Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Maremoto y otros poemas

NATACHA BATLLE



Maremoto

Qué puedo decir?
Si hasta clamo para que el día apague
que la piel se muerda con la piel
y la luna crezca en mi garganta
líquida, intranquila y llameante.

Ya las paredes andan sudando los tropiezos
ya la lengua se ha pegado a mi pelvis danzando apagones
que solo los dedos encienden.
Hay sed que injerta sed
y es otra sed entretejida a nuestro vientre
como la piedra que flota sobre el agua.

Una respuesta se dibuja sin tiempo
como un beso arrebatado para ser devuelto de sorpresa
o tal vez
como el hambre que con hambre nos calcina
cuando queda un poco más
o el todo se embelesa transparente y distante.

A tientas voy buscando su dedo en mi labio
hoy me he bebido su huella
y su recuerdo va y araña mi lengua
late como dos eclipses
espirales temibles
colgando sus grados entre mis pechos.
Ayer diez luciérnagas abrazaron mi rostro
y al marcharse
una decena de puntos se han injertado en mi cielo
como negros hematomas
ladrones de aliento.

Un maremoto tras el párpado
me ha dejado el mundo a oscuras.



Collar de Aves Rotas

Una burbuja de metal estalla
y muere el sol bajo mi pie descalzo.

Pende de mi cuello un collar de aves rotas
y su piar coagula el pulso
muy cerca de la mano.
No sé cómo llegaron a mi cuello,
Pero sus garras se abrazan a mi aorta,
Para que mi llanto vuele.

Mi dedo es cíclope
donde ensarto las vetas alargando mi paso,
Y mi caminar dibuja el ala del féretro podrirse bajo la oda,
Una astilla de metal desagua el ojo,
por donde un hilo de elipsis me cose los dientes.

En mi pecho llevo el abalorio,
acústica del hueso con que he afilado el aire,
Así tengo parches en la espalda,
y por el humo escapar adolorido,
las aves me han dejado sus huevecillos enredados al cabello.

Hoy el otoño me ha exfoliado la mirada con sus hojas caídas,
Yo retorno a mí como quien busca unas ruinas
y alzo las piedras que han desmayado de mis hombros.



Soy

Sin otro que me sienta temblar, yo no sería…
Franklin Mieses Burgos


A veces la hoja tiembla y con ella su sombra
yo soy esa hoja que la brisa abandona.
Una codorniz se ha robado la sombra y el temblor

que tuesta el miedo de los otros

sombra más negra que la sombra

sombra que yo pinto de rubio.

Esa soy
hoja verde que el viento despinta
ambarina
confundida en mis dorados reflejos
una especie de cristal muy blando.

Sí, soy una hoja de filo fresco.

Un cuchillo se suicida con su arista de verme pasar.



Los nidos del ángel

Destrigas mi pelo de espigas para alimentar las palomas que aguardan en tus ojos,
Me pregunto, cómo puedes entornar la mirada
y hacerle volar con sus alas de frío, me quema…

Una hostia posas en mi boca…
Y no sé, me vuelvo virginal en el silencio.
Cuando espero ver en tus manos un lirio de fuego,
Me sometes al sueño y nado en tus manos de agua,
Me bautizas, exfolias el pecado de tenerte tan cerca…

Pura, intacta… A la vez me vuelves la durmiente y la puta
Con apenas una lengua desnuda,
para hablarte de poesía entre paredes que acumulan el eco a tu sismo,
Esa fragilidad que posas en mis brazos y transgrede la dulzura que apenas conoce una navaja al lamer la sangre.

Llevo una cicatriz en el vientre,
Mi corazón late líquido en tus pupilas.

Deseo tan solo liberar una paloma,
Dejar vacíos los nidos abrigados a tu rostro.
Desnúdame la risa bajo la tersa piel de este verso,
no hables de una próxima estrofa
E incinera cada espiga
Con tus plumas, ángel negro.



El Pájaro Azul

Ese enjambre de miel y plumas
descalza ramas donde el viento posa la fatiga.
Su sombra, en una ráfaga empolla el brillo de una luna diurna
late y se multiplica por esporas en las costillas del aire
desde el filo de sus garras pende mi último latido.

