Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Cinco Poetas Norteamericanos, Cinco Traducciones

PABLO DE CUBA SORIA


 

Para un poeta, toda traducción debería ser obra del adulterio. Obra de amor adúltero: escribir —sí, ¡escribir!— aquellos poemas que siempre quisimos que fueran nuestros, de la mea auctoritas, pero que nunca saldrán del pulso de nuestra mano —derecha, zurda o manca, da igual—, ni de los movimientos sanguíneos de nuestra mente. Traducir es amar, arrebatarle la “propiedad” sentimental al amigo, o al vecino. Amigo o vecino que habitan en los libreros, en las páginas siempre abiertas de sus libros.
Walter Benjamin decía que el acto de traducir (la misión del traductor) partía de una improbabilidad, acaso de una falacia: el deseo de penetrar en la región más pura del lenguaje, de mostrar “el movimiento original de la Lengua”; a saber, vivir en los días anteriores a la arquitectura babélica. El “sismógrafo” Walter sostuvo su teoría en la voluntad de poder aislar las esencias y vibraciones comunes a todas las lenguas.
Es hermosa la idea de Benjamin, pero habría (tengo) que hacerle un reproche. Previo a Babel sólo se hablaba la Lengua, y como traducir es acostarse con la mujer del vecino (o del amigo), o con el hombre de la vecina, o con la mujer de la vecina, o con el hombre del vecino, ¡cómo mejor les plazca!, y cada mujer de vecino tiene su forma/decir particular para insultar, para susurrarte al oído —zurdo, sordo o derecho, da igual— sus necesidades más íntimas, sus necesidades más púb(l)icas, entonces, la época anterior a Babel nos resulta ajena, eternamente prometida, improbable.
Para un poeta, traducir poesía es convencer a la mujer del vecino (o del amigo) que ella y tu mujer son la misma persona; esto es, que el poema del otro ya es tuyo definitivamente. De ahí que cada poema, cuando sufre una traducción, cuando es penetrado por la traducción, deviene ramera, meretriz, geisha. Ramera babélica, para ser más preciso. Siempre el poema traducido: macho u hembra sedientos de polvos.
Para un poeta, traducir poesía es encontrar las resonancias (dentro del idioma al cual se traduce) que mejor expresen los sentidos sonoros y semánticos de la lengua original en la que fue escrito el poema.
Para un poeta, traducir poesía es comprobar que toda literalidad es estéril.
El poeta que traduce poemas, escribe momentos de las autobiografías de los otros poetas que lee, de los otros poetas que acaso ha deseado ser, que alguna vez ha sido.
Para un poeta, traducir poesía es encerrar al poema en la jaula de tu propia lengua, para liberarlo en el momento en que se desconoce a sí mismo, porque entonces ya es otro el idioma que habla, otro el idioma en el que goza, satisfecho de polvos.


 

I
Jack Gilbert (1925 – 2012)

 
Failing and Flying
 
Everyone forgets that Icarus also flew.
It’s the same when love comes to an end,
or the marriage fails and people say
they knew it was a mistake, that everybody
said it would never work. That she was
old enough to know better. But anything
worth doing is worth doing badly.
Like being there by that summer ocean
on the other side of the island while
love was fading out of her, the stars
burning so extravagantly those nights that
anyone could tell you they would never last.
Every morning she was asleep in my bed
like a visitation, the gentleness in her
like antelope standing in the dawn mist.
Each afternoon I watched her coming back
through the hot stony field after swimming,
the sea light behind her and the huge sky
on the other side of that. Listened to her
while we ate lunch. How can they say
the marriage failed? Like the people who
came back from Provence (when it was Provence)
and said it was pretty but the food was greasy.
I believe Icarus was not failing as he fell,
but just coming to the end of his triumph.

 
 
Errar y volar
 
Todos olvidan que Ícaro también ascendió.
Es igual cuando el amor se acerca a su final,
o cuando el matrimonio fracasa y todos dicen
«ellos sabían que era un error», que «jamás
funcionaría» todos dicen. Que ella era
lo bastante mayor para comprender. Pero lo
que vale la pena lo vale aunque esté mal hecho.
Como estar ahí, en ese océano del verano
al otro lado de la isla mientras
el amor se apagaba en ella, las estrellas
ardían con tanto exceso en esas noches que
nadie pudo decirte que no perdurarían.
Cada mañana, ella dormía en mi cama
como una visitación, era su dulzura
como antílope inmóvil en la niebla temprana.
Cada tarde la veía volver a través
del páramo ardiente, después de nadar,
y veía la luz del mar a su espalda y el cielo enorme
al otro lado del paisaje. La escuchaba hablar
mientras almorzábamos. ¿Cómo pueden decir
que el matrimonio fracasó? Como aquellos que
regresaron de Provenza (cuando aún era Provenza)
y dijeron que era hermosa pero su comida grasienta.
Creo que Ícaro no fracasó en su caída,
se iba aproximando a la consumación de su triunfo.
 
