Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Hambre y sueño

LEGNA RODRÍGUEZ IGLESIAS

 

De cómo me descogoto pegando un brinco en la cama por soñar que la olla explota sobre los pollos criollos.
Los pollos criollos son de un amigo que me los dejó cuidando antes de irse para París detrás de unas nalgas cóncavas con orgasmos caudalosos como el río Sena.
Sena se llama un pollo y también el otro porque así es más fácil llamarlos, aunque un pollo es macho y el otro es hembra.
¡Es hembra!, ¡es hembra!, gritó mamá cuando yo nací y la doctora me tomó en sus brazos y el doctor me tomó en sus brazos y la enfermera en sus brazos y el enfermero y la auxiliar de limpieza en sus brazos y mamá medio desmayada con el clítoris cosido.
Cocido, revuelto, frito, a mí el huevo me gusta como quiera, sobre todo en las mañanas cuando no hay leche ni té ni café ni queso ni mantequilla ni pan de molde ni miel solo zocatas galletas y ruedas varias de solanáceas púrpuras.
Púrpuras las uñas, púrpura el vestido, púrpura los cristales de mis gafas.
Mis gafas y yo somos una sobre todo si se trata de salir a vender eclairs.
A vender eclairs por la mañana, a vender escobas, trapeadores y haraganes por la tarde, y a sentarme en un parque por la noche con amigos que no conozco y amigos que sí conozco y amigos que acabo de conocer y en realidad me parecen personas maravillosas que podrían darme amor, dinero, comida, algo.
Algo es un poco y un poco es más de lo que puedo esperar de ti, mi amor, mi querer, mi media naranja, mi otro yo, vendiendo otros eclairs, vendiendo otras escobas, perdido en otros parques más sucios o menos sucios que las tapas de mis ollas.
Mis ollas no explotan nunca pero un día explotarán y ese día los pollos criollos no van a pasarla bien.
Bien o mal, como a diario, duermo a diario, sobre una sábana blanca donde una vez durmió mamá abrazada a papá.
Papá es un hombre miope, calvo, delgado, blanco, solo, triste.
Triste se siente un pollo, y más triste se siente el otro pollo, tristes juntos y encerrados frente al fogón mientras una olla explota, los asusta, los mata para toda la vida.
Toda la vida he visto pasar los carros, las bicicletas, los transeúntes, el tiempo.
El tiempo que pierdo por las mañanas, por las tardes y por las noches, no lo recuperaré jamás, de eso estoy segura.
Segura no, insegura tampoco, tal vez hambrienta y loca por dormir, eternamente, sin despertar.
 
Pues abro la puerta y me encuentro con que la olla explotó, había ido a vender eclairs un rato y había dejado la olla puesta, a fuego lento. Busco cualquier cosa donde quepa un par de pollos, para enterrarlos como es debido, en nombre de la amistad que me une a su dueño. Como todo lo que me rodea es útil, meto los pollos en la misma olla que los mató y procedo al funeral. Enciendo velas, me suelto el pelo, me quito las gafas púrpuras, pienso en las guerras, las catástrofes, la muerte. Trato de pensar en cosas importantes. Me asomo a la olla y veo dos pollos tiesos que pudieran convertirse en uno de los almuerzos más felices de mi vida. Apago las velas y pongo a calentar agua para desplumar los pollos. Tengo hambre.
Salgo a vender (después de comerme un pollo) escobas y trapeadores. La venta de eclairs ha decaído y la venta de trapeadores también. Se me acercan dos señores pero no preguntan nada. Llevan corbatas, paraguas, bastones. Hablan en francés. Se dan con el codo. ¿Quieren comprar escobas?, pregunto por fin para romper el hielo, ¿quieren comprar haraganes? Pero los señores no quieren comprar escobas, ni haraganes. Ambos se llaman Señor Feudal y quieren comprar eclairs. Yo vendo eclairs por la mañana, por la tarde vendo escobas.
El Señor Feudal le dice algo al Señor Feudal, en francés.
Los Señores Feudales se dicen algo, en francés.
Yo sigo delante de ellos, sin saber qué decir, en francés.
Hasta luego, les digo a los Señores, en español.
Te pagamos veinte dólares si nos las chupas ahora, sueltan por fin para romper el hielo, ambos Señores Feudales.
Yo no chupo, yo vendo eclairs.
Te pagamos veinte dólares, belleza, o si quieres, te pagamos treinta.
Entonces sí.
Pero al final, después de chupárselas amablemente, no me pagan treinta dólares.
Ni veinte dólares.
Ni diez.
Toma cinco y vete echando, se despiden, en francés, los elegantes Señores.
Compra tu buena escoba, compra tu buen trapeador, sigo yo en mi trabajo, aunque las ventas han decaído.
 
