Elvira de las Casas
    01/02/2014

    Felicidades a Manny que, con constancia y sensibilidad, ha ido encontrando su camino en la poesía y ya nos regala poemas como estos, maduros y certeros. Que vengan muchos más.

    • Manny
      01/02/2014

      Gracias Elvira, y muchas gracias a Valls, y a todo el equipo de Conexos

  2. Maria Cristina Fernández
    02/02/2014

    Manny, transitar por la poesía es un camino y un misterio. Siento en estos poemas ese sereno desasosiego del que busca respuestas que sabe de antemano, no llegarán nunca. No hay prisa entonces; el camino en sí es un don sin recompensa. Gracias por la entrega.

    • Manny
      02/02/2014

      Gracias Cristina!

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 01/02/2014 por en Poesía.
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