Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Hicieron un pacto y otros poemas

CARMEN KARIN ALDREY

 
Hicieron un pacto:
nunca morir.
 
Y en cierta medida
todo lo que muere
sigue vivo
 
aquellas cosas
perdidas en el tiempo
de pronto un día
reaparecen
 
su luz entra por la ventana
con más fuerza que nunca
vemos el rostro del pasado
en una nube.
 
Ella le dijo:
si mi cuerpo se desvanece
no lo tomes en cuenta
soy un ángel de fuego
la espuma del mar
sombra que camina
por calles desiertas
y jardines silenciosos…
siempre estaré
en algún lugar.
 
Hoy la vio
sentada sobre la hierba
conversando
con los pájaros…
 
(2015)
 
 
 
Esa tentación
que siente la hormiga
por el néctar prohibido…
 
ese caminar distraído
que la hace inofensiva
ante la abeja y la mariposa…
¡no es más que un ardid!
 
La observo largamente
y sigo con la mirada su recorrido
a través de las hojas marchitas
 
va regresa se detiene
espera el momento exacto
para robarle al tiempo
el dulce instante del encuentro.
 
Mientras tanto una gota se desliza
hermosa  transparente
la llama con sus dedos de miel…
 
y la hormiga tiembla
cambia de color en las sombras.
 
(2014)
 
 
 
Hoy una araña
ha sido arrastrada por el agua
al hueco inmundo de la cañería
 
la he asesinado
 
he abierto la pila
mientras pensaba en este mundo
donde tiran basura a los patios
y los pájaros se atragantan de plástico.
 
No quiero que me perdone
la inconsciencia
ni ese vapor que invade mi cerebro
al despertar
 
tampoco que su alma me incrimine
por no haber advertido
sus patas largas y distinguidas
aferrándose al vacío…
 
a mí también me arrastra
el agua implacable de los días.
 
(2014)
 
 
 

(27)XVIII           Nada es igual sin embargo todo es lo mismo hoy mezclo pigmentos y palabras como en el pasado cuando nació la virgen con su niño arqueado mañana los árboles estarán bajo el invierno las hojas morirán para renacer se repetirán los ciclos de la existencia cósmica pocas cosas cambiarán lo he sabido desde siempre lo he visto al mirar a un punto fijo y el tercer ojo se abre a las indagaciones eso lo aprendí con una compañera taiwanesa del College que me invitaba a las clases de meditación en la playa su gran drama era el lesbianismo reprimido estuvo así por algunos años hasta que apareció Annabelle una francesa que hablaba cantonés y cantaba la vie en rose con la ceja izquierda levantada mi amiga se entregó al frenesí de la pasión se enfrentó a sus padres cuando le prohibieron las salidas nocturnas llegó al punto en que la sacaron a empujones de la casa y dejaron de hablarle entonces ella se rapó la cabeza y pasaba frente a su antiguo hogar en el Valle de San Fernando conduciendo el convertible de Annabelle sus hermanos pequeños le tiraban huevos y los padres cerraban las ventanas a cal y canto yo le decía que ese no era el método pero de nada sirvió poco después se enteró que decían al vecindario que ella era adoptada se parapetaban detrás de la muralla del desconcierto y el prejuicio la madre lloraba todas las noches salían ríos de aguas muertas por debajo de la puerta mi amiga decidió olvidar que tenía familia aprender francés irse a vivir con Annabelle aceptar a su gato que extrañamente se vengaba de su presencia cagándole los zapatos como yo decía al principio todo se repite mi amiga un día se cansó de no entender la letra de la vie en rose al final nunca aprendió francés las trastadas del gato la fueron alimentando poco a poco de una cólera sorda y ciega de pronto se vio regresando al karma de la fatalidad no sé por qué la gente desaparece sin despedirse ella también desapareció llegué a pensar que se había suicidado un día la vi en el Buddhist Temple de Echo Park estaba allí con su familia sus ojos reflejaban un extraño sosiego por supuesto que me vio pero agachó la cabeza la resignación a veces tiene rostro de santidad.
 
 
 
(34)XXIII      Mi padre se hallaba ingresado en un hospital y yo en otro nos estábamos muriendo a la misma vez a mí se me concedió la divina gracia de sobrevivir salí directo del hospital a su funeral en Forest Lawn mi familia paterna estaba allí juzgando de reojo mi condición de oveja negra nadie preguntó por qué no me había muerto en realidad yo era un fantasma pesaba menos de cien libras mi nariz era una flecha que había perdido el olfato morirse y regresar fue algo extraño sentía en el cementerio que estaba asistiendo a mi propio duelo como el personaje de la Bombal era una amortajada observando desde un sarcófago la vida de los otros el pastor con su biblia hablaba y dirigía la vista hacia mí no logro recordar si compasiva o indiferente después de la ceremonia se fueron todos en dirección al parqueo y yo quedé sentada sobre la hierba tratando de oler las flores diciéndole a mi padre las cosas que nunca me atreví a decirle pensaba que me escuchaba de entre los pinos llegaba un rumor de palabras entrecortadas el eco melancólico de las campanas de Church of the Hills volaba a través del laberinto de los mausoleos cuando miré hacia atrás allí estaba la estatua de Moisés entonces la oveja negra fue azul el cielo de la mañana era un espejo claro y sin nubes.
 
 
 
(36)XXV           Me tocan las olas los caracoles las luces de Ocean Avenue el cuadro de Jack Reilly las dunas de Carmel White Sand me toca la noche me tocan tus manos las gaviotas hambrientas la niebla cada vez más espesa la cerveza irlandesa y tu lengua mojada me tocan tus ojos verdeazules tus ensayos frente al espejo las nutrias y las algas rozando tu cuerpo bajo el agua el gemido de apareamiento de los lobos de mar tu boca tan dulce como las uvas de Napa Valley me tocan tus miradas que sonríen entre burbujas submarinas tu amor a los delfines tu rechazo al humo que mancha las ciudades y ennegrece los ríos me toca tu voz exaltada si el ácido envenena la hierba me tocan tus danzas alrededor de la habitación mientras vas desprendiéndote de encajes y vigilias me tocas me tocas infinitamente y el tiempo se parte en pedazos abre caminos de reencuentros a través del espacio que te llevó a otros reinos.
 
 
Textos finales tomados del libro “California” (Sin puntos ni comas, II Parte)
 
 

Carmen Karin Aldrey
(foto: Tomada de Facebook)


 

Carmen Karin Aldrey (1950). Artista y escritora cubana nacida en el Central Preston, municipio de Mayarí. Ha publicado varios libros, colaborado en publicaciones periódicas y exhibido su obra plástica en galerías de diferentes ciudades. Vive en la ciudad de Miami.

2 comentarios el “Hicieron un pacto y otros poemas

  1. Silvia A. Ramos
    31/12/2019

    Muy bueno todo, en particular me gustan los ‘sin puntos y comas’…

  2. Carmen Karin Aldrey
    03/01/2020

    Muchísimas gracias, Silvia!

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Esta entrada fue publicada el 22/12/2019 por en Poesía, Prosa poética.
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