Revista Conexos

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Néstor Almendros: cuando la luz se hace imagen

FÉLIX RIZO MORGAN

 

“Camina el alma
como un recién nacido por el alba…
 
¿Y qué son esos espejos azules
que multiplican los sabores
de un nuevo aire?
 
¿Quién juega con las nubes y las sombras
detrás de las columnas,
y quien derrama los perfumes?”
Tomás Gutiérrez Alea

 

Néstor Almendros fue, sin duda alguna, uno de los más grandes cineastas del siglo XX. Su maravilloso talento lo llevó a trabajar en países tan diversos como Cuba, Francia, España, Italia y Estados Unidos bajo la batuta de grandes directores entre ellos: François Truffaut, Eric Rohmer, Terence Malik, Robert Benton y Alan Pakula. Almendros nace en Barcelona el 30 de octubre de 1930, al inicio de la turbulenta época de la Segunda República y de la Guerra Civil, que marcan su infancia. Sus padres – él manchego, ella catalana – se dedicaban a la enseñanza y estaban vinculados a las corrientes pedagógicas más liberales y vanguardistas del momento. Su padre, Herminio, introdujo en España el método de la Escuela Moderna de Celestin Freinet y más tarde en su exilio en Cuba, también lo experimentó a comienzos de la Revolución cubana. Herminio Almendros tiene que exiliarse de su patria al final de la Guerra Civil española para eludir la represión franquista, mientras el resto de la familia permanece en Barcelona.
  De adolescente, Néstor Almendros estudió en el Instituto Ausias March en la ciudad de Barcelona y empieza a mostrar un gran interés por el arte, en especial por el cine, al que recurre, como tantos otros de sus coterráneos, como una forma de escapatoria moral de la realidad impuesta por el fascismo después de la Guerra Civil. Se conoce de esta época, su afición por coleccionar los programas de cine (que algunas veces robaba para mantener su colección) como también de conservar un archivo con todas las películas que había visto y sus intérpretes. El cine llegó a ser, para Néstor, refugio y hogar, donde podía reunirse con sus amigos y charlar sobre las cintas que se estrenaban en ese momento. Entre sus películas más admiradas de la época se encuentran: Horizontes Perdidos de Frank Capra y El Cuarto Mandamiento de Orson Wells.
  En el año de 1948, Néstor se traslada con el resto de su familia a Cuba; tenía en ese entonces 18 años. Allí se une a su padre exiliado anteriormente por el franquismo español. En La Habana, funda en 1951, junto a sus amigos Guillermo Cabrera Infante, Germán Puig y Ricardo Vigón, la Cinemateca de Cuba, que se inaugura con las proyecciones de La Bête humaine de Renoir y de Alexander Nevsky de Eisenstein. Almendros consideró siempre la fundación de la cinemateca cubana uno de sus grandes triunfos.
  En Cuba dirigió seis cortometrajes, entre estos, Una Confusión Cotidiana (1950), con un guión de Tomás Gutiérrez Alea basado en el cuento homónimo de Franz Kafka. En esta historia Kafka juega con lo absurdo, pero con lo absurdo cotidiano. Fue protagonizado por Vicente Revuelta y Julio Matas. Según Gutiérrez Alea, el cortometraje fue filmado en positivo, con una cámara de 8 mm y una duración de 10 minutos. La única copia de este cortometraje nunca ha sido hallada. Almendros partió hacia Nueva York en 1951 donde recibió clases de cine en el New York City College. Más tarde viaja a Italia donde continua sus estudios en el Il Centro Sperimentale di Cinematografia di Roma.
  A su regreso a Cuba, vuelve a colocarse detrás de las cámaras con el genial corto: Gente de playa (1960), filmado totalmente en blanco y negro y cuyos reflejos del sol en el mar Caribeño se mezclan en la visión humana de forma tan extraordinaria que hace olvidar, por momentos, de que puedan existir otros colores en un film. Esos resplandores en blanco y negro nos muestran ya el camino innovador que Almendros aportaría en su cinematografía futura, sobre todo, en la fotografía que usará en sus muchas cintas colaborando con los grandes directores franceses: Rohmer y Truffaut.
