Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Me quedaré quieta como el lagarto antes de morir y otros poemas

EVA M. VERGARA

 
Now, that you cannot say my name anymore
The heart hurts, those fingers softly pressing the keys, will murder me.
Ahora que no has de pronunciar mi nombre
que el teléfono sobre el frio no llama tu atención;
una línea escrita, perfecta, una lista de anónimos semblantes.
Levanto el rostro a la música
vago en ella y volvemos a encontrarnos:
En el rostro juvenil tras la máquina de escribir
la sonrisa marcada de futura deformación
en el cuadro dos chicas en quimono cuchichean
el paper mache guardando el don.
Tras ese instante la finca, el abuelo olvidado, la navaja símbolo
el animal hosco, las palabras perdidas.
I am afraid, afraid to go down, to see, a sound will make my soul jump.
Tengo miedo.
¡Qué porquería!, dice la niña y empuja el regalo a un lado.
Los ojos enormes, ven demasiado.
 
 
 
Ese niño que juega conmigo
No sabe
De la mascota que ha de morir asfixiada
Una mañana de febrero
Bajo el ojo ignorante de sus dueños
Bajo la rueda que corta sobre el césped del patio
Por el diente enojado del perro
La sarna incontrolable
El parásito vencedor
 
Ese niño que juega conmigo
No sabe
De la abuela postrada
De la amenaza de la escoba
La espumadera el cuchillo
El machete y el escondite bajo la cama
 
Ese niño que juega conmigo
No sabe
Del padre distante
Horizontes que distraen su intención de volver
Bocas que sugieren está loco
Ánimos determinando sus vidas
 
Ese niño que juega conmigo
No sabe
De la joven y tres niños
Las notas hermosas en la postal enviada
La caligrafía infantil y el latido
De una lágrima en el papel cebolla
 
Ese niño que juega conmigo
No sabe
De las pastillas futuras
La chica burlona que colecciona prendas
Del dolor infinito de ese primer suspiro
 
Ese niño que juega conmigo
No sabe
Que tras la madera se ocultan
Que vienen a por mí
Que puedo presentirlas
Que no habrá ocasión para la resistencia
Ese niño que juega conmigo
No sabe
Que le perdono.
 
 
 
Me quedaré quieta como el lagarto antes de morir
alargaré la mirada sobre el librero el cedro del patio
el cielo blanco presentido
agotaré mi tiempo en un duermevela seguro
los odios que intentaron habitarme repetirán su toque,
una vez más desoiré sus razones
la niña el niño asesinado me mostrará sus ojos de perdón
la palabra brusca el brazo levantado me recordarán la antigua culpa
volverá esa melodía a inquietarme
volverán esos ojos a lastimarme musitaré el habitual ruego
y otros rostros queridos sobrepondré al impertinente pensamiento.
Me quedaré quieta como el lagarto antes de morir
como Ruby en aquellos días
treinta días de cachetadas silenciosas
en la sala, la cocina
tras el mueble oculta
sobre el tocadiscos
en la gaveta ajada.
El alimento forzado la fatiga
el nombre en la cajita anaranjada
los pozuelos aún sin remover
las vasijas de la arena acumulando polvo
la tarde tarde y su cuerpo extendido sobre la madera
Ozu en la ventana espera.
Me quedaré quieta como el lagarto antes de morir
el huracán revoloteando afuera
la caída libre y desvanecer.
 
 

Eva M. Vergara
(foto: Rodolfo Martínez Sotomayor)


 

Eva M. Vergara (La Habana, Cuba, 1966) llegó a los Estados Unidos en 1989. Cursó estudios de Literatura Inglesa en el Miami Dade College. Ha publicado el libro de relatos, Mirada desde un submarino blanco (Editorial Silueta, 2009). Uno de sus cuentos fue incluido en Palabras por un joven suicida (Editorial Silueta, 2006). Tiene inédito el libro de relatos “Ceremonia de salutación”.

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Esta entrada fue publicada el 16/03/2019 por en Poesía.
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