Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Disculpa del ángel y otros poemas

REYNALDO DURET SOTOMAYOR

 
Disculpa del ángel
 

a los portadores del VIH-SIDA


 
Aquí estoy  consumido por el musgo del invierno
recomenzado apenas de la última gloria
quise borrar la eternidad en la estridencia
de los tragaluces
me deslumbré ante la nostalgia del animal perdido
degusté su cicatriz / piedad interior
 
Cualquier dolor es mínimo para nombrar su muerte
imaginaria
danzaba con la música de las premoniciones
criatura corregida por el azar de Dios
 
Guardé mis alas  simulé el impudor de sus doctrinas
devine en lluvia sobre los vestigios de su carne
escapado del don de la mesura
náufrago felicísimo que inaugura el festín de los presagios
sin lucidez siquiera con la cual regresar a su inicial belleza
celeste  dogmática  desprovista de bordes
 
Ahora yo / el animal  cantamos una
minúscula sonata de amor
y recuerdo que una vez tuve alas  sandalias pulcras
una trompeta de oro cuyo esplendor quemó el asombro
solo me queda esta tristeza compartida  como humo de
incienso
el remanso del nardo flotando en el olvido.
 
 
 
Confesiones de Eva
 

a los incomprendidos


 
Yo quise ver el mar
tocar mis pechos culpables detrás de las aguas
anunciarme como toda mujer insalvada
a la gravidez de la ceniza.
 
Quise también llorar mi vientre péndulo
ofrecerle a mis hijos la lumbre el pan
con la desgarradura del dolor
 
soy mentida por el poder de la manzana
la desnudez de Adán
el baile de la víbora.
 
Renuncié al manso perdón de los corderos
cambié la casa eterna por la zozobra
de la costilla impar.
 
Huyo del esotérico simulacro del ángel
sirvo mi carne “perversa”
para el hartazgo de la in resurrección.
 
La eternidad estalla entre mis muslos  sus códigos fieles
 
¿Quién corregirá el pánico de mi inocencia
abogará por la deformidad de mi mordida
cantará a mi impureza
cuando se lancen las últimas piedras?
 
 
 
Lamento por los náufragos
 

a las víctimas de la droga


 
Rondan las calles noctívagos fantasmas
acumulados claman por un sitio donde evocar el mar
La luna en su acrobacia toca un violín de humo
bebe las poluciones de la fiebre
 
¡Oh dóciles dementes nombrados por la máscara!
La redundante cópula destierra sus contornos
¡Oh fatales cautivos de un fugaz terciopelo!
pequeños clausurados inconformes
 
el andén simulado traza el viaje a los astros
dedica a la ternura su caos escarlata
 
dónde habitar sin que la abulia los sorprenda
trepando el agua de una sed proscrita
 
Tras los ojos la vida gesta la profecía de la daga  desmesura
el eclipse de la luz / nítido tul sobre la ceremonia de los
hombres
 
Lejos el mecanismo del pájaro pacífico
el placer de la lluvia lavando los geranios
la contraseña del vidrio inmaculado
 
Vienen con sus imágenes ingrávidas a besar
la sorpresa del polvo angelical
confundidos subastan sus cabezas eróticas / las voces
tartamudas / caen donde
 
La nostalgia será una guitarra que cante
cuando acabe la danza.
 
 
Lamento por los náufragos, Primer Premio de Poesía La Pluma de la Punta Brava, 2005
 

Reynaldo Duret Sotomayor (Foto cortesía del autor)

Reynaldo Duret Sotomayor
(Foto cortesía del autor)

Reynaldo Duret Sotomayor (Santiago de Cuba, 1958), psiquiatra de profesión, escritor y poeta, ha publicado Nunca te enamores los días de lluvia (Ediciones Extramuros); La noche de los miedos (Ediciones Santiago, 2011). El cuento “La máquina”, pertenece a su tercer libro de relatos, Catálogo de la locura, en proceso editorial.

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Esta entrada fue publicada el 12/04/2015 por en Poesía.
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