Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Proceso creativo

RODOLFO MARTÍNEZ SOTOMAYOR

 

Hoy quiero edificar sobre el papel los recuerdos de cosas que jamás han existido, intentar darle forma humana, cuerpo material a lugares que sólo han habitado mi mente, y se han formado en ella como simiente de vida. Este rincón cercano a la ventana es el ideal para hacerlo, puedo divisar desde aquí a las personas caminar, distintos pasos, escuchar diferentes acentos, trasladarme con la imaginación a lo remoto o lo futuro, a lo ilimitado y eterno… (Voz de afuera).
  —¡Carlos!, llegó una carta de Carmelina, tu tía dice que mandó con el vecino Manuel un sobre donde tiene fotos y todo de tu mamá, ¿Por qué no lo buscas hoy?
  —Iré más tarde, ¿Tienes el teléfono de la gente?
  —Mira, lo voy a poner en esta gaveta, ¡Después no me preguntes dónde está!
  (Recostándome sobre el sofá y una hoja vacía)… Es difícil volver a buscar el momento perdido, pero es necesario cerrar los ojos, intentar trascender, romper el equilibrio, la monotonía, olvidar que somos una rueda humana que forma parte de todo un engranaje productivo, una pieza de lo terrible que se vuelve esta necesidad vital de perpetuar la existencia… (Voz de niño entrando a toda prisa).
  —Papi, papi, I Wanna go to the park y contigo y mi mamá, pero no al parque chiquitico, you know?, yo quiero ir al parque de Hialeah que es más mejor.
  —No se dice más mejor, sino mejor, pero además de eso no podemos ir hoy. (Voz de niño encolerizado).
  —Papi, I Wanna go today!
  —¡Hoy no se puede chico!, mira, ponte a pintar mejor, y después me enseñas lo que hiciste.
  (Voz de niño más encolerizado y golpeando con el pie derecho fuertemente en el piso) —¡No papi!, ¡No! I Wanna go to the park, que es más divertido.
  —Mira, ponte a ver una película, y cuando termines vamos al McDonald’s.
(Voz de niño insatisfecho, pero calmándose). —Ok papi, ok, voy a ver The Land Before Time, o mejor I gonna play con los carritos, y después vamos a McDonald’s, Ok?
  —Ok, pero no corretees dentro de la casa.
  (Suspirando con un bolígrafo entre las manos, puesto sobre una hoja aún vacía)… Mirar el reloj, puede llevarme a otro sitio, donde ya no soy parte de esta cadena voluntaria de afecto. Mirar el reloj me regresa a la conciencia del tiempo y sus límites, que tanto me hacen temer… (Voz femenina entrando). —Llamó el tío de Rosa, la que vivía en Luyanó, que era mamá de Raúl, el ponchero de la esquina de tu casa, dice que va para Cuba mañana, y ella vive cerca de donde tienes que recoger las cartas, así que se pueden resolver dos cosas, podemos escribir, y al mismo tiempo recoger las cartas, así que me voy a bañar primero, y después vamos, ¿Por qué no vistes al niño para adelantar? (Voz saliendo del interior del cuarto) ¡Nooooo! I Wanna go to the McDonald’s ¡Yo no quiero ir a ninguna carta!
  (Se escucha entonces mi voz abriendo paso a la cólera)
  —Mira mijo no chives más, que hay que buscar las cartas, después vamos al dichoso McDonald’s.
  —Ok. fapi.
  —Te he dicho que me digas Father, Daddy, o papi, pero no me digas fapi, que eso no existe ni en inglés ni en español, Ok. ¡No resisto ese espanglish!
  (Teléfono sonando y voz de niño desde el interior del cuarto)
  —Papi, es para ti, de tu amigo Luis que yo conozco.
  —Dile que lo llamo pa’ atrás, que estoy muy busy ahora.
  —Ok, Dad.
  —Mira, dile a tu mamá cuando salga del baño que me fui a buscar las cartas para salir de eso, y después vamos al McDonald’s, ¿ok?
  …Otra vez podría pensar en el tiempo, otra vez podría mirar el reloj y tratar de escribir un poema, pero es la hora de buscar cartas, montar un auto con el aire acondicionado roto, y aún ser capaz de cerrar las ventanillas para escapar del ruido, del ruido insoportable de los carros, de los gritos… poner a todo volumen la música, mientras me ahogo de calor, de imaginar que nada es real, sólo yo y este gesto egoísta de olvidarlo todo y escribir, procurando que no se me escapen las palabras…
  Esta debe de ser la casa, trataré de estacionar sin que tenga que dar marcha atrás al salir, y pasar por la enorme pena de que escuchen el retumbar de la transmisión decadente, de esta chatarra de Ford que no resisto. Una vieja abre la puerta después de mirar por un orificio pequeño, siempre hay una vieja que abre la puerta, siempre hay alguien escrutando antes, a través de un orificio pequeño.
  Ya habla sin cesar sobre una época pasada, sobre una Cuba desconocida, que quizás nunca ha existido, sobre temas ilusorios que se repiten una y otra vez, día tras día… Al fin puedo escapar con el pretexto a veces útil del tiempo, siempre en este país hay un tiempo para algo que se debe empezar antes de que llegue el tiempo para lo próximo.
  Después de tantas precauciones, mi incorregible descuido me ha hecho olvidar, el no dar una marcha atrás en la salida, y veo, como siguiendo el sonido de este terrible Ford, una sonrisa junto a un gris teléfono, de una adolescente semidesnuda que mira desde una ventana, mientras a varios pasos, desde su puerta, dice adiós la vieja habladora…
  …Otra vez llega la impaciencia, la inquietud de saber por la suerte de aquellos que nos recuerdan quienes somos, otra vez se conecta el cordón umbilical, al abrir las cartas, sentir ese cosquilleo en el estómago mientras leo de prisa… mi madre no ha perdido la costumbre de escribir las fechas… Habana, 1994… Estas cartas parecen un réquiem por todo mi pasado:

