Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

La edad de la idiotez. La perplejidad. Capítulo VI

DANIEL FERNÁNDEZ

 
VI
 

¡Qué maravilla! Apenas me puse a pensar en el asunto y se me han ocurrido ideas formidables. Es que la creación es así. Uno se pone una idea en la cabeza, y si es buena, hasta el cosmos conspira para que salga adelante. En cambio, si no conviene, algo pasa que se frustra o no sale bien, o se pierde, como me pasó con mi novela egipcia, que fui a Egipto por segunda vez a terminarla, y Dios permitió que un taxista árabe me la robara en París. No la seguí, perdí todo lo que había escrito en el Nilo y en el lago Nasser. Más de 40 páginas, sin contar la revisión de casi todo lo que había escrito como resultado de mis lecturas sobre esa civilización. En fin, cuando Dios no lo quiere, no hay nada que hacer.
En cambio ayer, apenas me puse a pensar en la nueva narración y su personaje central, me salió un fragmento formidable que bien podría ser el principio de la novela. Como se trata de alguien que envejece y va perdiendo la memoria, le he puesto como título provisional El olvido, pero también considero como título posible, La amnesia:
 
EL OLVIDO

5:00 a.m. ¿Qué hora era? No quería ni mirar el reloj. Seguro que era la hora que más temía, aquella en que se despertaba antes de tiempo, todavía oscuro y le llegaban todos aquellos pensamientos… El pasado, la maldición de la estatua de sal… o algún sueño con un amigo muerto, con su madre, y peor aun, se le olvidaba el nombre de aquel amigo, hasta de aquel familiar. Apenas se preguntaba “¿qué hora es?” ya se le iba la historia, solo un detalle, era en un barco, en un circo, en una casa nueva, en Israel, iba paseando por una calle o, como aquel sueño en Cadaqués que estaba convencido de que había sido real, que se había manifestado allí, que había sido una teletransportación, por la cara de las señoras, que solo hablaban catalán, cuando él empezó a desvanecerse allí y a volver a sentirse en la cama… Odiaba esta hora del despertar, sobre todo, porque lo primero que venía de su persona al abandonar los laberintos del sueño eran recuerdos terribles o amargos, pensamientos negros, muy negros, como los que no se atrevía ni a poner en el papel, mucho menos a comentárselos a nadie. Para colmo, cada vez se le olvidaban más los sueños; libretas de notas enteras había escrito con ellos, cuando los recordaba. Pensó alguna vez en hacer un libro, eran tantos, clasificarlos: medievales, sexuales, con otra identidad, en otro idioma, con mensajes “claritos”, de otras vidas, con la Virgen, con un demonio, con íncubos, súcubos. Seguro estaba de que traían claves importantes sobre su vida, su “persona”. Pero ya se le olvidaban, por más que dejara la libretica encima de la mesita de noche, en la almohada vacía de al lado, entre los libros de la cama… apenas abría los ojos, como en una disolvencia, la imagen del barco, de la calle, de las señoras pasmadas de Cadaqués, con una expresión como la de El grito, de Munch, se iba desvaneciendo para dar paso al ventilador del techo, o al televisor, o los libros y revistas sobre la cama… ¿Dónde estaba la libretica? Pero antes de encontrarla, el sueño se iba como había venido por sus puertas de marfil o de tarro y él, cómo sor Juana estaba en la cama… despierto y hecho un amasijo de olvidos. Pero qué podía esperar, si hasta la vida se le iba olvidando, ¿cómo no se le iban a olvidar los sueños?
 
 
Este texto pertenece a la trilogía La edad de la idiotez. La amnesia y La perplejidad (Editorial Silueta, 2019), de Daniel Fernández.
 

La edad de la idiotez.
La Perplejidad
(Editorial Silueta, 2019)


 

Daniel Fernández
(foto cortesía del autor)

Daniel Fernández Daniel Fernández estudió Licenciatura en Literatura Hispanoamericana y Cubana en la Universidad de La Habana, y trabaja actualmente como crítico de música clásica y reportero de El Nuevo Herald, en Miami. Perteneciente a la llamada Generación de El Mariel, el autor escribió una novela en Cuba La vida secreta de Truca Pérez, por la que fue sancionado a cuatro años de privación de libertad. Fue indultado en 1979, año en que llegó a Estados Unidos. Ha publicado Sakuntala la Mala ontra La Tétrica Mofeta (Editorial Silueta, 2009), Novelas Sencillas (Editorial Silueta, 2010) y El libro rojo de Sakuntala la Mala (Editorial Silueta, 2018). Autor de varias obras dramáticas, además de poemas y cuentos dados a conocer en distintas publicaciones y escenarios.

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Esta entrada fue publicada el 29/08/2019 por en Narrativa.
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