Revista Conexos

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¿Erótico o pornográfico? (Un estudio en busca de los lindes literarios. Parte V)

ENA COLUMBIÉ

¿Erótico o pornográfico?
(Un estudio en busca de los lindes literarios. Parte V)
 
Edad Moderna

La Edad Moderna, la historiografía anglosajona considera que todavía pertenecemos a la Edad Moderna, y hace su categorización considerando al periodo entre los siglo XV al XVIII como Edad Moderna Temprana, y de los siglos XIX y XX como el centro de estudio. Sin embargo la generalidad de los historiadores trata de ubicar la Edad Moderna desde mediados del siglo XV a finales del siglo XVIII, época que se circunscribe, entre la Toma de Constantinopla por los turcos en 1453 y el inicio de la Revolución Francesa en 1789. Esta era esplendorosa que tiene como centro al hombre, individuo independiente capaz de desarrollar su sociedad y lograr grandes descubrimientos científicos, ideológicos, tecnológicos y geográficos; modifica en gran medida la economía, y permite el intercambio entre el viejo y el nuevo mundo, muy productivo para ambos. Se crea una sociedad jerarquizada donde los privilegiados son: La nobleza y el clero que poseen el poder jurídico, económico y político en la escala superior; pero la burguesía se arma y logra La Reforma, el primer movimiento de lucha política anticlerical, contra el Papa y la Monarquía. Con la Reforma aparecen, el humanismo, el Renacimiento y el capitalismo. La iglesia no se queda de brazos cruzados y lanza una contrarreforma en la que se interviene renovando algunas órdenes como Franciscanos y Carmelitas, y se crean otras como la Compañía de Jesús; pero el Concilio del Trento (545-1563) es el que con una avanzada, propagando la fe por el nuevo mundo y otras tierras distantes, y reafirmando la libertad del hombre, logra reformar la iglesia católica.
  No obstante a las reformas de la contrarreforma, la iglesia y el estado que como ya dijimos ocupaban el poder, también controlaban la información, la comunicación y todos los ámbitos de la tecnología; fueron autoritarios, dogmáticos y normativos, fiscalizando la palabra hablada y escrita de manera que los escritores fueron censurados, de forma visceral, imponiéndoseles normas literarias rigurosas (Cualquier similitud con lo que sucede hoy en la más grande de las islas caribeñas, es pura repetición de un viaje a la semilla). Se prohibieron obras de Quevedo, Góngora y otros muchos bajo acusaciones de lascivia, sucias e indecentes.
  Uno de los momentos de mayor esplendor de la conciencia en el mundo fue sin dudas El Renacimiento, corriente del pensamiento que pertenece a esta era. Una fuente humanista, intelectual, filosófica, artística y literaria, en la que se involucró todo el conocimiento humano. Este carácter social surgió en Italia y ocupó toda Europa. El Renacimiento regala al hombre su bien más preciado después de la existencia: la inteligencia. Por primera vez conscientemente, el hombre se da cuenta de que el paso por la vida, debe convertirse en una época de diversión y complacencia, antes de la muerte. Si bien es cierto que desde que el ‘homo sapiens’ comenzó a erguirse ha tratado de pasársela bien —y generalmente lo ha hecho— sólo ahora tiene la sabiduría epistemológica para tratar de hacerlo lo mejor posible, porque su preocupación fundamental a partir de ahora, será él mismo.
  El centro teórico de la doctrina renacentista parte del hombre, pero no de una ruptura con la época anterior —Edad Media— como casi siempre se repite estúpidamente, porque de hecho estaríamos negando todo el desarrollo humano anterior. Aunque el nuevo hombre renacentista considera malsana y sombría la época medieval, trata de encontrar nuevos valores en el antropocentrismo y el humanismo, que lo enriquezcan, que lo sitúen como centro del universo, y lo preparen para dirigir su propia vida y mejorar su mundo. Para ello tiene que hacer una búsqueda en el razonamiento y el equilibrio, una investigación y estudio de la tradición, que le permita tomar las herramientas para renovar, y formar al nuevo individuo y a la sociedad, con cultura, sensibilidad, y sobre todo, el conocimiento de las artes, las letras y las ciencias. Lo que hace reaccionar al hombre, lo que le ilusiona es poder llegar al conocimiento científico, al surgimiento de los artefactos, las maquinarias, poder explotar de una vez miles de años de saber almacenados.
