Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

“El poeta vive siempre en una especie de pugna con las palabras”: Entrevista a Emilio de Armas

INGEBORG PORTALES

 

Esos lugares queridos,
cercanos geográficamente,
han quedado al otro lado del tiempo.

Emilio de Armas

 

¿No hay una contradicción cuando un poeta como usted dice no creer en las palabras?
No creo en las palabras, en La Palabra con mayúscula, en el sentido del verbo, como fuerza creadora, en esa sí creo. Pero las palabras se pervierten mucho por obra humana, se utilizan tristemente para engañar. Las palabras, cuando no tienen detrás la verdad, o por lo menos la convicción de que se está diciendo la verdad, pueden usarse para hacer mucho daño. Por eso digo “Las he visto afirmar, negar, mentir al pie de los altares y patíbulos”, en dos de las situaciones más extremas. La historia de la humanidad, entre otras muchas cosas, es la historia de cómo la palabra, que es la fuerza creadora, se ha utilizado para hacer el mal. El poeta vive siempre en una especie de pugna con las palabras, que es el único vehículo que utiliza la poesía.
 

Usted estuvo en Cuba durante ese período que posteriormente algunos críticos literarios denominaron el Quinquenio gris de la poesía cubana. ¿Cómo lo recuerda?
Fue una época terrible, que la viví junto con un pequeño grupo de amigos que coincidimos en la Universidad de La Habana y nos formamos en la poesía al mismo tiempo. Lo maravilloso fue que de pronto nos encontramos un pequeño grupo de jóvenes, con la misma edad, coincidiendo en lecturas, buscando algo que debía ser distinto de lo que había, buscando dónde fue que se interrumpió el buen camino, y esto nos unió muchísimo. Pienso que no fue Quinquenio ni fue gris, fue un Decenio negro. Para mí eso es una adulteración muy grande, pues como no se puede negar una verdad, lo que han hecho los críticos que se han puesto a hablar del Quinquenio gris es contribuir, no sé si a sabiendas o no, a ocultar una parte de la verdad. Si se reconoce una parte, parece que por lo menos hay una crítica retroactiva. Pero por otro lado hay que reconocer que han tenido el valor de decirlo estando allí.
 

¿Qué tipo de poesía resultó en general de este decenio?
La poesía que se publicaba en cuanto estilo era lo más prosaico y chato, lo más cercano posible al editorial de periódico, ya un soneto era sospechoso. En cuanto a los temas tenían que ser abierta y francamente cotidianos, políticos y revolucionarios. Se podía escribir de amor y de unas cuantas cosas más, pero esto había que sazonarlo con panfletos a la revolución y a lo que estaba sucediendo en ese momento.
 

¿Y cómo reaccionaban ante la poesía no comprometida con estos principios?
La comenzaron a llamar poesía escapista, intimista. Yo siempre me negué a aceptar este término, aceptaba en todo caso interiorista. Porque el intimismo es un período muy breve y específico en la poesía cubana, alrededor de los años 20 con tres o cuatro nombres, y eso no va a volverse a dar. Detrás de todo esto estaba el verdadero problema, que era un país donde no se podía hacer arte con libertad. La verdad no podía salir a la luz, una cosa eran las conversaciones en la casa, en la calle, a la salida de un concierto, en un parque del Vedado, y otra cosa eran las polémicas aguadas que llegaban a salir en los periódicos.
 

¿Recuerda alguna historia en particular de este período?
Una con El Caimán barbudo, fue un número que lo dirigió Roberto Díaz en el año 69 o 70. En ese número publicó poemas míos, de Aramis Quintero y de varios poetas más. El número lo ilustró Servando Cabrera, era precioso. Pero ninguno de los textos tenía el más mínimo compromiso político. El número originó un problema tan grande que lo tuvieron que recoger apresuradamente, e hicieron otro número con la misma fecha para sustituir el que desaparecieron. Yo conservaba tres ejemplares, y un día en Camagüey, por el año 89 o 90, me invitaron a hablar de poesía y llevé aquel ejemplar y lo mostré al público. Les dije, si van a las hemerotecas y piden esta fecha van a encontrar un ejemplar distinto, pero aquí está el verdadero ejemplar. Creo que ya esto marcaba un cambio en la poesía cubana de aquella época.
 