“…¿Te acuerdas de tu amigo Arturo?, pues se tiró hace un mes en una balsa y no se sabe nada de él”… “¿Te acuerdas de las jimaguas con las que siempre te metías?, pues dicen que salieron de Santa Cruz con un grupo, y encontraron restos de una, cerca de la costa, con mordidas de tiburón…”.

Si no fuera realmente tan patético, podría pensar que son exageraciones, pues ¿cómo pudieron reconocerla? Esto parece algo así como un diario de la muerte:

“…la gente está loca de verdad, se tiran en cualquier cosa, y dicen que se han muerto muchos, el diablo debe de estar gozoso…”.

Esto del diablo, ¿será una imagen religiosa o política?, viniendo de mi madre, cualquiera podría ser… Monto el auto nuevamente y hago un supremo esfuerzo por alejar las pasiones que pueden despertar estas cosas, es la única forma para mí, de asimilar las calles y recurrir a mi pobre sentido de la dirección para el regreso…
  …Pasa junto a mi auto un mendigo harapiento, sostiene un cartel tan sucio como su ropaje I Will Work For Food, ni siquiera tiene zapatos, si hubiese visto esta imagen hace unos años, a través de un televisor, hubiese sido capaz de escribir un enorme ataque a la miseria humana, a la indiferencia frente a la pobreza en el mundo, sin embargo, ese supuesto dolor humano, ahora de cerca, no ha hecho tan siquiera conmover a mi bolsillo, ¿será que es más fácil la caridad cuando se está lejos de la posibilidad real de ejecutarla? o ¿será que este país envilece? o quizás siempre fui un hipócrita envilecido ¿Quién sabe?… es preferible ir por debajo, y no tomar el expressway, a esta hora debe de estar terrible… esa canción me gusta, y hace tiempo no la escuchaba… esto de la indiferencia y esas cartas realmente me han servido de algo, menos mal que tengo papel y un bolígrafo. ¡Coño! pero es necesario escribirlo antes de que escapen las ideas, ya que después me pasará como casi siempre, que pierdo el deseo de hacerlo… me estacionaré cerca de este basurero que está desierto, y es un buen lugar…

Catarsis

Camino hasta llegar frente a la cima
la cima rocosa que abarca todo un rincón
de indiferencia.
La cima rocosa que se pierde junto al cielo
gris para los ciegos.
Me fallan las manos y temo caer,
abajo están el mundo y sus dolores.
los intento alejar con mi ascenso precipitado.
Llego hasta la planicie cansado y temeroso,
diviso en lo lejano un mar inmenso.
Veo desde mi tumba de silencio
un universo de mar, y dispersos en él
pedazos de mi infancia.
Son cientos, miles de espectros
sobre las aguas, que ayer eran humanos.
Veo mi primer beso entre las olas,
mi primera mujer,
dolorosa y al borde de la muerte
sin abrigo.
 