  El renacimiento literario fue una parte de toda esa vorágine de ilustración. Algunos lo ubican en la última década del siglo XV, hasta la muerte de Calderón de la Barca en 1681; otros lo sitúan en el período que abarca aproximadamente desde 1450 a 1600, pero la fecha histórica es también oscilante, ya que las ideas que lo sustentan se estuvieron cocinando desde antes, con Dante, Petrarca y Boccaccio.
  En este período hay un renacer de la literatura, las artes y las ciencias, el hombre deja de lado la religiosidad fanática, y aunque mantiene su creencia, se sumerge en los campos del conocimiento humano. Es una era de conquistas y hallazgos en la que sobresalen los nombres de: Leonardo Da Vinci (Italia, 15 de abril de 1452–Francia, 2 de mayo de 1519) fue arquitecto, ingeniero, pintor, escultor, inventor…, es la representación más genuina del Renacimiento, considerado el hombre más multifacético e inteligente de la historia; Galileo Galilei (Pisa, 15 de febrero de 1564-Florencia, 8 de enero de 1642) matemático-físico y astrónomo, revolucionario de la ciencia, es considerado el padre de la ciencia, de la física y astronomía moderna; Isaac Newton, (Inglaterra, 4 de enero de 1643-Inglaterra, 31 de marzo de 1727) científico, inventor, físico, matemático y filósofo, fundó, la Mecánica Clásica; Cristóbal Colón (Génova, 1436≈1456-Valladolid, 20 de mayo 1506) navegante, cartógrafo, almirante, gobernador general y virrey de las Indias Occidentales, mal llamado descubridor de América —No se puede descubrir lo que ya existe; William Shakespeare (Reino Unido, 26 de abril de 1564-Reino Unido, 23 de abril 1616) poeta, dramaturgo y actor, el más importante de los escritores de lengua inglesa y uno de los más grandes de la literatura universal; Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547-Madrid, 22 de abril de 1616) dramaturgo, novelista y poeta, se le considera como el más grande de la literatura española, entre otras cosas por escribir la primera novela moderna: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
  La literatura erótica del Renacimiento abre las puertas al placer, que a su vez genera el culto al cuerpo y el neoplatonismo. Boccaccio y el Decamerón habían irrumpido desde el medioevo, decididos a no quedarse quietos. Los Diálogos de amor (1535) de León Hebreo, mezclan el aristotelismo, neoplatonismo, la mística, la mitología… y renuevan el enfoque de la vida, regido por el deseo como poderío capaz de transformarlo todo. A ellos les siguen otros autores y muchas obras; una de las más importantes fue, Facetiae de Gian Francesco Poggio Bracciolini, una colección de historias breves con grandes argumentos en torno a la lujuria, y cuentos sobre las costumbres sexuales de Napoleón Bonaparte. Los escritos provienen la mayoría de la tradición oral.
  Otro grande sin dudas es Pietro Aretino, que con sus obras como Sonetti lussuriosi (Sonetos lujuriosos) y Dubbi amorosi (Dudas amorosas) descubre un mundo de bajezas sociales, fue muy famoso por sus ardientes escritos donde se mofaba de todas las castas. Su obra Razonamiento, narra las perversiones que él mismo experimentó. Antonio Beccadelli, es otro de los librepensadores, que cae en la censura debido a la “impureza” de sus letras; Hermaphroditude su obra más famosa, es una remembranza al erotismo clásico, así como su colección de poemas latinos, Priapeos, dedicados al dios fálico Príapo.
  I Modi (1524), es una serie de pinturas erótica de Giulio Romano, realizadas para la decoración del palacio de Felipe II, pero el artista Marcantonio Raimondi basándose en ella recrea las imágenes en posiciones sexuales explícitas, y las publica en 1524. Las ilustraciones con posturas sexuales produjeron una gran algarabía, ya que fue la primera vez, que la literatura se unía a la imagen manifiesta. Al conjunto de grabados eróticos sobre diseños de Giulio Romano, se unen dieciséis Sonetos lujuriosos de Pietro Aretino, provocando que el proyecto resultara un escándalo de grandes dimensiones. Para muestra, dos sonetos:

Soneto III

—Déjame la acaricie… ¡Oh tesoro!
¡Cómo sin esa joya ser feliz!
cuando me llena soy… ¡emperatriz!
¡Verga divina más que el oro!
Húndete en mí sin miedo, te lo imploro;
llégame de un envite a la matriz,
que no hay pieza que valga una lombriz,
si en la ocasión observa ruin decoro.
—Libro abierto en tu boca, amada mía.
Negarle a buena almena buen envite
es negarle a un enfermo una sangría.
Culos cate quien tenga leve falo
más quien goce, cual yo, de un buen retoño
busque siempre en las rajas su regalo.
—Dices verdad, que la ilusión del coño
son piezas cual ésta que me llena
el conducto que va del papo al moño.