¿Aún conserva los ejemplares?
No, se quedaron en Cuba cuando me fui.
 

¿Usted diría que hay un vacío en la historia de la poesía cubana?
La historia de la poesía cubana de los años 60 y 70, la que está en los libros, es insuficiente, no es toda la historia y yo diría que ni siquiera es la verdadera historia. Porque no podía publicar todo el que estaba escribiendo, había gente que escribía y guardaba sus escritos. No los dejaban publicar, junto con la poesía coloquialista revolucionaria, se estaba gestando otra poesía que empezó a salir a la luz casi diez años después.
 

Cuénteme sobre su primer libro “La extraña fiesta”.
El libro salió premiado en el concurso “13 de Marzo” de la Universidad de La Habana en 1979. Yo lo envié porque en la composición del jurado estaba Eliseo Diego. Los otros dos miembros de jurado eran José Prats Sariol y Ángel Augier. El día de llevarlo al concurso cuando lo releí, pensé -no lo voy a llevar porque a este libro no lo premian ni tres Eliseo Diego juntos. Era la negación misma de todo este tipo de poesía que se promovía. Y me fui a trabajar. Resulta que cuando regresé, mi madre había llevado el libro al edificio de extensión universitaria, que quedaba frente a Coppelia y lo había presentado en el concurso. Este libro fue, hasta donde yo recuerdo, el primer libro que se premió que no tenía poemas dedicados a la revolución. Había un poema dedicado a José Antonio Echeverría, en el que se mencionaba a Dios y me dijeron que existía la convención tipográfica de escribirlo con minúscula. Les dije que eso era imposible, porque se transformaba en un nombre común y entonces había que ponerle el artículo él o un, y se le rompía todo el ritmo al verso. El verso era una frase que usaba mi abuela cuando nos íbamos a acostar: “que buenos sueños nos dé Dios”. Felizmente lo respetaron.
 

Después vino “Reclamos y presencias” …
Sí, “La extraña fiesta” fue un libro escrito por una persona joven con una sensibilidad que era refractaria al sistema. “Reclamos y presencia” ya era un libro que tenía poemas con alusiones intencionales, ocultas bajo un tono de poesía de fábulas medievales, de historias. Este era un libro político, con un lenguaje exactamente opuesto a lo que se usaba entonces.
 

¿Qué recuerdos guarda de su estancia en Buenos Aires?
Argentina es un país maravilloso, llegué allí sin conocer a nadie y me fui dejando muy buenos amigos, unos cuantos que cuentan entre los mejores amigos que he tenido en mi vida. Buenos Aires es una ciudad tan bella, es como La Habana, pero limpia y pintada. El barrio de San Telmo es como las estribaciones de Centro Habana con la Habana Vieja. La última calle donde viví, yo le decía San Rafael, porque se parecía muchísimo a esa calle de La Habana. Para un habanero y para un escritor, Buenos Aires es la ciudad ideal, es inmensamente literaria, la calle Corriente es un gran desfile de librerías.
 

¿Y por qué decidió venir a Miami?
Cuando caminaba por las calles de Buenos Aires sentía una lejanía inmensa. Sentí que si me quedaba allí eran dos vidas, era como romper la continuidad y empezar otra vida nueva, aquí yo continuaba con la vida que traía. Es ese polo, que atrae en un momento determinado.
 

