Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

La prisionera

ALEJANDRO LORENZO


 

Sentadas de cara al océano tomábamos café en vasos de cartón. Ella era mi custodio. En su mirada había cierta perversidad que me excitaba. Estuve a punto de acercarme y besarla, pero ese impulso conllevaría a que nunca me permitieran volver a ver el mar.
—¿Es verdad que te has pasado los mejores años de tu vida escribiendo?—. Me preguntó y noté por el tono de su voz que destilaba cierto reproche.
La pregunta me tomó por sorpresa y requería para responderla una reflexión más profunda que en aquel momento no podía hacer. Aquella muchacha, sin querer, había puesto el dedo en la llaga.
—No sé qué decirte, posiblemente sí.
Le contesté para salir del paso, ganar tiempo y de esa forma meditar.
Comencé a cuestionarme si escribir, en el orden personal, valió la pena. Si tuvo sentido las innumerables noches sin dormir sentada frente a la vetusta máquina Smith Corona de teclas duras y gastadas. Por la creación, arrojé la simplicidad de la vida. Quedé atrapada como una araña entre las hojas de un voluminoso libro. Era de las que creía que compartir con otros la cotidianidad, conllevaba a hundirme para siempre en lo intrascendente. Me volví por lo tanto una criatura solitaria, rara y estéril. Me torturaba la idea de llegar a ser alguien insignificante. Creo que bajo esas inquietudes se forjó la intelectual que tanto anhelaba. Hoy mi nombre figura en la primera plana de periódicos de países y ciudades que ni logro conjeturar su existencia, y mucha gente lee mis libros y personalidades influyentes, presionan a los que me tienen encerrada para que me liberen definitivamente.
¿Y toda esa fama a estas alturas de mi vida qué significa? ¿Qué represento para esta muchacha cuya claridad en sus ojos me conmueve? ¿Sería ella capaz de amarme?
—¿Me amarías?—. Le pregunté con un nudo que se me hizo en la garganta. Sonrió. Observé que sus dientes eran pequeños, parejos y con ese esmalte que únicamente tienen los niños. Con sus dedos ligeramente tocó mi mano.
—Usted es una persona que muchos podrían amar. Sabe, he leído a escondidas sus escritos.
—¿Qué te han parecido?
—Puedo asegurarle que obligan a uno a ponerse a pensar y se siente que han sido escritos por una mujer que ha corrido mucho mundo.
Al oír eso, sentí vergüenza por mis canas, por mis arrugas, por mis tetas flácidas, por la línea amarga que se hacía visible al final de mis labios. ¡Qué horror!, cuanto tiempo malgastado. Jamás he sido una mujer que ha corrido, ni ha conocido el mundo. No he salido, como dicen, ni a la esquina. Soy un simulacro. Eso. Quizás un derivado de la ficción creada por mí misma. Hubiera deseado en aquel instante acariciar a esa muchacha, decirle la verdad de quien realmente era y lo humano que había en mí y que de forma mezquina nunca lo había compartido con nadie. Nos quedamos en silencio.
Luego ella me clavó sus ojos con la acostumbrada severidad de quien tiene la tarea de vigilar a otro.
—Es hora de irnos—. Anunció y guardó los vasos de cartón en una bolsita de nylon.
Volví a avistar el mar antes de emprender el camino de regreso. La intención es contemplarlo en cada oportunidad que me lo permitan, me dije, a la misma hora, en el mismo sitio, como quien establece en secreto al final de su vida un misterioso ritual.


 
 

Este cuento pertenece a su libro inédito La frágil soga que ciñe al cordero.

 

Alejandro Lorenzo (Foto cortesía del autor)

Alejandro Lorenzo
(Foto cortesía del autor)


 

Alejandro Lorenzo, La Habana, 1953. Escritor y pintor. Ha publicado los poemarios La cuerda rota, Editorial Letras Cubanas, Cuba, 1991, La piedra del cielo, Editorial La Torre de Papel, Miami, 1994 y Antes y después del mar por la misma editorial en 1999. Su libro de narrativa Jornadas de Mateo ha sido publicado en México y en edición bilingüe en EUA. Ha ejercido sostenidamente la crítica literaria en El Nuevo Herald. Es autor del blog “El Ojo que avizora”.

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Un comentario el “La prisionera

  1. vlaco
    30/03/2014

    Me gustó,Cargado de un drama humano muy común al ponerse metas los seres humanos , El guion que se escribe según pasa la vida y que solo al final podemos contarlo pero no variarlo

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 30/03/2014 por en Narrativa.
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