 
 
II
Charles Olson (1910 – 1970)

 
Song 1 (from The Maximus Poems)
 
      colored pictures
of all things to eat: dirty
postcards
    And words, words, words
all over everything
            No eyes or ears left
to do their own doings (all
 
invaded, appropriated, outraged, all senses
 
including the mind, that worker on what is
 
               And that other sense
made to give even the most wretched,
or any of us, wretched,
that consolation (greased
              lulled
even the street-cars
 
song
 
 
Canción 1
 
      fotografías a color
de todos los alimentos posibles: sucias
postales
     Y palabras, palabras, palabras
por sobre todas las cosas
              Ciegos o sordos
para hacer lo que les toca (todos
 
invadidos, apropiados, ultrajados, todos los sentidos
 
incluyendo a la mente, aquel obrero en lo que es
 
               Y aquel sentido otro
creado para darle incluso al más desgraciado,
o a cualquiera de nosotros, desgraciados,
aquella consolación (engrasó
 
               arrulló
incluso la canción
 
de los tranvías
 
 
 
III
Charles Reznikoff (1894 – 1976)

 
Te Deum
 
Not because of victories
I sing,
having none,
but for the common sunshine,
the breeze,
the largess of the spring.
 
Not for victory
but for the day’s work done
as well as I was able;
not for a seat upon the dais
but at the common table.
 
 
Te Deum [A Dios]
 
No es por causa de triunfos
que yo canto,
pues nada tengo,
sino por el sol ordinario,
por la brisa,
por la magnificencia de la primavera.
 
No es por el triunfo
sino por el trabajo del día realizado
tan bien como me fue posible;
ni por una silla en el estrado
sino por una mesa común.
 
 
 
IV
Langston Hughes (1902 – 1967)

 
Dream Variations
 
To fling my arms wide
In some place of the sun,
To whirl and to dance
Till the white day is done.
Then rest at cool evening
Beneath a tall tree
While night comes on gently,
 Dark like me—
That is my dream!
 
To fling my arms wide
In the face of the sun,
Dance! Whirl! Whirl!
Till the quick day is done.
Rest at pale evening . . .
A tall, slim tree . . .
Night coming tenderly
 Black like me.
 
 
Variaciones del sueño
 
Abrir mis brazos de par en par
En algún lugar del sol,
Girar y bailar
Hasta el final del claro día.
Luego descansar en la tarde fresca
Debajo de un gran árbol
Mientras llega gentil la noche,
 Oscura como yo—
Ese es mi sueño!
 
Abrir mis brazos de par en par
En la cara del sol,
Bailar! Girar! Girar!
Hasta el fin del día breve.
Descansa en la noche pálida…
Un árbol enorme y esbelto…
Suavemente llega la noche
 Negra como yo.
 
 
 
V
T. S. Eliot (1888 – 1965)

 
Aunt Helen
 
Miss Helen Slingsby was my maiden aunt,
And lived in a small house near a fashionable square
Cared for by servants to the number of four.
Now when she died there was silence in heaven
And silence at her end of the street.
The shutters were drawn and the undertaker wiped his feet—
He was aware that this sort of thing had occurred before.
The dogs were handsomely provided for,
But shortly afterwards the parrot died too.
The Dresden clock continued ticking on the mantelpiece,
And the footman sat upon the dining-table
Holding the second housemaid on his knees—
Who had always been so careful while her mistress lived.
 
 
La tía Helen
 
La señorita Helen Slingsby era mi tía solterona,
Y vivió en una casita cercana a un centro comercial
Cuidada por sirvientes en cantidades de a cuatro.
Ahora que ella ha muerto hay silencio en el cielo
Y silencio al final de su calle.
Se bajaron las persianas y el sepulturero se lavó los pies—
Comprobó que eventos como ese ya habían ocurrido.
Los perros fueron atendidos con mucho cuidado,
Pero poco después murió el loro, también.
El reloj de Dresde siguió su curso encima de la chimenea,
Y el mayordomo se sentó en la mesa de comer
Con la segunda mucama en sus rodillas—
Tan respetuosa ella mientras vivió su dueña.
 

Pablo de Cuba Soria (Foto cortesía del autor)

Pablo de Cuba Soria
(Foto cortesía del autor)


 

PABLO DE CUBA SORIA (Cuba, 1980). Ha publicado los cuadernos de poesía De Zaratustra y otros equívocos (2003), El libro del Tío Ez (2005), Rizomas (2010), Inestable (2011), y Res cantabile (2014). Vive en Richmond, Virginia. Estas traducciones pertenecen a un libro en preparación titulado Las ciento veinte rameras de Babel, que recogerá ciento veinte traducciones al español de poemas de habla inglesa.

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Esta entrada fue publicada el 03/05/2014 por en Poesía, Traducciones.
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