Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

El discreto encanto del plagio musical

DANIEL FERNÁNDEZ

 

El escabroso asunto del plagio literario se ha puesto nuevamente de moda por la reciente demanda judicial presentada por los herederos del compositor Serguei Prokofiev contra la escritora Reyes Monforte por su novela Una pasión rusa, Premio Alfonso X de novela histórica de este año, ya que toma la información casi literalmente, en muchos pasajes de Lina Prokofiev. Una española en el gulag, de Valentina Chemberdjí. También porque, paralelamente, las acusaciones de Martin Heidingsfelder, llamado el “Cazador de Plagios” que descubriera este delito en la tesis de Doctorado en Medicina de Ursula von der Leyen, Ministra de Defensa de Alemania y de otros notables políticos de ese país, ha puesto al descubierto la deshonestidad rampante de esos “pundonorosos” mandamases.
  Plagios literarios y hasta científicos hay muchos, uno de los más sonados es el de Avellaneda y su Quijote, pero también suena el de Valle Inclán con La cara de Dios, que retrabaja en prosa la obra teatral homónima de Arniches con muchos “homenajes” o “préstamos” a Nietoshka Nezvanova, de Dostoievski.
  He denunciado varias veces el plagio de tema y de escena capital que perpetró Saramago contra el hermoso cuento: La última noche. Antonia Clara, de Azorín en su aburrida novela El hombre duplicado. Temiendo que alguien descubriera el robo alguna vez, le puso a su personaje Antonio Claro. Lo denuncié en mi reseña sobre el libro en El Nuevo Herald, pero ni el autor ni la editorial se dieron por enterados. Aunque hay mucha tela para cortar, el retrabajar una historia no se considera plagio siempre que se revele la fuente, dos ejemplos memorables son La Loma del Ángel, versión herética de Cecilia Valdés, de Reinaldo Arenas, o El mundo alucinante, del mismo autor, que recrea la Apología, de Fray Servando Teresa de Mier.
  Los antiguos griegos no consideraban plagio el volver a usar un tema, todo lo contrario. Los trágicos volvían a utilizar las historias de Medea, de Antígona, de Electra, cada uno en su nueva versión. Estos temas se siguen revisitando aún en los siglos XX y XXI a través de modernas versiones teatrales u operísticas. Y así entraremos en el tema del plagio musical mucho más discutible y delicado que el literario.
  En el campo de la música popular grandes figuras han sido acusadas y convictas de plagio. Desde Shakira hasta los Beatles, de Roberto Carlos a Michael Jackson. El plagio es sin duda algo intencional, aunque existe el plagio accidental, como el de Bizet y su famosa habanera de la ópera Carmen, que él pensó que se basaba en una tonadilla popular española, pero se trataba de El arreglito, habanera de Sebastián Iradier, autor también de la famosa habanera: La paloma. Al enterarse, Bizet pidió disculpas.
  En el campo de la música culta hay que tener en cuenta la circunstancia de que hasta hace relativamente poco no había grabaciones de las obras, y el presunto plagiario podía recordar una melodía o unos compases de algo escuchado hace tiempo y pensar que “se le había ocurrido a él”. También existe la acendrada tradición de las “variaciones sobre un tema de…” Moda que se ha mantenido hasta nuestros días. El famoso Capricho 24, de Paganini ha dado lugar a numerosas “variaciones” o inspiraciones “sobre”, entre las más famosas figuran la de Rachmaninof y la de Lutoslawsky.
  También hay que contemplar el fenómeno de las “coincidencias” musicales. La más notable es entre el Padre Soler y Antonio Scarlatti. Uno escribía fandangos en España mientras el otro hacía sonatas en Italia. Sin conocerse ni escucharse creaban piezas muy parecidas, lo cual pudieron comprobar, ya bien avanzados en sus vidas y obras, cuando finalmente se conocieron.
  La sospecha de plagio se vuelve poco demostrable cuando el plagiario ostenta la genialidad de un Mozart. De prodigiosa memoria, no se puede pensar que copió o retrabajó un tema sin querer, es posible que siguiera la tradición de las “variaciones” cuando en su ópera La flauta mágica, en la famosa aria Der Holle Rache, de la Reina de la Noche, copió un aria similar del oratorio Job, de Dieter von Dietersdorf. Mozart por supuesto, ornamenta y enriquece los compases que toma prestados, pero no deja de ser un puntito a favor del casi olvidado Dietersdorf.
  En cuanto a la famosa Musiquita nocturna, también de Mozart, todavía existe la disputa de si fue anterior o posterior al Concierto para piano y orquesta en re mayor, de Haydn, que tiene el mismo tema inicial. Se le han señalado otras “coincidencias” con Haydn y hasta una evidente “cita” de Anfossi en su genial Requiem.
  Es posible que Verdi no se diera cuenta al componer La Traviata de que la frase de Ámame, Alfredo, es idéntica a una de Pía de Tolomei, de Donizetti. Curiosamente fue Verdi el primero en establecer los derechos de autor al nivel moderno, porque antes de él, el robo de temas era temible, entre otras cosas, porque las distancias impedían enterarse a tiempo del plagio. El mundo moderno, con el diluvio de información y grabaciones, aunque ha dado alas al robo y la piratería, también ha hecho posible la detección del delito con mayor facilidad.
  También la incultura juega un papel fundamental en esto del robo musical. ¿Cuántos se han dado cuenta de que la famosa canción Somewhere Over the Rainbow, del musical El mago de Oz, toma su famosa línea melódica del intermezzo de Guglielmo Ratcliff, de Mascagni?
  Entrando en nuestro patio, empezamos por Cuba, pionera en el plagio musical, pues nuestro Himno Nacional, de Perucho Figueredo, toma su música de un aria de Las bodas de Fígaro, de Mozart, que a su vez es una “variación” sobre una marcha que le regalara Salieri al divino compositor. Aclaro que no es el único himno nacional plagiario; la melodía de la canción popular escocesa Auld Lang Syne, con letra de Burns, sirvió de inspiración durante años al himno nacional de Corea del Sur y al de las Islas Maldivas. Hay más himnos plagiarios, pero dejémoslo de ese tamaño.
  Ernesto Lecuona, acusado a menudo de que su música se parecía a alguna otra, ripostaba (según me contó mi amiga María Guas Inclán, una de sus cantantes): “Son 8 notas solamente, claro que tiene que parecerse a algo, pues con ellas hay que hacerlo todo”. Salida astuta, pero no tiene perdón, un hombre tan talentoso y lleno de melodías, robar compases de Kom Zigan, de La Condesa Maritza, de Kalman, para su Damisela encantadora. Quizá no se dio cuenta, pero resulta sospechoso que él estuviera en Nueva York cuando se estrenó esa obra en esa ciudad. Vean a Rene Kollo en esa canción, en 1997, en Youtube.
  Imperdonable también que el maestro argentino Alberto Ginastera, genio musical del XX, lanzara su famoso Malambo, del ballet Estancia, pieza muy popular en las salas de concierto, ya que se supone que se inspira en las ceremonias indígenas, pero en realidad es la aceleración y elevación en decibeles de la Tarantela de la ópera Gianni di Parigi, de Donizetti, con una orquestación más compleja, sin duda, pero el ritmo es el mismo. Confiemos nuevamente en que ha sido un desliz de la memoria de estos maestros.
  Cierro este trabajo que “apenas roza la superficie de las aguas” profundísimas del plagio, con uno que descubrí recientemente, pero que está bien documentado. El famoso vals de La Bella Durmiente, del ballet del genial Chaicovsky que también fue usado en la película de Walt Disney, toma los primeros compases del vals de La bella Helena, del no menos genial Offenbach. ¿Plagio o desliz de la memoria? El asunto es escabroso, como dije al principio, no solo porque entre recuerdo e inspiración puede haber una confusión mental, sino por el fenómeno de las misteriosas “coincidencias” que colman la literatura y las artes. En el campo de la música, la falta de grabaciones hace perdonables los plagios anteriores al siglo XX, aunque no dejan de ser una curiosidad muy sabrosa.

