Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Fragmentos de la novela inédita “Retrato de Nubia”

RODOLFO MARTÍNEZ SOTOMAYOR

 
I. El ecologista
 

Daniel manejaba por la estrecha avenida entre su trabajo y la ciudad. Miraba los pinos al borde de la carretera recién estrenada. Pensaba con enojo que este lugar por el que ahora circulaban autos de todo tipo, fue un bosque poco tiempo atrás. Últimamente le había dado por la ecología, cuando tomaba una idea fija no había manera de que la apartara de su cabeza. Escribiría en su página de Facebook que las multitudes de indígenas hacían huelga en Brasil y otras regiones de la amazonia si talaban sus selvas, y aquí en Norteamérica, a nadie le importaba que los Everglades fueran desapareciendo lentamente. La gente está más preocupada por la gran tienda que levantarán sobre el lugar donde ayer habitaban garzas y gacelas. Tal vez no lo escribiría, pero le causaba una rara emoción sólo pensar en hacerlo.
  Ahora miraba una serpiente a mitad del camino, mientras salía hasta la ciudad. Se detuvo y bajó del auto con cierta discreción. Tomó una rama y trató de espantarla para que fuese hasta el borde, pero sintió miedo que pudiese ser venenosa y lo picara después de un salto, como pasaba en las películas. Regresó al auto y al volver por la misma ruta, tuvo un enorme remordimiento al mirar que una rastra había aplastado contra el asfalto al reptil, que por cobardía no pudo salvar. Días atrás se encontró con un jabalí desangrado al borde de la carretera con huellas de un golpe en la frente. Mientras llegaban a borbotones esos recuerdos, pudo ver una rara tortuga que caminaba frente a su auto, tratando de acercarse al pantano que quedaba a su izquierda. Se bajó del carro y tomó el gajo de un árbol que yacía a un extremo del sendero, tocó el carapacho de la tortuga, la cual al primer golpe ocultó su cabeza, y al hacer contacto con sus zapatos, aquel extraño animal se precipitó con sus patas cortas y rápidos pasos hasta el extremo opuesto del pantano y se perdió entre la hierba. Por lo menos lo salvé por hoy de las ruedas de una rastra, pensó Daniel.
  Al día siguiente, en la mañana, manejaba más lentamente y mirando a todas partes como un moderno guardabosques. Detuvo su vista en una rara especie enredada entre los juncos y aquel terreno pantanoso. Pensó en que tal vez tendría la suerte de salvar un manatí y una fotografía del hecho atraería a la prensa y cambiaría la indolencia de la gente.
  Se bajó del carro y mientras meditaba, iba apartando los feos arbustos de melaleuca, esas matas trasplantadas desde Australia para desecar zonas cenagosas que ahora acababan con todo lo verde, con toda la vida. Se sorprendía al acercarse más y divisar la semejanza de aquel bulto entre el fango con un ser humano. Se paralizó al ver claramente que se trataba de un cuerpo desnudo de mujer mordido por animales y en aparente descomposición. Retrocedió con pánico casi corriendo sobre el barro hasta llegar al auto y entrar aprisa, a la vez que aceleraba a gran velocidad para alejarse de aquel sitio.
 
