Revista Conexos

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Plaff o el huevo que nos tira la vida

JOAQUÍN GÁLVEZ

En la historia del cine cubano la década de los 80 se conoce como el período populista. Una de las razones por la que recibió dicho calificativo se debe a que la comedia paso a convertirse en el género predominante. Si en la década de los 70 prevaleció el realismo socialista como estética oficial, durante esta etapa se apela a la comedia para mitigar el influjo político en todos los niveles de la sociedad cubana. Uno de los pilares del cine humorístico cubano es el director Juan Carlos Tabio, cuyo filme Plaff o demasiado miedo a la vida (1988) se puede considerar uno de los logros de la cinematografía cubana de los 80.

Juan Carlos Tabio en este filme se vale fundamentalmente de la técnica autorreflexiva del teatro de Brecht para recrearnos una realidad social con un fin didáctico. Es decir, la obra de arte, aunque se basa en una realidad se distancia de la misma para así llamar la atención del espectador de una forma reflexiva. Desde el comienzo de esta cinta, Tabio nos anuncia su propósito ante un aparente defecto técnico: “este rollo vino mal”.

El huevo, ese cotidiano alimento de la cocina cubana de esa década, se convierte en un arma de repudio contra Concha, para así dar paso al suspenso en el que nos va a mantener esta película hasta el final: “¿Quién le tira los huevos a Concha”? Tabio acude al formato policiaco, estilo Agatha Christie, no sólo para crear suspenso, sino también para reafirmar el elemento reflexivo. Concha, por supuesto, encuentra un detective que le ayudará a descubrir al saboteador de los huevos, y quién mejor en un barrio cubano que una santera como Asunción. El misterio de quién le tira los huevos a Concha va a estar presente en todo el filme, pues cada vez que Concha sospecha de alguien, un huevo es lanzado en presencia de esa persona.

La vida de Concha transcurre en un medio limitado; es decir, casa y trabajo, espacios que, además, revelan los límites de su personalidad, como lo simboliza su propio nombre, vive encerrada en sí misma. Por su parte, su nuera, Clarita, representa a la mujer independiente y profesional; pero su espíritu emprendedor va a tropezar con los obstáculos de la burocracia. Es así como conocemos a Contreras, director de una empresa y paradigma de los desmanes burocráticos.

Tabio busca, a través de la técnica de los cortes de escenas, establecer una analogía entre la obra fílmica y la realidad que aborda. La interrupción de la escena aleja al espectador de esa realidad que le es afín, para luego retornar a ella con un grado de conciencia mayor, prescindiendo del elemento catártico del drama griego. La vida es como una película, por eso este rollo vino con defectos. Realidad y ficción se entrelazan para fundirse en un mismo cuerpo.

Este concepto aboga por un cine imperfecto dentro de un medio de bajos recursos económicos, incapaz de realizar películas de alto costo al estilo de Hollywood. Por consiguiente, la imaginación del director se convierte en recurso inagotable, y es así como podemos disfrutar de escenas como la que nos presenta a Contreras pasando de director de la empresa a director del filme, para explicarle al espectador que “la escena ha tenido que interrumpirse por problemas técnicos”. En un momento en que Concha está hablando acerca de su fracaso matrimonial, se vira hacia la cámara y profiere: “caballeros, perdónenme, me quedé en blanco”. O en la escena en que Clarita tiene una discusión con su suegra y decide irse de la casa, pero al no encontrar el maletín le pregunta al equipo de realización del filme: “¿Dónde está el maletín?”

Tabio satiriza la burocracia de una manera hiperbólica. Ejemplo de esto es el archivo a la entrada de la oficina de Contreras -con el cual se daba constantes cabezazos- y los innumerables memos que éste le ordena a escribir a su secretaria para que se lo llevaran. Por fin el archivo lo sacan de la oficina, pero la burocracia permanece, pues el lugar del archivo es ocupado ahora por los memos y las réplicas a los mismos. La sátira prosigue cuando la burocracia se viste de mujer con una Contreras a cargo del departamento de excrementos. La víctima de la burocracia es Clarita, la mujer joven y emprendedora, cuyo invento se ve obstaculizado por todas las trabas que se le presentan.

Mientras tanto, Concha sigue en vilo por descubrir quién le tira los huevos. Tomás está enamorado de ella; pero Concha guarda la mala memoria de su exesposo: “todos los hombres son iguales, una vez que se dan cuenta que una mujer está enamorada las hacen sufrir”, afirma.

Ella tiene miedo comenzar una nueva relación amorosa, y ese temor lo refleja en el matrimonio de su hijo, pues cree que Clarita no quiere a su hijo. Y así vive Concha sumergida en su miedo, por eso sospecha que todos quieren hacerle daño, tal como se ve en la escena en que al abrir la puerta de su escaparate el espejo refleja, alegóricamente, todos los rostros de las personas que viven en su entorno.

El estado agónico termina con la vida de Concha. Entonces, ¿quién le tiraba los huevos? A la manera de una Miss Marple de barrio cubano, la santera Asunción convoca a una reunión para develar el misterio. Concha en su incesante temor a la vida no dejaba vivir a los demás, por eso todos le tiraron huevos. Pero como dice la santera: “la culpable era Concha por tenerle tanto miedo a la vida”. Entonces nos enteramos de que Concha le tiró un huevo a su nuera; por supuesto, otro plaff por temor a la vida.

La película parece concluir; pero de pronto se corta la escena, desaparece la imagen. Otro plaff o huevo aguafiestas, pues este rollo vino mal, como la vida misma, llena de escollos que sabotean nuestra anhelada escena feliz.

Joaquín Gálvez (foto: cortesía del autor)

Joaquín Gálvez (La Habana, 1965). Poeta, ensayista, periodista y promotor cultural. Reside en Estados Unidos desde 1989. Se licenció en Humanidades en la Universidad Barry y obtuvo una Maestría en Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad del Sur de la Florida. Ha publicado los poemarios Alguien canta en la resaca (Término Editorial, Cincinnati, 2000), El viaje de los elegidos (Betania, Madrid, 2005), Trilogía del paria (Editorial Silueta, Miami, 2007), Hábitat (Neo Club Ediciones, Miami, 2013) y Retrato desde la cuerda floja (Poemas escogidos 1985-2012, Editorial Verbum, Madrid, 2016). Tiene inéditos los libros “Manifiesto y otros poemas” (poesía) y “Para habitar otra isla” (reseñas, artículos y ensayos). Textos suyos aparecen recogidos en numerosas antologías y publicaciones de Estados Unidos, Europa y América Latina. Desde 2009, coordina el blog y la tertulia La Otra Esquina de las Palabras. Fue editor y miembro del Consejo de Dirección de Signum Nous, portal de Arte, Literatura y Pensamiento. Director de Insularis Magazine.

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Esta entrada fue publicada el 29/09/2021 por en Uncategorized.
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