Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Freud y Freud

VIRGILIO PIÑERA

 

Al cumplirse cien años del nacimiento de Freud, el psicoanálisis está en pleno florecimiento, goza de amplio crédito. El enfermo lo mira como áncora de salvación, el médico percibe buenas entradas, el público en general lo afirma. Pues bien, es muy probable que pasados cien años más los enfermos y los médicos de esa época futura no reciban beneficio alguno del psicoanálisis.
  Como la ciencia es experimentación, ocurre que toda ciencia tiene fatalmente un carácter transitorio. Por supuesto, está de más decirlo, la experiencia nunca se pierde, pero el método de ella, al cambiar por los avances incesantes de esa misma ciencia, cualquiera que ésta sea, se sustituye por otro, resultado de la nueva experiencia. Veremos entonces tachar de anticuado e ineficaz a un método que trajo alivio y dinero a una parte de la humanidad.
  Y si la experiencia científica es objetable también lo será su experimentador. Puede ocurrir que al cumplirse otro centenario del nacimiento de Freud parezca anacrónico su método, que se descubran sorprendentes falsedades y hasta flagrantes supercherías. Incluso podría haber algo más grave: ese método –en 1956 sésamo ábrete de las puertas del subconsciente– sería reputado en 2056 de poco serio y poco científico.
  Quedarían así al descubierto los artificios del psicoanálisis: ahora bien, esta ganga, al ser puesta de lado, dejaría ver en toda su magnitud a Freud gran artista. Entendámonos. No quiero decir que Freud va a quedar como destacado autor de obras de ficción y tampoco que su interés para dentro de cien años radicará en su elevado estilo literario. Como un paliativo, esto siempre se dice del pseudo científico, y ya sabemos que Freud fue un científico en toda la acepción del término. Se trata, en cambio, de algo infinitamente más valioso y profundo. Freud es gran artista en tanto intérprete de la oscura vida psíquica del hombre. Su fantasía poderosa, que lo sitúa entre los grandes artistas de todas las épocas, lo lleva, con poderes de brujo a la construcción de un mundo que al par que implacablemente lógico es también implacablemente ilógico. Como si Freud se hubiera visto constreñido por el material psíquico con el cual operaba a recubrir sus hallazgos con el polvillo fabuloso desprendido de ese mismo material. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, su celebérrima interpretación de los sueños? Si un sueño ya es de por sí pasmoso, mucho más pasmosa será la interpretación que Freud nos da del mismo. Es decir, que a medida que vamos leyendo la interpretación freudiana de este o aquel sueño, al mismo tiempo que Freud nos descubre el mecanismo de la vida onírica va desplegando ante nuestra vista otro sueño, esto es, la interpretación del sueño por el estudiado, y dicha interpretación por el hecho de haber sido presentada como sueño exige a su vez ser interpretada. Aquí, como sucede en el arte, la estatua es más acabada y compleja que el modelo. Pero dejemos que el propio Freud nos interprete el sueño tenido por una mujer casada con un agente de policía.1

Recordareis aquí sin esfuerzo alguno los símbolos empleados. Los órganos genitales masculinos se hallan representados por la reunión de tres personas, y los femeninos, por un paisaje compuesto de una capilla, una montana y un bosque. Los escalones que dan acceso a la iglesia constituyen un símbolo del acto sexual y aquello que en el sueño aparece como una montaña lleva en Anatomía el mismo nombre: Monte de Venus.

Esto es lógico, es científico, es serio; hay que tener muy en cuenta que Freud no llegó a descifrar los sueños sino después de haber elaborado un método riguroso. Sin embargo, que esos ladrones y ese policía representen los órganos masculinos, que capilla, bosque y montaña sean los femeninos, que los escalones que conducen a la iglesia sean el símbolo del acto sexual, es tan onírico y pesadillesco que no puedo menos que sentirme enredado en una nueva maraña. Y aquí no hace al caso que Freud tenga o no razón, que su interpretación sea o no la verdadera y única. Lo que importa es que la estatua por él modelada resulta más inquietante, extraña y misteriosa que el modelo, que la misma nos sume en los vericuetos de un doble sueño y que fatalmente nos llevará a otros sueños, a otras inquietudes, a otros misterios. Y es de presumir que en cien años más la gente seguirá soñando y seguirá interesándose en lo que sueña, a despecho de la posible inanidad del método psicoanalítico para ese entonces, Freud, con su mundo onírico surgido de la interpretación de los sueños y de tantos y tantos aspectos de la personalidad, será lectura inquietante y plena de misterio.

 

(Ciclón, Vol. 2, Núm. 4, noviembre 1956, pp. 48-49)
 

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1 Introducción al Psicoanálisis (Los Sueños), pág.156. Sigmund Freud, Obras Completas. Edit. Biblioteca Nueva, Madrid, 1948.

 

Este ensayo pertenece al libro Ensayos selectos (Editorial Verbum, 2015) de Virgilio Piñera, selección y edición de Gema Areta Marigó.

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Ensayos selectos  (Editorial Verbum, 2015)

Ensayos selectos
(Editorial Verbum, 2015)

Virgilio Piñera (Cárdenas 1912-La Habana, 1979).

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Esta entrada fue publicada el 26/07/2015 por en Ensayo.
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