  Es durante este tiempo en que Almendros se hechiza con la Nouvelle Vague o Nueva Ola de Francia que surge a principios de los años 50. Aunque nunca establecido con un movimiento central como lo fue, por ejemplo, el surrealismo o el existencialismo en el arte, la Nouvelle Vague estaba vinculada con un grupo de artistas franceses cuyas ideas tenían mucho en común, sobre todo, en el rechazo a las estructuras que el cine francés imponía hasta ese momento y, consecuentemente postularon como fórmula principal, no sólo la libertad de expresión, sino también libertad técnica en el campo de la producción fílmica. Almendros se sintió extremadamente cómodo dentro de este grupo de artistas en Paris cuyas ideas formaban o se relacionaban con ese control consciente de una cámara libre de axiomas y viejas estructuras. Dos de sus cortometrajes Gente de Playa y La Tumba Francesa fueron reprobados por el gobierno imperante en la isla y decide emprender de nuevo hacia su segundo exilio en 1961, estaba vez a Paris.
  Después de un largo período de privaciones en la capital francesa, finalmente consigue su primer trabajo como fotógrafo con la cinta Nadja en París (1964) dirigida por Eric Rohmer. Con Eric Rohmer, Almendros colaborará en otras nueve cintas de 1964 a 1983, entre ellas: Mi noche con Maud (1969), La rodilla de Claire (1970), El amor después del mediodía (1972) y Perceval (1978). Todas estas cintas se cuentan entre las más prestigiosas del director. Con esfuerzo y persistencia, Almendros logra equilibrar su luz fotográfica con las mejores historias de Rohmer. Y no solo con las cintas de Rohmer, ya que le seguirían también las de Truffaut, Malik y Paluka, Benton, a los que prestó la emoción que posee una luz justificada y natural en la escena cinematográfica.
  Es interesante indicar, que el neorrealismo, tan iconoclástico en su forma de analizar y censurar las artes modernas, nunca se desligó de la tradicional estructura de la cinematografía de la época, pecando en la aceptación de unos montajes pesados, oscuros y muchas veces delirantes. Sin embargo, Almendros -también durante la misma época, el genial Raoul Coutard – , asumió la distinción de ser de los primeros cineastas en buscar en la luz natural una nueva flexibilidad de movimiento y difusión que dotaría a la imagen del celuloide de un efecto nunca antes experimentado. Fue con Truffaut – quien él ya conocía por algunos de sus trabajos- donde la técnica de luz difusa, natural y flexible se vuelve un verdadero modelo de innovación en el cine moderno –Es importante notar de que su elogio de la cinta de Truffaut Los 400 Golpes, aún viviendo en Cuba, había sido criticado duramente por parte del gobierno de la isla.
  El pequeño salvaje (1970) marca el principio de su relación profesional con el gran director francés, quizás el director con quien mejor se entenderá en toda su carrera. La secuencia del niño con la vela que le quema, pero que al mismo tiempo se siente atraído por su llama, nos trae la realidad de Almendros en su forma de trasladar desde la oscuridad de la escena una luminosidad poderosa que dota de vida el contexto de la filmación.
  De la colaboración de ambos profesionales salen, entre otros títulos, Las Dos Inglesas y el Amor (1971), El Diario Íntimo de Adela H. (1975), El Cuarto Verde (1978), El Último Metro (1980) -que le vale un premio César – y Vivamente el Domingo (1983). Al mismo tiempo que gozaba de un buen merecido reconocimiento en toda Europa comenzó Almendros en 1978 su extraordinaria carrera en Hollywood. Durante este tiempo también co-dirigió con Orlando Jiménez Leal, el documental: Conducta Impropia (1984) sobre la purga moral en Cuba en el año de 1964 contra los homosexuales encerrados en los famosos campos de la UMAP. El segundo documental, Nadie Escuchaba (1987), explora la realidad histórica y moral de la revolución cubana que nadie logró intuir, ni siquiera la potencia más democrática del mundo moderno a solo 90 millas de las costas de la isla.
