Revista Conexos

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Sobre una historia de los Bacardí

EDUARDO MESA

 

“Bacardí y la larga lucha por Cuba” es un libro que no puede tener otro título, porque no es el éxito, el poder o la riqueza el centro de su historia, sino Cuba, esa tierra que sigue inquietando el corazón de los exiliados. Esta historia de la familia Bacardí, narrada por el periodista norteamericano Tom Gjelten, arroja nuevas luces sobre nuestra historia y es, por su singularidad y rigor, una obra que conviene leer. No debe asustarnos el grosor del volumen porque está escrito con una prosa que resulta de fácil lectura, contiene además un índice de nombres y una abundante bibliografía.
  Quienes nos educamos en los maniqueos criterios del marxismo descubrimos en esta obra una perspectiva de las guerras de independencia y la posterior intervención norteamericana que nos introduce en la complejidad de esos acontecimientos, prescindiendo de la engañosa certeza que suele acompañar a las historias oficiales. En lo referente a la lucha por la independencia de Cuba el libro rescata, con la sobriedad narrativa que caracteriza a la prensa anglosajona, la épica de este conflicto, recordándonos el compromiso libertario de una élite criolla que no escatimó sacrificios en su lucha de claro propósito fundacional, una verdad que el totalitarismo ha logrado soslayar separando a nuestros próceres de sus orígenes, su historia personal y su contexto, único modo de presentar a los aventureros del Yate Granma como una consecuencia del Grito de Independencia en La Demajagua. De singular importancia resulta el relato de la intervención norteamericana, mostrándonos las percepciones de ambos bandos. La relación de amistad -no exenta de conflictos- que se estableció entre el alcalde Emilio Bacardí y el general Leonard Wood nos ayuda a comprender las discrepancias, los intereses y los sentimientos que prevalecieron en esta etapa.
  La historia de los Bacardí refleja, en gran medida, los aciertos y los errores de nuestra joven nación. No se eluden en esta obra las responsabilidades de una élite que era el motor del país; en este libro tenemos un poderoso documento que contradice la versión oficial de que la Revolución de 1959 la llevaron a cabo las clases más humildes, es muy probable que nunca antes en la historia de la humanidad un proyecto de regeneración política contara con tan gran apoyo de las clases medias y altas, en particular con el apoyo de un empresariado que estaba dispuesto a perder importantes beneficios en aras del bien común.
  Si algo me ha desconcertado en este libro, que en términos generales es sumamente valioso, es que Tom Gjelten termina repitiendo algunos de los tópicos que han sido el plato fuerte de la propaganda totalitaria sobre la etapa republicana, fundamentalmente en la importancia que confiere a los vínculos de los gobiernos auténticos y el régimen de Batista con el crimen organizado de la costa este de los Estados Unidos de América. No obstante, esta objeción no oscurece la totalidad de una obra que nos alecciona en cuestiones que fueron en más de un aspecto paradigmáticas, como la relación de la empresa Bacardí con sus empleados, los sindicatos, la comunidad y la cultura. Una obra que además, contribuye a desmontar esa distorsionada visión sobre la empresa privada que la propaganda totalitaria ha sembrado en la conciencia de varias generaciones de cubanos.
  La historia de los Bacardí nos ilustra sobre los esfuerzos realizados desde el Exilio para conseguir el derrocamiento de Fidel Castro y el desmantelamiento de su régimen, una gesta poco conocida a pesar de que no fueron pocos los exiliados que ofrecieron sus vidas para lograr la libertad de Cuba. En la familia Bacardí la figura más representativa de estos esfuerzos es, sin lugar a dudas, Pepín Bosch, personalidad que amerita un minucioso estudio biográfico.
  “Bacardí y la larga lucha por Cuba” también nos ayuda a comprender el relevante papel de esta diáspora en la conservación de nuestros valores nacionales y contribuye, de un modo significativo, a una futura valoración de los aportes que han protagonizado los empresarios, profesionales e intelectuales cubanos al desarrollo de los Estados Unidos y América Latina, siendo este aporte al desarrollo una de las consecuencias menos estudiadas de la implantación del totalitarismo en Cuba, en mi opinión el único bien tangible de la Revolución Cubana, su única y accidental contribución al mejoramiento humano.
  Mucho más se pudiera decir de este libro, pero resulta imposible de agotar en una reseña un volumen de casi quinientas páginas, eso sí, no dejen de leerlo, porque es mucho lo que podemos aprender de él, recuerden lo que dijo Cicerón y antes Aristóteles: “Las naciones que desconocen su historia están condenadas a repetirla”. Esta advertencia tiene para nosotros más urgencia que nunca.

 
Pinchar en el enlace para adquirir un ejemplar de Bacardi y la larga lucha por Cuba (Penguin Books, 2012) de Tom Gjelten.
 
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Eduardo Mesa  (Foto cortesía del autor)

Eduardo Mesa
(Foto cortesía del autor)


 

Eduardo Mesa (La Habana, 1969), fue fundador de la revista Espacios, dedicada a promover la participación social del laico. Coordinó la revista Justicia y Paz, Órgano Oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y el boletín Aquí la Iglesia. Formó parte de los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium. Ganador de los premios de poesía “Ada Elba Pérez” y “Juan Francisco Manzano”. En la actualidad colabora con las revistas Convivencia, Misceláneas de Cuba e Ideal y edita el blog La Casa Cuba, donde trata temas relacionados con la fe, la sociedad y la cultura. Ha publicado en narrativa El bronce vale y otras crónicas (Editorial Silueta, 2011). Reside en los Estados Unidos desde el 2005.

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Esta entrada fue publicada el 22/04/2016 por en Crítica.
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