 

Soneto X

—¡yo lo quiero en el culo, no te niegues!
—¡Oh mujer, me parece un gran pecado!
por ser un alimento de prelados
que han perdido el gusto para siempre.
—¡Mételo aquí! —No. —Sí, no te avergüences.
¡Por qué? ¿Ya no se usa el otro lado,
id este el coño? —Sí pero es más grato
carajo por trasero que de firme
—De ti dejarme quiero aconsejar:
Tuyo es mi rabo y, si te gusta tanto,
a tus órdenes se someterá.
—De acuerdo, mi bien: ¡empuja de canto
Suso, Ayuso, aguarda, eso es, ya está!
¡Oh rabo compañero, oh rabo santo!
¡mételo sin quebranto!
—Lo he metido con placer tan señero
que así me quedaría el año entero.

Por otra parte Lorenzo Veniero, autor de La puttana errante, y Niccolo Franco, autor de La priapea, son otros dos escritores eróticos de marcada fama en el florecimiento italiano. Franco, sarcástico e irónico, se enfrentó a la Iglesia Romana y la Inquisición, enfrentamiento que le cobró la vida, pero que no pudo impedir que su obra influyera grandemente en los escritores europeos de su tiempo, y de los posteriores.
  Francia cae rendida a la influencia italiana, y tiene su mayor figura en Francois Rabelais (Chinon, Francia, 1494-París, 1553) escritor, médico y humanista, al que muchos críticos insisten en considerar igual en casta literaria a Cervantes y Shakespeare. Es el paradigma del renacimiento francés, con una literatura filosófica de verdadera transición. Después de haber sido criado y formado en monasterios, decidió cambiar de orden; de los franciscanos a los benedictinos, debido la inclinación de los últimos a los temas humanistas. Sus ideas anticlericales son famosas y fueron neurálgicas en su tiempo: hay que acabar con los monasterios y los monjes, no cumplen su función, no sirven para nada, sólo alejan al hombre de Dios…, como también lo fue su genial obra Gargantúa y Pantagruel (1534), primera sátira en prosa que parodia los excesos del amor sensual y el libertinaje.

—Á Miedosa! —replicaba Grandgousier—. Datte prisa
con este, que en seguida haremos otro.
—Á Que poco os cuesta a los hombres decirlo! Bien,
Á pardiez!, será fuerte, si ese es tu gusto, pero
Á plugiera a Dios que te lo hubieran cortado!
—À El que? —inquira. Grandgousler.
—Á No seas necio! Bien sabes a lo que me refiero.
—À Te refieres a mi miembro? ÁPardiez! Siii así lo
quieres, manda traer un cuchillo.
—!No lo permita Dios! Que el me perdone. No lo
he dicho de corazón, y te pido que no tomes en cuenta
mis palabras. Pero si Dios no me echa una mano,
presiento que hoy será un duro trance; y todo por
culpa de tu miembro, para que te desahogaras a placer.