 

Daniel Fernandez (Foto de Pedro Portal)

Daniel Fernandez
(Foto de Pedro Portal)

Daniel Fernandez estudió Licenciatura en Literatura Hispanoamericana y Cubana en la Universidad de La Habana, y trabaja actualmente como crítico de música clásica y columnista de El Nuevo Herald, en Miami. Perteneciente a la llamada Generación de El Mariel, el autor escribió una novela en Cuba La vida secreta de Truca Pérez, por la que fue sancionado a cuatro años de privación de libertad. Fue indultado en 1979, año en que llegó a Estados Unidos. Ha escrito novelas históricas de próxima aparición y obras dramáticas, además de poemas y cuentos dados a conocer en distintas publicaciones y escenarios. Ha publicado Sakuntala la Mala contra la Tétrica Mofeta (Editorial Silueta, 2009) y Novelas sencillas Editorial Silueta, 2010).

Anuncios

Un comentario el “El discreto encanto del plagio musical

  1. Victoria Llano
    09/11/2015

    Y para sumar otros plagios celebres de novelistas como el de Camilo Jose Cela que fue acusado de plagio por su novela La Cruz de San Andres que tiene mucha similitud con Carmen,Carmela,Carmina de Carmen Formoso. Arturo Perez-Reverte fue acusado por Antonio Gonzalez-Vigil de haber plagiado el guion de la pelicula Gitano con la historia del guion Gitana. Corazones purpuras. La autora de “Una espanola en el Gulag” dice que los jueces incurrieron en un grave error al otorgarle el premio Alfonso X el Sabio a Reyes Monforte. Asi estan las cosas en este mundo en que vivimos. Vicky.

Los comentarios están cerrados.

Información

Esta entrada fue publicada el 07/11/2015 por en Ensayo.
A %d blogueros les gusta esto: