Me asusta
Me asusta la ciudad de mis mayores,
la vieja
-absorta como un pez-
tras la ventana,
el policía de azul o a cuadros,
el joven camorrista,
hecho a su itinerario de murciélago heroico
y los secretos del alambre escondido
para llegar donde no te escuchan.
Algo me invita a no salir de casa
y el miedo toma el tono rotundo de la muerte,
en el Paseo del Prado
ese niño que juega con las fauces de bronce
me hace virar la cara.
También el mar
va rodeando mi casa,
siento golpear las olas en mi puerta.
Cambien el tema,
no hablen mierda cojones,
nunca se sabe quién.
No puedo,
más miedo del que tengo,
ya nada me asusta,
soy casi un insolente,
de no sentir
que estoy muriendo.
EN LA ESPIRAL DEL SUEÑO AGUARDAN LOS DIFUNTOS
amanezco cansado de tanto hablar con ellos
son los amigos quienes más me visitan
tienen la misma voz
el mismo tiempo
de cuando caminábamos a la orilla del mar
nada quieren contarme de su ausencia
pero los veo en paz
y eso me basta
LA NOCHE
como un río de oscura pertinencia,
quebró luces y espejos.
La noche sin palabras
se apoderó de todo
y callaron los perros.
Es tenebrosa y larga
la noche sin estrellas.
CAMINO IMPERTURBABLE
como el mago de los cuentos
a la espera del niño
del eclipse
que hace saltar los peces del estanque
vuelvo la vista al mundo
con sus desolaciones y augurios es mi casa
nadie tiene zapatos para el viaje
descalzo ha de ir el hombre
amanece
el frío toca la puerta
y en un poco de mar termina el sueño
eterno azul en franjas
designio de la tierra que ve nacer a un hombre
beneficio del agua
roja la sangre
blanca la estrella
AUNQUE RONDA LA MUERTE
los marineros vuelven al mar
y Dios soporta el humo de sus pipas
y cualquier maldición a su nombre
desde la barra
solo se ve la bruma
si no vuelves al mar
nunca estarás arrepentido
no habrá gozo grande
ni pequeño
EL HUMO DEL TABACO
sale por las persianas y navega
hacia cualquier lugar
pero yo me distraigo en retruécano
en el sutil azul de la escapada
del abuelo aprendí a rezar el humo
esta tarde me voy por la persiana
NADIE HA DADO LA VOZ
hablan las hondas del agua en el estanque
ya no quiere rosas ni carrusel
ni la chuleta acompañada de buen vino
cambia sus monedas
por el cantero de flores amarillas
ha perdido su nombre y su camisa
la tarde en el jardín
tiene cierto poder sobre los hombres
EDUARDO MESA (La Habana, 1969), fue fundador de la revista Espacios, dedicada a promover la participación social del laico. Coordinó la revista Justicia y Paz, Órgano Oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y el boletín Aquí la Iglesia. Formó parte de los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium. Ganador de los premios de poesía Ada Elba Pérez y Juan Francisco Manzano. En la actualidad colabora con las revistas Convivencia, Misceláneas de Cuba e Ideal y edita el blog La Casa Cuba, donde trata temas relacionados con la fe, la sociedad y la cultura. Ha publicado en narrativa El bronce vale y otras crónicas (Editorial Silueta, 2011). Reside en los Estados Unidos desde el 2005.
Grata experiencia leer estos poemas, saber que la poesía sigue en ti, que no se extingue. Contemplativos, precisos, estos diálogos entre la tierra y el agua.