Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Fragmento de la novela Confesiones de un idiota

ENA COLUMBIÉ

 

El papel está ahí, enganchado en la puerta del apartamento al que nos mudamos hace una semana con la idea de ganar un cuarto y porque el precio total incluye el pago del agua, el gas y la basura. Lo tomo sin prestarle atención, lo estrujo y comienzo a hacer una bolita para tirarlo en camino al parqueo. Seguro alguien que promueve ventas lo dejó allí, o tal vez sea un anuncio para bajar de peso en una semana, como si fuera tan fácil tirar a la basura años de acumulación. Camino con desgano y pienso que hoy puede ser otro día infructuoso en la búsqueda de trabajo. Hay otro papel en el limpiaparabrisas de La Paloma, lo quito con obstinación y entro al carro para calentarlo. Mi pequeño Plymouth Horizon blanco de 1985 es un buen carro, económico y con sus bellos espejos redondos que a partir de ese año no se hicieron más; lo compré por sólo trescientos dólares y después de cerca de diez dueños anteriores. Primero dos patadas en el acelerador para que le entre la gasolina y luego intento tras intento, hasta lograr el rugido que despierta a más de un vecino. Prendo un cigarrillo y espero pacientemente a que se caliente mientras paso la vista sin interés por el papel, “Cuidado de niños en casa, part time, de seis a diez de la mañana”, y un teléfono. Despliego la bolita de papel que aún mantengo en el puño y es el mismo anuncio. Apago La Paloma y sin muchas esperanzas regreso al apartamento para hacer la llamada. Increíblemente en el segundo timbre me responde la voz de un hombre; el acento es familiar al otro lado. Hago una cita.
 

Julia y Julio también son cubanos, con la diferencia de que vinieron en los años cincuenta y no se comieron el cable como nosotros. La condición de paisanos nos hace conversar sobre muchos temas, los niños están por llegar, me dice la señora; fumamos, tomamos café y comenzamos a tutearnos. Los pongo al tanto de las últimas realidades por las que pasa nuestra isla; casi olvidaba la razón de mi visita cuando siento que un carro se detiene frente a la casa. Julio se levanta y va hacia el garaje. No siento las risas y algarabías propias de los niños que regresan de un arduo día de escuela, agudizo mis oídos y logro escuchar un leve murmullo. Julia se levanta, Ven para que los conozcas, me dice llamándome también con las manos. Entramos a un garaje que hace las veces de comedor, sala de juegos y sala de estar, convertido en magnífico espacio gracias al ingenio y habilidad de Julio. Allí están ellos de pie, silenciosos, expectantes uno al lado del otro, los cinco mirando con extrañeza hacia mí y mi desconcierto frente a la sorpresa. Rosados, fuertes, sonrientes, recibieron mi asombro, yo estaba parada allí con una risita estúpida que salvaba el pasmo. Ninguno de los cinco “niños” es menor de veinte años, son niños especiales, dice Julia tratando de ubicarme en la condición de seres con problemas mentales y otros padecimientos, temerosa de que me echara a correr al ver de lo que se trata, pero no imagina que esa frase encerraba una enorme verdad a la que no temo enfrentarme. Sí, son niños muy especiales, pienso y rápidamente intuyo que vivir a su lado unas horas al día durante un tiempo me enseñará a crecer como persona y a fortalecerme para las situaciones adversas que con frecuencia se presentan en mi vida. Ojalá me enseñen a ser mejor conmigo misma también y no tan sólo con los demás, sigo pensando sin apartar los ojos de ellos. Comienza la presentación, sonríen tímidamente a mi abrazo y mi beso en sus mejillas. Vitorio, Bill, Bryan, Paul y Brad. Ahí está él, es el último, mudo, con sus brazos caídos a los lados del cuerpo, no levanta la vista para mirarme, no hace ningún ademán para abrazarme, Brad ¿No vas a saludarme? No observo ni el más leve movimiento, parece de cera. Julio me dice algo sobre su falta de audición y de palabras, levanto su barbilla, lo miro fijamente a los ojos por unos minutos intensos y algo le digo. Su mutis me desarma. Lo abrazo fuertemente contra mi pecho y al retirarlo veo que sus mejillas se han enrojecido levemente y parpadea sin control con una risa nerviosa y ahogada. Una sensación de ternura que no he sentido nunca frente a un extraño me embarga, pienso que estoy perturbada por el nuevo trabajo que ya es un hecho. No me percato todavía que también es el nacimiento de sensaciones desconocidas, un reto a mi paciencia y a mi tolerancia.
 
 

De su ópera prima en novelística, Confesiones de un idiota (Editorial Silueta, 2018), de próxima apararición.


 

Ena Columbié
(Foto: Eva M. Vergara)

Ena Columbié, Guantánamo, Cuba. Poeta, ensayista, crítica, narradora, diseñadora y artista. Licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios en crítica literaria y artística, cuento y poesía. Ha publicado los libros: Jazz (Aduana Vieja, 2018), Sepia (Betania, 2017), 13 poetas (Hypermedia. Selección, edición y prólogo, 2017), Dossier Mireya Robles (La gota de agua. Selección, edición y prólogo, 2017), Luces (Editorial Silueta, 2013), La luz que conduce a los poetas (Alphabeta. Selección, edición y prólogo, 2013), Isla (Alphabeta, 2012), Solitar (Alphabeta, 2012), Las Horas (Strumento. Selección, edición y prólogo, 2011), Ripios (EntreRíos, 2006), Ripios y epigramas (Génesis, 2001), El Exégeta (El mar y la montaña, 1995) y Dos cuentos (Ediciones Talleres, 1987). Obras suyas se encuentran en otras publicaciones como: La crónica más larga: periodismo cubano en el exilio (España, 2016), Antología de la poesía cubana del exilio (España, 2011), La Mujer Rota (México, Poesía, 2008), Muestra Siglo XXI de la poesía en español (España, 2005), Viendo caballos rojos bajo el mar (Cuba, Cuento, 2004), Epigramas (Cuba, Poesía, 1994), Lauros (Cuba, Poesía, 1989), Lenguas Recurrentes (Cuba, Poesía, 1982) entre otras. Codirige las editoriales EntreRíos y AlphaBeta. Ha colaborado en las publicaciones: Diario de Cuba, Cubaencuentro, La Araña Pelúa, The Big Time, Decir del agua, Linden Lane Magazine, La zorra y el cuervo, Revista Nagari, Revista Conexos, Revista Suburbano, La Peregrina Magazine; escribe para El Nuevo Herald.

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Esta entrada fue publicada el 20/08/2018 por en Narrativa.

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