Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Miracle Mile y otros poemas

MARÍA CRISTINA FERNÁNDEZ

 
Miracle Mile
 
Un tipo extraño, lleno de manías.
Se sacude los hombros y a veces sacude los hombros
de las chaquetas de otros.
Hoy llegué y tenía puesto a Santana en su teléfono.
El clásico, Mulata, oye como va.
Le pedí que pusiera “Los caballos”
donde Santana se desboca junto a Alice Coltrane.
No lo consiguió: la batería de su teléfono era escasa.
Pero él tenía mucha, mucha carga aún
y se puso a hablar.
Es Semana Santa; por ahí vino el tema.
Así fue como un cocinero se convirtió en predicador.
Me habló de los milagros de Jesús
y de que hay un solo dios verdadero.
Y de como dio a su único hijo para salvarnos.
Un solo Dios
un solo Hijo
un solo libro de verdades.
Como mismo hay un solo presidente
un solo señor Darden
un único manager
y un único marido.
Una sola voz que continuó hablando
del desencanto que tuvo al llegar el milenio
mientras perseguía esa bola con los ojos
cayendo en Times Square
escuchando los fuegos artificiales
y la música
y los gritos de la gente seguramente borracha
y él no paraba de seguir esa bola con los ojos
y con la respiración, preguntándose por qué
no llegaba el apocalipsis prometido.
¿Por qué anuncia Dios con lujo de detalles
eventos importantes que luego
no está en condiciones de cumplir?
¿Cuánto tiempo más tendrá que seguir tirando
filetes de carne y de pescado al asador?
¿Cuánto dura el infierno en la tierra, Señor nuestro?
¿Es que olvidaste que esta calle donde estamos
se llama no por gusto
la Milla de los Milagros?
 
 
 
El cazador de imágenes
 
Se fue a Nueva York y vino preñado de imágenes.
De drag queens, lesbianas y múltiples variaciones
de lo gay.
Al Pride Parade
al Pride Parade
al Pride Parade
Camilo se fue y llevaba
zapatos de mujer, una peluca
y una buena cámara de cazador
de imágenes.
Hay una en particular que me pareció
de una mariconería encantadora:
un muchacho en contrapicado
un muchacho con alas de cartón
con un pie adelantado hacia el fotógrafo
dejando ver la suela recia
de una bota acuciosamente
masculina.
Parecía de algún modo que podía patear
la cara invisible de quien lo hacía
momentáneamente inmortal.
“No puedo colgar esta imagen”
se queja el cazador.
“Pudiera demandarme si acaso la llegara a ver”
Pudiera Camilo, en nombre de inmortalizar la libertad,
llegar a ser un cazador cazado.
Todo ángel es terrible, pienso
y el cielo es una red inmensa de gente
condenada de antemano al infierno de celarse
cuando al final del día
el carnaval se convierta
en un toque de queda.
 
 
 
Pas de deux
 

A Carlos

 
Bailamos en la cocina
recitamos un falso mantra:
Om celery om celery om mushroom mix.
Hablamos de un compositor ruso
que no pudo ser como él,
abiertamente gay.
Lo trajo Mateja, la del violín,
lo que me lleva a pensar
en la atracción de las cuerdas
y de los cuerdos y no tan cuerdos.
Hoy me ha enseñado una imagen
que descubrió en su jardín:
el momento en que una oruga
se transforma en crisálida.
Ir más allá de la forma,
trascender una etapa matérica.
No morir como Tchaikosky
arrinconado en el closet.
Bailar con confianza un pas de deux
abrazar la viola, violar las normas,
quemarse con la puerta del horno,
saber que te apodan con un nombre femenino
y no blasfemar.
Bailar, bailar,
en el charco de los cisnes
mientras dejas que el agua sucia
se vaya lentamente
por el tragante.
Om celery om celery om mushroom mix.
La vida es un mantra
la vida es tántrica.
Todo lo demás es viral
y pasa.
 
 
 
Copper River Salmon
 
Es la temporada del salmón Sockeye
de un vívido color naranja
servido con vegetales de la estación.
Es verano, un verano candente
luego que el señor presidente rompiera
con los protocolos ambientales.
El señor presidente que será recordado
por su pelo naranja y su desinterés en proteger
hombres o salmones.
Corriente arriba por los rápidos del río
el salmón ayuna y almacena grasa
para el largo y difícil viaje a desovar.
Hay monjes de túnica anaranjada cuyas vidas
parecen haberse curtido en el Copper River
y hay hombres comunes, tan predecibles
que van a quemar grasa en los gimnasios
para olvidar cuán difícil es en estos tiempos
atenerse al designio de la especie
de querer perpetuarse y desovar.
Dicen que en las aguas del oceáno
donde los ritos reproductivos no suceden
el salmón Sockeye cambia de color
el vientre se le torna de un color de plata.
y el cuerpo de un turquesa deslumbrante.
 
 
 
Y no era la Montero
 
Aquí hubo antes un piano bar.
Ahora es un bar sin piano
donde se sientan los asiduos a conversar.
Salgo con mi gorro puesto
mi olor a humo de cocina,
a tiempo perdido
cuando veo entre penumbras un rostro
reconocible, aunque no familiar.
Es un escritor con suerte
ha publicado en Alfaguara
ha recibido algún premio importante.
Me saluda con cierta pena
como diciendo: no te mereces esto.
Un par de mujeres ebrias se le acercan
trastabilan, sin llegar a caerse.
“Dependen de mí;
en el estado en que están no pudieran
manejar”.
Tienen acento español,
de España quiero decir.
Les miro bien los rostros
por si alguna de ellas es Rosa Montero.
“Estamos celebrando un jugoso contrato
para importar jamón ibérico a Miami.
Ya sabes, de la literatura sola no se vive.”
Dímelo a mí, pienso y me esfumo.
La literatura es una puta muchas veces.
Otras es simplemente un viejo amor perdido.
 
 
 
Happy Hour
 
Me he traído a casa una concha de vieira.
la más hermosa,
la más contrastante.
La he salvado del despojo,
de ir a la basura.
Las conchas de vieira generalmente
acaban en la basura
y compran otras.
Ese es el juego: usar, botar, comprar.
Este no es el camino de Santiago
donde la concha de vieira y el peregrino
se vuelven uno.
La usan para beber el agua
y adornar las alforjas y las mochilas.
Aquí simplemente, luego del happy hour,
comida la suave carne blanca de su vientre,
se convierten en deshechos.
Una pena: yo he visto sus dibujos
y te puedo asegurar que merecen
otra oportunidad.
Están hechas de un material tan parecido
a nuestros huesos,
que pudiéramos coexistir en un libro
que cuente la historia de los seres calcáreos,
y en buena medida de la belleza
que se manifestasen el mar,
en las rutas sagradas
y en las oscuras cavernas
de las cocinas.
 
 

María Cristina Fernández
(foto: Tomada de Facebook)


 

María Cristina Fernádez nació en Santiago de Cuba y vive en Miami desde el año 2006. Tiene publicados los libros de cuentos Procesión lejos de Bretaña, El maestro en el cuerpo, y No nací en Castalia (Editorial Silueta, 2016), además de otros dos volúmenes para niños. Textos suyos han aparecido en revistas y antologías de Cuba, Estados Unidos, México, Italia y España.

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Esta entrada fue publicada el 22/12/2019 por en Prosa poética.
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