Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Cuatro preguntas a Elizabeth Mirabal

RODOLFO MARTÍNEZ SOTOMAYOR

 

Ganadora del Premio Iberoamericano Verbum de novela 2014, con La isla de las mujeres tristes, Elizabeth Mirabal publica ahora su segunda novela, La belleza de la inutilidad. He sentido que sus personajes deambulan por las páginas como fantasmas con cuerpos ajenos o náufragos sin país preciso.
El escritor y editor Pio E. Serrano en la sobrecubierta dirá de ella “…el relato, como serpiente constrictor, encierra los destinos entrecruzados de tres desasistidas conciencias: Ceuta (habitable al fin en su feliz locura), El (“vino para ser ermitaño” y Gertrudis (que sueña parecerse a la Stein pintada por Picasso); y la de un intruso, embellecido desde su deformidad y, quizás por ella, dotado del halo protector del Ángel. Sujetos de una implacable feria del abandono.”
Al cerrar la última página de La belleza de la inutilidad (Editorial Verbum, 2020). Llega a la memoria esa frase de un amigo que hablaba del placer de leer una buena novela y poder llamar al autor, y decirle cuanto te ha gustado, y hacer mención de aquellos momentos en que estuviste más inmerso en su lectura. Decirle además que le agradeces la empatía y la complicidad. He preferido que más que una llamada, sea un acercamiento en forma de cuatro preguntas, y comparto en la Revista Conexos el resultado de ese impulso.
 
RMS: ¿Cómo y por qué nace la novela La belleza de la inutilidad?
EM: Comencé a escribir la novela porque quería contar la historia de una pareja que trata de aprender a no serlo más. Dos personas que intentan lidiar con la separación. Era esa la única idea que tenía del todo clara al comienzo. Por mucho tiempo, el archivo al que volvía para continuar escribiendo se llamaba “En la vitrina”, que son las primeras palabras del libro. De cierta manera, eso era lo que estaba haciendo: poniendo a estos personajes en una vitrina, a ser expuestos y cuestionados.
 

RMS: Las personalidades complejas son materia prima para un narrador. En tu caso, no solo hay un acercamiento al entramado psicológico de mujeres creadoras, malogradas por el suicidio, como Olga Andreu, o la muerte prematura, como Juana Borrero. ¿Sientes cierta vocación a la estética de la tristeza?
EM: Los antiguos creían que la cercanía de Saturno influía en la melancolía. Eso leí en una enciclopedia juvenil. Al menos así es como lo recuerdo. Es una palabra agradable al oído: melancolía, pero en realidad quiere decir bilis negra. Creo que la tristeza es como un blasón, una insignia con la que nos presentamos y nos batimos, y que, como todo lo que nos protege, no podemos dejar a un lado. Ante la obsesión por no ser tristes o depresivos, esa cultura de la felicidad a ultranza, creo en la fecundidad de la tristeza. En el caso de Juana Borrero, puede que aplique lo de malograda, porque era en efecto una prometedora poeta que murió muy joven. Pero nos dejó sobre todo sus cartas de amor, repetitivas e intensas, recuerdo de cómo imaginamos al amor más que sentirlo. El caso de Olga Andreu es diferente. Ella no era una artista ni murió siendo alguien joven. Tampoco sus cuentos o sus incursiones en la crítica denotaban un genio en ciernes. Era una diletante que jugaba a veces con ser mecenas: una persona con aficiones disímiles: la literatura, el cine, la música, el teatro, que, al mismo tiempo, amparaba, escuchaba, refugiaba y hasta amaba a los artistas que la rodeaban. Lo rozó todo sin ser parte de nada. No creo que pretendiera otra cosa. Sin embargo, me parece que en esa misma actitud desasida está el secreto del impacto que causó entre los que la conocieron. Si me he acercado a estos personajes, es porque han dejado escandalosas pruebas de sus tristezas: Juana, en sus cartas y poemas; Olga, con un estrepitoso suicidio. Ellas tuvieron el valor de mostrar, gritar casi, que estaban tristes.
 

RMS: Tus personajes parecen estar en constante escape espiritual de la geografía que los circunda, y parecen hacer un viaje a la introspección, como en busca de la única libertad posible. ¿Es una percepción errada? ¿Cuánto hay de ti en esa búsqueda?
EM: Usando las mismas palabras de la pregunta, algunos de mis personajes creen que solo pueden ser ellos mismos en la libertad de la introspección. La manera en que perciben y deconstruyen lo que viven para transformarlo en otra cosa. No solo es un escape geográfico. Es un escape total. No van topándose con sucesos extraordinarios a cada paso, sus existencias, como las nuestras, pueden ser rutinarias y monótonas. Son ellos los que conectan acontecimientos y ven cábalas que a lo mejor no existen, pero que necesitan presentir, y que, acaso por eso, acaban encarnándose y ayudándolos a sobrevivir y a inclinar las cosas a ser más parecidas a cómo quieren que sean. Creo que hay un poco de todos en esa estrategia. Cada cual lo hace a su manera.
 

