Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Rimbaud me visita y otras historias

ERNESTO G.

Rimbaud me visita

Rimbaud ha venido a visitarme. Baudelaire se burla de él. Le llama florecita salvaje. Vallejo está sentado en una esquina con las piernas cruzadas. Frunce el ceño y habla de un burro que dejó en Perú. Dalí se acerca a Rimbaud y le dice: “Niño lindo.” Lorca se molesta y dice que se va a Nueva York a escribir unos versos. Bukowski abre otra botella de whisky y se saca los mocos. Henry Miller lo mira y dice: “Y pensar que..” y no termina la frase.

Leyendo a Fernando Vallejo

Salgo al patio y me pongo a leer un libro de Fernando Vallejo. Una extraña mariposa llega a molestarme. Da vueltas y vueltas tratando de llamar mi atención. Busco la cámara. Le tomo una foto. Por fin se marcha. De pronto un pájaro hace unos ruidos vulgares, pienso que es un ave enorme. Pero no, es una cosa diminuta. ¿Cómo es posible que un pájaro tan insignificante pueda hacer tanta bulla? Regreso al libro, FV habla de la desaparición de un pueblo bajo el peso de una montaña. Ahora una abeja se acerca peligrosamente a mí. Está muy confundida. En algún sitio leí que las picadas de las abejas ayudan con los dolores de la artritis, pero yo no padezco de artritis. La abeja se va. Yo me quedo. Tomo mate. ¿Se pondrá viejo el mate? No sabe igual que hace un par de meses. Hoy no tomo vino. O quizás sí. O quizás no. Vallejo, qué clase de hijo de puta. El don de la vida, Alfaguara. ISBN: 978-607-11-0439-7. Tenía un amigo que siempre jugaba los números del ISBN de su primer libro. “Ese cabrón no me hizo rico, pero estos números sí.” Hablaba del libro como si fuera una persona. Historias fascinantes de la vida real, decía en la contraportada. ¿O era “historias reales de la vida fascinante”? Ya no lo tengo. Un día se rompió el tanque del toilet y se inundó toda la casa. Encontré el libro flotando. Estaba hinchado por la humedad. Parecía un libraco de quinientas páginas cuando en realidad no pasaba de las cien. Era como si el agua hubiese agregado más historias. Una reedición hecha por las aguas albañales. Porque ahí había de todo, no sólo el agua limpia que estaba en el tanque. Lo tuve que echar a la basura. No sé si mi amigo se habrá ganado la lotería. Lo único que sé es que no ha vuelto a escribir. Acabo de abrir una botella de vino.

Palabras

He comprado palabras nuevas. Me las envían por correo desde algún lugar del mundo. Vienen en unas latas oxidadas que hay que abrir con mucho cuidado. Unas terminan en algún cuento. A las otras las almaceno para cuando hagan falta. Todas son importantes. Lo que no al mismo tiempo.

El sabor de tu sexo

Sí, el sabor de tu sexo. Te hablaba de eso ayer. Subimos al faro. Miramos el mar. Hacía frío. Tenías puesto ese vestido negro que tanto me gusta. Te miré a los ojos. Me tiré al suelo. Te quitaste tus panties. Empecé a saborear tu humedad. Sabía a brisa marina y lujuria. Supe en ese momento que había sido un cobarde, que debía haberlo intentado antes. Me miraste a los ojos. Tus manos guiaban mi lengua, le indicaban qué hacer. Eras otra. Yo era otro. El mar era el de siempre. A lo lejos un barco entraba a la bahía.

Viaje

Hemos acordado guardar distancia. Es decir, no vamos a hacer el amor, sino que vamos a ir destruyéndolo poco a poco, fríamente, con precisión de cirujano. Vamos a ir separando las capas de la cebolla hasta que lleguemos al centro, es decir al vacío, a la nada. Entonces nos miraremos a los ojos y nos preguntaremos qué hacemos mirándonos a los ojos.

Desnudo con corbata

Aquella tarde se quitó la ropa, se puso la corbata, se acostó en el sofá a esperarla. Estaba tan agotado que se quedó dormido. Ella llegó bien entrada la noche, después de haber disfrutado varias horas de sexo con su amante. Le dio lástima verlo así, desnudo y con corbata, esperando por ella. La invadió un extraño sentimiento de culpa. Se acercó a él y empezó a acariciarlo, a masturbarlo. Él siguió durmiendo. Soñaba que la hermana menor de su esposa, una jovencita de apenas veinte años, lo masturbaba. Cuando se despertó sintió un extraño sentimiento de culpa al ver que su mujer se había quedado dormida junto a él en el sofá.

El dominó

Jugamos dominó. Yo domino. Ella pierde, ella siempre pierde. Me tomo un trago de ron. ¿Qué te pasará que estás tomando esa cosa?, me pregunta ella y sonríe. Siempre sonríe. A veces pienso que debajo de esa sonrisa esconde muchos secretos, pero no digo nada, pongo una ficha en la mesa y sonrío. Ella pone otra ficha y gana el partido. Pensé que iba dominando el dominó, le digo. Ella sólo sonríe. Siempre sonríe.

La máquina del tiempo

Abro la puerta y ahí está ella, sentada en el piso, mirando a la pared. Me detengo. No sé qué decirle, sólo lo sé. Se acaricia mirando la foto de cuando éramos jóvenes. Yo me coloco detrás de ella y le acaricio el cabello. No me mira. No me nota. Está perdida en otro tiempo, en otros brazos.

El sueño

Entonces soñé que ya me era imposible soñar, pero en medio del sueño me pareció que esto era sumamente contradictorio y le quité toda importancia al asunto. Al despertar, las cosas no fueron tan fáciles porque, como usted sabe, la realidad se rige por leyes menos flexibles.

The Wasteland

Una parte de mí decide escapar hacia algún lado desconocido, alguna tierra de nadie, alguna zona deshabitada y baldía. La otra parte de mí decide permanecer. La distancia entre esas dos partes es lo que algunos llaman el vacío.

El piano capturado

Ahí está, en una esquina, respirando el polvo de sus teclas. El comején acecha.

La lluvia

Una señora abrió una ventana y se sorprendió al ver que llovía. Sacó una mano para asegurarse de que fuera cierto. Sintió cómo las gotas la transportaban a su infancia. Hace más de cincuenta años que no llueve, dijo, molesta, y volvió a cerrar la ventana.

Ernesto G.

Ernesto G.


 

Ernesto G. La Habana, Cuba, 1967. Poeta, narrador, videasta y blogger. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesas por la Universidad de la Habana. Primera mención (Poesía) en el Concurso “13 de Marzo” (1987). Ha publicado “Los relatos de Maurice Sparks” (Editorial Silueta, 2011). Codirector de revista de arte y literatura Conexos y director de iSawFinger Productions. Editor del blog http://losrelatosdemauricesparks.com/.

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Esta entrada fue publicada el 07/03/2015 por en Narrativa.
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