Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Páginas para un brevario

JUAN FRANCISCO PULIDO

 
Páginas para un brevario

A Cuba…
(… un silbido lejano anuncia el tiempo en las iglesias.)

 

(Después de ver un desfile del primero de mayo y dos horas más tarde The Wall).

 

I
–Laudes–

Y vi las sombras hacerse largas
en una pared de hazañas carcomida
junto a manchas de sangre y barbarie
y gritos de fanáticos secuaces
–y fanáticos secuaces–
deseosos de un nombre en el muro.
Himnos, consignas,
–ladridos desgarradores de gargantas–
llenan el silencio,
matan el silencio
crucifican el silencio
amparados en carteles
que prometen aplastar a los callados.
Y miro a un niño
–límpio niño de rostro alegre y manos juguetonas–
un niño que será preparado para gritar
–para tratar de grabar su nombre en el muro–
un niño que no será más que sombra,
–sólo una sombra–
otro más, al pie del muro…
Y yo mirando, creyéndome víctima…
Soy un jodido culpable.

II
–Vísperas–

Sentado en un búnker escribo
–cansado de canciones gastadas y consignas malolientes–
que la vida está pasando entre bombas verdes.
El paisaje, siluetas grises
asusta a los canarios azules en busca de vino
vino que toman para olvidar que temen
que temen olvidar.
Un recuerdo lejano de algarrobos y cipreses,
un olor absurdo a bebé dormido,
retuercen la masa loca que impulsa
sumisos torrentes de privaciones.
Y sigo escribiendo entre mis bombas
Es mi escape ante la muerte
–ante el deseo monótono de escape–
Es la rabia de no hacer nada
contra los que desaparecen colores y confunden matices
es la impotencia del vino,
los canarios, el deseo
que se van
robados frente a mis ojos.
Y me refugio en un búnker
Sin cipreses ni algarrobos
–quizás quede el recuerdo–
La vida no acaba
No es justo
–¿será bueno?–

III
–Completas–

La vaga queja antigua
hizo eco en el muro de mis oídos
mientras buscaba dormir.
Los ojos saltones de sueño
apagados de toda esperanza
sintieron todo lo que fue bueno una vez
pulcro, callado, luminoso
y tantas cosas apagadas por el tiempo.
Junto a la queja viajaba el recuerdo
de besos absurdos y caricias robadas
risas y días sin noche y noches malgastadas.
Pero todo el deseo
–mi humilde deseo de hombre que no es hombre–
se vuelca hacia el foco de 40 watts
Que llegue el final
–tengo sueño–
¿Qué son esos punticos rosados y verdes?
¿Y esas manchas grasientas de muerte y vacío?
Al carajo la vida
–Soy libre pero tengo sueño–
 
 
 
Profesión de fe para un olvidado
 
Creo en la vida que se pierde
entre libros y papeles.
Creo, tal vez, en la utopía de un beso eterno,
quizás breve
(de unos 55 segundos más o menos)
pero eterno por el beso
por el acto en sí (dígase concreto).
Creo, a veces, en esos garabatos infantiles
(“ésta es mi mamá, éste mi tío, y éste…
bueno, éste no sé quién es”)
que mezclan colores y conceptos
y mandan al vacío los conceptos
(donde siempre debieran estar, creo…)
abrazando la silueta,
acariciando los contornos
de aquellos que generalmente nunca abrazan y raramente acarician.

Creo en los caminos difíciles
que desgarran la piel
la auténtica,
porque son caminos con nombres y huellas.
Creo en las huellas,
en toda su trascendencia
y en toda la vida que marcan,
aunque prohíban creer en algunas…

CREO EN LA DEMOCRACIA
          (sin comentarios…).

Creo en las personas
(no en sus sexos
con los que erróneamente
algunas veces piensan,
ni en sus actos
aunque duelan en el tiempo
más que el tiempo mismo)
porque veo en sus ojos
(más allá de sus ojos)
aquel sueño que expulsaron, exorcizaron, mataron
(¿jodieron?)
los que regalaban sueños aparentemente mejores
y así hacia atrás,
hacia el sueño mismo,
merecen volver a llorar
          (…sinceramente).

Creo en el estanco
en esa etapa grisácea
(muy parecida a las dictaduras desordenadas,
apestantes,
y en estado de descomposición
porque no hay con quién cogerla)
que al fin y al cabo
es otra opción.

Creo en la lluvia,
en los aguaceros invernales,
y en los cuerpos mojados
(sin catarro)
abrazándose en la calle
y abrazados por el frío
(que no les importa mucho).

Creo que la guillotina
no cumple con las normas,
esenciales,
de higiene y limpieza.
(Al menos no una
para varias cabezas…
y sus cerebros y sus almas y sus cadenas).

Creo, firmemente, que deben irse a la mierda
todos los gobiernos que nunca han tenido
de presidente a un zapatero
          (uno auténtico).

No creo en el tiempo;
pero uso reloj
(vanas incoherencias).

Creo en el último legado
del primer sanatorio;
en Momo;
en ti,
      (tu sonrisa);

creo
y aún me llaman ateo…
 
 
P.D. Mantengo mi creencia
entre libros y papeles,
y cines y videos y conciertos
y encuentros ocasionales de sonrisas y peces…
(sin espejuelos).

¡No quiero ser presidente!
sólo alguien que sueña su verdad
(tal vez la cante o la grite…)
y sabe que no miente.
 
Pulido 6 003
 

Juan Francisco Pulido Martínez (Cienfuegos, Cuba, 1978 – Minnesota, EE.UU., 2001), fue un niño precoz, un adolescente que deslumbró por su talento literario. Colaboró con sus artículos para las revistas Fides y Renacer. Escribió una obra al margen de las instituciones culturales oficiales. Llegó a ser líder de los grupos de jóvenes que abogaban por el respeto a los derechos humanos, por lo que la Seguridad del Estado lo detiene el 10 de septiembre de 1996. En 1997 se matricula en la Universidad de Cienfuegos, donde se destaca por sus conocimientos humanistas; en noviembre de ese año, se niega a participar en las elecciones alegando que no podía hacerlo en un país donde la única opción electoral era un solo partido, por lo cual es separado por tiempo indefinido de la Educación Superior cubana. Obtiene el premio de narrativa Vitral 1999 por su libro Mario In The Heaven’s Gate y otros cuentos suicidas. Ese mismo año, llega a los Estados Unidos como refugiado político tomando parte en eventos literarios, políticos y religiosos. En el año 2000, es premiado en el Concurso de Poesía y Narrativa del Instituto de Cultura Peruana con su cuento Días de huelga y la organización Hermanos al Rescate le otorga un premio por su valor dentro de Cuba como defensor de los derechos humanos. También en este año gana una beca para la Universidad St. Thomas en Minnesota. El 27 de febrero de 2001, se suicida en esa ciudad. Publicado post-mortem, la antología personal Es triste ser gato y ser tuerto (Editorial Silueta, 2012).

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Esta entrada fue publicada el 07/03/2015 por en Poesía.
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