Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

El espejo

NELSON LLANES

Él, en cambio, por alguna razón había pasado inadvertido. Era ya el momento de la tácita rebelión, de correr la misma suerte que sus congéneres y demostrarse a sí mismo que no era un bicho raro. Después de dar un amplio recorrido y atravesar las altas montañas, arribó a la zona donde el gran río se bifurca en múltiples afluentes, en cuyas márgenes los cazadores de estación improvisan sus endebles y portátiles tiendas de campaña, y permanecen hasta que el invierno desdibuja las hojas de los árboles con sus primeras deposiciones. En cuanto avistó las primeras señales humanas se desplazó con un vuelo rasante sobre las geométricas construcciones. Era aún muy temprano. Todo estaba a merced del despertar. Bajo una tenue capa de rocío crepitaban los rescoldos de una hoguera que había servido de comburente para cocer alguna presa del día anterior. Unas plumas blancas similares a las suyas yacían desparramadas junto a los restos del carbón; los vestigios de sangre estaban vivos. Un temor se apoderó de él al sentir lo que sus compañeros debían experimentar siempre que se encontraban en una situación similar. El susto de la adrenalina siguió a la premonición, pero faltaba el disparo, uno solo, rotundo, malintencionado, y por qué no: certero. Lo que para ellos eran las primeras esencias del café para él fue un augurio de la aparición de su ansiada presa. Sobre la rama de un roble contempló cómo los perros salían de su escondite poniendo a prueba sus olfatos al dirigirlos repetidamente a los cuatro puntos cardinales. ¿Acaso lo olían o advertían su repentino acecho? ¿Qué diferencia había entre estos perros domesticados y los insaciables gavilanes a los que nunca les interesó su presencia? En cuanto los cazadores se dispusieron a avanzar con sus escopetas en ristre se precipitó de la rama y dibujando una atrevida escaramuza cruzó por encima de sus cabezas sin despertar el más mínimo sobresalto. Varias veces repitió la operación con el mismo resultado, si bien cada intento era más osado. Decepcionado tomó un rumbo contrario al que siguió la comitiva fracturando los vientos con obstinada bravura durante días, como la veleidosa cometa que despeina el aire con porfía. Sólo él sabía lo que buscaba, no podía tolerar la indiferencia, aunque en ello le fuera la vida. Tan pronto como divisó la primera mancha de agua descendió, y una vez junto al reposado espejo de una insignificante laguna se dispuso a contemplar la misma figura que tantas veces se había negado a observar con aplomo. Y para su sorpresa nada reflejaba el espejo.

Nelson Llanes
(Foto: cortesía del autor)

Nelson Llanes (1962). Graduado de Historia del Arte. Ha publicado artículos sobre artes plásticas, cine y música en diferentes medios. Es autor de varias obras de teatro. Ha publicado el libro de relatos Los cazadores de nieve (Editorial Silueta, 2019).  Actualmente reside en Estados Unidos.

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Esta entrada fue publicada el 14/06/2020 por en Narrativa.
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