Revista Conexos

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“Confesión del Séptimo Día” y otros poemas

REGIS IGLESIAS RAMÍREZ

 
Confesión del Séptimo Día

El parto en la madrugada
ha dejado mutilado mi sueño.
Tantos fantasmas recorren mis entrañas
que imposible hoy postergue
el nacimiento fortuito
de cantos autóctonos, conjuras terribles
en domingos, 3:17 a. m.
 
Corre la voz improvisada.
Por La Habana todos duermen,
vencidos por alcohol y parrandas sabatinas.
Se confunden orines semi humanos
en la caseta oscura y olvidada, -símbolo
del tiempo glorioso-. En colchones furibundos,
huesos deformes reposan
llevando tapado hasta el cráneo
con sábanas a prueba de ruidos.
 
   Habana, domingos a las 3:17 a. m.,
todos posan, sin saberlo,
al filo de la muerte.
En la marina, ¿del viejo?
la Habana se prostituye por un poco de pan,
lentejuelas y deudas externas.
Hay un crimen pasional
por Calle Amargura, (la navaja cae,
y corre despiadado ladrón entre siglos
de hambres y pestes).
 
Los mulatos tienen fiesta,
violines y cueros de tambores –ya cansados–
llaman sin respuesta a algún orisha
en nombre de la Santísima Trinidad.
 
La humanidad reclama
el beso que dos varones ocultos
disfrutan en la Plaza del Historiador,
patrimonio de singulares enamorados;
Policías emigrantes;
Homicidas y proxenetas.
 
A las 3:17 am, los Domingos,
mi Habana va llorando a sus niños,
–se despiden de las calles de hollín y sargentos–.
Los hijos juran no volver
al paraíso tercermundista.
El Mar Rojo, el rojo mar espera la ofrenda
o quizás haya suerte…
 
Sigue un lejano locutor,
(ex inquilino del castillo húmedo)
diciendo a temerarios radioescuchas
qué pasa calle arriba.
Los sucesos se precipitaron ayer
Bajo las ventanas de las bellas durmientes:
…En Santa Teresa # 63, El Cerro,
un grupo de “guardias rojas”
asaltaron el hogar…

Entonces mi Habana salta,
y abraza con fuerza a su amado hijo
protegiéndole del odio cobarde
que llega desde el Este.
 
Son las 3:17 am
y todavía los fantasmas
se tuercen en mis entrañas.
Una vez más se aplaza la hora del parto dominical.
Conjuras terribles vendrán
y La Habana, mientras, se consuela feroz;
exiliada;
sincrética;
prostituta;
Madre.
Esta bella durmiente espera al príncipe,
(¿cómo llegar, si se está?),
que libere su hechizo.
Mientras, yo, sucumbo presa del insomnio.
 
 
 
Discursos (I, II, III)

I

Todas las naciones que necesitan de un Cristo Redentor,
para erguirle monumentos en mármol o granito al cual
confiar el arte de las profecías encuadernadas en que
socorrer los últimos crímenes de un pueblo; siempre tienen
una María que llora en un cuarto sin color, sola, porque ha
perdido a su unigénito amado y no tiene más compañía ya
que su retrato amarillo y recortado por las puntas.
A ella regalan flores –que tienden a marchitarse por falta
de agua potable- en fechas concelebradas para las patrias
de los Judas.
 
II

“La cuestión en la vida
no es alcanzar la estrella,
sino estar dispuesto a vivir,
y morir por ella”.
 
El trueno segó por siempre la esperanza
Arráncole la sien de un golpe,
Mientras las prostitutas se escandalizaban
Por la ración de pan
Que no llegó.
 
(Afuera escaseaban las luces. La madre
sigue pidiendo amnistía, un sacerdote
habla de Amor mientras el muchacho
ponía su mano sobre el radio).
 
No podía más que desplomarse
El cuerpo en la hierba,
Afuera claman por él, se le juntó el cielo
Y la tierra,
Y El Cristo
 
Que estaba cerca en la colina sudaba sangre.
Paría una mujer, entre gritos,
Un hombre libre.
 
III

Los mejores hijos de esta tierra hemos sido aquellos que llevamos
grabados en las espaldas las fajas del mal padrastro.
¡Cuánto te hemos amado Madre, a pesar de tu indiferencia por
nuestro llanto infante!
 
 
 
Ojos

Me conforma el navajazo, si miras;
su filo muerde, (punzante de aguas tibias;
rizadas tus pupilas, soles negros
místicos,
bellos), en mi costado libre.
 
Libre lo he dejado, mi costado,
para que entre tu aliento; sea fuego, sea cristal;
(entra despacio,
lento,
lento,
viene de tus confines y bien sé
que aguas de ésas no tendré.
Espero el cuarto mes; arroyos tibios,
rizados,
negros,
son tus pupilas, si me buscan. Es lo probable, lo no posible.
El navajazo, si miras, me conforma.
 
 
Estos textos pertenecen al poemario inédito Confesiones tras el muro.
 

Regis Iglesias Ramírez (Foto cortesía del autor)

Regis Iglesias Ramírez
(Foto cortesía del autor)


 

REGIS IGLESIAS RAMÍREZ (La Habana, 1969). Escritor y periodista. Miembro del Movimiento Cristiano de Liberación (MCL). Fue prisionero de conciencia y activista político en Cuba. Tiene publicados varios libros de poesía. Sus poemas y artículos han aparecido en diferentes publicaciones de España; donde reside como refugiado político.

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Esta entrada fue publicada el 07/09/2014 por en Poesía.
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