Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Lo que piensa Dígito Uhrbach y otros poemas

DÍGITO UHRBACH

 
Lo que piensa Dígito Uhrbach
 
Cuando un cuerpo visible
entra en otro cuerpo visible
aparece el aura de un cuerpo poético,
un cuerpo invisible
que va consumiendo el peso corpóreo
para crear un universo
que niega fragmentos,
para nunca dejar de rondar
en el pálpito que respira
aún
bajo la tierra.
 
 
 
Lo que piensa Dígito Uhrbach
 
Todas las historias han llevado música,
pero esta sólo llevará
balcón y yerba.
Contención de la palabra que se contrae
en medio de un café frío y de pie ante la duda
que no actúa como objeto.
 
El adjetivo de significado morboso es para calificar
a la persona del estómago retorcido,
y la extracción preocupante de la mitad del trabajo
de todas las iguanas bronceadas
pagará su publicación.
 
La palabra irá lenta y siempre dirá: no.
Y será palabra perra por no llegar a tiempo
al barrio de los ojos estirados,
por no comer delante y pensar
en lo que se levanta de la tierra,
en lo que se confunde con botas color vino,
en lo que no puede germinar por la humedad
inexistente.
 
El piano será excepción, el culpable de martillar
la función adjetiva del hemisferio,
que decide besar todo lo que proviene
del barro etrusco.
Y danzará descubierto por el parque
que desplaza sus bancos,
a un subsuelo que masajea
el omóplato del políglota,
que traquea su cuello para hacerse notar
dilatando su lengua,
absorbiendo las médulas de las chicas
que cambian de religión en edad tardía.
 
Mirará al techo y leerá la palabra: alimentación,
y permitirá que un silencio distante
acaricie la espalda del puente.
Mientras un huevo amarillo de mármol
se balancea en la ciudad.
 
 
 
Lo que piensa Dígito Uhrbach
 
Fusilaron a los gordos,
fusilaron a los cantantes,
fusilaron a los insomnes,
fusilaron a las mofetas,
fusilaron a los tristes.
 
Pensaron que tenían al mundo
en un bolsillo.
Pero nunca supieron por qué
los algodones no se salpicaron
ni los pabellones se humedecieron.
 
 
 
Bajo la colorinesca luz del día,
pero ya todo es póstumo

 
a Karelia Álvarez y Margarita García Alonso,
que saben de quién es la culpa.
 
La culpa no es del aura tiñosa,
la culpa es del diablo
que se apoderó de los huevos del aura.
Las auritas han nacido pensando
que son hijas del diablo.
 
Las que frotaron su ala derecha
no lo aceptaron como padre,
las que frotaron su ala izquierda
lo aceptaron como el mejor creador.
 
Algunos pichones nacieron ambidiestros
y prefirieron ser de arriba o de abajo,
otros no quisieron ser de nadie
y se arrancaron los miembros.
 
Después de arrancados los miembros
apareció el limbo,
y quisieron pertenecer
a uno de los lados,
pero la infección
iba taladrando vertiginosa
y la cicatrización era delirante.
 
Una reina exiliada
en un paraíso sordo
los cargó a su soberanía.
 
La gangrena migratoria
también consumió al aura,
ella que había calentado a sus huevos
mediando lo justo
entre sus fauces
y sus entrañas.
 
 
 
La naturaleza que une
los pistilos con la brisa

 
a mi balcón del boulevard Tessier
 
No me gusta fumar en invierno
porque el humo que provoca mi cigarro
se confunde
con el humo que provoca el invierno.
 
No me gusta la quietud en las avenidas
pero si me inclino en el umbral
y corro las dos puertas de vidrio
sólo espero encontrar mi balcón y mi árbol,
quietos como si nada les afectara.
 
No me gusta dormir temprano,
pero disfruto
(semiacostado en el suelo, escribiendo)
verte reposar entre sábanas rojas
con los brazos libres.
 
No me gusta lavarme la boca de noche
porque me desvelo.
Pero si lo hago
regreso a mi cuarto
escribo un poema y me hago el dormido.
 
No habrá ronquidos
porque no estaré dormido como imaginas.
Tú estarás en la posición perfecta
pensando decirme al amanecer
que en el microondas no se puede introducir
ningún objeto metálico,
pero me meterás tu mano derecha
que es de carne.
 
Te asegurarás de elegir el tiempo correcto
para que se caliente la espalda y la calvicie,
y tratarás de atarme
a los latidos lentos de una ceiba gigante.
 
Me enseñarás palabras nuevas
y al despertar no me dirás
las instrucciones para manejar
un microondas
sólo ayudaremos a los humildes
a leer poemas de escritores muertos.
 
 
 
El credo de las aves crudas
 
En la sala
5 pavorreales cegados
aprietan los párpados,
buchean hacia dentro,
y con el pescuezo en vaivén
alaban,
se atragantan,
aman.
Al lado
un avestruz observa
e imagina como reproducir la escena.
 
En la sala
un avestruz expone su visión de la realidad
en colosales óleos
con el pescuezo lubricado
siente
adquiere
ama.
 
Al lado
5 pavorreales cegados
se aprietan los párpados
y se quedan sin entender nada.
 

Dígito Uhrbach (Foto cortesía del autor)

Dígito Uhrbach
(Foto:  Jorge de León Amador)

 

Dígito Uhrbach. Nació en el año 2011 en un balcón/claro de su conciencia/bosque. Ha publicado MUYUYO (Alexandria Library, 2014).

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Esta entrada fue publicada el 23/01/2016 por en Poesía.
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