Revista Conexos

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A propósito de la exposición “Retrospectiva en blanco y negro” de Iván Cañas

MARÍA CRISTINA FERNÁNDEZ

 
“La cotidiana ilusión de renacer”

Llama la atención que una muestra anunciada como una retrospectiva de Iván Cañas no contemple más del conjunto de su obra como fotógrafo, donde pudieran tener pertenencia imágenes como la de un torcedor de tabaco hondureño, un grupo de enmascarados que se divierten en una parranda de El Salvador, o vestigios de una misión jesuita abandonada en el Paraguay. Lo que vemos en esta exhibición presentada por la Cuban American Phototheque es un conjunto de fotos en blanco y negro que abarca, según precisa el catálogo de la muestra, “the tumultuos time from the ‘60s to the ‘80s”. Consideraremos entonces una excepción la imagen de un sonriente y anciano pintor llamado Mijares, cuya fecha al pie indica el año 2001. Agrupadas en el espacio por una lógica referencial que pretende delimitar ciertas categorías, estas imágenes nos llevan a campos, calles, cementerios, talleres, hogares…, donde entidades solitarias o miembros de asociaciones humanas narran visualmente sus funciones en una momentánea temporalidad. La crítica de arte cubana Grethel Morell Otero al hablar de esa época en que Iván Cañas hacía sus entregas a la revista Cuba Internacional, reconoce que “El cubano nuestro de cada día, el personaje de, por y para el pueblo, y la vida cotidiana de La Habana no galante, o de otras franjas de la Isla rural o urbana (como Caibarién o Trinidad)…” es el protagonista de este género llamado fotodocumentalismo tan ampliamente cultivado en esos años. Aquí están para ilustrar esta observación la instantánea en que un grupo celebra una fiesta bajo un pretexto político, pero con un desenfado total. Recordemos que “el peso del socialismo” podía ser también liviano para el cubano de a pie. En otra, un adusto miliciano custodia un lugar donde se lee un letrero que resulta todo un anacronismo: “Guarnición Mambisa”.

Registrados están otros componentes del tramado social: los sepultureros que posan en los predios de la muerte, un anciano vendedor de flores con su carretilla hecha de tablas, un mendigo, cuya ocupación persiste a contracorriente de los tiempos de inclusión. Algo de “la Cuba de antes” permanece en la edificación del nuevo país. Serán llamados con eufemismo “rezagos del pasado”, sin adivinar que en un futuro no lejano un pedigüeño será un adelantado de los tiempos. No faltan los veteranos de la Guerra del 95; hombres ya centenarios que con la prestancia de un retrato de familia posaron para la cámara, teniendo como fondo el exterior del asilo que los acoge en un barrio de la Víbora. Longevos que han sobrevivido a las contiendas de la guerra y del vivir, con vetustos sombreros y bastones son eternizados por Iván; su presencia nos recuerda la sobriedad de la estatuaria. También está la negra cimarrona que cuenta callando, y la mulata que recostada a un portón colonial, en rolos y pose coqueta, sonríe a lo amplio. Todavía hay candor en esos rostros de cubanos, o en el inmigrante jamaiquino aplatanado en la Isla; en la muchacha y la niña asomadas a la ventana de una guagua detenida donde algunos han rallado sus nombres, en el niño que hace una pirueta al lado de su abuela, sentados en el quicio de un caserón de Trinidad. Lo peor no ha llegado a irrumpir en el orden de cosas que apelaba a lo justo y pedía de todos confianza. El cubano, al posar para el lente, se ofrece sereno; otros serán los tiempos en que clame, exija, arrebate en el gesto.

Pero volvamos al trabajo del reportero y entremos en su serie pródiga de la zafra. Se conoce que uno de los mejores ensayos fotográficos del tema en esa época fue hecho por el suizo Luc Chessex, el propio Cañas y el también cubano Enrique de la Uz, y fue titulado “No hay otro modo de hacer la zafra”. Los macheteros retratados por Iván tienen algo de la impronta de los barbudos de la Sierra. Advierten que se puede sudar y reír a un mismo tiempo, que hay algo viril en el sacrificio. Todavía los reveses no suman demasiado como para no ser susceptibles de trocar en victorias. Tampoco se ha encendido del todo la hoguera de la prohibición religiosa, y en los hogares que el fotorrepotero penetra puede encontrarse un ícono religioso en medio del candor doméstico que se levanta del piso de mosaicos a los muebles de caoba. Algunas fotos son más elocuentes al revelar ese suave dios del kitsch instalado en un rincón preferencial de la casa, o la veneración serena de los familiares difuntos que son parte de la vida hogareña. Lugar reservado tiene también en la muestra ciertos rostros de cubanos que marcaron pauta en la cultura nuestra, como el músico Chapotín, o Lezama Lima, a cuya casa llegó Cañas de la mano de su maestro Raúl Martínez. A pesar de su fama de reticente, el autor de Paradiso no puso objeción a dejarse eternizar por quien le hiciera una serie bien genuina y sin solemnidad.