La obra critica las restricciones de los monasterios y abadías, declarando la necesidad de la convivencia de hombres y mujeres con entera igualdad. Es una comedia escatológica, filosófica y humanista, que rompe con todos los cánones literarios establecidos, y coloca al hombre como eje universal, representado por el gigante, que simboliza el ideal humano del Renacimiento; así como su voraz apetito, metáfora del apetito intelectual renacentista.
  Francés es también Antonie de la Sale, quien escribió en 1456, Le Petit Jehan de Saintré, una obra en la que una mujer viuda, ilustra a un joven en las artes del tratamiento social, incluyendo las amatorias. El libro es una sátira al pasado amor “cortés”.
  Otros ejemplos de la época dentro del mismo género erótico pero en Inglaterra, son los Cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer, una de las obras más cardinales de la literatura inglesa; fue la última obra del autor, y los estudiosos discuten sobre situarla en la edad media o en el renacimiento, como sucede con grupo obras en el período de la transición.
  España un tanto atrasada, señala el fin de la Edad Media e inicio del Renacimiento en 1492, fecha en que Colón llega a America. Uno de los mitos católicos cuenta que la conquista de España por los musulmanes se logró gracias al desenfreno sexual del Rey Rodrigo, por lo que siglos después los fieles católicos, para poner fin al poder islámico en la península ibérica, dieron una connotación sexual a la nueva guerra, planteando que los musulmanes eran hombres frágiles debido a las perversidades y perfidias sexuales en que se metían, a diferencia de ellos, que eran guerreros fuertes, muy machos e inmaculados. El triunfo sobre los musulmanes tonificó el concepto de que el país era virtuoso, católico, patriótico y heterosexual, por lo que se le consideró moderno, donde la homosexualidad fue considerada un desvío hacia el Diablo, mientras el matrimonio era un acto de amor a Dios, sobre todo por la cantidad de veces que repetían su nombre en la fornicación. ¡Menuda modernidad!
  Esa situación dramática y su extrema propensión católica, convierte en ilegal, y oculto, pero marcadamente apetecido, el tema del amor y los deseos. El terreno donde más se ceba la morbosidad sexual, es precisamente en los lugares de reunión “legal”: conventos, iglesias, monasterios; donde la “pureza” de los clérigos permite que se despliegue el erotismo en muchas de sus directrices: el rompimiento de los votos sacerdotales por la juntamenta de curas con devotas y monjas, el homoerotismo gay y lésbico, y el más aberrante de las parafilias que arrastramos hasta nuestros días: la pedofilia.
  Los escritores crean de forma andrógina, para disimular o travestir la propia literatura, esos son los casos de los “carmelitas” Santa Teresa de Jesús, y San Juan de la Cruz, y del “mercedario” Tirso de Molina. En Llama de Amor Viva, poema erótico-místico de San Juan de la Cruz, él se coloca frente a Dios como una mujer:

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!.

Otros nombres como Fray Luis de León, Juan Boscán, Garcilazo de la Vega, Francisco de Aldana, Alonso de Ercilla y Fernando de Herrera, son sólo algunos de una larga lista que reúne a poetas excepcionales. Muchos de estos escritores realizaron cambios en la lírica, y en la forma de mostrar la poesía, llegando al virtuosismo. Aunque fue influenciada por la poética italiana, la poesía erótica española, es considerada más grande, ardorosa y apasionada.
  Hay más nombres ilustres se unen a esa relación difícil entre mística, erotismo, excitación renacentista: Lope de la Vega, llamado el Fénix de los ingenios por Cervantes, es junto a Tirso y Calderón, máximo exponente del teatro barroco; pero también de la poesía y la narrativa. Lope modernizó todas las técnicas del teatro, muchas de ellas partiendo de sus novedosos métodos con que reflejaba poética y escénicamente, el amor y el erotismo.

Vencedor de estos despojos
me mata sin ser culpado,
que no sabe mi cuidado,
aunque le dicen mis ojos,
con amorosos enojos:
soy mariposa en llegarme
a la llama y retirarme,
y tanto amor me desvela,
que doy tornos a la vela
y no acabo de quemarme.

Las Bizarrías de Belisa (fragmento)
Lope de Vega

Góngora y Quevedo son influenciados por Garcilaso, y también describen un erotismo tradicional, que parte esencialmente de lo sensual y lo soñado. En sus poemas eróticos hay reflexión y visualización del acto en sí.

Al tronco Filis de un laurel sagrado
reclina, el convexo de su cuello
lamía en ondas rubias el cabello,
lascivamente al aire encomendado.
Las hojas del clavel, que había juntado
el silencio en un labio y otro bello,
violar intentaba, y pudo hacello,
sátiro mal de hiedras coronado;
más la invidia impuesta de una abeja,
dulce libando púrpura, al instante
previno la dormida zagaleja.
El semidiós, burlado, petulante,
en atenciones tímidas la deja
de cuando bella, tanto vigilante.

