Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

DELTEDIO y su esplendor

MARÍA CRISTINA FERNÁNDEZ

 

“La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan”. Así comienza Octavio Paz su ensayo “Poesía y poema”, aunque bien se avienen estas palabras introductorias con el último poemario de Jesús Alberto Hernández Díaz, DELTEDIO. Tinito ha dejado atrás el “sanctasantórum “pero queda la puerta abierta para cuando sus deberes de hierofante doméstico lo reclamen de vuelta. Hay también tierra fértil para el poeta en esos labrantíos donde la historia y los mitos se aprestan a dialogar con su intimidad. Diríase que no acude a ellos por floreo, o por eludir la chatura cotidiana, sino porque allí encuentra fundamento, claridad y fortaleza para el vivir. Tinito ha hablado antes con sus muertos y de sus muertos. Con sumo respeto hemos tocado el vacío dejado por el padre, sabemos de la disolución del territorio que antes fue llamado hogar, nos ha dibujado con la precisión de un dibujante espiritual el ámbito que ocuparon una tía singular, una hermana efímera… No hay una ruptura total, tal vez una simbiosis entre un mundo que expira y el otro al que se aspira: un delicado contrapunteo entre lo heredado por la sangre y el bagaje que se adquiere en la inmersión en la cultura. Del mundo natal asoma recio el poema “Madre” o “Agosto1992”, o la hermosa plegaria a Eliseo Diego, a quien profesa una proverbial veneración: “la pipa que en un pedestal he puesto, no te rías, hablo en serio; / la pipa grácil con que te invoco”.
  La noción de viaje es intrínseca a su misma definición poética del tedio: “Ahora hablemos sobre el tedio, pero no como un estado en que impera el hastío, sino como una ciudad de la consciencia, una ciudad como Corinto, Atenas, etc., ciudad que debemos escudriñar, porque “conocerla” significa conocernos. Damos por sentado que la invasión al tedio no será en nombre de la pasividad, sino que se impone escudriñar, ser inquisitivos, porque el tedio es también “un estado de conciencia”. “Porque en la tiniebla la imaginación es más lúcida, cabe decir que el tedio es la sabiduría de Dios; la raíz de todas las desgracias.” Reconoce Tinito que este libro fue escrito en su mayor parte en esa temporada en el infierno que transcurrió en el año 2012, cuando le dieron “lay off”. Discurren las enumeraciones creando una sensación de un ojo claustrofóbico que mira: “Merda de lagartijas, /relojes/filtros/tronos/ de hormigas/cucarachas/ eléctricas las horas”. ¿Qué más ve el poeta en su confinamiento, apartado del juego medular de los hombres que venden su vitalidad en el mercado de trabajo? “La biblia/las espinas, /el martillo/la cruz/y estas cuatro paredes.” En otros textos pareciera que la tensión se concentra entre la conciencia del individuo frente a los cuestionables paradigmas de la civilización, como un Prometeo con una misión trastocada: “Yo, que todo lo ignoro, he de ser encadenado, / por echarle leña al fuego”.
  No es casual que Tinito penetra en las alegorías y lecciones del pasado histórico: Grecia, Roma, Egipto, le hacen guiños al presente. “El emigrante es como un gladiador”, pone un parlamento en boca de una “garota” que le sirve un café y “limpia la cafetera con el tedio”. El poeta mismo, que ha tenido que investirse en mecánico, vendedor o albañil, sabe de qué habla la muchacha. El goteo lento de eso que llaman civilización horada demasiado sobre el presente. “Sobre la tierra, hinchada de tragarse tantos cuerpos, caen las vísceras del águila y sus prometeos en bancarrota. Prometeos en su gloria amarillenta”. Están también las “voces que pronostican la venida del