Reflexionemos ahora sobre cuántos cubanos de hoy se visten con impostura para atraer la atención de los turistas, que cámara en mano se pasean por una Habana restaurada en su matriz para ayudar a recrear las estampas que coronarán su viaje. Negras ataviadas con turbantes floridos mascando un tabaco, mulatas con atuendos coloniales para amenizar el entorno, algún tipo vestido a la usanza militar, con el traje o la gorra saturada de medallas, pioneros listos a congraciarse con los “yumas”, posarán a cambio de moneditas, golosinas, o alguna otra esperanza de retribución. Si Iván Cañas aterrizara en la Cuba de hoy, una Cuba que ha visto cerrar sus fábricas, sus centrales y sus grandes proyectos de inclusión social, ¿cuáles otras serán las imágenes que podrá captar, digamos, para una segunda entrega de “El cubano se ofrece”? Presumo que junto a estas que he recordado aleatoriamente, encontrará algún que otro solitario que representa una estirpe diferente dentro del conglomerado social. Además de que siempre quedarán muros que exhiban los signos de los tiempos, callejuelas, vagones abandonados, ropa tendida al sol, y rostros tenaces; los múltiples rostros del cubano que resurge, como el ave fénix, de la cotidiana ilusión de renacer.

María Cristina Fernandez (Foto: Cortesía de la autora)

María Cristina Fernandez
(Foto: Cortesía de la autora)

María Cristina Fernández. Narradora. Tiene publicados los libros de cuentos “Procesión lejos de Bretaña” y “El maestro en el cuerpo”, además de otros dos libros para niños. Cuentos y textos suyos han aparecido en revistas y antologías de Cuba, EEUU, México y España. Desde el año 2006 vive en Miami.

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5 comentarios el “A propósito de la exposición “Retrospectiva en blanco y negro” de Iván Cañas

  1. Elvira de las Casas
    01/02/2014

    Esta reseña me ha puesto a imaginar a Iván tomando fotos en una Cuba después del desastre. Ojalá que esa imagen se haga realidad pronto. Gracias a María Cristina, por regalarnos este hermoso texto.

    • Ivan Canas
      27/02/2014

      Cara Elvira….ojala tu imaginar se convierta en realidad, pero por favor, que sea en breve, para poder volver a caminar por las calles que tanto amamos con la camara al cuello…

  2. ena curnow
    03/02/2014

    Ivan es un poeta con su camara y con su vida. Una sensibilidad enorme tiene su existencia, pero ha quedado asi reducido a su espacio y ha sido remiso a salir a la palestra publica. No es hasta ahora que la prensa voltea los ojos hacia el, y que el se percata de la necesidad de que otros lo conozcan. Es humilde aunque quizas no lo parezca. Esto que nos trae es solo un asomo de quien es y cuan honda ha dejado su huella. Ivan es tambien un Lezama Lima, un Lichi, un gran nombre en la plastica cubana y por que no miamense, aunque esta parte de su obra ande oculta, como el mismo, perdido con su guitarra en ristre, en las noches.

  3. Dagoberto M
    27/02/2014

    No entiendo lo que quiere decir la comentarista Ena C, vemos al maestro Canas siempre apoyando todas las actividades plasticas en Miami,es uno de los mas queridos y mimados por nosotros los jovenes fotografos.
    En el 2010 vimos su expo memorable Lezama Lima.
    Oculto el maestro Ivan Canas?,
    Que locura!

  4. Ivan Canas
    27/02/2014

    Muy bello el comentario de la Dra Curnow….siempre con su prosa impecable y su redaccion perfecta……Gracias…….Ivan

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 01/02/2014 por en Crítica.
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