El pájaro azul cela cada centímetro de tu sueño
a sus espaldas
velo el palpitar de tus pestañas putear con tus mejillas
imito su mirada de ave templada.
Tus brazos
jaula abierta de oro y níquel donde reposan las madrugadas
abrazan la cáscara del cielo.

Por eso, tu amigo el pájaro
Pinta un arco celeste con su ala
Donde, imaginariamente disparo mis dedos tensos
y clavo la ansiedad como flechas de lujuria un poco más abajo de tu vientre.

Ya no importa, la jaula, el nido
ni esta ventana cruel de mármol
No importa tu guardián ni mi descaro.
Sus plumas se han vuelto carmesí al yo espiarte…
y más de una vez me he escondido en el espejo
me desvelo
Más de una vez maldigo la cadena de sus plumas
condenada a soñarte perpetua…



EN-CINTA
En-cinta
es pájaro la fiebre que vuela a otra jaula
me trenza las costillas

el dolor me crece en el ojo.

Me ha dejado un hueco

por donde el novilunio se esconde
bestia
galopa a la sombra del cadillo.


La cinta en mis cabellos es camino
por donde el sol se pierde

Me borra las pupilas
con puntos suspensivos…

guardo los temblores del cometa
en la rama de la ola.
El caracol en su ombligo me guarda el llanto
y con la arena lo suaviza.

Hay cintas sosteniendo la marca de dos alas
Y cintas amarradas al ancla que se hunde en la boca del pez
Yo me amarro a una canción para perderme melodiosa
Y me duele el sonido gris de la mañana
Me he postrado en la vena del vacío
Para encontrar un trozo de alegría.



Retazos

I
Como el vidrio suicida llorando su carne

desperdigada
el ángel deja sus raíces en un pedacito de ojo

que al parpadear
hace temblar al río.

De cojo
parece una gota mansa

que ha dejado los dedos turbios
y suaviza la cachaza de extraer un pétalo de luna
reúne  bajo la uña toda el agua del mundo.


II

Al dormir, el aire se fuga de par en par
Y niega la ventana que viste su nombre

no cabe.
Sin embargo, a ratos salen muchedumbres

que no perdonan las monedas

que la muerte dispone en nuestros ojos
parecen dientes del tamaño de la primera pregunta
que nada inútilmente sobre una gota

como si buscara sus orillas.


III

Tiro en la piel olas que levanta la voz
por el abismo de sus huesos
desentierro las piedras que despiertan
como el río que no vuelve más.

A la orilla de mí andaba el mar
de pie en pie lavando mi sombra.
Me quito el cuerpo de flama espesa

pues sube la tierra a olerse las pisadas
con el agua de un párpado

que ahoga el hambre de las abejas.


IV

Todavía las víboras le fabrican pies a los ríos
sin embargo,

mientras los relojes van llenando tu sexo de humo
galopan mis ojos sobre el manto
buscan tatuar herraduras en tu ombligo
parecen manicomio de silencios
escondidos en el bolsillo.


V

El ojo tomó de repente la forma de bosque
y se hizo esqueleto al beberse tu voz.
Pesa este silencio cuando anfibia,

la duda nada hasta desangrar el canto de las aves.
Solo queda este grito taciturno
al cremar los huesos del agua
es polvo cada gorrión que vuela cuando ríes.



Una llaga en la mejilla

Con los huesos desnudos
la piel pesa rabia.
Así con  la luna vacía
los clavos dulces
nos desinflan los ojos.

De mirar
se me han borrado los labios
solo el final puede herirme de tan lejos.
Una llaga en la mejilla
parecida a una boca de pez me sonríe

pues a veces
la poesía es esa burbuja
que nos estalla en el rostro
para recordarnos la efímera belleza de morir.


Natacha Batlle

Natacha Batlle


Natacha Batlle (Hato Mayor del Rey, República Dominicana, 1984). Licenciada en Publicidad, Artista Plástica y artesana. Egresada de la Universidad APEC y la Escuela Nacional de Bellas Artes. Poeta .Es editora y creadora de Colecciones Colibrí, libros artesanales de colección grabados en madera. En Vetas de Fuego, primer compilado de poesía de esta colección, comparte páginas junto a otros 11 poetas dominicanos. De igual modo, muestra de su autoría ha sido publicada online y en papeo por la revista Paradoja http://www.paradoja.org/natacha_batlle.html

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Información

Esta entrada fue publicada el 12/08/2013 por en Poesía.
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