RMS: Uno de tus personajes se lamenta de no “tener la mirada inocente del hermano de Faulkner, que no veía en el sur las cosas terribles que el escritor advertía, que no podía comprender dónde estaba esa realidad torcida de familias presas bajo el peso de su tradición”. Evocas esa mirada del creador ante los hechos o sentimientos que para otros pasan inadvertidos, pero a su vez tu personaje parece quejarse de esa visión. Mucho se ha dicho sobre el dolor que puede provocar ese incontrolable impulso de creatividad, lo que es para unos un don, y para otros una maldición. ¿Si pudieras renunciar a esa necesidad de escribir? ¿Escogerías otra vida?
EM: A Carpentier le preguntaron una vez qué hubiese querido ser de no ser escritor. Contestó algo muy divertido, cosa extraña en él: dijo que jugador de polo acuático. Digamos que también me hubiera gustado ser, como las llaman ahora, una waterpolista. Pero sentir que puedo valorar la idea de escoger una vida diferente a la que tengo, sería de algún modo creer que soy “una escritora”. Y eso no es cierto. Soy alguien que escribe a veces y que cuando termina, cierra todo, para empezar a ser otras muchas cosas. Los escritores de una sola pieza están en peligro de extinción.
 
 

La belleza de la inutilidad
(Editorial Verbum, 2020)


 

Para adquirir un ejemplar de La belleza de la inutilidad (Editorial Verbum, 2020), de Elizabeth Mirabal, presionar en el enlace: https://editorialverbum.es/producto/la-belleza-de-la-inutilidad
 

Elizabeth Mirabal
(foto de Carlos Velazco)

Elizabeth Mirabal (La Habana, 1986) se licenció en Periodismo 2009. Su primera novela, La isla de las mujeres tristes, mereció el Premio Iberoamericano Verbum 2014. Es coautora del ensayo Sobre los pasos del cronista. (Premio de la Crítica Literaria Cubana 2011), y del libro de testimonios Buscando a Caín (Ediciones ICAIC, 2012), ambos acerca de Guillermo Cabrera Infante, así como del volumen Hablar de Guillermo Rosales (Editorial Silueta, 2013) y de los tomos de entrevistas Tiempo de escuchar (Editorial Oriente, 2011) y Chakras. Historia de la Cuba dispersa (Verbum, 2014). También ha publicado compilaciones La intimidad de la historia (Ediciones ICAIC, 2013), Regreso de Ricardo Vigón (Editorial Oriente, 2015)y Poesía completa (Verbum, 2016) de Juana Borrero.
 
 

Rodolfo Martínez Sotomayor
(Foto cortesía del autor)

Rodolfo Martínez Sotomayor (La Habana, 1966). Ha publicado los libros Contrastes (La Torre de Papel, 1996), Claustrofobia y otros encierros (Ediciones Universal, 2005), la compilación de textos Palabras por un joven suicida: homenaje al escritor Juan Francisco Pulido (Editorial Silueta, 2006), Tres dramaturgos, tres generaciones (Editorial Silueta, 2012) y la novela Retrato de Nubia (Editorial Silueta, 2017). Cuentos suyos han sido incluidos en recopilaciones y antologías como Nuevos narradores cubanos (Siruela, 2001), traducido al francés por Edition Metalie, al alemán por Verlag, y al finés por la editorial Like, Cuentos desde Miami (Editorial Poliedro, 2004), La isla errante (Editorial Orizons, 2011), Cuentistas del PEN (Alejandría, 2011), Reinaldo Arenas, aunque anochezca (Ediciones Universal, 2001). Su cuento Encuentro fue traducido al húngaro por la revista Magyar. Algunos de sus poemas aparecen en las recopilaciones Poetas del PEN (Ediciones Universal, 2007), La tertulia (Iduna, 2008), y La ciudad de la unidad posible (Editorial Ultramar, 2009), traducida al inglés por la misma editorial. Ha publicado críticas de cine, de literatura, de teatro, artículos de opinión en revistas y periódicos como: Diario Las Américas, Encuentro, El Nuevo Herald, El Universal. Fundador y Presidente de la Editorial Silueta; Director de la revista Conexos.

Un comentario el “Cuatro preguntas a Elizabeth Mirabal

  1. Maria Cristina Fernandez
    16/06/2020

    Muy buena entrevista. La última de las respuestas de EM es sencillamente genial.

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Esta entrada fue publicada el 14/06/2020 por en Entrevistas.
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