Del otro lado del Atlántico, la cultura americana no es otra cosa que una repetición, ya que el atropello de la mal llamada, “conquista”, se encargó de cubrir y amputar una rica cultura aborigen; y hasta siglos después, en que los investigadores se ocupan de rescatar la sorprendente cultura americana, se les impone la europea. No obstante al mimetismo, hay voces que compiten, y en ocasiones ganan, esos son los casos de los novohispanos: Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, México, 1580-Madrid, España, 1629) Carlos de Sigüenza y Góngora (DF., México, 1645-DF., México, 1700) y la máxima figura renacentista que asumió el Barroco español, Sor Juana Inés de la Cruz (Tepetlixpa, México, 1651-DF., México, 1695)

por primera vez en la historia de nuestra literatura una mujer habla en nombre
propio, defiende a su sexo y, gracias a su inteligencia, usando las mismas
armas que sus detractores, acusa a los hombres de los mismos vicios que ellos
achacan a las mujeres. En esto Sor Juana se adelanta a su tiempo: no hay nada
parecido, en el siglo XVII, en la literatura femenina de Francia, Italia e
Inglaterra.

Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe.
(Paz, Octavio. México: FCE, 1982, Págs. 399-400)

Sor Juana estuvo influenciada por Petrarca, Quevedo, Calderón y Góngora, sus poemas amorosos y eróticos gravitan en la desilusión y en un erotismo sublimado pero transgresor. En ella se encuentran los clamores del amor cortés, el carácter neoplatónico y el neoestoicismo barroco Su lírica recupera el derecho de la mujer de expresión, sobre todo en los temas amorosos. Una gran parte de su obra poética está dedicada a su amiga la Marquesa de la Laguna y aunque el tema del amor es desvinculado del sexo, existe una evidente tendencia lésbica, reconocible en las incesantes lisonjas a la belleza de la amiga María Luisa Manrique de Lara.

[…] y quise
ayunar de tus noticias.
Pero no de tus memorias:
que ésas, en el alma escritas,
ni el tiempo podrá borrarlas
ni otro objeto confundirlas.

Romance a la marquesa de la Laguna
Sor Juana Inés de la Cruz

 
 

Así, Lisi divina, estos borrones,
que hijos del alma son, partos del pecho,
será razón que a ti te restituya;

y no lo impidan sus imperfecciones,
pues vienen a ser tuyos de derecho
os conceptos de un alma que es tan tuya.

El Hijo, que la Esclava ha concebido
Sor Juana Inés de la Cruz (fragmento)

Así las cosas, los españoles renacentistas conjeturaban que el mundo estaba empañado por la corrupción, la depravación y el desenfreno y resumieron la época con una sencillez aplastante: Los ingleses habían roto con la iglesia por orden del rey, que quería salirse de su frígida consorte —la Catalina aragonesa— para casarse con la revoltosa y sensual Ana Bolena; en Alemania, el monje católico Martín Lutero, se casó con la monja católica Catalina de Bora para darle en la cabeza a la cristiandad, creando un movimiento crítico y protestante; los habitantes del nuevo mundo que siempre han llevado la peor parte, eran considerados unos feroces ladinos, que se complacían exageradamente con la cópula anal —opinión enraizada hasta nuestros días, sin que falte a la verdad—. Nada, que el hombre se soltó imponiendo con el beso en la boca y el sexo la libertad de pensamiento y acción, pero según los españoles, ellos permanecían impolutos, y realmente trataron de aparentarlo.

 

Ena Columbié (Foto de Axel Stein)

Ena Columbié
(Foto de Axel Stein)


 

ENA COLUMBIÉ (Guantánamo, Cuba). Escritora y artista gráfica. Licenciada en Filología. Ha publicado los poemarios: Ripios y Epigramas (2001), Ripios (2006), Solitar (2012) e Isla (2012). En narrativa: Dos cuentos (1987), la antología Las horas (2011), el cuaderno de crítica literaria El Exégeta (1995), y Luces (Editorial Silueta, 2013). Textos suyos han aparecido en las antologías Lenguas Recurrentes (1982), Lauros (1989), Epigramas (1994), Muestra Siglo XXI de la poesía en español (2005), La Mujer Rota (2008), y Antología de la poesía cubana del exilio (2011) entre otras. Codirige las editoriales, EntreRíos y AlphaBeta. Dirige el blog de ensayo y crítica de arte y literatura El Exégeta. Reside en Miami.

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Un comentario el “¿Erótico o pornográfico? (Un estudio en busca de los lindes literarios. Parte V)

  1. Orlando Villa
    04/11/2014

    Excelente ensayo..

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 02/11/2014 por en Ensayo.
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