 
II. Nubia en las noticias
 

Julia despertó sobresaltada y miró el reloj. El sol atravesaba las ventanas, dando la clara señal del amanecer. Se le había hecho tarde otra vez, tenía que apurarse. Comenzaría a impartir el curso de actuación bien temprano con nuevos alumnos. No podría hablarles de horarios ni disciplinas si no llegaba temprano, había que predicar con el ejemplo. Se vistió aprisa y fue hasta la sala. El sofá estaba vacío, allí dejó borracho a Raúl la noche anterior. Imaginó que él había hecho lo de siempre, se sentía más cómodo durmiendo en la yerba. Ella salió hasta el patio, tomó la manguera y abrió la pila apuntándolo. El enorme chorro lo despertó, pero él parecía disfrutarlo.
  –Me ahorraste el baño le dijo, ahora me alcanzará más el tiempo. Ella regresó a la sala y encendió el televisor mientras preparaba el desayuno. Reconoció en la revista matutina a una de sus viejas alumnas. Ahora Raúl regresaba del cuarto con la toalla sobre los hombros. Ella le señaló la pantalla donde dos muchachas con blusas entalladas danzaban y movían sus traseros sin cesar frente a la cámara.
  –¿Esa no es Betty?
  –No me digas que no la habías visto, claro que es ella.
  –Pero ¿le ha crecido el culo o se lo hizo nuevo?
  –Las tetas se las hizo cuando era mi alumna. ¿Te acuerdas que te alegraste?, dijiste que era muy mala actriz, pero sería útil en un desnudo sin tener que hablar.
  –Sí, ni me recuerdes eso, era una escena surrealista del paraíso, Adán con 50 kilos de panza y Eva con un tatuaje en la nalga. Yo creo que eso ayudó al éxito. Y el público ¿Recordará ese tatuaje?
  –La obra fue un éxito porque eres bueno, si hasta un crítico insoportable te puso casi como un genio.
  En la pantalla del televisor, la antigua alumna de Julia detenía su danza. Anunciaban como la sensación del momento, un baile llamado “Pepe la anguila”. Una figura esquelética aparecía como invitado especial. Decían que en YouTtube había llegado a dos millones de visitas con su nueva danza. Finalmente apareció el tal “Pepe el anguila”, los dientes sobresalientes y un rostro a mil años luz de una imagen agraciada. Apenas comenzaban su estrafalario baile, cuando una mujer con cara de luto decía que era la hora de un “especial boletín informativo”. Varios policías, cintas amarillas y arbustos de melaleuca junto al fango eran la nueva imagen. La locutora narraba el hallazgo del cadáver de una mujer desnuda en la zona pantanosa de los Everglades. Obsesionada con dar detalles, reportaba que fuentes confidenciales les habían dicho que, aunque el cuerpo se encontraba mordido por animales; parecía tratarse de una joven actriz. Varios minutos después a Julia se le paralizaría el desayuno en el estómago, al ver la cara de la presunta víctima, su joven alumna y actriz Nubia, que ocupaba todo el lugar de la pantalla. La locutora decía que la joven estaba desaparecida desde hacía dos días. Ahora se observaba a su madre dando gritos, a la vez que una cámara seguía su camino. Los policías al parecer sólo fueron a preguntar sobre su hija. Hasta allí la habían conducido los documentos encontrados en su cartera a varios pasos del cadáver desnudo y semidescompuesto de la joven.
  Al terminar las noticias, las cámaras regresaron al estudio. La animadora Betty, antigua alumna de Julia, hizo un gesto compungido. Dijo que ella conocía a Nubia y que trabajó en el Teatro bajo la dirección de los grandes Raúl y Julia.
  Raúl pensó que era la primera vez que mencionaban a su Teatro en ese programa de la televisión, que el vínculo con los muertos, cuando se estaban en las noticias, daba cierta notoriedad. Escribió esa idea con el fin de usarla en el drama que estaba concibiendo en su mente.
  Ahora, la tal Betty, transformó el rostro y parecía acordarse de pronto que el show debía proseguir y que el flaco desgarbado esperaba por su papel. El invitado especial saltó al centro del escenario y a la vez que Betty balanceaba sus caderas con las manos en la cintura, el flaco estrafalario se movía con el vano intento de ser sensual. La música era acompañada por un coro que repetía “Este es el nuevo baile de Pepe El Anguila…”
  Julia observaba a la pantalla, impaciente por el regreso del nuevo boletín informativo, esperando que sucediera algún milagro y anunciaran que aquella terrible noticia sobre la muerte de Nubia no fuera cierta, mientras las lágrimas ya comenzaban a correrle visiblemente por sus mejillas.
 
 
Fragmentos de la novela inédita Retrato de Nubia.
 

Rodolfo Martínez Sotomayor (Foto de Eva M. Vergara)

Rodolfo Martínez Sotomayor
(Foto de Eva M. Vergara)

Rodolfo Martínez Sotomayor (La Habana, 1966). Ha publicado los libros Contrastes (La Torre de Papel, 1996), Claustrofobia y otros encierros (Ediciones Universal, 2005), la compilación de textos Palabras por un joven suicida: homenaje al escritor Juan Francisco Pulido (Editorial Silueta, 2006) y Tres dramaturgos, tres generaciones (Editorial Silueta, 2012). Cuentos suyos han sido incluidos en recopilaciones y antologías como Nuevos narradores cubanos (Siruela, 2001), traducido al francés por Edition Metalie, al alemán por Verlag, y al finés por la editorial Like, Cuentos desde Miami (Editorial Poliedro, 2004), La isla errante (Editorial Orizons, 2011), Cuentistas del PEN (Alejandría, 2011), Reinaldo Arenas, aunque anochezca (Ediciones Universal, 2001). Su cuento Encuentro fue traducido al húngaro por la revista Magyar. Algunos de sus poemas aparecen en las recopilaciones Poetas del PEN, (Ediciones Universal, 2007), La tertulia (Iduna, 2008), y La ciudad de la unidad posible (Editorial Ultramar, 2009), traducida al inglés por la misma editorial. Ha publicado críticas de cine, de literatura, de teatro, artículos de opinión en revistas y periódicos como: Carteles, Diario Las Américas, Encuentro, El Nuevo Herald, El Universal. Fundador y Presidente de la Editorial Silueta; Director de la revista Conexos.

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Esta entrada fue publicada el 15/10/2016 por en Narrativa.
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