Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Dos poemas de Ena Columbié

ENA COLUMBIÉ

 
Andante
 
Soy una viajera que coloca el oído en la tierra
para escuchar los pasos de otros tiempos
para sentir a los seres que se acercan
sosteniendo el fuego.
Me abato con las visiones
sin dar la alarma sin miedo a partir.
Mis pies se uncen de la tierra fría
ella revela la sorpresa
que mató a los hombres
por ese delirio de sentirse médula
de exponerse como mito.
No me creen piensan que deliro
cuando camino por el fango
para conocer la emisión del tiempo
y descubrir las raíces que me crecen
los gajos las virtudes
las historias que pueden leerse de las hojas.
Pero la virtud no es sana
expone a los seres al elogio
yo soy un abedul que se descubre y descarna.
Mi rostro no es de bruma nunca lo fue
ni cuando mi madre suplicante me pedía cordura
—Hija, ten cuidado que la tierra enferma.
Tenía razón
estoy enferma de ancianidad terrena
pero llevo jubilosa la carga.
El barro prodiga las horas
y soy el espectro de cada ser que veo
de cada uno que alcanza a verme.
Cargo siglos de viajes sin sentir que llego
y cada visión alimenta el juicio.
Mi instrumento de bambú tiene ecos
que ahuyentan a los seres de sombra
los reconozco por el hedor
por el vaho que desprende sus lamentos.
Sigilosa me atrinchero
y recojo los estrépitos del llanto
la letanía que repiten por el cáliz.
Sigo en busca de la palabra
de los seres de sombra que no tienen historia
los que murieron de similitud y de apatía.
Llegará el final del camino
las cruces me mostrarán sus rostros
sin signos místicos despojados de dolor
frente al fuego crepitante de una hoguera.
 
 
 
¡Ay de estos tiempos!
pavorosas noticias nos disparan
nos arrugan como seres vetustos.
Trato de ser sabia
y dejar pasar las horas quietamente
suspendida en el aire
imaginando una escena feliz
donde dos cualesquiera se aman
pero no puedo sé que al cruzar la calle
está la soledad esperando como yo.
Tengo la ciudad incrustada
que turbulenta me obliga a esconderme
a guarecerme en la cueva
para evitar la mezcla con el zumo
para no traicionar la voz.
Soy una bestia y estoy más segura conmigo.
En estos tiempos siniestros voy sin fuerza
sin razón suficiente para hilvanar finales
en un marasmo que arrebata.
Son épocas sombrías
que agobian y transforman la palabra
que no dejan espacio a la bondad
ni a la purga de errores.
Días bochornosos
sin expectación.
La salvación está en apurar el trago
para que la sangre circule tórrida
y sentir el alma en comunión conmigo.
El silbido del viento susurra desastres en mis oídos
grito con voz vehemente que nada me atemoriza
y la resonancia de mi voz choca contra el viento
y retrocede hacia mí.
Se quiebran las palabras y hay un rumor desolado
que sopla mi voluntad.
Ya no tengo espíritu por eso mi rostro es árido
porque la ira seca la turbación y la humedad de mis ojos.
En algún intersticio se encuentra el gemido
delatando el dolor perpetuo que se silencia con el trago.
 
 
Estos poemas pertenecen al libro Sepia (Editorial Betania, 2016).
 

Ena Columbié (Foto de Josecuba)

Ena Columbié
(Foto de Josecuba)

Ena Columbié (Guantánamo, Cuba). Poeta, escritora y artista. Licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios y publicado los libros: Dos cuentos (1987), El Exégeta (1995), Ripios y Epigramas (2001), Ripios (2006), Las Horas (2011), Solitar (2012), Isla (2012), Luces (Editorial Silueta, 2013) y La Luz que conduce a los poetas (2013) Obras suyas también se encuentran en antologías y publicaciones periódicas y seriadas. Codirige las editoriales, EntreRíos y AlphaBeta.
Como pintora y fotógrafa ha expuesto en varios países de Latinoamérica, en EE. UU. y España. Ha colaborado en periódicos y revistas especializadas, así como ilustrando libros de escritores importantes entre los que se encuentra, Ante-Réquiem y en camino (2012) de Ernesto Kahan, Premio Nobel de la Paz y Premio Mundial de Poesía Andrés Bello. Obras suyas se encuentran en galerías, colecciones privadas y museos. Reside en Miami, Florida.

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3 comentarios el “Dos poemas de Ena Columbié

  1. Carlos M Rostgaard
    25/04/2016

    Cada uno de tus poemas es un tatuaje, te parezcan lo que te parezcan no los puedes borrar, solo de un ser con unas entrañas tan laceradas y una historia tan intensa puede escribir asi, escribes con la punta mas fina que conozco, madre me encanta ver como sangra el papel con tu texto. Gracias, danos siempre el privilegio de compartir tu palabra. Te amamos.

  2. Hay pasión fuerte en cada poema. Declaración de sentimientos, de tanto vivido y de tanto visto. Cada poema es como una expulsión de dolor hacia el papel. Es cierto, tú eres un abedul, aparentemente sólido, pero demasiado sensible. Gracias por compartir. Te queremos y admiramos.

  3. beht
    27/04/2016

    Me gusta mucho lo que esta poeta escribe. FELICITACIONES ENA

Los comentarios están cerrados.

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Esta entrada fue publicada el 22/04/2016 por en Poesía.
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