huracán, /cuervos que predicen el aumento de la gasolina;/ la incertidumbre laboral”. Los agoreros del futuro inmediato dejan caer su peso sobre los cuerpos más vulnerables. “NO VOTEN POR OBAMA, alguien grita. / En el estacionamiento de WAL-MART, / yo me nutro de los misterios del bambú/ como quien se apoya a un árbol mutilado.” Otra alternativa para el poeta es echar mano a su intensa capacidad de ensoñar; escapar por la tangente de la evasión: “Tu alma como la hiedra en las colmenas de los pórticos,/ majestuosamente se define./ Yo, intento alcanzarte, pero de pronto te aleja./ Alguien rompe el embrujo./ De nuevo el ajetreo de los mecánicos, el calor/ y el estrés”. Otros desplazamientos nos traen la muerte de regreso, ahí está sentada junto al hombre que rueda un vehículo fatídico sobre lo que resta de naturaleza. El poema “Oppen” es escalofriante en imágenes mortales, aunque concluye con una salida que retiene sobre lo destructivo, una dosis de serenidad: “Las luces de los patrulleros, el peaje en la distancia/ y el humo de los árboles tribales/ vaticinaban el regreso a Collier”. Hay otras maneras de acechar la muerte más cercanas a la introspección como en el poema que dedica a José Luis Cabrera Pelencho: “En el nimbo/ sobre la sinagoga/ el incienso y el libro/ de Allan Kardec,/ vuelve sin cuerpo el sastre”.
  El lenguaje de DELTEDIO por momentos llega a dar la impresión de ser aleatorio si no comprendemos que ciertos giros, palabras de otras lenguas, socorren al poeta en su intención de convocar determinados estados de ánimo, impresiones, referentes, que dichos de otro modo ya no serían lo mismo. Esto puede justificarse con los propios versos de Jesús Alberto: “…de espaldas a Atenas/ escupe unas palabras/ que al ser traducidas/ pierden el encanto”. Esta apropiación idiomática de naturaleza múltiple no es nada nuevo en la poesía cubana. Pienso en “Lingua Franca”, de Omar Pérez, por ejemplo. También puede ocurrir que la avidez de Tinito porque lo expresado se aparte de la convención pero gane en efectividad semántica, lo lleve a gestar una palabra: perradumbre. Si algún texto lo exige, lo hará a la manera de e.e. cummings, como en “My back pages”, o en “Der-Steppenwolf” remedando quizá a Rolando Jorge, del que ya sabemos por otro texto del libro qué sorpresas encontrarán en su cráneo durante una trepanación. Conversará con los heterónimos de Fernando Pessoa en una zona de ilusión donde lo literario y lo personalizado se diluyen. “Aun cuando hay en mí una carencia antigua, (me queda la gracia de hilvanar versos y esa gracia es el motor que me impulsa porque en ella me transporto hacia otras vidas.” No será la única carencia: “pero carezco de la gracia de Proteo, adentrarme en mis entrañas y leer las vísceras, aunque dicen que en la tiniebla la imaginación es más efectiva, yo que siempre he andado en tinieblas colocando imágenes con el cemento de mi ignorancia”.
  No reniega el poeta de la tiniebla o del tedio; allí coloca sus imágenes, junto a ellas y con ellas ensueña y desvela. Allí trasiega con esa frágil materia que recubre la vida, que alumbra la pureza de sus recónditos momentos: “nada es tan real como el aroma del café que mi mujer está preparando, nada es tan real en este instante como el aroma que estimula a los muertos, siendo ese el más sólido eslabón que me conecte con el pasado” DELTEDIO es un libro mortalmente vital. Hemos de agradecer a su editora, Margarita García Alonso, de Ediciones Hoy no he visto el paraíso, por este acierto. Y a Jesús Alberto Díaz Hernández, que ha sabido entregarnos entre humilde y sentencioso la realidad del tedio y su esplendor.