Eclairs para el amor y eclairs para que se te den los viajes, esos son los eclairs que yo vendo.
Yo vendo eclairs por la mañana, para el amor.
El amor pasa fugaz mientras las ollas explotan, y uno aunque no quiera, sale herido.
Herido de amor, herido de todas las cosas que no fructifican y se detienen, pegando un brinco en la cama.
La cama me llama cuando estoy lejos vendiendo eclairs por esas calles.
Esas calles laberínticas conforman una ciudad.
¡Una ciudad!, ¡una ciudad!, le grité a mamá desnuda con la olla en una mano y en la otra, la maleta.
La maleta desteñida que me regaló un amigo antes de irse para Memphis detrás de unas nalgas cóncavas con orgasmos caudalosos como el río Mississippi.
Mississippi me llamo yo porque es un nombre que sirve para el varón y para la hembra.
¡La hembra!, ¡nació la hembra!, gritó mamá cuando yo nací y la doctora me tomó en sus brazos y el doctor me tomó en sus brazos y la enfermera en sus brazos y el enfermero y la auxiliar de limpieza en sus brazos y mamá medio desmayada con el clítoris cosido.
Cocido, revuelto, frito, a mí el huevo me gusta como quiera.
 
 
Del libro de cuentos ¿Qué te sucede, belleza?, Editorial Los libros de la mujer rota, Chile 2019.
 
 

Legna Rodríguez Iglesias
(foto: cortesía de la autora)

Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, Cuba, 1984). Obtuvo el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar, 2011, y es ganadora del Premio Casa de Las Américas, teatro, 2016, con la obra Si esto es una tragedia yo soy una bicicleta. Es autora de varios libros como Hilo+Hilo, poesía, Editorial Bokeh, Leiden, 2015; Las analfabetas, novela, Editorial Bokeh, Leiden, 2015; No sabe/no contesta, cuento, Ediciones La Palma, España, 2015; Mayonesa bien brillante, novela, Hypermedia Ediciones, 2016; Dame Spray, poesía, Hypermedia Ediciones, 2016; Chicle (ahora es cuando), poesía, edición bilingüe de la Editorial Letras Cubanas, 2016; Todo sobre papá, poesía para niños, Ediciones Aguadulce, 2016; Transtucé, Editorial Casa vacía, EEUU, 2017; La mujer que compró el mundo, cuento, Editorial Los libros de la mujer rota, Chile, 2017. En el año 2016 mereció el Paz Prize, otorgado por The National Poetry Series, con Miami Century Fox, 51 sonetos, Akashic Books, 2017. La Editorial Alfaguara publicó Mi novia preferida fue un bulldog francés, Narrativa Hispánica, España, 2017. Es mamá de un bebé demasiado precioso y tenía la misma cantidad de tatuajes que de años, ahora ya no.

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2 comentarios el “Hambre y sueño

  1. Teresa María
    17/03/2019

    Me gusta su crudo lenguaje, porque transgrede, porque me hermana a la atrevida pureza del dolor.

  2. ELISABET
    02/04/2019

    LEGNA QUERIDA ,YA CONOCIA REFERENCIA DE TU TRABAJO ,POR ENA .ESCRIBES GENIAL .UN PLACER .ELISABET

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 16/03/2019 por en Narrativa.
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