¿El silencio ocupa gran parte de su vida?
El silencio es el reverso de la palabra, al que le importa y le preocupa la palabra también tiene conciencia del silencio. Ambos ocupan el mismo espacio, la palabra sale del silencio y en cierto momento, cuando la palabra se apaga, si la palabra está bien dicha, lo que se restablece es el silencio otra vez. Es el movimiento entero del universo, de un polo a otro.
 

¿Por qué tanta fijación con la muerte?
La muerte, es una presencia que está con uno, aunque uno no la pueda ni siquiera expresar de una manera conceptual. Como decía Rilke, la muerte de cada uno va creciendo con uno mismo. Recuerdo una tarjeta postal que me mandó el poeta Roberto Valero, dos o tres semanas antes de morir, a raíz de mi libro “Blanco sobre blanco”, en la que me decía “no llames tanto a la muerte, que puede venir”.
 

Lezama decía que “un hombre empieza a envejecer cuando se le muere la madre”…
No había pensado en eso, pero la primera idea que me viene a la mente es que la muerte de mi madre me hizo más niño.
 

¿Cómo están trabajados los cuatro elementos naturales en su obra?
En un sentido mítico la tierra, el agua, el aire y el fuego son por percepción de la mente humana símbolos de todo lo que existe, de la creación. En un sentido real, a través de ellos percibimos que estamos vivos en el universo, en el mundo.
 

¿Cuál es otro elemento distintivo en su poesía?
Hay una relación de espacio, de tiempo, de creación. Una especie de polaridad entre lo que es muy pequeño, una piedra, un guijarro, un insecto, y el universo. Tiendo a crear un espacio entre lo muy particular y lo universal y están estrechamente unidos y vinculadas. No existe independencia entre un grillo que está cantando en la hierba y una estrella que está brillando allá arriba a 20 años luz. También se repite siempre la presencia de sombras que amenazan.
 

¿Cuáles son sus influencias literarias más cercanas?
Los poetas se organizan por familia y tiene que ser familia legítima. El poeta nunca debe renegar de su familia, de quienes son sus padres y sus abuelos. Así como tenemos una estirpe biológica tenemos una estirpe literaria. Yo tengo mucha afinidad con la poesía de Eliseo Diego. En general con el grupo Orígenes. El poeta actúa dentro de una tradición y en mi caso evidentemente es la cubana, yo procuré una formación dentro de mi propia lengua, los poetas cubanos del siglo XIX, Martí, Zenea, Casal. Siento una afinidad muy grande por Emilio Ballagas, cuando descubrí “Elegía sin nombre” fue como si se me abrieran las puertas grandes a la poesía. Es como cuando uno lee un poema y piensa, yo quisiera haber escrito esto, que no es envidia, es un sentimiento de amor.
 

“Sefarad”, el último poema de este libro y “Fidelidad del peregrino” aun inédito, ¿pueden ser dos poemas de cabecera de un exiliado?
EdA: “Fidelidad del peregrino” es la vida como viaje que no cesa. Yo me he identificado siempre con la figura de Odiseo, con la idea de que lo que importa no es llegar, lo que importa es ir. Y “Sefarad “es el exilio universal, en este caso centrado en la expulsión de los sefardíes de España por obra de los reyes católicos.
 

¿Sobre qué libros vuelve siempre?
Yo he leído cosas muy diversas y por distintas etapas, pero siempre el hilo conductor de la lectura ha sido la poesía. Aunque esté leyendo un libro de física como “La teoría del tiempo” de Hawking, que me parece uno de los libros más importantes que se hayan escrito, entre capítulo y capítulo, leo poesía. Ya no leo tanta como antes, más bien releo la que me gusta. Cuando uno se está formando está buscando, pero llega el momento en que ya tiene su poesía acompañante. Otra de las grandes obras que he leído muchas veces es “La Guerra y la Paz”. Es una novela tan extraordinaria, que no tiene final, se va diluyendo, de pronto la novela sale del libro y los personajes siguen por ahí. Hay otro libro que decidí no terminar de leerlo, “Juan Cristóbal”, de Romain Rolland; el libro lo leí por primera vez en el bachillerato, donde se estudiaba la primera parte, “La mañana”. Este libro me fue acompañando a lo largo de la vida y cuando me iba a ir de Cuba, como no sabía lo que iba a pasar, decidí terminar de leerlo. Para mí la salida de Cuba es la muerte de mi madre y la muerte de Juan Cristóbal.
 