  Fue el Hollywood de finales de los años 70 y principios de los 80 que desató el genio de Néstor Almendros con una fuerza descomunal. Lo podemos así contemplar en el film de Terence Malik, Días de Cielo (1978) con el cual, Almendros, ganó el Oscar por la mejor cinematografía. La cinta de Malik no es otra cosa que un enorme lienzo donde la luz natural de las escenas logra una condición de protagonista sin par en la historia del cine. La luz natural manipulada por Almendros se torna en líquido moldeable con una plasticidad que dota a la pantalla de una belleza y equilibrio absolutos. Sobre Días del Cielo nos dice Almendros: “Las líneas horizontales sugieren descanso, paz, serenidad. Fue una idea que aplicamos, tal vez inconscientemente, en las primeras escenas de los vastos trigales. Las líneas verticales indican fuerza, autoridad, dignidad. La alta mansión de tres pisos, sola en medio de las praderas. Las líneas que traspasan el encuadre en diagonal, evocando acción, movimiento, poder para superar obstáculos”
  Le siguieron Kramer contra Kramer de Robert Benton (1981-segunda nominación al Oscar), Bajo sospecha (1982) y Billy Bathgate (1991) ; El último metro (1980), de nuevo con Truffaut; la taquillera The Blue Lagoon (1980), protagonizada por una debutante Brooke Shields; La decisión de Sophie (1982), donde la gran actriz Meryl Streep se corona reina suprema de la actuación en la pantalla del cine americano, dirigida por Alan J. Pakula (y por cuya fotografía fue nominado por tercera vez al premio Oscar en 1983) y finalmente Pauline en la playa (1983), otra vez con Rohmer.
  En una época donde la tecnología digital, los instrumentos sacados de los cables y las muchas maromas de los ordenadores, en un tiempo donde hacer muñecones de silicón que den la impresión de ser verdaderos héroes de la cinematografía luchando pecho a pecho, Almendros resplandece en el altar de los grandes hombres del cine que supieron lograr a puro uso de lo que la madre naturaleza les brinda, una realidad tan espeluznante, tan hermosamente plasmada en las grandes pantallas del cine internacional, que será difícil de relegar al olvido por muchos años venideros. Almendros nos ilustra, de cara al futuro, que lo artesanal, y lo digital pueden también convivir uno al lado del otro, para hacer del séptimo arte una determinante obra de poder y belleza. Néstor Almendros muere a la edad de 61 años en la ciudad de Nueva York a causa de un cáncer de linfoma.

 

PREMIOS
Premio de la Academia de Arte por mejor cinematografía (Oscar) 1979: Días de cielo.
Premio Cesar de Francia por mejor cinematografía, 1981: El último metro.
Premio de la Sociedad Nacional de Críticos por mejor cinematografía, 1970, 1978 por El niño salvaje, Mi noche con Maud y Días de cielo.

 
 

Néstor Almendros

Néstor Almendros


 
Félix Rizo (Foto cortesía del autor)

Félix Rizo
(Foto cortesía del autor)

Félix Rizo Morgan. Nació en Matanzas, Cuba, y reside en los Estados Unidos desde 1967. Cursó estudios de Ciencia y Magisterio y obtuvo una Maestría en Educación en St. Peter’s College. En 1989 ganó el premio Dos Ríos por su ensayo Cuando cabalgan los tigres, un estudio sobre las dictaduras latinoamericanas. Ha publicado el libro de cuentos De mujeres y perros y la novela El mundo sin Clara. Cuenta también con una obra dramatúrgica inédita.

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Esta entrada fue publicada el 17/12/2016 por en Ensayo.
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