Mi primer abrazo,
flotando como una mano más
perdida entre sargazos.
Cuerpos calcinados por el sol
Cuerpos consumidos por el odio,
Cuerpos mutilados por el miedo
Cuerpos que se esparcen como sombras.
Y ya no tengo ojos para las pesadillas,
pero aún así, veo más
veo en el horizonte un gigantesco saurio
salido del mar,
abre sus fauces con ilimitado magnetismo
hacia su vientre.
Algunos perecen luchando
contra esa fuerza de gravedad que los atrapa,
los arrastra, otros se desangran
cortando sus venas ante el retroceso,
mientras que yo, desciendo de mi cima
lentamente, paso a paso
cierro mis ojos
hasta mirar interiormente,
hasta borrar lo palpable del espanto
y ser uno más que se arrincona en el olvido.

Creo que me he quedado sin ánimo, tal vez no sirva para nada lo que he escrito, pero tiene la utilidad de un exorcismo. El día está demasiado caluroso, una tarde en el McDonald’s será terrible, alguien me dijo un día con razón que ser padre es vivir en el perpetuo sacrificio… no sé el por qué se ha quedado en mí como una foto, aquella imagen de la adolescente semidesnuda junto al gris teléfono… me llegan ideas que debo retener, este basurero me está haciendo prolífico… es mejor detenerse esta vez nada más, porque sé que después pasarán días, semanas y quizás meses sin que vengan ideas… ya he gastado tres hojas con tachaduras y ahora sólo me queda una cubierta de revista donde derramar mi Monólogo del tiempo:

El reloj es la maquinaria más perfecta creada por el hombre contra sí mismo, reduce los días para recordarnos que no nos pertenecen y que los dueños son otros, que a su vez son esclavos de otras horas. Esta tarde dejaré mi mano desnuda del reloj, como una liberación, quiero dejar de contar los minutos, segundos, centésimas y periodos de tiempo más allá de la comprensión humana, trasladarme hasta donde está ella semidesnuda junto al gris teléfono, ser ese niño inexistente que juega hasta llevarla entre sacudidas de polvo y hierba bruscamente, entre botones abrochados de prisa y una violenta despedida que recuerde que es en efecto el reloj la maquinaria más perfecta creada por el hombre contra sí mismo.

…Esta vez creo que será mejor subir al expressway, y por esta senda puedo hacerlo, menos mal que ya le he perdido el miedo a las altas velocidades… enfrentarse una y otra vez a lo que se le teme es la única garantía posible de ahuyentar al miedo… espero que la transmisión resista, porque se hace demasiado tarde y debo acelerar más y más… y olvidar las palabras, los sueños, para retornar al mundo humano, que después de todo tiene también sus encantos… ya estoy en el camino de regreso más rápido… siguiendo el compás de una música estridente, de una balada de ensueño, e intentando escapar del letargo peligroso que puede costar la vida en esta ruta.

 

Rodolfo Martínez Sotomayor (Foto de Eva M. Vergara)

Rodolfo Martínez Sotomayor
(Foto de Eva M. Vergara)

RODOLFO MARTÍNEZ SOTOMAYOR (La Habana, 1966). Ha publicado los libros Contrastes (La Torre de Papel, Miami, 1996), Claustrofobia y otros encierros (Ediciones Universal, Miami, 2005I), la compilación de textos Palabras por un joven suicida: homenaje al escritor Juan Francisco Pulido (Editorial Silueta, Miami, 2006) y Tres dramaturgos, tres generaciones (Editorial Silueta, Miami, 2012). Cuentos suyos han sido incluidos en recopilaciones y antologías como Nuevos narradores cubanos (Siruela, Madrid, 2001), traducido al francés por Edition Metalie, al alemán por Verlag, y al finés por la editorial Like, Cuentos desde Miami (Editorial Poliedro, Barcelona, 2004), La isla errante (Editorial Orizons, París, 2011), Cuentistas del PEN (Alejandría, Miami, 2011), Reinaldo Arenas, aunque anochezca (Ediciones Universal, Miami, 2001). Su cuento Encuentro fue traducido al húngaro por la revista Magyar. Algunos de sus poemas aparecen en las recopilaciones Poetas del PEN, (Ediciones Universal, Miami, 2007), La tertulia (Iduna, Miami, 2008), y La ciudad de la unidad posible (Editorial Ultramar, Miami, 2009), traducida al inglés por la misma editorial. Ha publicado críticas de cine, de literatura, de teatro, artículos de opinión en revistas y periódicos como: Carteles, Diario Las Américas, Encuentro, El Nuevo Herald, y El Universal. Fundador y Presidente de la Editorial Silueta; codirector de la Revista Conexos.

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Esta entrada fue publicada el 03/10/2015 por en Narrativa.