 

Poemas de Jesús Alberto Díaz Hernández

Madre

“nur Erde sole zur Erde werden”.

Gottfried Benn

 
      Madre,
de este lado del auricular
ya comenzamos a comernos unos a los otros
y de poco sirven las palabras cuando se rompen como un juguete
en las manos de un granuja,
irrumpe la ausencia abriendo zanjas en la piel,
      sin embargo,
en las horas más oscuras no me ha faltado Dios.
Reniego a veces.
      Madre,
estoy hastiado de pagar impuestos,
el salario apenas me alcanza,
a decir verdad: “no me alimento bien”
y la chica de quien te hablé se ha ido,
lo que surge del polvo, al polvo ha de volver
al perro de Lázaro lo han puesto a dormir,
sus garrapatas le fueron fiel en el deceso.
      Madre,
mi segundo libro tuvo una presentación decente
pero en estos predios la poesía no garantiza el pan sobre la mesa,
así que sigo arañando las piedras,
aquí, donde las mujeres se maquillan en los carros,
como en Hollywood, hay cámaras en todas partes,
   en esta comarca de chupa/cabras
   todos los días empeñan a Cristo
   a mí también, han de juzgarme
han de cercenar mis versos sobre tísicas conjeturas.
      Madre,
no he cambiado el filtro del aire acondicionado,
en este tugurio hace un calor escamoso,
ya me arde la vista y son casi las 3,
   debo dormir un poco,
la alarma ha de sonar a las 6:00 A.M.
 
 
 
Unas palabras a mi padre
 

“non, rien de rien, non, je ne regrate rien”.

canción de Edith Piaf

 
Teniendo en cuenta la conmemoración de este día,
insignificante tal vez, en otro lado del mundo,
a pesar que hemos estado distanciados hace casi 7 años,
te escribo hoy estas letras a través de una red social cuya resonancia,
      no llega a tu chamizo.
 
Teniendo en cuenta que Dios tiene un negro sentido del humor,
es posible que alguien las lea y te traiga la novedad
que después de varias lenguas ha de llegar tergiversada.
Aunque estamos infestados de redes vocingleras,
me amedrenta saber que pasarán tus días sin conocer a tu nieto
      (no te extrañes, yo tampoco)
cuando salí de Valencia
la madre siquiera estaba grávida,
ya ves, la maldición se repite,
      je reparas a zero
Teniendo en cuenta las particularidades de la fecha,
he de caer en un lugar común, novedoso para mí,
pues nunca antes había dicho, o escrito: “feliz día Papá”
quizás cuando niño alguna vez. No lo recuerdo,
bien sabes que crecí ajeno a esa costumbre que me acecha
como un virus en la computadora.
        Aunque
        no me arrepiento de nada:
        non, rien de rien
        estos años que he estado sin hablarte
        han hecho de mí un escritor, un poeta; pero no
        una mejor persona.
 
 
 
De María Josefa
 
La arquitectura de la inocencia
se disolvía sobre tu cuerpo,
mientras los labios negros de Kali
enjugaban el azufre de
tu rostro de ángel excomulgado
sonriéndole a la sombra,
desde la eternidad de tu ser,
te veo tras el manto de Somnus, tísica,
sin rostro, en un fantasmagórico
mar de sargazos, donde la abstracta
caligrafía de los adioses augura
nuevos cánones/ nuevos nekrós
arrojados a las profundidades.
 
Mientras los labios negros de Kali
Aún enjugan las lágrimas de loto,
y el halo de tiniebla que nubla
la imagen (tú, que tan solo fuiste
ave de plumas epidérmicas,
paxaro oferecido a las furias
te has transmutado en un ser ignoto,
en un ser que escamotea tu esencia;
tu esencia ante mis ojos. Ya ves,
no puedo descifrar los contornos
y sin embargo sé que eres tú.
 
 
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María Cristina Fernández (Foto cortesía de la autora)

María Cristina Fernández
(Foto cortesía de la autora)


 

María Cristina Fernández. Narradora. Tiene publicados los libros de cuentos “Procesión lejos de Bretaña” y “El maestro en el cuerpo”, además de otros dos libros para niños. Cuentos y textos suyos han aparecido en revistas y antologías de Cuba, EEUU, México y España. Desde el año 2006 vive en Miami.

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4 comentarios el “DELTEDIO y su esplendor

  1. tinitodiaz
    31/05/2014

    Cuán Agradable Sorpresa! Gracias Cristi, Una Vez Más!

  2. Manuel Vazquez Portal
    31/05/2014

    Excelrnte nota. Se adentra en el suntuoso laberinto del espuritu de Tinito. Gracias por ls brujula y la luz, Maria Cristina.

  3. Excelente nota, muy contenta por Tinito, su libro merece! Gracias Maria Cristina.

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 31/05/2014 por en Crítica.
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