¿Y lo trajo consigo?
No. Luego traté de comprarlo aquí pero no lo encontré nunca en español. Lo compré en inglés y en francés, pero cuando leo por placer prefiero hacerlo en español. Finalmente, logré que me lo trajeran de Cuba.
 

¿Todos sus libros se quedaron en Cuba?
Sí, lo único que deseo es que hayan caído en las manos de alguna persona a la que le hayan hecho tanto bien como me hicieron a mí. Cuando pienso en ellos me acuerdo de unos versos que escribí alguna vez: “una pelota perdida entre la hierba, cada tarde jugaremos junto a ella, sin volver a verla”… Es como el gato de “Alicia en el país de las maravillas”, se borra el gato y lo que queda es la sonrisa….
 

qué libro rescataría…
En caso de un incendio, los Salmos de David, pero no sería necesario porque están por todas partes, así que trataría de salvarme yo para poder seguir leyéndolos. ¿Qué naufragio más grande que el irse de la tierra de uno para no volver? Hay miles de libros maravillosos. Retirarse a una casa de piedra junto a un lago, que es mi versión de la isla desierta, con los Salmos de David, porque están llenos de respuestas, el Evangelio de Marcos y el de Juan, unos cuantos de los pocos poemas que escribió San Juan de la Cruz, los poemas de Raúl Hernández Novás, de Aramís Quintero, de mis amigos, porque es como estar con ellos. Y después hay libros que nos han dicho algo importante en determinado momento, como Tonio Kroger una novela menor o relato largo de Thomas Mann, que me ayudó a autorreconocerme. Otro libro aparentemente pequeño, “Le grand Meaulnes”, de Alain Fourier, del que saqué el título de “La extraña fiesta”, es un libro para adolescentes, un gran libro de poesía. Y por supuesto, “La Odisea”. Si me pregunta mañana, cambiaría toda la lista, pero “La Odisea” y los Salmos de David no los quitaría nunca, ahí está toda la literatura universal.
 
 

Emilio de Armas
(foto: cortesía del autor)

Emilio de Armas. Nace en Camagüey, Cuba, en 1946. Su primer libro, “La extraña fiesta” fue premiado en 1979 por la Universidad de La Habana, donde el autor se había graduado en Letras unos años antes. La editorial Letras Cubanas publicó en 1981 su libro “casal” Casal, posiblemente la más completa biografía sobre el poeta. Su libro para niños y jóvenes“ Junto al álamo con los sinsontes” fue Premio Casa de las Américas en 1988. En 1992 se estableció en los Estados Unidos, donde ha publicado varios poemarios entre ellos “Sobre la brevedad de la ceniza”, Premio Eugenio Florit en el año 2002. “Una sola palabra” recoge lo más representativo de su labor poética desde el año 1968 hasta la fecha y será presentada en la Feria del Libro de Miami y donde el lector puede adentrarse en una obra que sobrepasa ya los diez volúmenes, consagrándolo para siempre dentro de la mejor tradición lírica cubana e hispanoamericana.
 

Ingeborg Portales
(foto: tomada de Facebook)


 

Ingeborg Portales. Graduada de Bibliotecología e Historia, con Master en Ciencias de la Educación. Trabaja actualmente en Lectorum Publications. Esta entrevista forma parte de una serie de entrevistas realizadas para El Sun Sentinel, donde trabajó como freelancer del 2004 al 2009.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Información

Esta entrada fue publicada el 24/11/2018 por en Entrevistas.

Navegación

A %d blogueros les gusta esto: